MARTES DE FIEBRE
Hoy he amanecido con fiebre y una bonita faringitis, así que me he quedado en casa, durmiendo y vegetando en el sofá. Al principio no me apetecía escribir, sólo dejar vagar la mente, leer y abstraerme para no sentirme tan desamparada por dentro, obligada a cuidar de mí, sin nadie que me vigile la temperatura con la mano, sin nadie que me haga sopa o me prepare un zumo de naranja y me dé besitos reconfortantes. Soy capaz de hacérmelo todo sola, no estoy tan enferma; pero ahora que M. existe me encantaría que ella fuera para mí esa madre amorosa que todos buscamos cuando estamos malitos. No tanto por los cuidados sino por el manto de protección y confort que nos transmiten.
Eso es materialmente imposible, ya le gustaría a ella –me lo ha dicho más de una vez-. Así que dejaré que mis anticuerpos luchen contra estos incómodos virus, bacterias o lo que sea con sus propias fuerzas. Mañana espero estar mejor y volver a la vida normal, cumplir con mis obligaciones y olvidarme de esta sensación de triste vulnerabilidad que tengo.
El fin de semana en Madrid estuvo bien, pero podría haber sido mejor. Faltó tiempo para nosotras y aprovechar también para ver alguna exposición, algún espectáculo de esos que no llegan a provincias. En la cama estuvimos lo justo para dormir y algo más –que nos supo a poco-; M. tenía trabajo que hacer, obligaciones ineludibles que nos restaron mucho tiempo, ese tiempo en antes dedicábamos a acariciarnos en la cama sólo por el placer de comunicarnos amor y ternura.
Esta vez he descubierto que Chueca no tiene demasiada variedad de locales. Una vez conoces los sitios habituales todo es una repetición de músicas y copas. En todas partes las mismas poses, la misma ropa, el mismo ambiente. Creo que si viviera en Madrid acabaría frecuentado otros barrios que ofrezcan algo distinto, particular. Lo que sí nos gusta es comer fuera, probar platos y sabores nuevos, y en eso los restaurantes de Chueca son insuperables, tanto en cantidad como en variedad. El sábado fuimos a un africano que a mí me gustó (a M. no mucho) y por la noche al Kola Bora, donde probé una lasaña de espinacas riquísima. Es lo que más disfrutamos, la comida.
Creo que nuestro próximo viaje lo planificaremos de alguna manera para que el fin de semana sea más sugerente, mejor aprovechado. Teatro, algún museo, pasear por calles inexploradas… No me gusta ir a Madrid y que me quede la sensación de no haber hecho nada de particular, como si no hubiera salido de mi pueblo. Ya digo que esta vez había menos tiempo, pero tampoco nos paramos mucho a pensar qué hacer…
Ahora llegan las navidades, con sus alegrías impostadas y sus excesos calóricos. No es mi época favorita precisamente. Deseo que pase con rapidez, al menos hasta Año Nuevo, cuando la navidad deja de ser esa sucesión de motivos ñoños y cancioncillas rancias. Este año al menos tengo el consuelo de pasar Nochevieja con M., así que la entrada de año será genial. Hace muchos, muchos años que no tomaba las uvas con alguien a quien quisiera de verdad y que formara parte de mis deseos de Año Nuevo. Eso vale por todo el resto de las navidades, por sórdidas que sean. Le prepararé una cuidada cena, y luego saldremos por ahí, aunque sólo sea para tomar dos copas y volver a casa, a celebrar la entrada de año entre mis sábanas. No encuentro mejor manera de empezar cualquier día, primero o último.
Creo que voy a dejarlo aquí, porque releyendo mi post queda claro que no tengo el mejor de los ánimos y hoy todo lo veo con tintes grises. Y es que nunca he sido una buena enferma, sino la típica gruñona que encuentra defectos a todo: Madrid, la Navidad… Pero no a mi novia, eso nunca. No voy a caer tan bajo.
Comentario:
sabes mejjor que nadie que yo también tengo atascos en mi forma de ser e incluso me gustan los villancicos rancios y los peces en el rio. Espero que no te fijes mucho y pasen invisibles mis defectos para ti. Te quiero mi nena, y feliz navidad.
Comentario:
Feliz navidad. Feliz año. Y sobre todo, feliz vosotras
Besos desde el agua
Besos desde el agua