La noticia
La noticia del día: Erika Ortiz muere a los 31 años. Es una forma muy aséptica y ambigua de contar una muerte sin mencionar el suicidio. Cuando lo leí enseguida me percaté del misterio, del silencio en torno a las causas. Pocas horas después ya se hablaba de problemas de ansiedad, depresión… Imagino que desde mañana mismo ciertos medios no tendrán compasión ni de su historia ni de sus tristes circunstancias. Ojalá me equivoque.
Esta tarde discutíamos los porqués de una mujer tan joven para suicidarse. Mi primera impresión fue negativa y crítica,; nadie tiene derecho a matarse con una hija de cinco años que te necesita. Nadie debe ser tan egoísta y centrarse sólo en su dolor, por intenso que sea. Los niños son seres indefensos, encantadores, tiernos, insólitos, fascinantes. En algún lugar leí que todos los cachorros en la naturaleza son así para inspirar compasión e instinto protector en los adultos, evitando ser abandonados o devorados. Pues los niños, estas pequeñas criaturas, son así: absolutamente adorables.
No suelo sentirme afectada por las desgracias que no me alcanzan, excepto en estas ocasiones: cuando el dolor llega a niños o a ancianos. Porque son los únicos sin las fuerzas suficientes para aguantarlo, para asumir una pérdida tan cruel.
Esta niña crecerá sin su madre, sin ese afecto primario y confortador. Y cuando se haga mayor a menudo se preguntará por qué su madre no quiso seguir, por qué su afecto no fue suficiente para remontar sus problemas, fueran los que fueran. Yo pienso en eso y siento una pena infinita. Mi jefe, con la falta de originalidad que lo caracteriza, proclamó: “Los ricos también lloran”. Erika no era de la familia real, pero su pérdida la sufrirá su hemana, lógicamente. Una mujer que lo tiene todo. Es cierto: la muerte nos iguala en el dolor.
Después estuve pensando. La realidad tiene tantas imágenes como espejos en que reflejarse. Podemos censurarla por matarse, podemos criticar no que no tuviera el valor suficiente para seguir adelante. Pero hay otra cara, otra forma de verlo: podríamos pensar cuán duro e insufrible era su dolor como para que nada le importara. Qué grado de desesperación acumuló para que su hija fuera algo más que dejar atrás, algo prescindible porque nada te ata a la vida… Si lo miras así da auténtico vértigo.
Qué nos queda decir ante semejante desgracia? Sólo que debemos aprovechar el día: ese “carpe díem” tan manido ya. El tiempo es como agua que se escurre entre los dedos. Llegará el momento en que las mismas horas que hoy vivimos tranquilos y satisfechos se conviertan en minutos de duración agónica; en la vejez, en la enfermedad, en el dolor… Algún elemento de este trío nos atrapará.
Por favor, vivid.
Esta tarde discutíamos los porqués de una mujer tan joven para suicidarse. Mi primera impresión fue negativa y crítica,; nadie tiene derecho a matarse con una hija de cinco años que te necesita. Nadie debe ser tan egoísta y centrarse sólo en su dolor, por intenso que sea. Los niños son seres indefensos, encantadores, tiernos, insólitos, fascinantes. En algún lugar leí que todos los cachorros en la naturaleza son así para inspirar compasión e instinto protector en los adultos, evitando ser abandonados o devorados. Pues los niños, estas pequeñas criaturas, son así: absolutamente adorables.
No suelo sentirme afectada por las desgracias que no me alcanzan, excepto en estas ocasiones: cuando el dolor llega a niños o a ancianos. Porque son los únicos sin las fuerzas suficientes para aguantarlo, para asumir una pérdida tan cruel.
Esta niña crecerá sin su madre, sin ese afecto primario y confortador. Y cuando se haga mayor a menudo se preguntará por qué su madre no quiso seguir, por qué su afecto no fue suficiente para remontar sus problemas, fueran los que fueran. Yo pienso en eso y siento una pena infinita. Mi jefe, con la falta de originalidad que lo caracteriza, proclamó: “Los ricos también lloran”. Erika no era de la familia real, pero su pérdida la sufrirá su hemana, lógicamente. Una mujer que lo tiene todo. Es cierto: la muerte nos iguala en el dolor.
Después estuve pensando. La realidad tiene tantas imágenes como espejos en que reflejarse. Podemos censurarla por matarse, podemos criticar no que no tuviera el valor suficiente para seguir adelante. Pero hay otra cara, otra forma de verlo: podríamos pensar cuán duro e insufrible era su dolor como para que nada le importara. Qué grado de desesperación acumuló para que su hija fuera algo más que dejar atrás, algo prescindible porque nada te ata a la vida… Si lo miras así da auténtico vértigo.
Qué nos queda decir ante semejante desgracia? Sólo que debemos aprovechar el día: ese “carpe díem” tan manido ya. El tiempo es como agua que se escurre entre los dedos. Llegará el momento en que las mismas horas que hoy vivimos tranquilos y satisfechos se conviertan en minutos de duración agónica; en la vejez, en la enfermedad, en el dolor… Algún elemento de este trío nos atrapará.
Por favor, vivid.
Comentario:
Cariño, te felicito por ver todas las caras del prisma. Me encanta haberte elegido y saber que tienes ese lado que no hace leña del arbol caído. Te amo.
Comentario:
hola, pues tienes razón, se pude ver de dos maneras, yo lo he vivido hace no mucho una depresión, y desde esa perspectiva, todo se ve muy negativo, cualquier problemilla lo conviertes en un obstáculo insalvable, nadie te entiende, no confias en nadie, la gente se aleja de ti, en fin hay que vivirlo para entenderlo, como todo en la vida, por eso si me pongo en su persona, lo debía de ver todo tan sumamente mal para llegar a eso.
Por otra parte yo como madre no me gustaría dejar sola a mi hija, y mucho menos si tuviera 5 años, pues necesitan tanto a su madre, necesitan tanto que les quieran, que la verdad es una pena.
Está claro que hay que vivir en el presente, valorar a ls personas que tenemos cerca, dar lo mejor de nosotras en cada momento, dar amor, en fin valorar nuestra salud, y cada pequeña cosa que nos rodea a diario, en fin no perder ni un minuto y ser felices.
Un abrazo
Por otra parte yo como madre no me gustaría dejar sola a mi hija, y mucho menos si tuviera 5 años, pues necesitan tanto a su madre, necesitan tanto que les quieran, que la verdad es una pena.
Está claro que hay que vivir en el presente, valorar a ls personas que tenemos cerca, dar lo mejor de nosotras en cada momento, dar amor, en fin valorar nuestra salud, y cada pequeña cosa que nos rodea a diario, en fin no perder ni un minuto y ser felices.
Un abrazo