La vida nueva
Mi vida, tal como es
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"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
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Conciertos y demás
No he contado qué tal me fue el fin de semana. Ya sabéis que cuando no escribo es que estoy demasiado ocupada de aquí para allá. Pues eso: que M. y yo hicimos un montón de cosas de viernes a domingo: senderismo, un par de conciertos, salir a cenar, de copas… Tal y como a mí me gusta, y a ella, doy fe. Es una de las cosas en que mejor nos complementamos: en nuestra curiosidad por el mundo que nos rodea y por probar cosas que no conocemos. Aunque sólo sea para saber que no nos gustan. Hoy para variar voy a contaros algunas anécdotas del fin de semana.
El viernes acudimos a un concierto de blues. Por poco no entramos: no quedaban entradas, pero al final quedaron sillas libres y el conserje nos coló. Así que nos salió gratis! Era un dúo: un pianista flemático y una enorme –ancha, más bien- blueswoman negra muy particular. Tenía una potente voz, pero lo más curioso era su manera de moverse y gesticular. Absolutamente histriónica: interpretaba la canción con todo el cuerpo, las manos, los ojos, la boca, contoneos de su generosa humanidad… M. y yo pensamos lo divertido que sería invitar a un personaje así a una fiesta: seguro que se hacía la reina de la reunión en cinco minutos.
El sábado nos levantamos temprano y anduvimos por la comarca. El campo por aquí está precioso (vivo en la Marina Baixa, cerca de Benidorm). El contraste con la ciudad es extraordinario: del paisaje de mar y cemento a lo bestia pasas a barrancos verdes moteados por el delicado color de los almendros en flor, blanquimalva. En apenas 20 kilómetros pareces cambiar de mundo: un mundo urbanita y frío por otro rural, lleno de olores de campo (romero, lavanda, el fuego de una chimenea…). Lo malo fue que, tras ascender a un collado desde el que se divisaba todo el valle hasta el mar, al bajar nos encontramos con las primeras edificaciones salvajes, sin respetar entorno ni norma urbanística alguna. Es una seña de estas tierras: igual que antiguamente parcelaban las laderas montañosas para cultivar –las tierras bajas estaban sobreexplotadas- ahora construyen en lugares imposibles, que rompen cualquier equilibrio ecológico y medioambiental. Sólo que antes se hacía para evitar el hambre, y ahora para especular con terrenos más baratos. M. estaba mucho más indignada que yo. Me explicaba las tretas legales para eludir la normativa urbanística. Y es que mucha gente lo primero que aprende es a engañar y defraudar… Con la connivencia de otros, claro.
Avancemos un poco. Por la noche, otro concierto, éste de música clásica. Suk, Mozart y Dvorak. Hacía bastante que no iba a un concierto de cámara, me gusta mucho la música tocada a tres metros de mí: ver cómo evolucionan las manos sobre las teclas, o la sutileza del arco sobre la cuerda. Mi problema es la concentración; a veces me dejo llevar por la melodía, pero otras no hago más que fijarme en los calcetines del violinista o en si lleva anillo de casado o no. De todas formas, merece la pena escuchar la música en vivo; transmite sensaciones imposibles de captar en un disco.
Y por fin, llegó la noche. Después de cenar y de pasar por el bar de Gina, fuimos al nuevo pub gay de la ciudad. Al principio temí haberme equivocado de sitio: abundancia de parejas hetero que restaban el aire “divino” que sólo ciertos gays saben dar. Pero cuando fue avanzado la noche empezaron a aparecer los habituales de siempre. M. empezó a bailar con un chico muy expresivo en su baile, y entre los dos se estableció una gran complicidad desde el primer momento. Se cogían, se gastaban bromas, bailaban abrazados. Ya sabía yo que él le preguntaría si soy celosa… pero tal y como me reía viéndolos juntos no cabía duda. Incluso hicimos un numerito los tres…
En definitiva, un fin de semana completo, como a mí me gustan. Quizá faltó un poco más de sexo, pero…
Con M. todo va genial, pese a que a veces no llegamos a comprendernos del todo y hablamos demasiado… El querer que todo vaya rodado, sin tropiezos, nos impone una continua atención a lo que decimos. Tan exhausta y detallada que nos roba energía para querernos porque sí. Pero no me voy a quejar de lo que al final es bueno: hablar y comprenderse nunca está de más. Nos cuesta poco retomar la tranquilidad, porque nuestra relación se basa en la confianza. Más allá de momentos concretos y vacilaciones pasajeras. A ninguna de las dos nos gusta esconder la basura debajo de la alfombra, y eso también a veces te deja exhausta. De todas formas, todo merece la pena. Todo.
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Comentario:
Chica! Yo tambien soy de la Marina Baixa. De donde que pueblo eres exatamente? Anda contestame al mail y asi charrem un rato. Vols?
 
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chica, pero tú paras alguna vez para descansar?
 
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Es una pena, pero nos cargamos la naturaleza, nos cargamos el planeta, y no lo entiendo si la naturaleza es lo mejor que hay en la vida.
Me he reido bastante cuando comentas lo de la concentración en el concierto de música clásica, que te fijas en detalles y de despistas, a mi también me pasa, y no hay nada como el directo.
Como siempre un 10 a este post.
Un abrazo
No