Amigas perdidas
Esta noche quiero hablar de Internet. De las amigas cibernéticas, de ésas que hemos conocido a través de la red y que en su momento ocuparon un lugar en tu vida, aunque fuera sólo unas horas al día. Algunas la he conocido en persona (a Carol, a María), a otra nunca tuve ocasión de verla y contrastar mis impresiones ante un café.
Lo bueno y malo del mundo cibernético es que conoces gente del otro lado de España, a una distancia tan grande que es imposible que la amistad fructifique. Eso sin contar con que lo que cuentas a través del Messenger no sirve para cimentar una relación, por más que quieras pensar que sí: diferentes edades, distintas vidas y pocas cosas que compartir, más allá de unas mismas inquietudes sentimentales, reflexiones de media noche que se disipan con el sueño.
Pero las pocas veces que me conecto –la última vez que lo hice fue hace meses-, echo de menos su presencia, aunque sólo sea para saludar y preguntar por sus vidas. Nos hemos escrito a veces, contando sucintamente nuestras cosas, con sincero interés. Pero el tiempo hace su trabajo, y los buenos momentos del pasado van quedando atrás, como en una bruma.
Esta noche quiero decirles, aunque no me lean, que las echo de menos. Buena gente, gente sincera, honesta; posiblemente con sus defectos, quizá perdidas en los vericuetos de la vida, preocupadas con sus historias. Pero estén donde estén, les deseo lo mejor, porque creo que se lo merecen.
María, espero que al fin encuentres un trabajo a la altura de tus méritos; y una novia que te de la estabilidad que te robaron hace tantos años.
Carol, ojalá que un día desarrolles toda esa inteligencia que tienes, esa capacidad infinita de reflexión y análisis que tanto me asombraba y me complacía. En lo sentimental no espero de ti más que lo que sé que puedes dar.
Maleante, a ti sólo te deseo que conserves lo que tienes, lo que buscabas pacientemente, sin precipitaciones. Tu exigencia ha tenido su premio: cumplir tus sueños.
Y bueno, en una noche de nostalgia, qué menos que esperar que un día nos reencontremos.
Quién sabe.
Lo bueno y malo del mundo cibernético es que conoces gente del otro lado de España, a una distancia tan grande que es imposible que la amistad fructifique. Eso sin contar con que lo que cuentas a través del Messenger no sirve para cimentar una relación, por más que quieras pensar que sí: diferentes edades, distintas vidas y pocas cosas que compartir, más allá de unas mismas inquietudes sentimentales, reflexiones de media noche que se disipan con el sueño.
Pero las pocas veces que me conecto –la última vez que lo hice fue hace meses-, echo de menos su presencia, aunque sólo sea para saludar y preguntar por sus vidas. Nos hemos escrito a veces, contando sucintamente nuestras cosas, con sincero interés. Pero el tiempo hace su trabajo, y los buenos momentos del pasado van quedando atrás, como en una bruma.
Esta noche quiero decirles, aunque no me lean, que las echo de menos. Buena gente, gente sincera, honesta; posiblemente con sus defectos, quizá perdidas en los vericuetos de la vida, preocupadas con sus historias. Pero estén donde estén, les deseo lo mejor, porque creo que se lo merecen.
María, espero que al fin encuentres un trabajo a la altura de tus méritos; y una novia que te de la estabilidad que te robaron hace tantos años.
Carol, ojalá que un día desarrolles toda esa inteligencia que tienes, esa capacidad infinita de reflexión y análisis que tanto me asombraba y me complacía. En lo sentimental no espero de ti más que lo que sé que puedes dar.
Maleante, a ti sólo te deseo que conserves lo que tienes, lo que buscabas pacientemente, sin precipitaciones. Tu exigencia ha tenido su premio: cumplir tus sueños.
Y bueno, en una noche de nostalgia, qué menos que esperar que un día nos reencontremos.
Quién sabe.