Un día nefasto
Hay días como hoy en que podría creer en la existencia de la mala suerte: que me ha mirado un bizco, o se me ha cruzado un gato negro. He tenido una serie encadenada de pequeñas desgracias, de contratiempos enojosos que me han amargado el día.
He decidido comprarme un coche. Me los he mirado todos, he comprobado minuciosamente sus prestaciones y precios, he comparado financiaciones, he negociado hasta donde soy capaz... y finalmente me he decidido por un Seat Ibiza. Pero...
he descubierto, para mi mal, que el taller donde debía reparar mi actual coche me ha estafado, cobrando una factura a mi compañía de seguros por una reparación inexistente. He llamado innumerables veces a esos teléfonos de atención donde nunca te solucionan nada, te hacen perder el tiempo y la paciencia. Y todo para tener que buscar una solución por mí misma, arriesgándome a discusiones seguras y probables denuncias.
Cuando llego a casa, con un humor peor que malo, descubro que en Orange no han activado mi pack de Internet con llamadas porque, sencillamente, no han registrado mi solicitud. Después de llamar cuatro veces me lo dicen: alguien se ha equivocado al tomar nota de mi petición, así que estaré algunos días más sin usar el teléfono. Y claro, mientras aclaraba todo esto la pizza se me ha quemado en el horno y he tenido que tirarla... Lo único bueno es que mi nivel de saturación es tanto que he optado por el humor y la ironía, aunque maldita la gracia...
La verdad es que llevo una semana un poco aciaga. Precisamente ahora que debo controlar mis gastos me estafa todo el mundo: Telefónica, Ya.com, el taller, Orange. Lo mío con las compañías de telecomunicaciones es absolutamente penoso; o me facturan de más o no me dan servicio. Cualquier cosa menos un servicio digno y fiable.
A todo esto, mi novia ha estado ocupada, como siempre entre semana. Cada vez que la he llamado o no ha podido atenderme o bien me ha dejado con la palabra en la boca para ocuparse de algo urgente. Vamos, que no me ha quedado ni el desahogo de contar mis penas.
En días como hoy descubro lo poco preparada que estoy para la vida moderna. No me gustan los problemas, como todo el mundo, pero además lidio muy mal con ellos. Y eso es porque normalmente mi vida es una balsa de aceite. Quiero creer que si no suelo tener problemas es porque no me los busco, pero en realidad no es así. A veces son los problemas los que te buscan a tí, y entonces te das cuenta de lo indefensa que estás ante un mundo duro e indiferente a tus méritos.
Otra cuestión que he afrontado es el saber que ya ando en boca de la gente. Una amiga me dijo que ya se comenta que soy lesbiana; además me insinuó que el rumor parte de alguien cercano a mí. Imagino que alguna de las pocas personas con las que he sido franca se ha ido de la lengua. Claro que eso es tan fácil... cómo callar un cotilleo tan sabroso. De todas formas no me ha afectado. Y por supuesto no he comentado nada personal con esta conocida. No creo que tenga que confesar mi sexualidad a quien pregunta por ella ni someterme a la curiosidad malsana de nadie. En ésto aplico el principio de reciprocidad: si yo no pregunto por la vida sexual de la gente, la gente no tiene que preguntar por la mía. O por lo menos que no espere una confesión, ni una salida forzosa del armario. Este armario es mío y lo abro cuando y como quiero.
He decidido comprarme un coche. Me los he mirado todos, he comprobado minuciosamente sus prestaciones y precios, he comparado financiaciones, he negociado hasta donde soy capaz... y finalmente me he decidido por un Seat Ibiza. Pero...
he descubierto, para mi mal, que el taller donde debía reparar mi actual coche me ha estafado, cobrando una factura a mi compañía de seguros por una reparación inexistente. He llamado innumerables veces a esos teléfonos de atención donde nunca te solucionan nada, te hacen perder el tiempo y la paciencia. Y todo para tener que buscar una solución por mí misma, arriesgándome a discusiones seguras y probables denuncias.
Cuando llego a casa, con un humor peor que malo, descubro que en Orange no han activado mi pack de Internet con llamadas porque, sencillamente, no han registrado mi solicitud. Después de llamar cuatro veces me lo dicen: alguien se ha equivocado al tomar nota de mi petición, así que estaré algunos días más sin usar el teléfono. Y claro, mientras aclaraba todo esto la pizza se me ha quemado en el horno y he tenido que tirarla... Lo único bueno es que mi nivel de saturación es tanto que he optado por el humor y la ironía, aunque maldita la gracia...
La verdad es que llevo una semana un poco aciaga. Precisamente ahora que debo controlar mis gastos me estafa todo el mundo: Telefónica, Ya.com, el taller, Orange. Lo mío con las compañías de telecomunicaciones es absolutamente penoso; o me facturan de más o no me dan servicio. Cualquier cosa menos un servicio digno y fiable.
A todo esto, mi novia ha estado ocupada, como siempre entre semana. Cada vez que la he llamado o no ha podido atenderme o bien me ha dejado con la palabra en la boca para ocuparse de algo urgente. Vamos, que no me ha quedado ni el desahogo de contar mis penas.
En días como hoy descubro lo poco preparada que estoy para la vida moderna. No me gustan los problemas, como todo el mundo, pero además lidio muy mal con ellos. Y eso es porque normalmente mi vida es una balsa de aceite. Quiero creer que si no suelo tener problemas es porque no me los busco, pero en realidad no es así. A veces son los problemas los que te buscan a tí, y entonces te das cuenta de lo indefensa que estás ante un mundo duro e indiferente a tus méritos.
Otra cuestión que he afrontado es el saber que ya ando en boca de la gente. Una amiga me dijo que ya se comenta que soy lesbiana; además me insinuó que el rumor parte de alguien cercano a mí. Imagino que alguna de las pocas personas con las que he sido franca se ha ido de la lengua. Claro que eso es tan fácil... cómo callar un cotilleo tan sabroso. De todas formas no me ha afectado. Y por supuesto no he comentado nada personal con esta conocida. No creo que tenga que confesar mi sexualidad a quien pregunta por ella ni someterme a la curiosidad malsana de nadie. En ésto aplico el principio de reciprocidad: si yo no pregunto por la vida sexual de la gente, la gente no tiene que preguntar por la mía. O por lo menos que no espere una confesión, ni una salida forzosa del armario. Este armario es mío y lo abro cuando y como quiero.
Comentario:
Como te comprendo! es tan facil hablar de los demás, y sobre todo en un tema tabu y todabia mal visto, chicas con chicas, animo y adelante tu vida es tuya. Gracias por tus escritos, me gusta leerte pues mi situación tiene cierta similitud con la tuya.
Comentario:
Sólo faltaría que tuvieras que dar explicaciones...el que quiera saber a Salamanca!
Comentario:
Pues si estoy de acuerdo a veces los problemas te vienen sin que tu los quieras, pero hay que resistir!!!
animo y besos
animo y besos