Pequeños placeres
Hace mucho, en los comienzos de mi blog, hice un post dedicado a los pequeños placeres. Eran otros tiempos en mi vida; entonces era una soltera esperanzada, con una rara confianza en que el futuro me traería algo bueno, no sabía el qué. O el amor o la paz, tanto daba. Estaba conforme con mi vida, y la llenaba de cosas sin importancia que me ayudaban a disfrutar de la vida.
Todos, absolutamente todos, también aquéllos que viven amarguras, soledades y tristezas, tienen esos momentos de contento interior. Ver una película emocionante, pasear entre la gente, mirando escaparates y observando a la gente, tomar una cerveza helada con patatas fritas una mañana soleada de primavera, cuando el sol calienta pero no quema, hablar con una amiga de tus inquietudes, o de tus ilusiones… Se me ocurren mil ejemplos de cosas que nos hacen olvidar aquello que nos preocupa y nos hace sentir que no somos felices, que no estamos satisfechos con la realidad que nos ha tocado.
Este puente no veo a M. Ella también tiene familia, aparte de novia, y de vez en cuando hay atenderlos para sentir que formas parte de algo, de una estirpe consanguínea que a veces nos agobia pero a quien en el fondo queremos a nuestra manera.
En definitiva, que estoy sola, esta soledad me gusta cuando la lleno de lo que me apetece. Hoy me pasaré el día leyendo; quizá baje al paseo de la playa y me siente a contemplar el mar, perdida en divagaciones. No me apetece charlar con nadie, quiero encerrarme en mi pequeño mundo de lecturas y músicas. Quiero perder el tiempo, sencillamente. Cocinar, dormir, escribir, ver, respirar. Reconciliarme conmigo misma, disfrutar de mi compañía y acabar el día haber producido, sin haber completado ni una sola de las tareas urgentes que se acumulan en la lista interminable y odiosa de mi día a día.
Todo esto lo escribo como prólogo a lo que intentaba hacer: una lista sencilla de cosas que me gustan:
- Aprender trucos de magia con el juego que le he comprado a mi hija. Ver su cara de sorpresa y placer cuando dos ochos de trébol se convierten en doses.
- Probar nuevos sabores mezclando ingredientes en el wok.
- Empezar un libro que me interesa y que traje a casa hace ya una semana, sin tener tiempo para abrirlo.
- Llamar a mi novia para decirle que la quiero, y que ella se ponga muy contenta.
- Escribir en mi blog sin ninguna prisa ni nada triste que contar.
- Descubrir un disco genial, y grabarlo para escucharlo en el coche.
- Llamar a mi hermana y cotillear de la familia y los vecinos.
- Planificar mi fin de semana con M., buscar cosas que hacer juntas e imaginarme cómo será.
- Leer el periódico.
- Sentir que estoy viva. Eso es lo más emocionante.