Quererse de verdad...
Me encanta diseccionar los sentimientos, las ideas, las reacciones. Tengo alma de psicóloga argentina, me pierdo disertando, haciendo teorías raras acerca de la realidad. De mi realidad y de la de quienes me rodean.
Una de las cosas que más me intrigan es el por qué mi novia me quiere. Aunque pueda contestar una serie de obviedades evidentes, no me engaño. Seguramente a ella le pasa lo que a mí: no conoce la razón. A veces la intuirá, o creerá encontrar la clave, pero si lo analiza con detenimiento se dará cuenta -como yo- de que es imposible saberlo con certeza.
Es cierto que el amor es un cóctel variado, con ingredientes a base de ternura, humor, inteligencia, sexo, carácter... Para que una relación funcione de verdad deben existir las dosis justas de cada cosa, las que necesitamos y que varían de persona a persona. Yo imagino que tengo la cantidad justa para ella, pero....
Hay algo misterioso en el amor que lo hace inasequible, inexplicable. A veces pienso que lo que hace que nos quieran -y que queramos- no es tanto lo que te ofrecen como lo que tu proyectas en la amada. Por ejemplo, M. tiene muchas cosas que me gustan: es inteligente, es culta, es divertida, es atractiva... pero no creo que la quiera por nada de eso. Podría conocer alguien así y tener una aventura, atraída por tantas cualidades interesantes. Sin embargo llegar al amor conlleva ir más allá de lo que se ve, de lo que esa persona te ofrece. En mi caso intuyo que la quiero por cómo me quiere, por su manera de hacerme sentir arropada, protegida, cuidada, valorada. De alguna manera pienso, de forma no consciente, que alguien como ella, una persona tan independiente y válida, me proporciona un amor más puro y genuíno que otra chica menos segura, menos acorde con lo que yo considero que es admirable, de clase superior. Por lo tanto yo no quiero a M. sólo por lo que es, sino por lo que pienso que es. Parece lo mismo, pero no. Me he construído una imagen suya, basada en experiencias vividas juntas, sí, pero tambén en mi historia personal, en mis carencias del pasado, en mis propias debilidades.
En el caso de M., y aplicando mi teoría, diría que ella me quiere, más allá de lo que le atrae de mi carácter, por lo que percibe en mí. Siente que estamos en sintonía, que le ofrezco el amor que ella busca, un amor entregado, fiel, infinito. Estoy inmensamente contenta de que me vea así, que mi lado más tierno y amoroso le haya llegado al corazón y lo haya hecho suyo. Porque podría no haber sucedido, y haber quedado como buenas amigas que comparten muchas cosas menos sentimientos profundos.
Es curioso, pero lo que más nos une es la ambición. En el amor jugamos a todo o nada. Por eso suelo decir que nuestro amor es duro y frágil a la vez. Duro porque soportará las tentaciones y las vicisitudes del tiempo; frágil porque no soportaría el desamor o la costumbre. No queremos amores de segunda, ni sentimientos desgastados. Queremos amarnos de acuerdo a la edad y el tiempo que toque vivir, pero nunca desganadamente, por costumbre o porque sí.
Puede que todo sea una fantasía, como dicen algunas. Puede que quererse de verdad sea una utopía imposible. A mí me da igual, siempe que yo me lo crea, siempre que tenga fe en ello. En el amor no hay más verdad que lo que tú quieras que sea verdad. Y lo mejor de todo es que esta fe es compartida. M. me quiere así, para siempre. Ella lo cree y yo también. No hay nada más que añadir.
Una de las cosas que más me intrigan es el por qué mi novia me quiere. Aunque pueda contestar una serie de obviedades evidentes, no me engaño. Seguramente a ella le pasa lo que a mí: no conoce la razón. A veces la intuirá, o creerá encontrar la clave, pero si lo analiza con detenimiento se dará cuenta -como yo- de que es imposible saberlo con certeza.
Es cierto que el amor es un cóctel variado, con ingredientes a base de ternura, humor, inteligencia, sexo, carácter... Para que una relación funcione de verdad deben existir las dosis justas de cada cosa, las que necesitamos y que varían de persona a persona. Yo imagino que tengo la cantidad justa para ella, pero....
Hay algo misterioso en el amor que lo hace inasequible, inexplicable. A veces pienso que lo que hace que nos quieran -y que queramos- no es tanto lo que te ofrecen como lo que tu proyectas en la amada. Por ejemplo, M. tiene muchas cosas que me gustan: es inteligente, es culta, es divertida, es atractiva... pero no creo que la quiera por nada de eso. Podría conocer alguien así y tener una aventura, atraída por tantas cualidades interesantes. Sin embargo llegar al amor conlleva ir más allá de lo que se ve, de lo que esa persona te ofrece. En mi caso intuyo que la quiero por cómo me quiere, por su manera de hacerme sentir arropada, protegida, cuidada, valorada. De alguna manera pienso, de forma no consciente, que alguien como ella, una persona tan independiente y válida, me proporciona un amor más puro y genuíno que otra chica menos segura, menos acorde con lo que yo considero que es admirable, de clase superior. Por lo tanto yo no quiero a M. sólo por lo que es, sino por lo que pienso que es. Parece lo mismo, pero no. Me he construído una imagen suya, basada en experiencias vividas juntas, sí, pero tambén en mi historia personal, en mis carencias del pasado, en mis propias debilidades.
En el caso de M., y aplicando mi teoría, diría que ella me quiere, más allá de lo que le atrae de mi carácter, por lo que percibe en mí. Siente que estamos en sintonía, que le ofrezco el amor que ella busca, un amor entregado, fiel, infinito. Estoy inmensamente contenta de que me vea así, que mi lado más tierno y amoroso le haya llegado al corazón y lo haya hecho suyo. Porque podría no haber sucedido, y haber quedado como buenas amigas que comparten muchas cosas menos sentimientos profundos.
Es curioso, pero lo que más nos une es la ambición. En el amor jugamos a todo o nada. Por eso suelo decir que nuestro amor es duro y frágil a la vez. Duro porque soportará las tentaciones y las vicisitudes del tiempo; frágil porque no soportaría el desamor o la costumbre. No queremos amores de segunda, ni sentimientos desgastados. Queremos amarnos de acuerdo a la edad y el tiempo que toque vivir, pero nunca desganadamente, por costumbre o porque sí.
Puede que todo sea una fantasía, como dicen algunas. Puede que quererse de verdad sea una utopía imposible. A mí me da igual, siempe que yo me lo crea, siempre que tenga fe en ello. En el amor no hay más verdad que lo que tú quieras que sea verdad. Y lo mejor de todo es que esta fe es compartida. M. me quiere así, para siempre. Ella lo cree y yo también. No hay nada más que añadir.
Comentario:
esta bien que penseis que vuestro amor es para siempre, ojala sea así!!
besos
besos