La vida nueva
Mi vida, tal como es
Acerca de
"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
Contador Gratis
Sindicación
 
Reflexiones
Recuerdo que cuando tenía 18 años tenía un montón de objetivos por cumplir, todos igualmente importantes: quería enamorarme, conseguir un buen trabajo y ser independiente. Entonces suponía que la conjunción de mis deseos darían como resultado la felicidad. Y en realidad no pensaba mal: no se puede ser feliz sin un techo donde cobijarse, un trabajo que te dé lo suficiente para comer y un amor que te caliente el corazón y te acompañe por la vida...
Lo que he descubierto con los años es que los objetivos se pueden cumplir a medias, de tal manera que siempre andas insatisfecha, envidiando lo que tienen otros: sus casas, sus trabajos, sus familas perfectas... Pero esto es como una matrioska: dentro de una supuesta verdad existe otra, y después otra más... así que después de la triste comparación con los demás empiezas a darte cuenta que detrás de tanta satisfacción no hay más que una fachada, una apariencia que no contiene nada dentro. Las casas grandes y perfectas esconden descomunales hipotecas que pagar, tras los trabajos maravillosos existe estréss y competitividad mortal, tras las familias perfectas hay mucha infidelidad e indiferencia... Cuando sabes eso miras de otra manera tu casa, aunque le falte una capa de pintura y las puertas cierren mal; valoras más tu trabajo modesto pero que te pone en bandeja tantas cosas que te gustan: libros, películas, cultura... y sobre todo, observo las tristes vidas sentimentales de muchas parejas perfectas... ya sabéis. Qué os voy a contar.
Imagino que un día soñé ser algo mejor: doctora en literatura, dando conferencias por todo el mundo, admirada por el mundo académico... Debí soñar algo así, aunque apenas lo recuerde ahora. Después descubri que algunos objetivos cuestan demasiado: demasiada concentración, demasiado esfuerzo. Y hay que tener una capacidad intelectual de la que carezco. Así que no me costó demasiado adaptar mis metas a la realidad de mi vida.
Nunca he sido ambiciosa, ni siquiera cuando me podía permitir ser la mejor. Recuerdo que en filosofía de COU saqué sobresaliente en todos los parciales excepto en el último. Mi profesor pensó que le iba a discutir la nota, y antes de que yo abriera la boca empezó a justificar su calificación diciendo que no me había esforzado lo suficiente Y sólo le contesté: "Tiene razón". Porque la tenía, claro. Se quedó desconcertado porque él pensaba, como mucha gente, que estaba acostumbrada a ganar, y que no lo aceptaría. Pero no, yo aprendí a perder desde pequeña, cuando tuve que aceptar que no tendría muchas cosas que otros niños disfrutaban sin pedirlo. No todas las desgracias son malas al final.
En el ecuador de mi vida creo que he aprobado en todas las materias importantes: tengo un cinco en independencia (mi casa, mis finanzas), un seis en trabajo (no está bien pagado, pero me gusta) y un 9 en amor (el 10 lo alcancaré cuando vivamos juntas). Si hacemos la media tenemos un meritorio notable vital.Si la muerte no fuera el final, ya tendría asegurado el paso a la siguiente vida.
Todas estas reflexiones que hago me sirven para no perder el norte y no desear aquello que no tendré. Me ayudan a poner los pies sobre la tierra y a valorar lo que sí tengo, que es realmente valioso.
Etiquetas:     
No