La vida nueva
Mi vida, tal como es
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"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
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Mayo otra vez
Hoy he recibido, después de muchos meses, un comentario en mi blog. Cuando me leído el aviso en mi correo he me dado cuenta de lo abandonado que lo tengo desde hace tiempo. Escribo esporádicamente, y podría decir que no lo hago por falta de tiempo, pero yo sé que es una verdad a medias. En realidad me cuesta encontrar cosas que no haya dicho, nuevas formas de expresar mi amor por M., el leit motiv de mi blog desde el principio. Digamos que me he desenamorado de él a medida que me enamoraba más de mi novia....
Ella está de viaje por tierras de castilla en un recorrido cultural de los que tanto nos gustan a las dos. Esta vez no he podido acompañarla, y me consuelo pensando que tampoco debía: tengo mucho que estudiar, los exámenes son la segunda semana de junio y sería una pena desaprovechar todo el esfuerzo que he hecho en el primer parcial. Así que aquí estoy, compuesta y sin novia.
Respecto a nuestra relación, M. anda preocupada porque discutimos demasiado. No todo el tiempo, no, pero cada fin de semana en el último mes hemos tenido algún malentendido. Y es que cuando las relaciones son largas tienes que sortear algunas trampas que se ponen en el camino. Son pequeños desafíos que debemos vencer con un poco de esfuerzo, no demasiado. Tengo la suerte de que M. y yo somos compatibles en muchísimas cosas: sentido del humor, aficiones, modo de entender la vida y el amor, gustos... pero nuestro carácter es capítulo aparte. La personalidad es un asunto complejo, lleno de matices que te encantan y otros que te irritan. Nosotras chocamos en dos. El primero es la forma de relacionarnos con los demás. Ella en ocasiones es demasiado desconsiderada con otras personas, a veces de forma consciente -porque esa persona no le importa nada- y otras por descuido, por simple falta de atención. A mí me mortifica, porque aunque no sea yo quien comete el error siento que como pareja somos solidarias en todo lo que hacemos. Sus errores son míos, y los míos suyos. A la vez reconozco que soy susceptible en exceso, y quizá me preocupo demasiado por estas cuestiones de la empatía, porque son detalles mínimos, no grandes faltas de educación. En resumen, que yo se lo reprocho y ella se defiende como gato panza arriba. Y esa discusión sin importancia adquiere gravedad porque se convierte en algo que nos separa un poco, y "un poco" entre nosotras es mucho porque estamos acostumbradas a una perfecta sincronización sentimental. Nuestra relación se caracteriza por carecer de dudas, miedos o reservas respecto a nosotras. Puedo decir con orgullo que durante estos tres años y pico no he dudado de ella, de sus sentimientos, ni una sola vez. Nunca he creído que en su mente hubiera espacio para nadie más que para mí. Las dos necesitamos esa paz, esa tranquilidad en el amor. Por eso estas discusiones puntuales nos perturban tanto.
La otra cuestión es más compleja. Cuando hablamos de hipotéticas situaciones, del tipo "qué pasaría si tu te sintieras atraída por otra", a veces enredamos la madeja y empezamos a hablar como si la situación fuera real.... Es una tontería mía, debo reconocerlo. Soy muy dramática y teatral imaginando, me paso la vida inventando situaciones imposibles, divagando por el simple juego de vivir realidades paralelas, lo hago desde pequeña: como"qué pasaría si hubiera una explosión nuclear y tuviéramos que vivir por nuestros medios", hasta "cómo será la vida de ese señor con cara triste que toma café en la barra". A M. le gusta en general, y se suma con entusiasmo a mis especulaciones, las completa, les añade detalles más disparatados que los míos. Pero si hablamos de posibles situaciones entre las dos, de ruptura, infidelidades y demás, ahí no quiere entrar, le desasosiega y se pone triste. Es la actitud supersticiosa de quien no desea llamar a la mala suerte, a la desgracia. Para mí no es así porque pienso que tan probable es una ruptura entre nosotras como una explosión nuclear en Valencia. O quizá me parezca más probable la segunda opción. Pero ella se pone seria y acaba haciéndome algún comentario hiriente para cortar en seco la conversación. Total, que acabamos discutiendo.
En definitiva, que nuestros problemas son los de la gente que no tiene problemas. Si las cosas estuvieran mal de verdad estas tonterías sonarían a broma, desearíamos que fueran las únicas cosas que no funcionaran. Por eso no me preocupa, aunque entiendo que mi novia les preste atención como hace con cualquier pequeño detalle entre nosotras.
Acabo de hablar con ella. Está cansada de tanto caminar, de ver monumentos, monasterios y paisajes. Me gusta mucho oírla, tiene una voz preciosa, de mujer segura, madura y resolutiva. La echo de menos, pero no tristemente, sino con alegría; porque sé que en una semana estaremos juntas otra vez, y el reencuentro será mejor, más apasionado, más intenso. He pasado toda la tarde estudiando y creo que me he ganado un descanso, ver una peli romántica con un final feliz (Tú y yo, Cary Grant y Deborah Kerr). Y nada más.
Mañana será otro día.
No