Esperando
Mi novia no me hace caso. Hablamos un ratito por la mañana, pero entra un cliente y me deja, sin tiempo casi de despedirme. Luego la llamo y el teléfono suena, y suena, y suena... No hay respuesta. Quizá pueda hablar con ella esta tarde, o quizá esta noche. O puede que ya esté cansada y tengamos que esperar a mañana. Cuando tienes sueño es difícil tener una conversación coherente. La espera forma parte de los trabajos del amor.
Estoy programada para soportar su ausencia durante una semana, no más. Este puente no nos hemos visto, así que ando fuera de plazo, contando los días hasta el viernes. Qué tendrá esta mujer que me lleva de cabeza... Por supuesto es una pregunta retórica, sé perfectamente lo que tiene, otra cosa es poder explicarlo. Aquí estoy, cultivando la espera, regándola, cuidándola amorosamente para que dentro de tres días dé su fruto y pueda resarcirme de tanta imaginación desbocada.. Mi mente inventa cosas que sno se pueden reproducir, y no porque sean lujuriosas. Al contrario, lo que añoro son olores y tactos delicados, perfiles de carne, detalles de labios, de pestañas, oquedades blanquísimas, transparencias verdes, curvas llenas, más olores. No pienso devorarla, no; el sexo es una cuesta vertiginosa, febrilmente breve. Al contrario, quiero demorarme en el estudio, en la observación minuciosa del cuerpo para después reproducirlo a solas, en la inevitable espera que sigue a la despedida. Es mi forma de poseer sin tener, una estrategia como otra cualquiera para que el deseo no me estalle en las manos; pero un deseo que no es sólo cuerpo, sino sobre todo corazón y alma.
La echo tanto de menos... No concibo un mundo de esperas infinitas, cómo podría pasar un mes entero sin ella. Tiemblo sólo de imaginarlo. Por eso la llamo, para reconstruírla a través de su voz, fabricar una boca, unos labios, un mentón que se mueven mientras me dicen que me quiere; incluso aunque no lo diga, atrapar en su tono una música de amor no confesado pero presente de una forma sutil.
Pero la realidad no soporta tanto romanticismo, Esta luz del sol, como de quirófano, no se lleva bien con el amor que me ronda por la cabeza. Podría esperar a la noche para decirle todo esto, para confesarte otra vez lo que ya sabe, que la amo por encima de cualquier cosa. Claro que esta noche tampoco estará conmigo, y puede que ni siquiera quiera escuchar cómo le fue el día. Puede que no me baste nada más que su presencia, una presencia que no tendré. Así que volveré a cultivar esta espera, a regarla amorosamente para el viernes sumergirme en su cuerpo y olvidarme del mundo, de estos días, de la propia espera.
Estoy programada para soportar su ausencia durante una semana, no más. Este puente no nos hemos visto, así que ando fuera de plazo, contando los días hasta el viernes. Qué tendrá esta mujer que me lleva de cabeza... Por supuesto es una pregunta retórica, sé perfectamente lo que tiene, otra cosa es poder explicarlo. Aquí estoy, cultivando la espera, regándola, cuidándola amorosamente para que dentro de tres días dé su fruto y pueda resarcirme de tanta imaginación desbocada.. Mi mente inventa cosas que sno se pueden reproducir, y no porque sean lujuriosas. Al contrario, lo que añoro son olores y tactos delicados, perfiles de carne, detalles de labios, de pestañas, oquedades blanquísimas, transparencias verdes, curvas llenas, más olores. No pienso devorarla, no; el sexo es una cuesta vertiginosa, febrilmente breve. Al contrario, quiero demorarme en el estudio, en la observación minuciosa del cuerpo para después reproducirlo a solas, en la inevitable espera que sigue a la despedida. Es mi forma de poseer sin tener, una estrategia como otra cualquiera para que el deseo no me estalle en las manos; pero un deseo que no es sólo cuerpo, sino sobre todo corazón y alma.
La echo tanto de menos... No concibo un mundo de esperas infinitas, cómo podría pasar un mes entero sin ella. Tiemblo sólo de imaginarlo. Por eso la llamo, para reconstruírla a través de su voz, fabricar una boca, unos labios, un mentón que se mueven mientras me dicen que me quiere; incluso aunque no lo diga, atrapar en su tono una música de amor no confesado pero presente de una forma sutil.
Pero la realidad no soporta tanto romanticismo, Esta luz del sol, como de quirófano, no se lleva bien con el amor que me ronda por la cabeza. Podría esperar a la noche para decirle todo esto, para confesarte otra vez lo que ya sabe, que la amo por encima de cualquier cosa. Claro que esta noche tampoco estará conmigo, y puede que ni siquiera quiera escuchar cómo le fue el día. Puede que no me baste nada más que su presencia, una presencia que no tendré. Así que volveré a cultivar esta espera, a regarla amorosamente para el viernes sumergirme en su cuerpo y olvidarme del mundo, de estos días, de la propia espera.