¿Soy exhibicionista?
No es una duda existencial, sino una simple curiosidad que me surge a raíz de los comentarios que me han hecho mis mujeres del pasado y mi preciosa novia del presente. Parece ser que me paso un poco con los besos y abrazos apasionados dentro del ambiente, y con los besos robados y los roces intencionados en lugares no señalizados con un arcoiris.
Yo, que soy una razonadora nata, hasta de las cuestiones más absurdas (por qué me ha salido un grano DOS VECES en el mismo sitio? Ummm) no consigo encontrarle un sentido a esta característica mía. En realidad, si no me lo hubieran dicho, me parecería un comportamiento de lo más normal: en la calle tengo que reprimir mis impulsos, así que en cuanto atravieso el umbral de un garito amigo me vuelvo un animal cariñoso y juguetón. No digo sexual porque no hay intención de excitar o provocar la libido, eso seguro. Pero esta explicación no convence, así que intentaré ahondar un poco más...
Creo ser una mujer bastante distante en mi vida cotidiana; con mucho humor, con una dosis suficiente de simpatía, pero no empática emocionalmente. Ahí pongo mis límites a la sociabilidad. Puedo pensar entonces que esas dosis de cariño que no comparto con amigos y compañeros se acumulan, crecen, se desbordan... y salen al fín en forma de abrazos y besos compulsivos a mi mujercita. Ésta sería la explicación número uno, de corte pseudocientífico -no os riáis, deducir la ley de la gravedad de una manzana caída es bastante más atrevido-.
Una segunda explicación sería que busco atraer las miradas de la concurrencia femenina... ¿Pero con qué objeto? Podría intentar gustar a las demás, que se fijaran en mí... pero no lo creo, no soy tan vanidosa. Me inclino más porque intente atraer la atención sobre las dos, mi novia y yo. Como quien lleva un enorme y lujoso deportivo y conduce despacito para que todos tengan tiempo de fijarse en los detalles. ¿Por qué? Porque me siento orgullosa de ella, y el hecho de que esté conmigo y me bese a mí me hace sentir bien. Esto puede dar a entender una relación de posesividad; sin embargo no soy nada celosa, y me incomoda pensar que tengo poder sobre ella, sobre su vida. Si algo me gusta de nuestra relación es la libertad desde la que nos queremos: la ausencia de necesidad, la elección franca que hemos hecho de estar juntas. Digamos pues que para mí es un "scherzo", un divertimento: me gusta que miren a mi chica, incluso con miradas poco respetuosas que buscan el encuentro. Me gusta que la miren y después besarla, porque con un simple beso todas sus maquinaciones caen al suelo. Tal es la intensidad y entrega con que lo hacemos.
Al final, la explicación más sencilla es la que vale (lo dice el sargento Bevilacqua en El país de los estanques). Y la razón por la que la beso es así de simple: porque me apetece y porque la amo. Porque así demuestro mi amor. Las demás respuestas son sólo un pretexto para escribir este blog.
Yo, que soy una razonadora nata, hasta de las cuestiones más absurdas (por qué me ha salido un grano DOS VECES en el mismo sitio? Ummm) no consigo encontrarle un sentido a esta característica mía. En realidad, si no me lo hubieran dicho, me parecería un comportamiento de lo más normal: en la calle tengo que reprimir mis impulsos, así que en cuanto atravieso el umbral de un garito amigo me vuelvo un animal cariñoso y juguetón. No digo sexual porque no hay intención de excitar o provocar la libido, eso seguro. Pero esta explicación no convence, así que intentaré ahondar un poco más...
Creo ser una mujer bastante distante en mi vida cotidiana; con mucho humor, con una dosis suficiente de simpatía, pero no empática emocionalmente. Ahí pongo mis límites a la sociabilidad. Puedo pensar entonces que esas dosis de cariño que no comparto con amigos y compañeros se acumulan, crecen, se desbordan... y salen al fín en forma de abrazos y besos compulsivos a mi mujercita. Ésta sería la explicación número uno, de corte pseudocientífico -no os riáis, deducir la ley de la gravedad de una manzana caída es bastante más atrevido-.
Una segunda explicación sería que busco atraer las miradas de la concurrencia femenina... ¿Pero con qué objeto? Podría intentar gustar a las demás, que se fijaran en mí... pero no lo creo, no soy tan vanidosa. Me inclino más porque intente atraer la atención sobre las dos, mi novia y yo. Como quien lleva un enorme y lujoso deportivo y conduce despacito para que todos tengan tiempo de fijarse en los detalles. ¿Por qué? Porque me siento orgullosa de ella, y el hecho de que esté conmigo y me bese a mí me hace sentir bien. Esto puede dar a entender una relación de posesividad; sin embargo no soy nada celosa, y me incomoda pensar que tengo poder sobre ella, sobre su vida. Si algo me gusta de nuestra relación es la libertad desde la que nos queremos: la ausencia de necesidad, la elección franca que hemos hecho de estar juntas. Digamos pues que para mí es un "scherzo", un divertimento: me gusta que miren a mi chica, incluso con miradas poco respetuosas que buscan el encuentro. Me gusta que la miren y después besarla, porque con un simple beso todas sus maquinaciones caen al suelo. Tal es la intensidad y entrega con que lo hacemos.
Al final, la explicación más sencilla es la que vale (lo dice el sargento Bevilacqua en El país de los estanques). Y la razón por la que la beso es así de simple: porque me apetece y porque la amo. Porque así demuestro mi amor. Las demás respuestas son sólo un pretexto para escribir este blog.