Desde el armario (el propio y el ajeno)
He estado leyendo el blog de Jaracho, personaje hipócrita como pocos, lo cual le hace incluso interesante de seguir: espero la próxima opinión extravagante y contradictoria de este sodomita con pensamiento opusiano... El hombre casado y con hij@s que hace escapadas a cualquier lugar donde le puedan ofrecer sexo puro, sin veleidades sentimentales. Qué bien.
Dicen que vivir en el armario consiste en no confesar tu tendencia sexual, ni hacer patente tu opción... Digamos entonces que yo vivo en un armario, sí, porque sólo contadas personas conocen mi realidad, sólo aquéllas en las que confío plenamente. Está claro que mi vida íntima no me cambia como persona, ni tiene que condicionar la relación que tengo con familia y amigos, así que ¿por qué contarlo? Nunca he sido paladín de ninguna causa, y no me gustan las complicaciones si las puedo evitar. Por eso decidí no hacer confesión pública de mi intimidad.
Pero hay quien va más allá la ocultación. No sólo esconden, sino que fingen otra vida más convencional para ser totalmente aceptados y miniminar el riesgo de que alguien sospeche de una soledad tan bien llevada, de unas determinadas amistades del mismo sexo. También esta postura me parece respetable, aunque yo me vea incapaz de entrar en ese juego de apariencias sin fin. Lo que no es aceptable es usar a personas para hacer más convincente el disfraz: te echas novi@ y te casas... Así es comprensible la postura de Jaracho sobre la adopción: cuando has hecho de tu vida una mentira lo menos que puedes hacer es sacarle provecho y tener hijos biológicos propios. Que tu mujer no sepa nada de tus escapadas y deseos más íntimos no tiene importancia. Tienes lo mejor de los dos mundos: sexo y emociones clandestinas y una burguesa vida familiar a la luz del día. Mientras tanto, la porquería se va barriendo debajo de la alfombra...
Aquell@s que me lean y pertenezcan a esta especie no se sentirán aludidos con toda seguridad. Las excusas son muchas y variadas: no hacen daño a nadie, el que se casa con ell@s ya sabe lo que hay, esta sociedad no te deja más salida.. qué se yo. Si algo les sobra es imaginación para justificarse, para dividirse en múltiples yos: el que disfruta un polvo salvaje en un coche o pensión, el que come con sus suegros los domingos, el que se masturba pensando en es@ vecin@ tan excitante... incluso el que va a misa o pontifica contra los derechos homosexuales desde un portal gay. Por suerte para ellos, tienen poca conciencia de su comportamiento esquizofrénico. que han acallado durante años para no tener que mirarse al espejo y enfrentarse con la miseria moral de sus vidas.
Y lo peor de todo es que no entienden que en realidad están hipotecando su vida... cuando seguramente no hay otra.
Dicen que vivir en el armario consiste en no confesar tu tendencia sexual, ni hacer patente tu opción... Digamos entonces que yo vivo en un armario, sí, porque sólo contadas personas conocen mi realidad, sólo aquéllas en las que confío plenamente. Está claro que mi vida íntima no me cambia como persona, ni tiene que condicionar la relación que tengo con familia y amigos, así que ¿por qué contarlo? Nunca he sido paladín de ninguna causa, y no me gustan las complicaciones si las puedo evitar. Por eso decidí no hacer confesión pública de mi intimidad.
Pero hay quien va más allá la ocultación. No sólo esconden, sino que fingen otra vida más convencional para ser totalmente aceptados y miniminar el riesgo de que alguien sospeche de una soledad tan bien llevada, de unas determinadas amistades del mismo sexo. También esta postura me parece respetable, aunque yo me vea incapaz de entrar en ese juego de apariencias sin fin. Lo que no es aceptable es usar a personas para hacer más convincente el disfraz: te echas novi@ y te casas... Así es comprensible la postura de Jaracho sobre la adopción: cuando has hecho de tu vida una mentira lo menos que puedes hacer es sacarle provecho y tener hijos biológicos propios. Que tu mujer no sepa nada de tus escapadas y deseos más íntimos no tiene importancia. Tienes lo mejor de los dos mundos: sexo y emociones clandestinas y una burguesa vida familiar a la luz del día. Mientras tanto, la porquería se va barriendo debajo de la alfombra...
Aquell@s que me lean y pertenezcan a esta especie no se sentirán aludidos con toda seguridad. Las excusas son muchas y variadas: no hacen daño a nadie, el que se casa con ell@s ya sabe lo que hay, esta sociedad no te deja más salida.. qué se yo. Si algo les sobra es imaginación para justificarse, para dividirse en múltiples yos: el que disfruta un polvo salvaje en un coche o pensión, el que come con sus suegros los domingos, el que se masturba pensando en es@ vecin@ tan excitante... incluso el que va a misa o pontifica contra los derechos homosexuales desde un portal gay. Por suerte para ellos, tienen poca conciencia de su comportamiento esquizofrénico. que han acallado durante años para no tener que mirarse al espejo y enfrentarse con la miseria moral de sus vidas.
Y lo peor de todo es que no entienden que en realidad están hipotecando su vida... cuando seguramente no hay otra.