Ancora
Después de casi dos meses de desconexión, voluntaria al principio y forzosa después (cosas del ADSL y sus tarifas), vuelvo a mi diario cibernético con fuerzas renovadas y pocas cosas que contar, aunque importantes, eso sí.
Hace una hora que comenzaron mis vacaciones, las primeras que me tomo este año. Nos vamos a Portugal, ese vecino desconocido, a refrescar nuestras agotadas neuronas y bebernos a pequeños sorbos la brisa del atlántico y cómo no, unas copas de Oporto. Es nuestro primer viaje de larga distancia, nuestras primeras seis noches ininterumpidas de cama compartida...
Pero me estoy adelantando mucho. En estos dos meses hemos vivido más cosas juntas, hemos tenido algún desencuentro, algún malentendido que superar; pero sobre todo nos hemos conocido más y mejor, hemos indagado en nuestras mentes, en nuestros corazones, en busca de cada detalle que nos une o nos diferencia. Y hasta el día de hoy no hemos encontrado más que motivos para amarnos más.
Debo confesar, otra vez, que soy inmensamente feliz. Quiero resaltarlo porque para mí la felicidad es eso: encontrar el amor tal como yo lo concibo, tal como lo soñé para mí. El resto de mi vida no deja de ser mediocre, aunque yo no entiendo eso como un demérito: la mediocridad no deja de ser un estado intermedio y tranquilo en que todo sucede de forma previsible y ordenada, y yo necesito seguridad y estabilidad. Mis días transcurren entre el trabajo y la casa, con pocas novedades...
Pero como los superhéroes de siempre, cuando llega ella todo cambia, todo adquiere un aire mágico, los colores son más vivos... Yo soy la misma pero distinta, y las horas se nos pasan entre charla, risas, caricias, miradas. Estamos juntas ya seis meses, hemos hecho juntas toda clase de cosas prosaicas y cotidianas, pero la magia no se esfuma, sino que permanece firme, anclada en lo bueno que tenemos, en el valor de nuestro amor.
Sigo escuchando Mina y sigo encontrado en cada canción el eco de mis sentimientos. Cuando estoy sola y la extraño, me veo reflejada en las baladas tristes y melancólicas; cuando nos reencontramos soy la protagonista de las canciones alegres y esperanzadas.
No sé cómo será este viaje juntas, si la ciudad será como la imaginamos, si el hotel nos gustará, si comeremos bien... Lo que no dudo es que su sola presencia valdrá por cada incomodidad, cada cosa fuera de lugar. Y que las dos recordaremos estos días como los mejores vividos hasta el momento, porque seguro que vendrán otros tan buenos a lo largo de los años.
Hace una hora que comenzaron mis vacaciones, las primeras que me tomo este año. Nos vamos a Portugal, ese vecino desconocido, a refrescar nuestras agotadas neuronas y bebernos a pequeños sorbos la brisa del atlántico y cómo no, unas copas de Oporto. Es nuestro primer viaje de larga distancia, nuestras primeras seis noches ininterumpidas de cama compartida...
Pero me estoy adelantando mucho. En estos dos meses hemos vivido más cosas juntas, hemos tenido algún desencuentro, algún malentendido que superar; pero sobre todo nos hemos conocido más y mejor, hemos indagado en nuestras mentes, en nuestros corazones, en busca de cada detalle que nos une o nos diferencia. Y hasta el día de hoy no hemos encontrado más que motivos para amarnos más.
Debo confesar, otra vez, que soy inmensamente feliz. Quiero resaltarlo porque para mí la felicidad es eso: encontrar el amor tal como yo lo concibo, tal como lo soñé para mí. El resto de mi vida no deja de ser mediocre, aunque yo no entiendo eso como un demérito: la mediocridad no deja de ser un estado intermedio y tranquilo en que todo sucede de forma previsible y ordenada, y yo necesito seguridad y estabilidad. Mis días transcurren entre el trabajo y la casa, con pocas novedades...
Pero como los superhéroes de siempre, cuando llega ella todo cambia, todo adquiere un aire mágico, los colores son más vivos... Yo soy la misma pero distinta, y las horas se nos pasan entre charla, risas, caricias, miradas. Estamos juntas ya seis meses, hemos hecho juntas toda clase de cosas prosaicas y cotidianas, pero la magia no se esfuma, sino que permanece firme, anclada en lo bueno que tenemos, en el valor de nuestro amor.
Sigo escuchando Mina y sigo encontrado en cada canción el eco de mis sentimientos. Cuando estoy sola y la extraño, me veo reflejada en las baladas tristes y melancólicas; cuando nos reencontramos soy la protagonista de las canciones alegres y esperanzadas.
No sé cómo será este viaje juntas, si la ciudad será como la imaginamos, si el hotel nos gustará, si comeremos bien... Lo que no dudo es que su sola presencia valdrá por cada incomodidad, cada cosa fuera de lugar. Y que las dos recordaremos estos días como los mejores vividos hasta el momento, porque seguro que vendrán otros tan buenos a lo largo de los años.
Comentario:
Sabes, cuando tú y yo nos conocimos sucedía algo extraño. Yo acababa de dejar atrás un paisaje blanco, mucho frio, grandes capas de hielo en la carretera…obstáculos salvables. Fui del pleno invierno de Narnia… sin león ni seres fantásticos ni batallas… Sólo árboles y arbustos cubiertos de nieve, coches atravesados en la calle por el hielo, lluvia del deshielo cayendo de las copas de los árboles hasta congelarme la nariz, sin electricidad, ni cadenas,…
Y esa fue la instantánea en movimiento que superé para verte.
Yo no te conocía como ahora, sólo te intuia, pero gracias por confiar en mi y por querer tener una gran “aventura” vital conmigo, sólo se me ocurre escribirte gracias. Me haces muy feliz y estoy deseando que llegue el momento de mirarte a los ojos y decirte que te quiero.
Y esa fue la instantánea en movimiento que superé para verte.
Yo no te conocía como ahora, sólo te intuia, pero gracias por confiar en mi y por querer tener una gran “aventura” vital conmigo, sólo se me ocurre escribirte gracias. Me haces muy feliz y estoy deseando que llegue el momento de mirarte a los ojos y decirte que te quiero.