La vida nueva
Mi vida, tal como es
Acerca de
"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
Contador Gratis
Sindicación
 
En torno a nuestra condición
Repasando blogs de otras lesbianas he observado con tristeza que muchas hacen referencia al problema que supone su opción sexual en la familia, o en su entorno. Encuentran dificultades para hacerse entender y aceptar, y eso les hace sufrir. A veces incluso veo una actitud desafiante, de rebelión contra el mundo, que se podría expresar como: "Soy lesbiana, ¿y qué? No es nada malo".
Para mí la sexualidad es una cuestión íntima, algo que sucede dentro de la casa, en el ámbito más privado de la persona. Por supuesto, no voy a negar la realidad diciendo que eso no trasciende de algún modo, que no quisiera mostrar afecto donde y como me apetezca. Efectivamente, ahí está el problema: en lo que la sociedad te escamotea, en no ser igual que cualquier otra pareja de las consideradas "normales".
Mi posición ante esto es bastante acomodaticia: por un lado, mi opción sexual sólo la conoce quien sé con certeza que la va a respetar y quien me quiere tal y como soy. No busco la confrontación con los demás, con quienes miran con recelo o se ríen de los que sienten diferente, sea familia, amigos o trabajo. Hay quien denomina esta postura como cobardía, una manera de no afrontar mi realidad. Pero dentro de mí no hay dudas, ni culpabilidades. El amor y el sexo es algo limpio, sano, probablemente lo mejor de nuestra vida; y queremos a personas, no a géneros, no a abstracciones. Amamos a Pedro o a Ángela, seres concretos y reales, y siempre he sabido que el nombre de mi amante no me hace ser inmoral. Eso lo tengo claro. Pero los demás no, demasiada presión social, demasiadas normas mamadas desde la infancia. Si yo mañana hiciera pública mi vida personal, qué conseguiría? Hay gente que lo aceptaría totalmente, otra actuaría con hipocresía, aparentando normalidad contigo durante un tiempo; los menos me tratarían con disimulado desprecio. Todas estas reacciones son las previsibles, pero en realidad yo no ganaría nada, más que dar a entender que necesito dar publicidad a algo que sólo me incumbe a mí y a quienes yo decida, desde la amistad y la confianza. Algo que los demás no necesitan hacer porque no buscan la aceptación, la dan por hecha. Yo tampoco la quiero, no al precio de exponerme ante los demás.
Así pues yo intento ser discreta donde debo serlo pero absolutamente normal en el resto: no me privo de un beso en Madrid, ni tampoco lo haré en Lisboa, como no lo hice en París. Dormiré en mi cama matrimonial, y me sonreiré ante el estupor del recepcionista -si le sorprende, cosa que no sucederá seguramente-. No me gustan las situaciones incómodas, y por eso las evito. Pero a mi manera, y aunque sea suavemente, inadvertidamente, voy abriendo un hueco de libertad en mi vida, de normalidad ante los demás. Sé que un día será público; pero ese día llegará de manera natural, tanto que los demás ni serán conscientes de saber que mi amiga M. seguramente es mucho más que amiga... estarán tan acostumbrados a asociarla a mi presencia, a oírme hablar de ella... Ni asomo de extrañeza, ni un punto de escándalo. Sólo dos mujeres normales que se quieren. En muchos casos no conseguiremos la aceptación plena, pero sí el respeto.
Mientras tanto, disfruto de lo que tengo: mi trabajo, mi familia y mi amor, aunque sea un amor clandestino a medias. No me siento distinta ni marginada, porque me cuido mucho de exponerme a las miradas de los demás, conocidos o desconocidos que no te juzgan por tí, sino por lo que no les debería importar, precisamente. Nunca he derramado una lágrima por ser quien soy, ni lo haré. Si acaso, sentiré que los demas tengan mentes estrechas. Peor para ellos.
Etiquetas:    
No