Amor, amor, amor
Estoy leyendo Ya no sufro por amor, de Lucía Etxebarría. Es un libro bastante divertido, aunque creo captar entre líneas que esta Lucía es un poco presuntuosa, pese a que muchas veces intente dar un tono modeso a su discurso. Esto lo pienso porque el libro está trufado de anécdotas personales, dando a entender la extensísima vida amorosa que ha llevado... Menos lobos.
Dejando de lado este tema, es curioso la cantidad de teorías que existen en torno a las relaciones sentimentales: la teoría de los complejos de Edipo y Electra, la del objeto relacional, la tipología emocional de las personas.... Al final del libro acabas un poco agobiada, porque intentas descubrir a qué modelo respondes tú, y ninguno acaba de encajar contigo. Por ejemplo, hay sujetos seguros, evasivos y ansiosos... No creo pertenecer a ninguno de los tres tipos. ¿50% segura, 20% evasiva y 30% ansiosa? ¿60% segura, 15 evasiva y 25 ansiosa? Creo que de tanto darle vueltas mi cuota de ansiedad está subiendo por momentos...
Al final mi conclusión es que ninguna teoría puede explicar cómo somos, ni en la vida ni en el amor. Hurgando en el interior de alguien particular se pueden averiguar cosas, pero aplicar normas a la generalidad del ser humano es absurdo, precisamente por la propia naturaleza cambiante de las personas. Yo no era igual a los veinte, entonces digamos que mi dependencia emocional era muchísimo mayor que ahora. Los sentimientos me superaban, y aun siendo consciente de mis errores no podía evitar cometerlos, porque ese lado emocional se apropiaba de la razón y del sentido común. Las experiencias vividas (particularmente las malas, hay que decirlo) te hacen asumir hechos incontrovertibles: que lo que importa al final es una misma, no su relación con x o y... por muy intensa que sea.
Esto que acabo de decir pondría el pelo de punta a algunas que tienen la teoría de que el amor está por encima de todo; una visión romántica que se suele estrellar contra el suelo a la mínima dificultad. El enamorarse, el querer a alguien (como yo quiero a Ella) no es incompatible con la autoestima, bien al contrario, es condición indispensable. Ella piensa lo mismo, una razón más para amarla, y en su vida, como en la mía, hay un montón de cosas importantes, más importantes que yo. Y no se me pasa por la cabeza que me quiera menos por ello, que este amor sea de segunda categoría. Cuando estamos juntas sólo existimos las dos, nos entregamos a lo que tenemos , a vivirlo; y el ser realistas no nos quita un ápice de romanticismo y de emoción. Al contrario, sé que Ella, una persona segura, con una vida plena, está conmigo porque quiere, no porque me necesita. Prefiero esa clase de amor a quien te quiere porque tiene que estar con alguien, porque busca fuera de sí quien la complete...
Dejando de lado este tema, es curioso la cantidad de teorías que existen en torno a las relaciones sentimentales: la teoría de los complejos de Edipo y Electra, la del objeto relacional, la tipología emocional de las personas.... Al final del libro acabas un poco agobiada, porque intentas descubrir a qué modelo respondes tú, y ninguno acaba de encajar contigo. Por ejemplo, hay sujetos seguros, evasivos y ansiosos... No creo pertenecer a ninguno de los tres tipos. ¿50% segura, 20% evasiva y 30% ansiosa? ¿60% segura, 15 evasiva y 25 ansiosa? Creo que de tanto darle vueltas mi cuota de ansiedad está subiendo por momentos...
Al final mi conclusión es que ninguna teoría puede explicar cómo somos, ni en la vida ni en el amor. Hurgando en el interior de alguien particular se pueden averiguar cosas, pero aplicar normas a la generalidad del ser humano es absurdo, precisamente por la propia naturaleza cambiante de las personas. Yo no era igual a los veinte, entonces digamos que mi dependencia emocional era muchísimo mayor que ahora. Los sentimientos me superaban, y aun siendo consciente de mis errores no podía evitar cometerlos, porque ese lado emocional se apropiaba de la razón y del sentido común. Las experiencias vividas (particularmente las malas, hay que decirlo) te hacen asumir hechos incontrovertibles: que lo que importa al final es una misma, no su relación con x o y... por muy intensa que sea.
Esto que acabo de decir pondría el pelo de punta a algunas que tienen la teoría de que el amor está por encima de todo; una visión romántica que se suele estrellar contra el suelo a la mínima dificultad. El enamorarse, el querer a alguien (como yo quiero a Ella) no es incompatible con la autoestima, bien al contrario, es condición indispensable. Ella piensa lo mismo, una razón más para amarla, y en su vida, como en la mía, hay un montón de cosas importantes, más importantes que yo. Y no se me pasa por la cabeza que me quiera menos por ello, que este amor sea de segunda categoría. Cuando estamos juntas sólo existimos las dos, nos entregamos a lo que tenemos , a vivirlo; y el ser realistas no nos quita un ápice de romanticismo y de emoción. Al contrario, sé que Ella, una persona segura, con una vida plena, está conmigo porque quiere, no porque me necesita. Prefiero esa clase de amor a quien te quiere porque tiene que estar con alguien, porque busca fuera de sí quien la complete...
Comentario:
La necesidad y el amor en estos tiempos no saben distinguirse con facilidad; me alegro de que hayas encontrado a la persona que ve las cosas tal y como tú las sientes.
Besets
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