C. y M.
Hoy me encuentro mal. M. dice que he enfermado por mi costumbre de no tirar nada de la nevera, aunque ya se mueva sólo. Probablemente esta vez tenga razón; no os alarméis, no daré más detalles.
Los últimos días M. y yo nos hemos dedicado a escribir a dúo en nuestro blog-denuncia Lesbiana de 90. Ha sido divertido y finalmente lo mejor no ha sido desenmascarar a esta presunta lesbiana mayor, sino compartir ideas, risas y espacio con mi novia. Incluso siento cierta ternura al mirar nuestra foto, tomada ex profeso para ilustrar el blog. Facciamo una brava coppia, como se diría en italiano (hacemos una buena pareja, traducción de la autora); ella tan blanquita y yo tan morena...
Ahora la echo de menos. Ha estado nueve días en casa,aunque yo trabajaba y sólo nos veíamos por la mañana y por la noche. Me he acostumbrado a encontrarla a mi vuelta, leyendo en la piscina o trajinando por la casa... Pero el mejor momento del día era cuando nos íbamos a la cama; ese ritual cotidiano y mecánico se convirtió en un delicioso jardín de confidencias, caricias y besos. El perfecto final de un día normal, sin importancia. Es increíble cómo se transforma una jornada si la compartes con quien amas: la luz es más cálida, el aire más fresco... algo que no se puede nombrar cambia y todo es mejor, más reconfortante. Siento de veras no encontrarla cuando vuelvo a casa, tener que leer y dormir sola, extender mi mano y hallar el vacío al otro lado de la cama... Por suerte para mí, suelo llegar demasiado cansada y me duermo enseguida, no tengo tiempo para pensar ni entristecerme en exceso.
Esta era una pequeña prueba para saber si podemos vivir juntas algún día más o menos lejano. Creo que la hemos superado, aunque yo ya sabía, antes de iniciarla, que no tendríamos problemas. Si algo tiene M. es la capacidad de escuchar y entender lo que le cuento; conoce mis manías, mis limitaciones, mis virtudes y mis momentos buenos y malos. Nos hemos contado nuestras vidas, lo que nos gusta y nos disgusta, lo que nos irrita irredediablemente y lo que nos alegra el día. Tanto ella como yo lo sabemos e intentamos respetarlo. M. ha estado en mi casa y yo no me he sentido agobiada, ni forzada a hacer cosas que no me apetecía hacer; ella es independiente, muy capaz de entretenerse sin mí, y cuando le ha apetecido a hecho y deshecho a su antojo. La sensación de libertad es completa, el ser siempre dueña de tus actos, pero sabiendo en todo momento que, haga lo que haga o esté donde esté, piensa en mí, se siente tan mía como yo suya. Llevamos al cuello una cuerda que nos une pero que nunca aprieta; con un nudo tan liviano que cuando nos apetezca lo podemos desatar. Sólo que no queremos hacerlo.
C. y M. Prueba superada.
Los últimos días M. y yo nos hemos dedicado a escribir a dúo en nuestro blog-denuncia Lesbiana de 90. Ha sido divertido y finalmente lo mejor no ha sido desenmascarar a esta presunta lesbiana mayor, sino compartir ideas, risas y espacio con mi novia. Incluso siento cierta ternura al mirar nuestra foto, tomada ex profeso para ilustrar el blog. Facciamo una brava coppia, como se diría en italiano (hacemos una buena pareja, traducción de la autora); ella tan blanquita y yo tan morena...
Ahora la echo de menos. Ha estado nueve días en casa,aunque yo trabajaba y sólo nos veíamos por la mañana y por la noche. Me he acostumbrado a encontrarla a mi vuelta, leyendo en la piscina o trajinando por la casa... Pero el mejor momento del día era cuando nos íbamos a la cama; ese ritual cotidiano y mecánico se convirtió en un delicioso jardín de confidencias, caricias y besos. El perfecto final de un día normal, sin importancia. Es increíble cómo se transforma una jornada si la compartes con quien amas: la luz es más cálida, el aire más fresco... algo que no se puede nombrar cambia y todo es mejor, más reconfortante. Siento de veras no encontrarla cuando vuelvo a casa, tener que leer y dormir sola, extender mi mano y hallar el vacío al otro lado de la cama... Por suerte para mí, suelo llegar demasiado cansada y me duermo enseguida, no tengo tiempo para pensar ni entristecerme en exceso.
Esta era una pequeña prueba para saber si podemos vivir juntas algún día más o menos lejano. Creo que la hemos superado, aunque yo ya sabía, antes de iniciarla, que no tendríamos problemas. Si algo tiene M. es la capacidad de escuchar y entender lo que le cuento; conoce mis manías, mis limitaciones, mis virtudes y mis momentos buenos y malos. Nos hemos contado nuestras vidas, lo que nos gusta y nos disgusta, lo que nos irrita irredediablemente y lo que nos alegra el día. Tanto ella como yo lo sabemos e intentamos respetarlo. M. ha estado en mi casa y yo no me he sentido agobiada, ni forzada a hacer cosas que no me apetecía hacer; ella es independiente, muy capaz de entretenerse sin mí, y cuando le ha apetecido a hecho y deshecho a su antojo. La sensación de libertad es completa, el ser siempre dueña de tus actos, pero sabiendo en todo momento que, haga lo que haga o esté donde esté, piensa en mí, se siente tan mía como yo suya. Llevamos al cuello una cuerda que nos une pero que nunca aprieta; con un nudo tan liviano que cuando nos apetezca lo podemos desatar. Sólo que no queremos hacerlo.
C. y M. Prueba superada.
Comentario:
Umm, me ha gustado tu post, es agradable, y eso de que dices que en tu día normal, en tu día a día, tumbarte a su lado y hablar de sueños, de confidencias, .. me resulta tan seductor... y lo más importante es poder hacer lo que te dé la gana estando tu pareja, porque las parejas, al menos para mí son eso, darte libertad no quitartela, el poder seguir manteniendo tu identidad a pesar de todo...
Comentario:
Te quiero por nada y por todo,/
por lo de aquí y lo de más allá,/
por alegrías propias y extrañas, /
por preocuparte por sufrimientos ajenos/
por andar sóla por el mundo/
por crecer por tu cuenta,/
porque la sangre furiosa de nuestro encuentro nos llama incesantemente./
Y porque la vida estalla todos sus secretos inconmovibles cuando estamos juntas.
por lo de aquí y lo de más allá,/
por alegrías propias y extrañas, /
por preocuparte por sufrimientos ajenos/
por andar sóla por el mundo/
por crecer por tu cuenta,/
porque la sangre furiosa de nuestro encuentro nos llama incesantemente./
Y porque la vida estalla todos sus secretos inconmovibles cuando estamos juntas.