A C. le va bien.
Mi amiga C. ya tiene pareja. Puede parecer una noticia banal, pero es que a C. siempre le ha costado, y yo, en mis interminables conversaciones acerca del amor y la vida siempre me he sentido identificada con su forma de ser, con los problemas que apuntaba para encontrar a alguien que le acomodara. Tengo que preguntarle si su chica es tal como ella imaginaba: dulce, tierna por una parte, y con personalidad definida, capaz de imponerse cuando es necesario. Lo que me ha dicho de ella dice mucho en su favor, y es muy atractiva... Me alegro mucho por ella, y egoístamente pienso: "si ella lo tiene, a mí también me llegará".
Cualquiera que me lea pensará que me contradigo, porque anteriormente apuntaba a que me gustaba estar sola. Pero no lo es: estoy bien así, pero como a todas me gusta divagar con lo que será algún día. Y en cierto modo, estas reflexiones me hacen bien. Me ayudan a entender lo que me pasa, y sobre todo a saber lo que no quiero en una mujer, en una relación. Pero eso merecerá capítulo aparte, y por extenso.