Lo que no quiero
Aprovecharé este sábado familiar y casero para hablar, por fín, de lo que no quiero en una relación, ese tema que tengo pendiente casi desde el inicio de mi blog. Estas reflexiones han surgido de mi corta pero intensa vida amorosa, y si todas las historias fracasaron, al menos puedo decir que he aprendido algo de cada una de ellas.
Antes de entrar en materia, debo decir que, como yo no soy perfecta, no espero que la otra lo sea. Tengo manías propias y otras ajenas que me irritan particularmente, pero sé que son pequeñas cosas negociables cuando hay comunicación. Creo ser muy flexible y empática, estoy abierta a casi todo siempre que se plantee con respeto y generosidad...
Dicho esto, hay una serie de cosas que son inadmisibles para mí, y creo que para la mayoría:
1. La posesividad. Eso significa, literalmente, que alguien se siente tu dueña, te cosifica; muchas dirán que nunca te usarán, que quieren lo mejor para tí... Pues si quieren lo mejor para mí, que me dejen conservar mi individualidad, mi manera de hablar, vestir, reírme, conducir, comprar, follar, cocinar, querer, vivir, en definitiva.
2. Los celos. Este sentimiento conlleva muchas cosas, y todas negativas. Siempre pensamos que los celos en pequeñas dosis no son malos, pero es que si la dosis es tan pequeña yo no los llamo celos, no trascienden. Cuando te dicen, o te insinúan con chantajes emocionales que no debes hacer esto, o peor aún, cuando te montan algún cirio melodramático, es que la cosa va mal, muy mal. Si falla la confianza, falla todo. Las celosas se hacen las víctimas, pero en realidad son lo contrario: dudan de tí sin más criterio que sus elucubraciones mentales, y provocan daño (a sí mismas también, de acuerdo, pero eso no las disculpa).
3. El egoísmo, en sus múltiples variantes: desde el no compartir tareas en casa (actúan como si fueras una reencarnación de su madre, pero con derecho a cama) o los gastos (sí, lo que se suele llamar "ahorrar a tu costa"), hasta decidir cada cosa: dónde se sale, el color de las paredes, qué peli ver... En general, son esas personas que no piensan nunca en la otra, en sus necesidades o sus deseos. Ya sabéis de qué hablo.
Lo malo de estos defectos es que suelen venir en un pack completo; la que tiene uno los suele tener todos, lo que varía es el grado de cada cual. Yo he vivido los tres, y no me puedo imaginar toda una vida (ni todo un mes!) con alguien que no te respeta. Vamos, que yo me separé para algo...!
Este post me está quedando de lo más negativo, pero de eso se trataba, de hablar de lo que no quiero. Ahora, ¿qué quiero?
Eso lo dejaremos para sucesivos artículos...