Amor, amor, amor (II)
Otra semana que empieza, otra vez vuelvo a lo cotidiano: al trabajo, a la familia, al quehacer diario. Normalmente me gusta estar así, dedicada a mis cosas, pero esta noche no puedo dormir, la echo de menos. Hemos pasado cuatro días juntas y me había acostumbrado un poco a tenerla cerca, a su calor en mi cama, a comer con ella, a pasear, charlar... nada extraordinario.
Llevamos juntas poco tiempo, soy consciente de ello. La prudencia más básica me dice que es pronto para sacar conclusiones. Pero la prudencia no pinta nada aquí, en mis sentimientos. Y mi intuición, que es bastante fiable, me dice que sí, que es ella. Hay momentos muy intensos entre nosotras, pero eso no puede definir una relación, sino el conjunto, los momentos más normales, fuera de la cama, fuera de las grandes declaraciones amorosas. Y esos momentos son geniales. Con ella me siento como en casa, cómoda, tranquila. No importa que seamos distintas, que nos gusten cosas diversas, que veamos la realidad de otra manera... Importa nuestra comunicación, la complicidad, el humor, la atracción... Y sobre todo, nuestra forma de querer, de entregarnos a lo que sentimos.
Me repito mucho, lo sé. Pero es que todavía me siento maravillada por que exista, por haberla encontrado y porque yo le guste. Un cúmulo de coincidencias extraordinarias, irrepetibles. Sólo tengo que mirar atrás para saber que eso no sucede todos los días. Ni todos los años.
Una amiga me dijo que cuando hablo de Ella parece que estoy despreciando lo que tuve antes, las mujeres que me quisieron y a las que no supe corresponder en igual medida. No es mi intención. Todas ellas me enseñaron algo, y sin ellas no sabría apreciar lo que ahora tengo, no sabría que Ella reúne lo mejor de las demás, en las proporciones en que yo lo necesito. Nunca he querido ofender a nadie, y por eso hago pocas referencias a mi pasado. No me averguenzo de él, pero no tiene sentido insistir en historias ya acabadas.
Llevamos juntas poco tiempo, soy consciente de ello. La prudencia más básica me dice que es pronto para sacar conclusiones. Pero la prudencia no pinta nada aquí, en mis sentimientos. Y mi intuición, que es bastante fiable, me dice que sí, que es ella. Hay momentos muy intensos entre nosotras, pero eso no puede definir una relación, sino el conjunto, los momentos más normales, fuera de la cama, fuera de las grandes declaraciones amorosas. Y esos momentos son geniales. Con ella me siento como en casa, cómoda, tranquila. No importa que seamos distintas, que nos gusten cosas diversas, que veamos la realidad de otra manera... Importa nuestra comunicación, la complicidad, el humor, la atracción... Y sobre todo, nuestra forma de querer, de entregarnos a lo que sentimos.
Me repito mucho, lo sé. Pero es que todavía me siento maravillada por que exista, por haberla encontrado y porque yo le guste. Un cúmulo de coincidencias extraordinarias, irrepetibles. Sólo tengo que mirar atrás para saber que eso no sucede todos los días. Ni todos los años.
Una amiga me dijo que cuando hablo de Ella parece que estoy despreciando lo que tuve antes, las mujeres que me quisieron y a las que no supe corresponder en igual medida. No es mi intención. Todas ellas me enseñaron algo, y sin ellas no sabría apreciar lo que ahora tengo, no sabría que Ella reúne lo mejor de las demás, en las proporciones en que yo lo necesito. Nunca he querido ofender a nadie, y por eso hago pocas referencias a mi pasado. No me averguenzo de él, pero no tiene sentido insistir en historias ya acabadas.