Questa cosa chiamata amore...
Soy una pura contradicción: digo en mi último artículo que no pienso hablar de mis sentimientos y ahora resulta que no deseo hacer otra cosa. Quiero contar lo que siento justo en estos momentos porque sé que es irrepetible, único y precioso. Y lo cierto es que me cuesta encontrar las palabras justas para expresarlo, porque no quiero perderme en divagaciones sentimentales, sino sujetarme a lo que estoy viviendo, no a lo que deseo vivir...
Soy una persona muy racional, no creo en nada que no pueda ver y tocar; pero cuando se mezclan las emociones me transformo en otra cosa, en alguien dispuesto a creer en el destino, en la suerte... la buena y la mala. Fue un azar afortunado el que hizo que la conociera esa noche? O fue el destino, que andaba agazapado al acecho? Prefiero no decidirme, pero sea azar o destino, me hizo un gran favor. En este blog he hablado muchas veces de lo que no quería, y poco de lo que buscaba; y ahora que encontré una mujer de carne y hueso, que me gusta, empiezo a creer que me he topado con la persona que pensaba que no existía, la que me encaja como un guante. Alguien perfecto? En absoluto. Alguien normal, con una combinación de rasgos, virtudes y defectos que a otra dejarían indiferente, pero que a mí me encantan. Hasta el punto de sentirme feliz hablando de cosas sin importancia, o sentirme cómoda y tranquila sintiendo su respiración mientras duerme, como si siempre hubiera compartido mi cama. Y eso es muy importante, porque cuando las mariposas en el estómago se desvanezcan, cuando el deseo ya no sea tan agudo y apremiante, lo que cuenta es estar así, en paz, a gusto con alguien que te aporta serenidad y apoyo, alguien con quien compartir lo que la vida trae, y lo que nos apetezca contruir juntas.
Pensaréis que me estoy precipitando... y no, seguro que no. Cada cosa que digo es real, me está sucediendo. El fututo no está escrito, nadie lo conoce; tengo que ceñirme a lo que tengo ahora, y confiar en que prospere y fructifique. Si no es así al menos me quedará lo vivido, que es mucho más de lo que otras pueden decir: un sentimiento así no nace todos los días, no pienso perderlo. Hace unos días comprendí que no me cabe más que seguir adelante, y hacer las cosas lo mejor que sé, sin dejar nunca de ser quien soy. No pienso quedarme a un lado del camino: no me quiero salvar, si salvarse es no asumir riesgos. Dejaré que la corriente me arrastre hasta la orilla o a los rápidos, qué más da: lo importante es flotar.
Soy una persona muy racional, no creo en nada que no pueda ver y tocar; pero cuando se mezclan las emociones me transformo en otra cosa, en alguien dispuesto a creer en el destino, en la suerte... la buena y la mala. Fue un azar afortunado el que hizo que la conociera esa noche? O fue el destino, que andaba agazapado al acecho? Prefiero no decidirme, pero sea azar o destino, me hizo un gran favor. En este blog he hablado muchas veces de lo que no quería, y poco de lo que buscaba; y ahora que encontré una mujer de carne y hueso, que me gusta, empiezo a creer que me he topado con la persona que pensaba que no existía, la que me encaja como un guante. Alguien perfecto? En absoluto. Alguien normal, con una combinación de rasgos, virtudes y defectos que a otra dejarían indiferente, pero que a mí me encantan. Hasta el punto de sentirme feliz hablando de cosas sin importancia, o sentirme cómoda y tranquila sintiendo su respiración mientras duerme, como si siempre hubiera compartido mi cama. Y eso es muy importante, porque cuando las mariposas en el estómago se desvanezcan, cuando el deseo ya no sea tan agudo y apremiante, lo que cuenta es estar así, en paz, a gusto con alguien que te aporta serenidad y apoyo, alguien con quien compartir lo que la vida trae, y lo que nos apetezca contruir juntas.
Pensaréis que me estoy precipitando... y no, seguro que no. Cada cosa que digo es real, me está sucediendo. El fututo no está escrito, nadie lo conoce; tengo que ceñirme a lo que tengo ahora, y confiar en que prospere y fructifique. Si no es así al menos me quedará lo vivido, que es mucho más de lo que otras pueden decir: un sentimiento así no nace todos los días, no pienso perderlo. Hace unos días comprendí que no me cabe más que seguir adelante, y hacer las cosas lo mejor que sé, sin dejar nunca de ser quien soy. No pienso quedarme a un lado del camino: no me quiero salvar, si salvarse es no asumir riesgos. Dejaré que la corriente me arrastre hasta la orilla o a los rápidos, qué más da: lo importante es flotar.