La vida nueva
Mi vida, tal como es
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"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
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Atonía
He empezado el mes con una sensación rara, una atonía vital no demasiado propia de mí. El tiempo lentamente está cambiando, ahora por las mañanas ya parece otoño, aunque el resto del día hace un sol de agosto. Quizá estas variaciones metereológicas me están afectando, porque me cuesta cumplir con esas pequeñas tareas obligadas: ir al banco, comprar un regalo para un cumpleaños, lavar el coche... todo aquello que me obligue a moverme, a salir de casa y afanarme en colas y atascos varios.
No es que me apetezca estar mano sobre mano, mirando la pared de enfrente. Lo que quiero es leer, ver películas y en general activar un poco el intelecto. Si viviera en una gran ciudad me gustaría ir a algún concierto, o ver una buena exposición. Porque creo estar en ese estado mental que invita a la reflexión, a impregnarse de las cosas que incitan la mente.
Hoy empezaré a repasar italiano. Me presento a las pruebas libres, y no debo dejar los estudios para el final; sobre todo porque es algo que me gusta mucho y no me cuesta hacer, al contrario. Dejaré las películas para el fin de semana, cuando estoy con M. Me gustaría ser como ella , "mi novia incansable", como yo la llamo; yo me agoto rápidamente. Soy consciente de mi cansancio y tengo que parar, domir, desconectar. Ella no; yo uso baterías corrientes, ella alcalinas y autorecargables. Algun día espero conocer su secreto.
Este fin de semana tuve un bautizo que más parecía una boda: arreglos florales, trajes de gala, banquete por todo lo alto. En mi extensa familia sólo coincidimos todos en estas ocasiones; mientras observaba a mis hermanos, sentados en torno a la mesa, me dió por pensar qué cara pondrían si les dijera que me caso, y que lo hago con una mujer. Imagino su estupor, sus ojos muy abiertos, los balbuceos: "u-u-una mujer??" Creo que no hará falta decirles con quién; hablo de M. a menudo, así de pasada, sin darle demasiado énfasis. M. y yo hemos hecho esto, o me dijo aquéllo... Su sorpresa sería mayúscula, porque hasta el momento nada indica que M. sea lesbiana. Ella no tiene ninguno de los atributos clásicos de la bollera: usa tacones, pañuelos al cuello, faldas y vestidos... Es bastante femenina, en definitiva. La bollo, en todo caso, soy yo, aunque no use ropa masculina; digamos que les extrañará más que me case con ella, no tanto con una mujer.
Os preguntaréis si es tengo ya fecha de boda. Pues no. Es sólo una idea vaga que no me disgusta y que podría ser realidad en los próximos años. No es necesario para nuestra felicidad, pero nos gusta pensar que un día nada nos distinguirá de cualquier pareja hetero. Buscamos la normalidad, el sentirnos libres en cualquier momento y lugar, sin esta semiclandestinidad que a veces me mata. Nuestra boda, si se produjera, sería por amor exclusivamente; ningún interés económico, ninguna convención social. Sólo por el placer de mirarnos a los ojos y sentirnos una, reconocernos en el amor de la otra.
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