And, the worst part is there's no-one else to blame
Help, I have done it again
I have been here many times before
Hurt myself again today
And, the worst part is there's no-one else to blame
Be my friend
Hold me, wrap me up
Unfold me
I am small
I'm needy
Warm me up
And breathe me
Estas son las primeras líneas de la canción que mejor me define últimamente. Además, quiero dedicarle todo mi apoyo a alguien que se que no va a leer esto pero que lo necesita.
Las cosas no van bien y yo estoy más que harto de lamentarme por ello. No puedo más, en serio, no puedo. Necesito escribir después de tanto tiempo...
El otro día le dije a mis padres que, quisieran o no, me apoyaran o no, me iba a ir a Madrid el año que viene. No esperaba una buena reacción pero mi intención no fue la de parecer prepotente en absoluto. Simplemente se trataba de una "invitación" a que me ayudasen a hacer algo que realmente sé que quiero hacer. Mi madre, como era de esperar, estuvo llorando el resto que quedaba del día y parte del siguiente.
Pero hablé con ella. Le dije que no quería parecer altivo pero que llevaba demasiado tiempo encerrado en un lugar que había llegado a consumirme que no podía desperdiciar la primera vez que tenía la oportunidad de decidir.
Ahí saltó una bomba que esa misma tarde yo había descubierto que existía. El verdadero motivo por el que mi madre quería retrasar mi estancia en Madrid no era otro que "porque existe un mundo que no conoces y yo sé cómo eres y a madrid no quieres ir a estudiar". Si algo me prometí a mí mismo cuando decidí que fuera como fuera iría a Madrid fue que en ningún momento sería una persona para mi familia totalmente diferente a la persona que sería para el resto del mundo. Y se lo dije.
Supongo que vaya donde vaya encontraré la parte de mí que no está, que está missing; y es una parte demasiado grande como para perder tiempo en recuperarla. Hay un trozo de mi esencia que no estoy viviendo, hay algo de mí que me niego a aceptar hasta que no tenga la seguridad de que los demás vayan a aceptarlo también. Supongo que es una chorrada, aplazar lo inaplazable. Pero es lo que hay.
Sabía que escondía algo detrás de los motivos económicos. Yo estoy dispuesto a trabajar; es más quiero hacerlo para sentirme mejor conmigo mismo cuando pague la entrada del cine o una copa en una discoteca.
Mi padre intentaba entender mi bloqueo. Y estoy seguro de que él está dispuesto a hacer lo que sea para que yo sea feliz si ahí está mi felicidad. Mi madre, por su parte, pareció entender que puede cofiar en mí porque yo no le voy a decepcionar nunca.
Hace tres días vine de Londres. Estuve con mi familia cinco días y fue una experiencia verdaderamente genial. Pero hubo algo. Quizá sería lo que sentí al estar por el Soho - barrio esencialmente gay londinense - una tarde en la que estuve totalmente solo; o lo que pensaba cuando veía a montones y montones de gays por la calle y las tiendas; o cuando sentí algo especial al ver a dos chicos... Quizá ese algo es el saber que hay algo que no puedes tener, al menos todavía. Y eso me destrozó.
Vine abatido. En el avión, sentado al lado de un chico realmente interesante que ni siquiera se molestó en dedicarme una mirada con sus ojos verdes. Quizá porque yo no era su tipo, porque no le interesaba o simplemente y más fácil porque no le iba el rollo.
Londres fue genial pero no quiero volver hasta que no sea para vivir. Estoy harto de ver y sentir cosas de manera parcial. Quiero aunque solo sea durante unos minutos sentir que la sensación de felicidad que tan lejana parece ahora es eterna.
Pero no es así. Cada vez me doy más cuenta de que no he nacido para hacer lo que estoy haciendo. Me refiero al instituto: voy a clase, escucho cosas que no me van a ser útiles en absoluto - afirmación cierta salvo en algunos casos - y a la hora del examen las vomito. Luego es como si no hubiera pasado nada porque no recuerdo nada.
Pero eso era algo con lo que ya contaba. Con lo que no contaba y no cuento es con que Cristina pase totalmente de mí. No es porque se haya olvidado de que tiene un amigo sino porque tiene "demasiadas cosas que hacer" para quedar conmigo. Siempre tiene una excusa disponible - a la carta - para decirme que no puede quedar. Y yo, como dije al principio, no puedo más. Ya no puedo dar más. Alba, otra amiga, tiene problemas. Y cada vez que quiero quedar con ella no puede, o no quiere, ya no sé.
Tengo muchas ganas de que esto finalice. Estoy solo. Me siento solo. No salgo con nadie porque nadie me llama nunca para quedar. No salgo de fiesta porque soy demasiado cobarde como para preguntarle a alguien si quiere quedar conmigo. Me esfuerzo por ver a Cristina pero siempre tiene planes inaplazables, gente con la que quedar, prioridades antes que yo. Y no espero que sea capaz de hacer lo que estaría dispuesto a hacer yo, sino que diera algo por su parte. Nunca me llama para quedar, nunca cambia sus planes para quedar conmigo ni me invita a formar parte de ellos. Y yo ya estoy demasiado cansado. Demasiado demasiado cansado.Cansado de que nadie me mire a los ojos y me diga que no pasa nada, que esa persona esta ahí. Cansado de que no haya nadie con quien llorar o reír. Cansado de absolutamente todo.
Estoy solo y triste. Antes no era feliz pero ahora no sólo no soy feliz sino que soy infeliz. Y esta es la peor enfermedad que me podía haber tocado a mí.

I have been here many times before
Hurt myself again today
And, the worst part is there's no-one else to blame
Be my friend
Hold me, wrap me up
Unfold me
I am small
I'm needy
Warm me up
And breathe me
Estas son las primeras líneas de la canción que mejor me define últimamente. Además, quiero dedicarle todo mi apoyo a alguien que se que no va a leer esto pero que lo necesita.
Las cosas no van bien y yo estoy más que harto de lamentarme por ello. No puedo más, en serio, no puedo. Necesito escribir después de tanto tiempo...
El otro día le dije a mis padres que, quisieran o no, me apoyaran o no, me iba a ir a Madrid el año que viene. No esperaba una buena reacción pero mi intención no fue la de parecer prepotente en absoluto. Simplemente se trataba de una "invitación" a que me ayudasen a hacer algo que realmente sé que quiero hacer. Mi madre, como era de esperar, estuvo llorando el resto que quedaba del día y parte del siguiente.
Pero hablé con ella. Le dije que no quería parecer altivo pero que llevaba demasiado tiempo encerrado en un lugar que había llegado a consumirme que no podía desperdiciar la primera vez que tenía la oportunidad de decidir.
Ahí saltó una bomba que esa misma tarde yo había descubierto que existía. El verdadero motivo por el que mi madre quería retrasar mi estancia en Madrid no era otro que "porque existe un mundo que no conoces y yo sé cómo eres y a madrid no quieres ir a estudiar". Si algo me prometí a mí mismo cuando decidí que fuera como fuera iría a Madrid fue que en ningún momento sería una persona para mi familia totalmente diferente a la persona que sería para el resto del mundo. Y se lo dije.
Supongo que vaya donde vaya encontraré la parte de mí que no está, que está missing; y es una parte demasiado grande como para perder tiempo en recuperarla. Hay un trozo de mi esencia que no estoy viviendo, hay algo de mí que me niego a aceptar hasta que no tenga la seguridad de que los demás vayan a aceptarlo también. Supongo que es una chorrada, aplazar lo inaplazable. Pero es lo que hay.
Sabía que escondía algo detrás de los motivos económicos. Yo estoy dispuesto a trabajar; es más quiero hacerlo para sentirme mejor conmigo mismo cuando pague la entrada del cine o una copa en una discoteca.
Mi padre intentaba entender mi bloqueo. Y estoy seguro de que él está dispuesto a hacer lo que sea para que yo sea feliz si ahí está mi felicidad. Mi madre, por su parte, pareció entender que puede cofiar en mí porque yo no le voy a decepcionar nunca.
Hace tres días vine de Londres. Estuve con mi familia cinco días y fue una experiencia verdaderamente genial. Pero hubo algo. Quizá sería lo que sentí al estar por el Soho - barrio esencialmente gay londinense - una tarde en la que estuve totalmente solo; o lo que pensaba cuando veía a montones y montones de gays por la calle y las tiendas; o cuando sentí algo especial al ver a dos chicos... Quizá ese algo es el saber que hay algo que no puedes tener, al menos todavía. Y eso me destrozó.
Vine abatido. En el avión, sentado al lado de un chico realmente interesante que ni siquiera se molestó en dedicarme una mirada con sus ojos verdes. Quizá porque yo no era su tipo, porque no le interesaba o simplemente y más fácil porque no le iba el rollo.
Londres fue genial pero no quiero volver hasta que no sea para vivir. Estoy harto de ver y sentir cosas de manera parcial. Quiero aunque solo sea durante unos minutos sentir que la sensación de felicidad que tan lejana parece ahora es eterna.
Pero no es así. Cada vez me doy más cuenta de que no he nacido para hacer lo que estoy haciendo. Me refiero al instituto: voy a clase, escucho cosas que no me van a ser útiles en absoluto - afirmación cierta salvo en algunos casos - y a la hora del examen las vomito. Luego es como si no hubiera pasado nada porque no recuerdo nada.
Pero eso era algo con lo que ya contaba. Con lo que no contaba y no cuento es con que Cristina pase totalmente de mí. No es porque se haya olvidado de que tiene un amigo sino porque tiene "demasiadas cosas que hacer" para quedar conmigo. Siempre tiene una excusa disponible - a la carta - para decirme que no puede quedar. Y yo, como dije al principio, no puedo más. Ya no puedo dar más. Alba, otra amiga, tiene problemas. Y cada vez que quiero quedar con ella no puede, o no quiere, ya no sé.
Tengo muchas ganas de que esto finalice. Estoy solo. Me siento solo. No salgo con nadie porque nadie me llama nunca para quedar. No salgo de fiesta porque soy demasiado cobarde como para preguntarle a alguien si quiere quedar conmigo. Me esfuerzo por ver a Cristina pero siempre tiene planes inaplazables, gente con la que quedar, prioridades antes que yo. Y no espero que sea capaz de hacer lo que estaría dispuesto a hacer yo, sino que diera algo por su parte. Nunca me llama para quedar, nunca cambia sus planes para quedar conmigo ni me invita a formar parte de ellos. Y yo ya estoy demasiado cansado. Demasiado demasiado cansado.Cansado de que nadie me mire a los ojos y me diga que no pasa nada, que esa persona esta ahí. Cansado de que no haya nadie con quien llorar o reír. Cansado de absolutamente todo.
Estoy solo y triste. Antes no era feliz pero ahora no sólo no soy feliz sino que soy infeliz. Y esta es la peor enfermedad que me podía haber tocado a mí.

You were ready your entire life. You just didn't know
Por primera vez en muchos meses vuelvo a escribir unas palabras en un blog olvidado. Siempre he pensado que escribimos porque necesitamos contarle a la blogosfera lo que ocurre en nuestras vidas, algo que normalmente suele ser negativo. Evidentemente, hoy tengo malas noticias.
Me vuelvo a sentir solo. Dice una canción de Michael Bubble que él, aunque esté rodeado de millones de personas, se siente solo. A mí, probablemente me pase lo mismo. No quiero dar pena, hoy no. Sólo quiero que alguien sea lo suficientemente generoso como para dedicarme unos minutos de vez en cuando, alguien que cuando me dice “quedamos” esté ahí o, al menos, te llame para decirte que llega tarde o que no puede quedar. Tal vez no quiera a las personas que creía querer. Tal vez no lo haga y, además, no me moleste. Posiblemente ellas tampoco me quieran a mí.
Me miro al espejo y veo un monstruo contra el que luchar día a día. Pero hay días que te cansas, que deseas no ser tan exigente contigo mismo. Veo al ogro que no quiero ver.
Siempre he dicho que los estudios son poco importantes, que lo realmente importante es ser feliz. Yo no soy feliz. No sé por qué. Lo sé y no lo sé, de hecho. ¿Qué se supone que tienes que hacer cuando no puedes encontrar ni un par de motivos por los que continuar? ¿Qué coño hay que hacer? ¿Leer un libro de autoayuda? Ojala.
Hoy no puedo mirar hacia adelante, porque lo que tengo enfrente es demasiado negro, hay ya demasiada mierda acumulada, demasiadas cosas que borrar. Hoy no puedo llorar. No puedo, pero tampoco quiero porque mis problemas no son nada. No es justo.

Me vuelvo a sentir solo. Dice una canción de Michael Bubble que él, aunque esté rodeado de millones de personas, se siente solo. A mí, probablemente me pase lo mismo. No quiero dar pena, hoy no. Sólo quiero que alguien sea lo suficientemente generoso como para dedicarme unos minutos de vez en cuando, alguien que cuando me dice “quedamos” esté ahí o, al menos, te llame para decirte que llega tarde o que no puede quedar. Tal vez no quiera a las personas que creía querer. Tal vez no lo haga y, además, no me moleste. Posiblemente ellas tampoco me quieran a mí.
Me miro al espejo y veo un monstruo contra el que luchar día a día. Pero hay días que te cansas, que deseas no ser tan exigente contigo mismo. Veo al ogro que no quiero ver.
Siempre he dicho que los estudios son poco importantes, que lo realmente importante es ser feliz. Yo no soy feliz. No sé por qué. Lo sé y no lo sé, de hecho. ¿Qué se supone que tienes que hacer cuando no puedes encontrar ni un par de motivos por los que continuar? ¿Qué coño hay que hacer? ¿Leer un libro de autoayuda? Ojala.
Hoy no puedo mirar hacia adelante, porque lo que tengo enfrente es demasiado negro, hay ya demasiada mierda acumulada, demasiadas cosas que borrar. Hoy no puedo llorar. No puedo, pero tampoco quiero porque mis problemas no son nada. No es justo.

Somewhere else in the world ...
En primer lugar quiero y necesito dejar de pensar.
Llevo semanas, incluso meses intentando escribir este post, un post en el que sea sincero, al menos conmigo mismo. Lo escribo una y otra vez pero no llego a encontrar el motivo que hace que quiera escribirlo.
Nunca me ha gustado contar cosas demasiado personales a través de un blog; me gusta hablar de cosas que me interesan, me preocupan..., pero no me gusta indagar en lo que siento por dentro en parte porque no quiero decepcionarme a mí mismo. Y sí, por algún motivo hoy siento la necesidad de escribir y de compartir con un mundo de bytes lo que pasa por mi mente.
Tengo miedo.
Tengo miedo de mirar hacia adelante y no ver nada, o por lo menos nada que me guste. No me obsesiono con el futuro, no quiero organizarlo – soy de esos que quieren que todo surja de repente, con sorpresa – pero me gusta tener claro qué es lo que espero de mí. Pero no lo sé, y tengo miedo.
No quiero abandonar lo que durante tanto tiempo me ha acompañado: mis sueños. Los sueños para mí son la esperanza de la vida, el elixir eterno que nos hace mantenernos arriba siempre, pase lo que pase. Pero ¿qué pasa cuando esos sueños de repente parecen haber desaparecido?
Tengo miedo de perderme la posibilidad de luchar en la que para mí hubiera sido la batalla más emocionante, independientemente de cuál fuera el resultado final. Escribo sobre ello y es inútil, hablo sobre ello y resulta todavía más inútil…
Todo aquello por lo que siempre he prometido luchar se desvanece y parece que esto sucede porque tengo miedo. Tengo miedo de no saber enfrentarme a ello, de llegar a Madrid y decepcionarme, de ir a Nueva York y ver cómo todo es diferente a lo que yo había creado en mi imaginación. Tengo miedo de perseguir mi sueño de ser actor porque quizá un día tenga que tirar la toalla y decir “yo no valgo para esto”. Tengo miedo de ir a la universidad el año que viene. Tengo miedo de tantas cosas…
Sólo quiero tener las cosas claras, sólo quiero salir de aquí y será entonces cuando quizá realmente tenga la oportunidad de empezar a vivir mi vida.
Tengo mucho miedo.

*-*-*- El día del Orgullo Gay. Madrid. Dos apuestos jóvenes, uno de 175cm y otro de 185, están paseando por Chueca. Uno está malo y tiene miedo, el otro quiere que el primero se ponga bueno. Pasean los dos por una plaza en la que hay un gran escenario donde – uno le dice al otro – hay fiesta todas las noches. ¡Qué guay!, piensa. De repente se oye un “Hola chicos, ¿queréis una chapa de…?”. No, gracias – contesta el chico de 185. Sin embargo, pasan de largo y los dos piensan en lo mismo, “una chapa no quiero pero si te vienes conmigo esta noche a mi cama te haré cariñitos hasta que te quedes dormidito... -*-*-*
Llevo semanas, incluso meses intentando escribir este post, un post en el que sea sincero, al menos conmigo mismo. Lo escribo una y otra vez pero no llego a encontrar el motivo que hace que quiera escribirlo.
Nunca me ha gustado contar cosas demasiado personales a través de un blog; me gusta hablar de cosas que me interesan, me preocupan..., pero no me gusta indagar en lo que siento por dentro en parte porque no quiero decepcionarme a mí mismo. Y sí, por algún motivo hoy siento la necesidad de escribir y de compartir con un mundo de bytes lo que pasa por mi mente.
Tengo miedo.
Tengo miedo de mirar hacia adelante y no ver nada, o por lo menos nada que me guste. No me obsesiono con el futuro, no quiero organizarlo – soy de esos que quieren que todo surja de repente, con sorpresa – pero me gusta tener claro qué es lo que espero de mí. Pero no lo sé, y tengo miedo.
No quiero abandonar lo que durante tanto tiempo me ha acompañado: mis sueños. Los sueños para mí son la esperanza de la vida, el elixir eterno que nos hace mantenernos arriba siempre, pase lo que pase. Pero ¿qué pasa cuando esos sueños de repente parecen haber desaparecido?
Tengo miedo de perderme la posibilidad de luchar en la que para mí hubiera sido la batalla más emocionante, independientemente de cuál fuera el resultado final. Escribo sobre ello y es inútil, hablo sobre ello y resulta todavía más inútil…
Todo aquello por lo que siempre he prometido luchar se desvanece y parece que esto sucede porque tengo miedo. Tengo miedo de no saber enfrentarme a ello, de llegar a Madrid y decepcionarme, de ir a Nueva York y ver cómo todo es diferente a lo que yo había creado en mi imaginación. Tengo miedo de perseguir mi sueño de ser actor porque quizá un día tenga que tirar la toalla y decir “yo no valgo para esto”. Tengo miedo de ir a la universidad el año que viene. Tengo miedo de tantas cosas…
Sólo quiero tener las cosas claras, sólo quiero salir de aquí y será entonces cuando quizá realmente tenga la oportunidad de empezar a vivir mi vida.
Tengo mucho miedo.

*-*-*- El día del Orgullo Gay. Madrid. Dos apuestos jóvenes, uno de 175cm y otro de 185, están paseando por Chueca. Uno está malo y tiene miedo, el otro quiere que el primero se ponga bueno. Pasean los dos por una plaza en la que hay un gran escenario donde – uno le dice al otro – hay fiesta todas las noches. ¡Qué guay!, piensa. De repente se oye un “Hola chicos, ¿queréis una chapa de…?”. No, gracias – contesta el chico de 185. Sin embargo, pasan de largo y los dos piensan en lo mismo, “una chapa no quiero pero si te vienes conmigo esta noche a mi cama te haré cariñitos hasta que te quedes dormidito... -*-*-*
¿Por qué no tienen los días treinta horas?
Especial. Es una palabra que pensándolo bien, no tiene nada de especial en sí misma. Siempre digo que
es probable que nos engañemos y nos hagamos creer a nosotros mismos que somos especiales, sólo por la satisfacción que nos
da considerarnos diferentes; sin embargo, aunque sigue siendo algo visto desde un modo más subjetivo que objetivo, creo que existen
las cosas especiales, la gente especial.
¡Qué quieres que te diga? Voy por la calle y me sonrío al ver aquellas personas que tienen algo que les hace relucir, cualquier cosa
que les haga completamente diferentes del resto, por minúscula que sea. No hacen falta extravagantes harapos o exóticos peinados,
simplemente un "algo" de originalidad personal. Y sonrío, da igual si de cara al público o no, pero siempre y cada una de las veces
sonrío.
Es por eso, porque me niego a darle una connotación negativa a esta palabra, que nunca diré que todo el mundo tiene algo de especial;
porque para mí no es así. Son muchas las fotocopias que encontrarás en un mismo grupo sobre todo a partir de mi generación: las mismas
expresiones, los mismos "jo, tía", el mismo vestuario y la misma ideología... Todo lo mismo. Quizá de cada grupo y, estirando bastante
la mano, salvemos a uno pero incluso él seguirá siendo una fotocopia. Todo lo mismo.
Y claro que no es necesario ser especial para ser feliz (¡faltaría más!), pero sí sentirse especial; con o sin ayuda, eso poco importa. Porque
es posible que yo no tenga nada de especial (tampoco lo quiero saber, posiblemente por miedo) pero tengo bien claro que aquél que me
enamore tendrá que ser alguien diferente. Sólo él hará que mi cuerpo vibre a mil revoluciones, sólo él conseguirá que no dude en decir "te quiero".
src="files/1414045422_36e54b88df.jpg" alt="" border="0" width="500" height="375"/>
****
Venía pensando todo esto haciendo algo tan poco especial como morderme las uñas para cortármelas, algo tan añejo y tan simple, que
nadie reconoce pero que todo el mundo hace.
La primera vez que entré en un cuarto oscuro
Hoy y ahora sólo me apetece llorar...
Muchas veces he empezado un post con esta frase, pero es verdad. Puede que haya sido el mejor día de mi vida pero basta que se cruce algo, cualquier cosa o persona, en el momento menos oportuno para que me convierta, de repente, como se pseudotransformaban los participantes de "Lluvia de estrellas", en el chico más triste del planeta.
No es tristeza realmente, es algo indescriptible; una serie de sensaciones y sentimientos de repulsión hacia la vida en general. O, dicho de otra forma, es la suspensión de las ganas de vivir.
Como siempre, mañana me levantaré y seré la persona de siempre, el mismo derrochador de optimismo que cree que puede cambiar el mundo. Mañana me levantaré y seguiré teniendo los mismos problemas que hoy, demasiados y ninguno...
Es bastante probable que las explicaciones que encuentro a las cosas sean meros inventos de mi imaginación para hacerme creer que lo que otros califican de problema no lo es en realidad. Para el "no soy tan guay como la gente que conozco" tengo un "bueno, ellos tampoco son como yo"; para el "nunca he tenido pareja" utilizo el "es por culpa de la ciudad". Alguien me dijo el otro día que admiraba a las personas que creían ser felices y no lo eran. No sé hasta qué punto esto es cierto, señores.
Siempre he querido saber lo que se sentía cuando dabas o recibías un beso de esos de verdad, de los de las películas. Siempre quise saberlo y, como siempre te dicen (aunque no te lo creas), llegó cuando menos me lo esperaba.
Daría lo que fuera para repetirlo, una vez más. Aquella persona fue la única que hizo que mi boca dejara de expulsar el aire, la única que me hizo sentir más allá de lo que las palabras pueden transmitir, más allá de lo imaginable.
Me gusta pensar que cualquier persona con la que tenga una experiencia en la vida, sea del tipo que sea, tiene que ser especial. Si es para sexo de una noche, pido que sea alguien especial, si es para ir a tomar algo al Starbucks (por ejemplo...), pido que sea especial..., si es el amor de mi vida, tiene que ser alguien especial. Es precisamente ese punto de inflexión el que te hace diferente al resto, el que te hace especial. Lástima que no todos lo tengan (véase: pijos, cuya máxima y unánime preocupación es a partir de qué cantidad de ingresos se excluye a la gente en su grupo).
Tengo ganas de conocer a alguien, quizá demasiadas.
Así que sí, a ti, que eres especial... aparece.

*
Me he ido de vacaciones a muchos sitios. Cada sitio, una experiencia diferente. Creo que me las merecía. Han sido unas muy buenas vacaciones pero por algún motivo al verano del año pasado le tengo un cariño especial...
El día cinco de septiembre hará un año de mi primer beso con un chico, de la primera vez que, de forma salvaje y para nada especial, mis labios se aproximaron y se vieron correspondidos...
Este viaje no ha hecho más que comenzar. Tengo el presentimiento.
Muchas veces he empezado un post con esta frase, pero es verdad. Puede que haya sido el mejor día de mi vida pero basta que se cruce algo, cualquier cosa o persona, en el momento menos oportuno para que me convierta, de repente, como se pseudotransformaban los participantes de "Lluvia de estrellas", en el chico más triste del planeta.
No es tristeza realmente, es algo indescriptible; una serie de sensaciones y sentimientos de repulsión hacia la vida en general. O, dicho de otra forma, es la suspensión de las ganas de vivir.
Como siempre, mañana me levantaré y seré la persona de siempre, el mismo derrochador de optimismo que cree que puede cambiar el mundo. Mañana me levantaré y seguiré teniendo los mismos problemas que hoy, demasiados y ninguno...
Es bastante probable que las explicaciones que encuentro a las cosas sean meros inventos de mi imaginación para hacerme creer que lo que otros califican de problema no lo es en realidad. Para el "no soy tan guay como la gente que conozco" tengo un "bueno, ellos tampoco son como yo"; para el "nunca he tenido pareja" utilizo el "es por culpa de la ciudad". Alguien me dijo el otro día que admiraba a las personas que creían ser felices y no lo eran. No sé hasta qué punto esto es cierto, señores.
Siempre he querido saber lo que se sentía cuando dabas o recibías un beso de esos de verdad, de los de las películas. Siempre quise saberlo y, como siempre te dicen (aunque no te lo creas), llegó cuando menos me lo esperaba.
Daría lo que fuera para repetirlo, una vez más. Aquella persona fue la única que hizo que mi boca dejara de expulsar el aire, la única que me hizo sentir más allá de lo que las palabras pueden transmitir, más allá de lo imaginable.
Me gusta pensar que cualquier persona con la que tenga una experiencia en la vida, sea del tipo que sea, tiene que ser especial. Si es para sexo de una noche, pido que sea alguien especial, si es para ir a tomar algo al Starbucks (por ejemplo...), pido que sea especial..., si es el amor de mi vida, tiene que ser alguien especial. Es precisamente ese punto de inflexión el que te hace diferente al resto, el que te hace especial. Lástima que no todos lo tengan (véase: pijos, cuya máxima y unánime preocupación es a partir de qué cantidad de ingresos se excluye a la gente en su grupo).
Tengo ganas de conocer a alguien, quizá demasiadas.
Así que sí, a ti, que eres especial... aparece.

*
Me he ido de vacaciones a muchos sitios. Cada sitio, una experiencia diferente. Creo que me las merecía. Han sido unas muy buenas vacaciones pero por algún motivo al verano del año pasado le tengo un cariño especial...
El día cinco de septiembre hará un año de mi primer beso con un chico, de la primera vez que, de forma salvaje y para nada especial, mis labios se aproximaron y se vieron correspondidos...
Este viaje no ha hecho más que comenzar. Tengo el presentimiento.
Son sueños...
A menudo me hago una pregunta que trato de evitar responder. Es una de esas preguntas que te dan miedo, porque dan miedo...
Es como esas veces que quieres a alguien, o que de algún modo, inconscientemente, configuras tu cabeza para querer a ese alguien. Tarde o temprano verás cuál es la realidad, te darás cuenta de que no vale con la intención de querer, sino con el querer mismo, que es mucho más sencillo pero más difícil de conseguir. Entonces tienes dos opciones: hacer sufrir a esa persona de manera inmediata o bien hacerla sufrir lentamente durante el resto de sus días.
Extrapolando la moraleja de la historia hipotética anterior, aunque no de manera tan dramática, pienso en lo siguiente: "Todos tenemos sueños, unos muy ambiciosos y otros quizá no tanto. Todos tenemos en la vida metas por las que luchar pero ¿y si de repente te dieras cuenta que eso para lo que creías haber nacido no es lo que quieres de verdad?".
No sé, pero tengo miedo. Cambien o no mis objetivos en la vida siempre lucharé porque, lejos del reconocimiento externo, la satisfacción interior de conseguir algo tras mucho esfuerzo es inmensa. Puede que todo esto tenga mucha relación con el "¡Cómo se nota que somos adolescentes y no sabemos lo que queremos!" de una amiga. Puede que todo sea una crisis, pero puede que no...
¿Queremos de verdad lo que creemos querer?, es esa mi pregunta.
Es como esas veces que quieres a alguien, o que de algún modo, inconscientemente, configuras tu cabeza para querer a ese alguien. Tarde o temprano verás cuál es la realidad, te darás cuenta de que no vale con la intención de querer, sino con el querer mismo, que es mucho más sencillo pero más difícil de conseguir. Entonces tienes dos opciones: hacer sufrir a esa persona de manera inmediata o bien hacerla sufrir lentamente durante el resto de sus días.
Extrapolando la moraleja de la historia hipotética anterior, aunque no de manera tan dramática, pienso en lo siguiente: "Todos tenemos sueños, unos muy ambiciosos y otros quizá no tanto. Todos tenemos en la vida metas por las que luchar pero ¿y si de repente te dieras cuenta que eso para lo que creías haber nacido no es lo que quieres de verdad?".
No sé, pero tengo miedo. Cambien o no mis objetivos en la vida siempre lucharé porque, lejos del reconocimiento externo, la satisfacción interior de conseguir algo tras mucho esfuerzo es inmensa. Puede que todo esto tenga mucha relación con el "¡Cómo se nota que somos adolescentes y no sabemos lo que queremos!" de una amiga. Puede que todo sea una crisis, pero puede que no...
¿Queremos de verdad lo que creemos querer?, es esa mi pregunta.
La gente
Hoy no es un dia parecido al resto. Hoy me siento raro. Detras de esta cara de niño feliz que hace sonreir al resto de la gente, aunque sea riendose de uno mismo, se esconde el alma de alguien triste, de alguien que tiene miedo de no conseguir lo que consigue llegar a ser el resto y de no llegar, ni siquiera, a alcanzar sus propias expectativas.
A menudo me siento en un banco (solo o acompañado, porque eso muchas veces no importa) y miro como pasa la gente, como se comporta, como vive. Hacer esto me provoca muchos sentimientos pero quiza lo mas justo seria decir que me hace feliz. No soy una persona solitaria en absoluto pero hay ocasiones en las que sentirse uno mas entre el alboroto de la gente te ayuda a escapar de uno mismo.
Uno mas… quiza yo sea solo eso, uno mas. Nos hacemos llamar diferentes para sentirnos especiales, pero probablemente, como tantas otras cosas en la vida, eso sea solo una etiqueta.

Y sigo mirando, aunque no vea.
A menudo me siento en un banco (solo o acompañado, porque eso muchas veces no importa) y miro como pasa la gente, como se comporta, como vive. Hacer esto me provoca muchos sentimientos pero quiza lo mas justo seria decir que me hace feliz. No soy una persona solitaria en absoluto pero hay ocasiones en las que sentirse uno mas entre el alboroto de la gente te ayuda a escapar de uno mismo.
Uno mas… quiza yo sea solo eso, uno mas. Nos hacemos llamar diferentes para sentirnos especiales, pero probablemente, como tantas otras cosas en la vida, eso sea solo una etiqueta.

Y sigo mirando, aunque no vea.
De vuelta a la rutina...
Era por eso por lo que no queria entrar, porque no queria conocer a nadie que me hiciera sufrir. Pero ahora ya es demasiado tarde.
Entrar en un chat para mi es una de esas cosas que sabes que no debes hacer pero que haces porque tienes ganas de conocer a alguien que te cambie la vida. Sabes que si tienes la suerte de que un tal ‘david19’ te responda, corres el riesgo de enamorarte de alguien que viva a mas de quinientos kilometros de ti.
Aun asi, seguimos hablando con aquellas personas que muestren un cierto interes en nosotros; a todos nos gusta sentirnos atractivos. En las primeras veces, cuando uno no controla todavia el tema de los chats, de esa supuesta lista de siete personas siempre hay una que muestra mas interes que las otras. Esa es la primera persona de la que creemos estar enamorados y, muy posiblemente, la primera persona que nos hara daño a traves de internet.
Poco a poco el tiempo pasa y la lista de personas pseudo-interesadas en nosotros aumenta hasta el limite de no saber por donde agarrar la cuenta de MSN que nos hemos hecho para los contactos del chat. Hay gente que tiene el detalle de ser sincera y se atreve a preguntar « ¿Como te llamabas ? ». Meses, incluso semanas antes nos habia prometido el cielo.
Y uno se da cuenta de lo que es de verdad Internet, un chat o, mas concretamente, de lo que es hablar con alguien a traves de una maquina. Entonces, cuando te crees inmune al peligro que puede suponer meterte en un chat, cuando crees que lo has aprendido todo, vuelves a entrar y te "enamoras" de nuevo.
Ademas, existen ciertas circunstancias especiales que te invitan a conectarte a un chat, cuando estas de viaje en otra ciudad, por ejeplo. Te metes en un chat o en una pagina web de perfiles para ver si conoces a alguien interesante, a alguien… especial. Es muy probable que, cuando eso pase, la persona que te gusta no este cerca de ti tampoco… y vuelvas a sufrir.
Sin embargo, a pesar de los inconvenientes que tiene Internet, hay gente que se enamora de verdad, gente que conoce al amor de su vida viva en su ciudad o no, gente que experimenta lo que muchos llamariamos « suerte ».
Yo soy de esos que creen saberlo todo sobre los chats y se meten para, de algun modo, verificar su inmunidad. Soy de esos que se emocionan demasiado con alguien que resulta desde el primer momento un poco mas interesante y especial que el resto. Soy de esos que con una misera e insignificante chispita hacen fuego, de esos que acaban por comprender que no se puede esperar que los demas sientan de una manera tan intensa como yo, de esos que, aun comprendiendolo, sufren cuando eso pasa, cuando alguien no es capaz de dar lo mismo que yo…
[…]
Despues de mucho tiempo de silencio me apetece volver a escribir un blog, tener un refugio que nadie conozca para poder ser libre aunque simplemente sea a traves de mis palabras.
*-*-* El entro en una tienda de ropa acompañado por varios de sus compañeros. Una compañera creyo ser feliz tras comprar una camiseta inspipida de Tommy Hilfiger. El dejo aparte todo lo material y llego a ser feliz por un instante al mirar al dependiente con la mayor cara de satisfaccion que existira jamas. Se fue de la tienda sin comprar nada, riendose. Ahora, cada vez que pasa por delante no puede evitar querer volver a ver a la persona que vio aquel dia… y volver a sentir lo mismo *-*-*
Entrar en un chat para mi es una de esas cosas que sabes que no debes hacer pero que haces porque tienes ganas de conocer a alguien que te cambie la vida. Sabes que si tienes la suerte de que un tal ‘david19’ te responda, corres el riesgo de enamorarte de alguien que viva a mas de quinientos kilometros de ti.
Aun asi, seguimos hablando con aquellas personas que muestren un cierto interes en nosotros; a todos nos gusta sentirnos atractivos. En las primeras veces, cuando uno no controla todavia el tema de los chats, de esa supuesta lista de siete personas siempre hay una que muestra mas interes que las otras. Esa es la primera persona de la que creemos estar enamorados y, muy posiblemente, la primera persona que nos hara daño a traves de internet.
Poco a poco el tiempo pasa y la lista de personas pseudo-interesadas en nosotros aumenta hasta el limite de no saber por donde agarrar la cuenta de MSN que nos hemos hecho para los contactos del chat. Hay gente que tiene el detalle de ser sincera y se atreve a preguntar « ¿Como te llamabas ? ». Meses, incluso semanas antes nos habia prometido el cielo.
Y uno se da cuenta de lo que es de verdad Internet, un chat o, mas concretamente, de lo que es hablar con alguien a traves de una maquina. Entonces, cuando te crees inmune al peligro que puede suponer meterte en un chat, cuando crees que lo has aprendido todo, vuelves a entrar y te "enamoras" de nuevo.
Ademas, existen ciertas circunstancias especiales que te invitan a conectarte a un chat, cuando estas de viaje en otra ciudad, por ejeplo. Te metes en un chat o en una pagina web de perfiles para ver si conoces a alguien interesante, a alguien… especial. Es muy probable que, cuando eso pase, la persona que te gusta no este cerca de ti tampoco… y vuelvas a sufrir.
Sin embargo, a pesar de los inconvenientes que tiene Internet, hay gente que se enamora de verdad, gente que conoce al amor de su vida viva en su ciudad o no, gente que experimenta lo que muchos llamariamos « suerte ».
Yo soy de esos que creen saberlo todo sobre los chats y se meten para, de algun modo, verificar su inmunidad. Soy de esos que se emocionan demasiado con alguien que resulta desde el primer momento un poco mas interesante y especial que el resto. Soy de esos que con una misera e insignificante chispita hacen fuego, de esos que acaban por comprender que no se puede esperar que los demas sientan de una manera tan intensa como yo, de esos que, aun comprendiendolo, sufren cuando eso pasa, cuando alguien no es capaz de dar lo mismo que yo…
[…]
Despues de mucho tiempo de silencio me apetece volver a escribir un blog, tener un refugio que nadie conozca para poder ser libre aunque simplemente sea a traves de mis palabras.
*-*-* El entro en una tienda de ropa acompañado por varios de sus compañeros. Una compañera creyo ser feliz tras comprar una camiseta inspipida de Tommy Hilfiger. El dejo aparte todo lo material y llego a ser feliz por un instante al mirar al dependiente con la mayor cara de satisfaccion que existira jamas. Se fue de la tienda sin comprar nada, riendose. Ahora, cada vez que pasa por delante no puede evitar querer volver a ver a la persona que vio aquel dia… y volver a sentir lo mismo *-*-*