El cambio...
Anoche estuve hablando con Menestra. Me hice visible para que alguien que me ha seguido tuviera una idea de cómo es quien habla y siente como yo. Ella hablaba de mi vanidad, y no voy a negar la parte presuntuosa de mi discurso sentimental. Pero en realidad para contar mi historia no puedo recurrir a la modestia, porque sería contradecir la realidad. El hecho de haber tenido tantas mujeres no es lo significativo - Menestra me apuntó que eso es bastante común- sino el que ninguna de ellas haya traspasado mis barreras, aun cuando ese es mi único anhelo. Nunca quise tener aventuras, y sin embargo en eso han quedado todas mis historias; en amores intensos y breves.
Mi decisión de no tener una nueva relación no responde tanto a la cobardía como al hastío. Es la primera vez que el hecho de empezar una historia me cansa, me da pereza. Siempre he sido insaciable, y mi ilusión se renovaba con cada mujer. El mundo era nuevo, radiante, lleno de color... aunque acabara volviéndose gris una y otra vez.
Algo está cambiando en mí: primero este blog, después mi desgana. Espero que pronto, muy pronto, descubra dónde me llevará este cambio de actitud.
Se admiten apuestas.
Mi decisión de no tener una nueva relación no responde tanto a la cobardía como al hastío. Es la primera vez que el hecho de empezar una historia me cansa, me da pereza. Siempre he sido insaciable, y mi ilusión se renovaba con cada mujer. El mundo era nuevo, radiante, lleno de color... aunque acabara volviéndose gris una y otra vez.
Algo está cambiando en mí: primero este blog, después mi desgana. Espero que pronto, muy pronto, descubra dónde me llevará este cambio de actitud.
Se admiten apuestas.
Nuevo camino
Ayer estuve hablando con mi morena andaluza. Ella está convencida de que soy la mujer perfecta para ella, tanto en físico como en carácter. Hablamos de encontrarnos pronto, de hacer una escapada a Madrid o a su tierra... Nos paramos a imaginar cómo sería esa primera cita: los nervios, las miradas, la conversación que va fluyendo poco a poco. Me gusta mucho, y como siempre pienso que podría ser ésta la definitiva, la que me hiciera sentir especial aunque pase el tiempo, y vayamos descubriendo nuestras pequeñas miserias.
Pero también pienso que a veces la he mirado críticamente, y ya he visto dos detalles que me han desagradado; como dos notas fuera de tono en una melodía, que no llegan a distorsionarla aunque inquietan... Después de hablar con ella me he ido a dormir y he revivido su manera de sonreírme, la ilusión que desprendían sus ojos. Está feliz por haberme conocido, piensa que ha sido extraordinario, buena suerte...
Qué equivocada está. Ha sido mala suerte, porque el guión ya está escrito; dice que estaremos juntas, pasaremos unos días fabulosos, llenos de romanticismo, entrega y ternura... y después desapareceré.
Eso dice este guión viejo y sucio que se burla de mí y me reta a improvisar, si tengo narices.
Yo comencé este blog para contar mi verdad, para desahogarme y sincerarme conmigo misma. He llegado a contar medias verdades, he intentado justificar mi dureza en la mediocridad de mis amantes...
Todo para que mi imagen saliera intacta del envite. Pero eso se acabó: no sé por qué siempre hago lo mismo, por qué no puedo evitar desenamorarme... Sé que está mal, y que no tengo derecho a hacer llorar a nadie, al menos no de forma premeditada. Y en realidad, ¿no es eso lo que estoy haciendo? ¿Acaso no sé cómo acaba todo, lo quiera o no?
Anoche no podía dormir. Y supe qué tenía que hacer. No puedo cambiar mi guión, ahora no sabría cómo. Pero sí puedo no interpretarlo, dejarlo a un lado y hacer otra cosa. He decidido decirle a L. que no nos vamos a conocer, que es mejor no empezar esta historia porque vivimos lejos, y no tengo valor para tener relaciones a distancia. Se llevará una decepción, pero mejor eso que romper su corazoncito precioso...
Quizá esta vez pueda demostrar a una mujer que la amo: renunciando a ella.
Pero también pienso que a veces la he mirado críticamente, y ya he visto dos detalles que me han desagradado; como dos notas fuera de tono en una melodía, que no llegan a distorsionarla aunque inquietan... Después de hablar con ella me he ido a dormir y he revivido su manera de sonreírme, la ilusión que desprendían sus ojos. Está feliz por haberme conocido, piensa que ha sido extraordinario, buena suerte...
Qué equivocada está. Ha sido mala suerte, porque el guión ya está escrito; dice que estaremos juntas, pasaremos unos días fabulosos, llenos de romanticismo, entrega y ternura... y después desapareceré.
Eso dice este guión viejo y sucio que se burla de mí y me reta a improvisar, si tengo narices.
Yo comencé este blog para contar mi verdad, para desahogarme y sincerarme conmigo misma. He llegado a contar medias verdades, he intentado justificar mi dureza en la mediocridad de mis amantes...
Todo para que mi imagen saliera intacta del envite. Pero eso se acabó: no sé por qué siempre hago lo mismo, por qué no puedo evitar desenamorarme... Sé que está mal, y que no tengo derecho a hacer llorar a nadie, al menos no de forma premeditada. Y en realidad, ¿no es eso lo que estoy haciendo? ¿Acaso no sé cómo acaba todo, lo quiera o no?
Anoche no podía dormir. Y supe qué tenía que hacer. No puedo cambiar mi guión, ahora no sabría cómo. Pero sí puedo no interpretarlo, dejarlo a un lado y hacer otra cosa. He decidido decirle a L. que no nos vamos a conocer, que es mejor no empezar esta historia porque vivimos lejos, y no tengo valor para tener relaciones a distancia. Se llevará una decepción, pero mejor eso que romper su corazoncito precioso...
Quizá esta vez pueda demostrar a una mujer que la amo: renunciando a ella.
La tentación es mujer
La tentación es una mujer guapa, no importa si delgada o no tanto, pero de curvas sensuales y labios generosos. Es una mujer que me mira, me habla, me sonríe y cuida cada gesto para gustar, para provocarme. La conozco una noche cualquiera, en el chat. Nos vemos y empieza el coqueteo, las insinuaciones amables y veladas.
Le digo cómo soy en el amor, me pregunta mil cosas de mi vida, y yo contesto con franqueza en todo, excepto en una cosa: no cuento la cantidad de mujeres que he tenido, eso la asustaría.
La mayoría ven en mí, en un primer golpe de vista, a una loba: una depredadora de mujeres. Dicen que tengo una mirada pícara, nada inocente, y una gran soltura a la hora de hablar y moverme con naturalidad. Yo les hablo de mi experiencia, sin concretar mucho... porque sería absurdo negarlo. Pero luego ven algo más: ven una ternura, una calidez, una promesa de amor en mis ojos. Y juro que no es fingida. Las conozco y las amo. Las amo por su inocencia, incluso por su suspicacia, que sé que venceré en poco tiempo. Las amo por amarme, por confiarse, por desearme, por rendir su amor a mis pies.
Le digo cómo soy en el amor, me pregunta mil cosas de mi vida, y yo contesto con franqueza en todo, excepto en una cosa: no cuento la cantidad de mujeres que he tenido, eso la asustaría.
La mayoría ven en mí, en un primer golpe de vista, a una loba: una depredadora de mujeres. Dicen que tengo una mirada pícara, nada inocente, y una gran soltura a la hora de hablar y moverme con naturalidad. Yo les hablo de mi experiencia, sin concretar mucho... porque sería absurdo negarlo. Pero luego ven algo más: ven una ternura, una calidez, una promesa de amor en mis ojos. Y juro que no es fingida. Las conozco y las amo. Las amo por su inocencia, incluso por su suspicacia, que sé que venceré en poco tiempo. Las amo por amarme, por confiarse, por desearme, por rendir su amor a mis pies.
Volver a empezar...
Otra vez en el camino, empezando otra historia. Otra vez la ilusión y el deseo. El deseo de acariciar un cuerpo... de besar una boca tierna, dulcemente. El deseo de hacer el amor mirándola a los ojos, desprenderme de mí y volcarme en un cuerpo que me busca, que me reclama apasionadamente...
Cuando tenga 50 años todo cambiará, supongo. Entonces no seré tan exigente, me bastará con un amor convecional y rutinario. Ahora no, me rebelo. Ahora quiero subir al cielo, sentir que no hay nada más que ese cuerpo, esa cara, esa mirada que me eleva, que me hace sentir más divina que humana.
Este blog me libera de las mentiras e hipocresías. No sé quién me leerá, pero a quien sea le digo: ésta es mi verdad. Tengo 37 años y una larga vida amorosa detrás. A cada una la he querido como si fuera la única. Sé que mi entrega las hizo felices un tiempo, días de vino y rosas. Luego mueren de dolor unas semanas, y la vida sigue.
También para mí seguirá.
Cuando tenga 50 años todo cambiará, supongo. Entonces no seré tan exigente, me bastará con un amor convecional y rutinario. Ahora no, me rebelo. Ahora quiero subir al cielo, sentir que no hay nada más que ese cuerpo, esa cara, esa mirada que me eleva, que me hace sentir más divina que humana.
Este blog me libera de las mentiras e hipocresías. No sé quién me leerá, pero a quien sea le digo: ésta es mi verdad. Tengo 37 años y una larga vida amorosa detrás. A cada una la he querido como si fuera la única. Sé que mi entrega las hizo felices un tiempo, días de vino y rosas. Luego mueren de dolor unas semanas, y la vida sigue.
También para mí seguirá.
Ya se acabó
No quería que sucediera, pero finalmente hemos terminado. Soy transparente en mis sentimientos, y se dió cuenta rápidamente de que ya no la besaba igual, ni le decía palabras tiernas al oído. Mi actitud era cortés y fría, porque es así me siento cuando el sentimiento se apaga: como un bloque de hielo que desprende un aire gélido a su alrededor, invisible pero bien perceptible...
Lo he pasado mal. Siempre digo que para mí no es un problema decir adiós. Pero cuando la mujer vale mucho sí que sufro y me llega su dolor. Todo empezó por un reproche suyo acerca de mi actitud. Y yo esta vez, por primera vez en mi vida, le dije lo que sentía. Le dije que mis sentimientos son frágiles, que no quiero volver a empezar con nadie, ni volver a la soledad, pero que no me puedo forzar a sentir como no siento. Le pedí su ayuda para continuar, que entre las dos pensáramos salidas a la situación: un período de tregua, amistoso... algo que bajara esta sensación mía de hastío.
Claro que para ella fue imposible digerir que yo no la quería como había creído.... Se derrumbó, y yo me quise morir, me quise enterrar en el sótano más oscuro y olvidado para no estar allí, viendo sus ojos dolidos y suplicantes, su manera mansa de aceptar la derrota. No hay nada más triste que unos ojos verdes velados por las lágrimas... tienen una profundidad infinita, y yo en lo suyos vi en un instante tantas escenas iguales de mi vida, tantos corazones machacados. Sentí asco de mí, y lástima.
Hay otra mujer esperando. Muy guapa, una morenaza andaluza de 28 años alegre, sensata, romántica... Me ronda desde que nos conocimos, hará un mes. Pero no quiero más, no quiero romper sus ilusiones. Se merece algo mejor.
Lo he pasado mal. Siempre digo que para mí no es un problema decir adiós. Pero cuando la mujer vale mucho sí que sufro y me llega su dolor. Todo empezó por un reproche suyo acerca de mi actitud. Y yo esta vez, por primera vez en mi vida, le dije lo que sentía. Le dije que mis sentimientos son frágiles, que no quiero volver a empezar con nadie, ni volver a la soledad, pero que no me puedo forzar a sentir como no siento. Le pedí su ayuda para continuar, que entre las dos pensáramos salidas a la situación: un período de tregua, amistoso... algo que bajara esta sensación mía de hastío.
Claro que para ella fue imposible digerir que yo no la quería como había creído.... Se derrumbó, y yo me quise morir, me quise enterrar en el sótano más oscuro y olvidado para no estar allí, viendo sus ojos dolidos y suplicantes, su manera mansa de aceptar la derrota. No hay nada más triste que unos ojos verdes velados por las lágrimas... tienen una profundidad infinita, y yo en lo suyos vi en un instante tantas escenas iguales de mi vida, tantos corazones machacados. Sentí asco de mí, y lástima.
Hay otra mujer esperando. Muy guapa, una morenaza andaluza de 28 años alegre, sensata, romántica... Me ronda desde que nos conocimos, hará un mes. Pero no quiero más, no quiero romper sus ilusiones. Se merece algo mejor.