"...Que no se puede cambiar de corazón como de camisa sin perder la sonrisa..."
El caso es que, aunque no quiera, y mira que de verdad no quiero, siempre termino echandote de menos. ¡Hace ya tanto que nos hemos dejado! y sigo escribiendote cosas que sé que no leerás, y sigo pensando en ti cuando necesito qualquier simple consejo, y en lo que me dirías si tengo que comprar ropa nueva, o decidir el color de las paredes, o que cocinar para los amigos... ¡ah! si ya no me quedan amigos de verdad, se fueron contigo, también me abandonaron a mi soledad, porque tú eras siempre el centro de aquellas reuniones y yo sólo la periferia que es mejor evitar, tú el poderoso sol luminoso y yo la luna, capaz sólo de reflejar levemente tu resplandor. Y al final tanta energia tuya me quemó, lo sabes bien, y por eso tuve que irme. Pero así chamuscado y todo sigo pensando en ti, como un idiota, en como haciamos el amor, que era sólo sexo, o más bien en como haciamos sexo cuando queríamos sólo amarnos. Teníamos entonces tanta sed de amor y de sexo. Las heridas aún me sangran, y me sangran más cada vez que pienso en ti, y aplico al torniquete una vuelta más cada vez que lo hago, aumentando el par de fuerza, y la presíon sobre la desgarradura, sin conseguir cortar la hemorragia que me está matando, que sin sangre me estoy muriendo.
Hay amor amargo que duele. Hay amor libiano que ni siquiera sentimos. Hay, incluso, sentimientos dulces que confundimos con el amor sin serlo, frágiles y tiernos, que despiertan emociones cálidas e irrepetibles, pero que nos engañan con su mimético proceder. Hay también cosas inútiles, en la cabeza, en el corazón, que repetimos incansablemente, pensando que es amor lo que necesitamos, cosas inútiles que decimos a qualquiera que nos presta una sonrisa una de esas tardes raras que decidimos salir a vivir, por no morir inmediatamente de soledad en la habitación que nos fagocita, que nos digiere, estómago inorgánico de ladrillos, cada día, poco a poco antes de conciliar el sueño, esas tardes estrañas que de pronto decidimos salir a que otros vivan de nuestras vidas agotadas, y allí está esa cálida sonrisa que nos acaricia los ojos, que no nos pertenece, pero que hacemos de inmediato nuestra, que se revela grande, única, y entonces queremos creer en el amor, en su amor, en aquel amor que pensabamos imposible -que es imposible- y nos hacemos creyentes, sacerdotes venereos de un rito que no practicábamos desde hacía demasiado tiempo. Hay , en fin, tantas cosas que nos hacen sentir ridículos por querer amar aquel giño complice, aquella sonrisa luminosa que por desgracia no era para nosotros...
Es un juego de la fantasía, el que me ha traido de nuevo a vosotros, para matar esta soledad que me está por momentos a la vez matando (Sobre todo por ti mi amor fugitivo, que no es amor, que lo sé hace tiempo, ni poesía, ni música, ni siquiera alegría, si acaso un golpe en el alma que parece me delvolviera a la vida, quizás es sólo esta jodida herida que no para de sangrar). Y aquí estoy, robando tiempo al tiempo para dejar un pequeño girón de mi mismo en esta bitácora maldita que debería cerrar definitivamente . ¿Sabeis de verdad porqué escribo? Anoto cada momento con obsesion enfermiza, para después releer lo que he escrito, no por vanidad, no, es sólo para intentar llegar a saber en que momento de mi vida me perdí para siempre, para intentar comprender el porqué de este sin sentido que ha resultado ser al final mi vida... Patético.
