¡Mierda! se me olvidó guardar el alma en el armario (en el querido closet que dirían mis amigos argentinos) después de haberla aireado un poquito estos días por Chueca por aquello de la semana del orgullo y tal... Ahora anda como loca por ahí, como si tal cosa, nadie puede hacer carrera de ella. Se ha creido esto de la igualdad de derechos, de que por fin la sociedad nos ve como lo que realmente somos, gentes normales, y no como lo que nunca hemos sido, monstruos libidinosos y peligrosos.
Anda como loca de aquí para allá y me dice al oido que muy pronto nos podremos casar con aquel joven tan gentil que conocimos aquella vez (hace tanto tiempo ya de eso) y que nos dejó sólo por nuestra mala cabeza, nunca se recuperó de aquellas...
Yo ando a la caza, persiguiendola, para agarrarla y devolverla al closet (al querido armario que dirían mis amigos españoles) donde deverá quedarse hasta el próximo año, no vaya a ser que se enteren los vecinos y me la monten: "Cada uno que sea lo que quiera, mire usted, pero maricones aquí no los queremos". Nada, nada, que para fiestas "mola mazo" y cosas así, pues bien; pero para todos los días... un escandalo, tú.
Y es que la muy petarda no se deja atrapar... ¡En fin! que tendré que irme acostumbrando.