Noche calma. La suavidad de un cuerpo lúbrico junto al mio, una mirada obscena y los pensamientos que saltan como disparos de un revolver contra su cuerpo que se ofrece desnudo, los pensamientos precisamente que se trasforman en carne, que se hacen carne a través del trémulo roze de dos cuerpos que se abrazan en la cama: Las bocas, los labios, la lenguas, las manos, los vientres, los muslos, los sexos, explorandose, rozandose... Todo está ya dispuesto para gozar. Entonces nos despojamos de las almas, como si símplemente nos desvistiéramos, nos quitáramos la ropa, y así, sin alma que moleste, olvidados del espíritu, nos trasformamos en simples pedazos de carne, en animales a la caza del placer, esclavos del sexo, coleccionistas de bajas pasiones... ¡Joder, pero cuánto nos gusta!.