El Verano finaliza y se lleva con él una parte importante de mis sueños, de mis deseos, de mis esperanzas (¿será un sentimiento común?). El Verano termina y como cada año debo resignarme a parder esta efímera felicidad que me proporciona la luz y el calor estivos, perderlo otra vez, una vez más. Arranca el Otoño ( y todo lo que supone de comienzo de círculo vicioso), su viaje me hace perder lágrimas de dolor, como cada año, sientiéndome más inútil que nunca (más si caben): trabajo y soledad, sólo eso me espera en los próximos meses. Y sé muy bien que soy yo el verdadero culpable de mi lamentable estado mental, de mi propia inconsciencia, a pesar que malamente he aprendido a salvarme de esas voces anónimas que me gritan violentas nuestra triste historia, escondiendo sin embargo la verdad que duele, mi verdad: Te necesito. Ho bisogno di te, un maledeto bisogno di te. Y el problemas es que mi conciencia no es capaz de salvarme, hubiera querido, necesitado, devido, ceer un poco más en ti (yo creía, creía, juro que creía en ti, y sin embargo...) y no tener ahora que vivir así, abandonado, perdido, sin ilusiones (diluso senza amore) haberte sonreido con un poco más de humanidad (no morder la mano que te da de comer, de amar, de vivir), aprendiendo a esperar nada del amor, aun menos de la vida, pero deseando, pero también queriendo, pero sobre todo amando. ¿Por qué siempre todo lo hago mal? ¿Por qué es tan fácil equivocarse?.