Luca soy yo
Rectificando, también mi vida
Acerca de

Mediocridad y monotonía. No encontrareis nada más aquí. Lamentos inútiles que no merecen comentarios.

 
¿Pero cuantas orejas nos quedan?


Mi casa es un laberinto de tiempo. Mi vida es un tiempo de laberintos y entre ellos me perdí un día. No sé porqué las cosas sucenden, precisamente a nosotros, pero es así. Lo decías también tú: No se puede cortar uno una oreja cada día. No hace falta. El caso es que has venido a casa cuando no estaba, o quizás no he querido abrirte -manías de un viejo marica que ya empieza a chochear- y ahora no sé donde estás, si dormirás en el parque bajo las estrellas estivles, o quizás vuelvas a patearte esas calles del demonio, hasta que alguien te lleve a su cama, tú que eres un frankestein que nadie quiere. Pero algún ciego de razón podrá sentir tu humana necesidad, te llevará a su casa, te ofrecerá algo de beber -una infusión de camomila, le pedirás- y a las tres de la madrugada te meterá en su cama, para hacerte pagar el servicio, de la única forma que puedes y sabes hacerlo, o follandolo, o dejandote follar por él, o tal vez, más fácil aún, una simple mamada, quién puede saberlo. Y después se quedará dormido mientras le miras con asco, tú que en el fondo sabes que eres mucho menos monstruo que él. Y pensarás otra vez en tu promesa: No más Aseos Públicos, ni Cuartos Oscuros, nunca más Locales Leather, ni Saunas, ni Parques, ni Aparcamientos, nunca más, sólo Homosexualidad Certificada por D&G o por cK -aunque se fabriquen en China-, no importa, nunca más sentirse un puto chapero. ¿Pero cuantas orejas te quedan?. No importa. Por fortuna nos sabemos esenciales como el cielo profundo que derrama auroras, cuando ellos ignoran que en la oscuridad tejemos filamentos de luz destilados de la sangre de nuestras heridas, y que como en una lluvia de milagros esperados, creamos la luz de la oscuridad. Al final me llamas al móvil y me dices que has reservado una habitación en una pensión, antes de enloquecer y caer definitivamente en el infierno, y mientras te haces vivo este vijo marica se pone a llorar como un idiota, y te pide perdón, y quiere cortarse una oreja para ofrecertela...

No sé porqué las cosas suceden precisamente a nosotros, pero es así, quizás porque siempre hemos aceptado este martirio, o porque algo maravilloso está aconteciendo en nuestro camino vital que nos saca directamente del infierno de nuestras pesadillas, o sencillamente las cosas ocurren porque las escribo yo aquí, de lo contrario permanecerían sepultadas en la oscuridad.

 
Comentario:
A veces las cosas ocurren porque las escribimos. Otras, seguirán ocurriendo de todas maneras. ¿Nuestro grado de implicación? Ésa es la cuestión.
No