Surrealismo macareno
Hace una eternidad que no escribo, mil perdones, pero es que ando atereadilla y además, con este calor insoportable, pues rijo bastante menos de lo habitual, que es más bien poco, de modo que imaginaos mi estado actual.
Me acaba de pasar algo completamente surrealista. Voy con mi perrilla de paseo por una conocida calle del barrio cuando una señora, que estaba apoyada en una jamba de un portal, me dice:
- Yo tenía una perrita igual que la tuya, pero la tuve que sacrificar el verano pasado.
- Pues vaya.
- Oye, si la cojo en brazos ¿ me morderá?.
- En absoluto.
- Es que la quiero meter un momento en casa y así enseñársela a mi marido, para que vea como se parece a la "Tania".
Yo asiento estupefacta, porque a pesar de llevar aquí unos cuantos años, no me acostumbro a esta maravillosa espontaneidad propia del lugar ( y es que este barrio es como una pequeña aldea donde todo el mundo se conoce). Yo, con mi inflexible mente urbanita y septentrional, dudo de si será un artimaña para quedarse con mi perra; pero al segundo me digo:"joer, tranqui, sabes donde vive, y si hay que darse de hostias, pues adelante". La señora coge a mi perrilla, la pobre con cara de agobio (perfectamente detectable por su dueña) y la mete para adentro. Espero un par de minutos y sale la señora de nuevo (no sabéis qué alivio), diciendo otra vez lo mucho que se parece a su difunto cánido.
Esta experiencia me lleva a dos conclusiones:
a) mi perra tiene más paciencia que el santo Job.
b) me encanta este sitio y la gente que lo puebla.
Temazo para este momento: "Todo lo que me gusta es ilegal", de Pata Negra (recoge toda la esencia de este lugar y de su gente).
Me acaba de pasar algo completamente surrealista. Voy con mi perrilla de paseo por una conocida calle del barrio cuando una señora, que estaba apoyada en una jamba de un portal, me dice:
- Yo tenía una perrita igual que la tuya, pero la tuve que sacrificar el verano pasado.
- Pues vaya.
- Oye, si la cojo en brazos ¿ me morderá?.
- En absoluto.
- Es que la quiero meter un momento en casa y así enseñársela a mi marido, para que vea como se parece a la "Tania".
Yo asiento estupefacta, porque a pesar de llevar aquí unos cuantos años, no me acostumbro a esta maravillosa espontaneidad propia del lugar ( y es que este barrio es como una pequeña aldea donde todo el mundo se conoce). Yo, con mi inflexible mente urbanita y septentrional, dudo de si será un artimaña para quedarse con mi perra; pero al segundo me digo:"joer, tranqui, sabes donde vive, y si hay que darse de hostias, pues adelante". La señora coge a mi perrilla, la pobre con cara de agobio (perfectamente detectable por su dueña) y la mete para adentro. Espero un par de minutos y sale la señora de nuevo (no sabéis qué alivio), diciendo otra vez lo mucho que se parece a su difunto cánido.
Esta experiencia me lleva a dos conclusiones:
a) mi perra tiene más paciencia que el santo Job.
b) me encanta este sitio y la gente que lo puebla.
Temazo para este momento: "Todo lo que me gusta es ilegal", de Pata Negra (recoge toda la esencia de este lugar y de su gente).