"...luces, cámara, acción..." (o de cómo hacer y decir Diego, donde dijeron digo)"
Comienzo a escribir hoy este blog con una sonrisa (sonrisa maliciosa, por supuesto) dibujada en mi cara,debido a la satisfacción que me produce comprobar cómo, tarde o temprano, todo cuanto digo o pienso acaba ocurriendo.
La escena que puede presenciar anoche era algo impredecible...al menos en cuanto a su pronta manifestación. Ya que el potencial desarrollo de la misma era algo que ya pude imaginar mucho tiempo atrás.
Parece que te tuviera justo delante de mi en estos momentos, tal y como estabas anoche:
Sentado en un extremo del sofá, retraído y abrazado a tí mismo, cobijado tras una almohada que no consigue proporcionarte la protección que tú tanto ansías y que, hace ahora unas semanas, tú desdeñabas con una lasciva confianza en tí mismo.
Pero, claro... ahora ha entrado a escena un nuevo actor, y a pesar de que hace tan sólo unos días (por no decir horas) tú no le augurabas ningún prometedor futuro en el cielo de TUS estrellas...De repente, se ha convertido en tu apuesta segura para los Premios de los Oscars (continuamos aquí con el juego de atribuir papeles y escenas a las personas que circunscriben mi vida y anécdotas, ya que como en una película de Almodovar, la cosa está complicándose por momentos...¿Para tener un desenlace feliz...?¿Quién sabe?).
Ahora, como por arte de magia (la magia del cine, por supuesto), este nuevo actor se ha convertido en el protagonista de todos los que hasta ahora, eran tus momentos estelares. Y es que no consigues arrancártelo de tu cabeza... Impidiéndote, por tanto, pensar con claridad y mantener el comportamiento que hasta ahora te había caracterizado: frío, sibilino, adulador y complaciente con aquellos que te proporcionaban aquello que necesitabas.
¿Por qué ese cambio tan brusco en tu comportamiento? ¿Acaso porque eres consciente de que mantener ese comportamiento (recordemos: lascivo, sibilino, adulador y complaciente con aquellos que te proporcionan aquello que necesitas) es perjudicial para el que siempre había sido tu objetivo y, una vez que parece lo has alcanzado, temes perderlo...?
La respuestra es clara, y déjame que sea yo quien la responda: SÍ. ERES CONSCIENTE DE QUE TODO LO QUE HASTA AHORA HABÍAS HECHO NO ESTÁ TAN CARENTE DE MALDAD COMO TÚ PRETENDÍAS HACER VER A LOS DEMÁS, Y DE AHÍ ESE CAMBIO TAN BRUSCO EN TU COMPORTAMIENTO.
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
La mayor gracia que tiene todo esto, es que parece que el único que no se daba cuenta de tu incapacidad para el engaño eras tú mismo.
¿A quién pretendías embaucar? ¿A QUIÉN?
Ah, sí, está claro...
Y te doy las gracias. No puedo evitar sonreirme cuando recuerdo la cara del que se ha convertido en tu principal víctima (cazador cazado...): expectante y ansioso en recibir entre las suyas tus manos calientes y mentirosas; anonadado al contemplar cómo tus manos permanecían impasibles, cruzadas la una sobre otra, en tu regazo.
ja ja ja jaja jaja jajaja JA JAJA JAJAJAJAJ JAJAJAJA
Ahora que lo pienso, no puedo dejar de sonreir ( ya me duelen hoy hasta las mandíbulas de tanto reir) al recordar todas las escenas que anoche se produjeron en el común escenario que solemos compartir.
Parece que una escena toca a su fin, y por ello el telón se levanta, impávido, para recibir otra...
La escena que puede presenciar anoche era algo impredecible...al menos en cuanto a su pronta manifestación. Ya que el potencial desarrollo de la misma era algo que ya pude imaginar mucho tiempo atrás.
Parece que te tuviera justo delante de mi en estos momentos, tal y como estabas anoche:
Sentado en un extremo del sofá, retraído y abrazado a tí mismo, cobijado tras una almohada que no consigue proporcionarte la protección que tú tanto ansías y que, hace ahora unas semanas, tú desdeñabas con una lasciva confianza en tí mismo.
Pero, claro... ahora ha entrado a escena un nuevo actor, y a pesar de que hace tan sólo unos días (por no decir horas) tú no le augurabas ningún prometedor futuro en el cielo de TUS estrellas...De repente, se ha convertido en tu apuesta segura para los Premios de los Oscars (continuamos aquí con el juego de atribuir papeles y escenas a las personas que circunscriben mi vida y anécdotas, ya que como en una película de Almodovar, la cosa está complicándose por momentos...¿Para tener un desenlace feliz...?¿Quién sabe?).
Ahora, como por arte de magia (la magia del cine, por supuesto), este nuevo actor se ha convertido en el protagonista de todos los que hasta ahora, eran tus momentos estelares. Y es que no consigues arrancártelo de tu cabeza... Impidiéndote, por tanto, pensar con claridad y mantener el comportamiento que hasta ahora te había caracterizado: frío, sibilino, adulador y complaciente con aquellos que te proporcionaban aquello que necesitabas.
¿Por qué ese cambio tan brusco en tu comportamiento? ¿Acaso porque eres consciente de que mantener ese comportamiento (recordemos: lascivo, sibilino, adulador y complaciente con aquellos que te proporcionan aquello que necesitas) es perjudicial para el que siempre había sido tu objetivo y, una vez que parece lo has alcanzado, temes perderlo...?
La respuestra es clara, y déjame que sea yo quien la responda: SÍ. ERES CONSCIENTE DE QUE TODO LO QUE HASTA AHORA HABÍAS HECHO NO ESTÁ TAN CARENTE DE MALDAD COMO TÚ PRETENDÍAS HACER VER A LOS DEMÁS, Y DE AHÍ ESE CAMBIO TAN BRUSCO EN TU COMPORTAMIENTO.
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
La mayor gracia que tiene todo esto, es que parece que el único que no se daba cuenta de tu incapacidad para el engaño eras tú mismo.
¿A quién pretendías embaucar? ¿A QUIÉN?
Ah, sí, está claro...
Y te doy las gracias. No puedo evitar sonreirme cuando recuerdo la cara del que se ha convertido en tu principal víctima (cazador cazado...): expectante y ansioso en recibir entre las suyas tus manos calientes y mentirosas; anonadado al contemplar cómo tus manos permanecían impasibles, cruzadas la una sobre otra, en tu regazo.
ja ja ja jaja jaja jajaja JA JAJA JAJAJAJAJ JAJAJAJA
Ahora que lo pienso, no puedo dejar de sonreir ( ya me duelen hoy hasta las mandíbulas de tanto reir) al recordar todas las escenas que anoche se produjeron en el común escenario que solemos compartir.
Parece que una escena toca a su fin, y por ello el telón se levanta, impávido, para recibir otra...