Mary Blog: Diario de una urbanita
Eres lo que escribes y escribes lo que eres: Pensamientos y opiniones de una urbanita.
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A ojos de mi sobrina esta soy “yo, junto a mi perro”. Mejor descripción imposible. ;-) Me gusta descubrir cosas nuevas, y mantener las antiguas. Por eso estoy aquí en un lugar nuevo: mundoblog y aferrándome a lo más antiguo: escribir. Conocer una historia nueva, una anécdota, una opinión nos puede hacer emocionar, soñar, aprender y lo más importante....nos puede hacer sonreír.... Agradeceré vuestros comentarios, opiniones, notas de humor y/o críticas y seguro que descubriré todo un universo nuevo, que se abre a través de esta ventana.
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"LOS MISTERIOS DE MI CASA"
Os voy a contar algo..., aprovechando que se acerca la fiesta de todos los santos, también conocida como la noche de los difuntos o halloween. Es algo podíamos llamar “raro”, que no por cotidiano, sigue siendo extraño...

Además hoy hace una noche oscura y tenebrosa, apta para brujas....es un buen momento para que os cuente “los misterios de mi casa”...

Ayer, después de un gris, monótono y duro día de trabajo y estrés, llegue a casa temprano. Me sentía rara, no estoy acostumbrada a llegar pronto y tener tiempo. Decidí celebrar tan extraordinario suceso tomándome una copa yo solita en casa. Abrí el armario de la cocina y al coger un vaso..., me percaté por primera vez de que los vasos eran cada uno de su padre y de su madre, de formas y tamaños diferentes, uno más altos, otros más bajos, unos con dibujos, otros a rayas....todos distintos.
Mientras introducía los hielos en el vaso me puse a pensar en que, a decir verdad, nunca he sabido de donde han salido. Ninguno de estos vasos son nuestros. Salvo los de “nocilla”, que eran trofeos que a las habitantes de la casa...– hago un breve inciso para autocomentarme que me acabo de ver un ramalazo a lo Mila en Gran Hermano-, (prosigo) los vasos de nocilla a las habitantes de la casa nos traían gratos o tristes recuerdos, dependiendo si eso vasos se habían vaciado en buenos o malos momentos. Nunca los compramos y no es posible que alguien venga a casa con vasos de cristal en el bolso y se los deje. Y aquí están, muchas veces ahogados en alcohol, con agua, con coca cola, con naranja, con café, todos diferentes y todos rodeados de misterio...

Es como el “caso de los calcetines desaparecidos”..., siempre hay alguno sin pareja (como yo en muchas épocas de mi vida. Solía pasarme muy a menudo, yo fui el calcetín impar de mi pandilla hetero mucho tiempo, que no por fea, que conste, sino por lesbiana). Los calcetines se compran siempre por pares, ¿no?, pues cuando salen de la lavadora, alguno ha desaparecido y nunca más se sabe de él, nunca. No es que aparezca después, no, es que siempre se queda uno descolgado. Seguramente, a través de un agujero negro en el universo de la lavadora, irán a parar al limbo de los calcetines malditos o algo así...

¿Y el misterio de “Armando”?, el mando del televisor. Cuando estudiaba y vivía con mi hermano el mando tenía nombre propio, bautizado por él, su fiel amigo inseparable. Armando estaba siempre encima de la mesa, y un día desapareció..., de repente, se esfumó. Registramos toda la casa, no es mucho esfuerzo dado el tamaño que tenía la misma (más pequeña que el armario de la Nancy, solíamos decir), y nunca apareció. Nunca. Es imposible que alguien se hubiese llevado al amigo de mi hermano, ¿para qué?, No era Universal y solo servía para la televisión que teníamos, comprada de oferta en el supermercado. Buscamos y buscamos hasta que lo dejamos por imposible y nunca, nunca más, supimos de él. Incluso ahora, después de muchos años, cuando coincidimos los hermanos, nos preguntamos que le pudo ocurrir a Armando “el desaparecido”, tal vez lo abducieron utilizando la energía del cable de la antena, o a través de algún canal del televisor...

Luego están los ruidos. Esos ruidos que llevamos oyendo desde el principio de los tiempos, que nos recibieron la primera noche que pasamos en nuestra casa y que a pesar de ser tan “raros”, ni nos asusta, ni nos altera por haberlos hecho “tan nuestros”, tan de la casa.
Cuando vivía con mi hermano teníamos el ruido nocturno de la bola, canica, “o lo que sea”, que rueda de madrugada en el piso de arriba, sobre la una o las dos de la mañana…todas las noches. La primera vez choca, la decimonovena vez ya es algo más de la casa y después de cuatro mil días y cuatro mil una noches, ya forma parte de ti. Y lo mejor de todo es que jamás le preguntas a tus vecinos que es lo que hacen tan extraño y de madrugada para que se oiga algo que rueda por el suelo.
Es más, después de muchos años y esfuerzos por fin me compre mi propia casa, a la que no le faltaba el misterioso ruido. Él de esta casa es también en el techo, suena un toc, toc, toc nocturno en la madrugada, pero la particularidad es que es una casa que no tiene vecinos arriba, y ahí está, y no da miedo.

Y luego están los poltergeist caseros, que no son un postre, sino esos misteriosos fenómenos, esas situaciones extrañas, que hacen que desaparezca de repente y en tus propias narices algo que estás usando en ese mismo momento. Dícese por ejemplo de las tijeras cuando estás en plena vorágine de recortes en ese momento mágico y lúdico de ocio en el que has decidido hacer manualidades varias o cuando te decides a buscar el recibo del seguro del coche entre una multitud de papeles, acumulados como consecuencia de haberlos recogido del buzón durante un mes y dejado apilados en una esquina de la mesa de trabajo. Y encuentras el recibo y lo apartas del montón, de repente te distraes con otra cosa, y..... ¡zas, desaparece!. Cuando vas a echar mano otra vez de él para ya guardarlo con los papeles del coche, ¡no está!, que gran misterio...

Otro de los grandes fenómenos paranormales caseros es cuando estas en la cama, tan a gusto viendo la tele y como te vas quedando dormida buscas el mando de la tele que habías dejado a tu lado, entre las sábanas, y en su lugar encuentras el mando del DVD, el del TDT, o el del equipo de música, pero el que necesitas, el de la tele ha desaparecido....y en vez de extrañarte por este suceso “extraordinario”, te limitas a levantarte de la cama arrastrando el sueño contigo y apagas la tele “a dedo”, y lo mejor de todo es que al día siguiente ahí está, en el mismo sitio donde lo dejaste, mirándote y sonriéndote.

Y hoy me ha dado por eso, por pensar en estos misterios tan hogareños que nos alejan de la monotonía y nos acercan a los limites de la realidad….
Y ahora me voy, que sobre esta hora, las 12 pm, hora bruja, en el ascensor de la casa de mis vecinos, se abre un vértice espacio-temporal, una puerta a otra dimensión, así que os dejo, voy darme, como todas las noches mi “cotidiana” vuelta por el más alla... ;-)

Hasta el próximo misterio urbanitas….
 
Me fumaría veinte o treinta mil cigarros, uno detrás de otro.....
Es difícil, llevar el día a día en Madrid y además dejar de fumar. Muy difícil. Nunca me ha costado tanto superar algo. Era mi único vicio conocido y el cigarro mi compañero inseparable desde los dieciséis años.

Ni siquiera olvidar el primer amor me costó tanto.

Y aquí estoy estresada, irascible, nerviosa...más cargada que la tormenta que se aproxima.

Tengo mil millones de cosas pendientes de hacer en casa y nunca tengo tiempo, y cuando lo tengo, hay tantas cosas, que no se por dónde empezar. Me agobio sin apenas empezar y me voy a tumbarme al sofá. Ergo, tengo, siempre mil millones de cosas pendientes de hacer en casa.

Tengo siempre mil millones de ideas que desarrollar y mil quinientas veintiséis historias que llevar a cabo, además de ochocientas veinticuatro mil trescientas movidas que me gustaría hacer. Pero son inviables eternamente, porque me saturo cuando tengo tiempo, solo de pensar que tengo tan poco tiempo y tantas cosas.

Llego de trabajar, tras mi lucha cotidiana con el tráfico, cansada de mi rutina diaria, y lo primero que hago, después de sacar al perro y antes de dejar el bolso y ponerme cómoda, es discutir con mi mujer. Yo le doy doscientas veinticuatro mil setecientas voces y ella me contesta unas quinientas treinta y siete mil veces que le tengo harta también. Me mira, se gira y da un portazo mientras se marcha a recorrer setecientos veintitrés mil quinientos kilómetros por el lluvioso Madrid para relajarse un poco.

Donde quedó el “hola, amor mío, estaba deseando que llegaras, cuanto te he echado de menos”. ¿Nos vamos a tomar algo a una terraza de Chueca, y así presumo de chica guapa?.

Me asomo a la ventana y contemplo el Madrid lluvioso y gris.

Me fumaría, lo más grande. Estoy seis mil quinientas cuarenta y dos mil millones de veces harta de todo y harta de mí.

Cuento... uno, dos, tres, cuatro... otro rayo...

Han caído ocho mil trescientos millones de rayos y se han oído novecientos veintiséis mil cuatrocientos cincuenta y dos truenos en mi urbe interior.

Cuento...uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete....ya se aleja...

Me asomo por la ventana...Madrid llora...pero ya no tiembla...

...como yo....

Urbanitas, hasta la próxima tormenta....
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