Y SI EL MIEDO...
El miedo es algo que nos acompaña toda la vida.
De pequeños llega la primera visita, el miedo a la bruja, al coco y al “señor que nos puede ofrecer caramelos”. No nos gusta la luz apagada y en el armario están y caben, todos los monstruos de los cuentos y de las “pelis”.
Luego cuando nos hacemos más mayores, más o menos en la adolescencia, los miedos son otros. Miedo a que nos haga algo alguien por la noche y en la calle, a que entren en casa cuando estamos solas, a los espíritus de la güija , a los psicópatas asesinos de la película de turno...
Y ya cuando alcanzamos la edad adulta nos cambian los miedos, pero siguen ahí. Desaparece el miedo a los monstruos, a los espíritus y demás parafernalias inexistentes para pasar a tener miedo de lo real. Como dice mi padre: “hay que tener más miedo de los vivos que de los muertos”. Aparecen los miedos a perder el trabajo, a no llegar a fin de mes, a no poder pagar la hipoteca, a que tu pareja te abandone, al qué dirán...
Sí, al qué dirán... Este es uno de mis grandes miedos. No es el qué dirán típico, no. Es el qué dirán si se descubriese quién soy... Una lesbiana en un mundo heterosexual. Es un miedo del que me avergüenzo. Si reflexiono sobre él, sin duda me parece una solemne estupidez y una gran cobardía; si eres lesbiana, es lo que eres, y debería darme igual lo que piensen los demás, más aún cuando me da igual lo que piensen los demás en todo lo demás. Pero es un miedo irracional que me puede.
Reconozco que llevo mi cruz; no soy capaz de salir del armario, se está muy calentito aquí dentro, rodeada de mis jerséis y abrigos y fuera hace un frío que te deja “hetero total”. Lo único bueno de ocultar mi identidad es el morbo que produce lo prohibido y oculto, pero nada más.
El miedo más fuerte que tengo es que mis padres se enteren, y no por mí. Es un miedo por ellos. Sé que mi madre sufriría y nunca me perdonaría “ser lo que soy”. Es ya mayor y mantiene una actitud muy tradicional, propia de su “época”, como ella dice, y sobre todo la vergüenza del que dirán... Y mi padre sufriría mucho pensando que su hija tendría que enfrentarse a todo un mundo turbio y perverso, y que le harían mucho daño. Y ya son muy mayores para explicarles lo equivocados que están y que lo puedan entender y muy mayores para que sufran más por mí. Por ello evito que averigüen cómo soy y lo que soy. A primera vista esto parece muy triste, con esa actitud tus padres no llegarán nunca a conocerte, pero no es así realmente, se que el fondo lo saben y lo han sabido siempre.
Luego está el miedo a que se enteren el trabajo, por dos motivos, uno que me despidan (este es un miedo absolutamente irracional, en el que creo a pies juntillas) y otro que mis compañeros tengan un jugoso cotilleo durante toda su vida laboral.
El miedo a que se enteren mis amigos heteros, mis hermanos y demás familia allegada ha ido desapareciendo conforme les he ido contando que era lesbiana y ello gracias a las presiones, acertadas, de mi mujer y porque en algún momento de mi vida no me quedó más remedio (dícese de hermano que viene a pasar un fin de semana a casa y yo comparto dormitorio de una sola cama, con una “amiga”).
Al final, lo voy superando, poco a poco, y tal vez algún día, reúna toda mi fuerza y valentía, salga del todo de armario y gane esta dura partida.
De momento el miedo gana...
Game over por hoy urbanitas...
De pequeños llega la primera visita, el miedo a la bruja, al coco y al “señor que nos puede ofrecer caramelos”. No nos gusta la luz apagada y en el armario están y caben, todos los monstruos de los cuentos y de las “pelis”.
Luego cuando nos hacemos más mayores, más o menos en la adolescencia, los miedos son otros. Miedo a que nos haga algo alguien por la noche y en la calle, a que entren en casa cuando estamos solas, a los espíritus de la güija , a los psicópatas asesinos de la película de turno...
Y ya cuando alcanzamos la edad adulta nos cambian los miedos, pero siguen ahí. Desaparece el miedo a los monstruos, a los espíritus y demás parafernalias inexistentes para pasar a tener miedo de lo real. Como dice mi padre: “hay que tener más miedo de los vivos que de los muertos”. Aparecen los miedos a perder el trabajo, a no llegar a fin de mes, a no poder pagar la hipoteca, a que tu pareja te abandone, al qué dirán...
Sí, al qué dirán... Este es uno de mis grandes miedos. No es el qué dirán típico, no. Es el qué dirán si se descubriese quién soy... Una lesbiana en un mundo heterosexual. Es un miedo del que me avergüenzo. Si reflexiono sobre él, sin duda me parece una solemne estupidez y una gran cobardía; si eres lesbiana, es lo que eres, y debería darme igual lo que piensen los demás, más aún cuando me da igual lo que piensen los demás en todo lo demás. Pero es un miedo irracional que me puede.
Reconozco que llevo mi cruz; no soy capaz de salir del armario, se está muy calentito aquí dentro, rodeada de mis jerséis y abrigos y fuera hace un frío que te deja “hetero total”. Lo único bueno de ocultar mi identidad es el morbo que produce lo prohibido y oculto, pero nada más.
El miedo más fuerte que tengo es que mis padres se enteren, y no por mí. Es un miedo por ellos. Sé que mi madre sufriría y nunca me perdonaría “ser lo que soy”. Es ya mayor y mantiene una actitud muy tradicional, propia de su “época”, como ella dice, y sobre todo la vergüenza del que dirán... Y mi padre sufriría mucho pensando que su hija tendría que enfrentarse a todo un mundo turbio y perverso, y que le harían mucho daño. Y ya son muy mayores para explicarles lo equivocados que están y que lo puedan entender y muy mayores para que sufran más por mí. Por ello evito que averigüen cómo soy y lo que soy. A primera vista esto parece muy triste, con esa actitud tus padres no llegarán nunca a conocerte, pero no es así realmente, se que el fondo lo saben y lo han sabido siempre.
Luego está el miedo a que se enteren el trabajo, por dos motivos, uno que me despidan (este es un miedo absolutamente irracional, en el que creo a pies juntillas) y otro que mis compañeros tengan un jugoso cotilleo durante toda su vida laboral.
El miedo a que se enteren mis amigos heteros, mis hermanos y demás familia allegada ha ido desapareciendo conforme les he ido contando que era lesbiana y ello gracias a las presiones, acertadas, de mi mujer y porque en algún momento de mi vida no me quedó más remedio (dícese de hermano que viene a pasar un fin de semana a casa y yo comparto dormitorio de una sola cama, con una “amiga”).
Al final, lo voy superando, poco a poco, y tal vez algún día, reúna toda mi fuerza y valentía, salga del todo de armario y gane esta dura partida.
De momento el miedo gana...
Game over por hoy urbanitas...
AÑO NUEVO....
Hola urbanitas, mucho tiempo sin venir, sin escribir...
Una empieza con mucha fuerza y a veces la pierde por el camino.
En el trascurso de mi vida, esta ha sido, a veces, la tónica predominante...
Pero esta vez no va a ser así. Pienso esforzarme todas las semanas y dejar caer algo por el ciber mundo de los blogs.
Que no se diga que el estrés, el acelerón de vida que me rodea y la jungla del asfalto me van a vencer.
De eso nada. Nos veremos por aquí todas las semanas, aunque solo sea unos párrafos, un pensamiento, un esfuerzo por describir algo, o contar algo. Al final espero acostumbrarme y que doña musa venga por si sola a visitarme.
En este tira y afloja entre mi desidia y mis ilusiones, espero que gane, al menos, la esperanza...
Vini, vidi, vinci urbanitas...
Contra el tópico, talento
contra la rútina, dinamismo
contra la frustración, busqueda.
Una empieza con mucha fuerza y a veces la pierde por el camino.
En el trascurso de mi vida, esta ha sido, a veces, la tónica predominante...
Pero esta vez no va a ser así. Pienso esforzarme todas las semanas y dejar caer algo por el ciber mundo de los blogs.
Que no se diga que el estrés, el acelerón de vida que me rodea y la jungla del asfalto me van a vencer.
De eso nada. Nos veremos por aquí todas las semanas, aunque solo sea unos párrafos, un pensamiento, un esfuerzo por describir algo, o contar algo. Al final espero acostumbrarme y que doña musa venga por si sola a visitarme.
En este tira y afloja entre mi desidia y mis ilusiones, espero que gane, al menos, la esperanza...
Vini, vidi, vinci urbanitas...
Contra el tópico, talento
contra la rútina, dinamismo
contra la frustración, busqueda.
Etiquetas: ilusiones