UNA HISTORIA URBANA
Todas las mañanas, antes de ir a trabajar, saco Long John, mi perro. Lo llevo al parque que tengo al lado, paseamos un rato y luego vuelta a casa y corriendo al trabajo.
Una mañana de primavera me encontré a un señor mayor sentado en un banco, justo por donde yo paso, tanto para ir, como para volver. Al día siguiente, el señor estaba allí a la misma hora y al día siguiente, y al otro; así todos los días. Su hija lo llevaba a que tomase el sol y luego lo recogía. Y el se quedaba allí, inmóvil, como una estatua de bronce, mirando en silencio.
Los primeros días nos miraba, con un semblante muy, muy serio. Yo le miraba de reojo y seguía mi camino, a la vuelta seguía ahí y nos volvía a escudriñar con su fría, aunque atractiva mirada.
Después de un mes, yo le sorprendí saludándole con un “buenos días”, me miró fijamente y amagó algo parecido a un saludo con la cabeza, aunque mantenía su gesto altivo y serio. A partir de ese día, le saludaba todas las mañanas y él comenzó, poco a poco, a devolverme el saludo, pero sin apartar el semblante gélido de su mirada.
Al finalizar el mes, ya sonreía cuando nos veía aparecer y a principios del mes siguiente ya nos esperaba, era obligatoria la parada para contarnos algo y acariciar a Long, además del saludo.
Me contó, entre otras muchas cosas, que tenía noventa y dos años, que había sido carpintero y que todavía podía “hacer feliz a más de una”, yo me reía mucho con él. El señor “cara seria” resultó ser un tipo divertido y con sentido de humor. Se había marchado a vivir con su hija tras la muerte de su mujer, a la que quiso mucho y así día tras día, me fue desgranando su vida y fuimos creando un vinculo de amistad.
Cuando volvía de vacaciones, allí estaba él, para preguntarme que tal lo había pasado y para contarme que en Madrid había hecho mucho calor, pero que eso no era nada, que él recordaba épocas de mucho más calor y que además escaseaba el agua.
Otro día me contaba alguna batalla de su pueblo y que todas las muchachas le pretendían porque él había sido muy galán y que con su labia las conquistaba a todas. No me extraña...
El primer día de frío, vi el banco vacío.
No sé si su hija dejo de llevarlo porque hacía ya mal tiempo para estar allí, inmóvil o si se marcho al pueblo con algún otro hijo, o que pasó. No volví a verlo nunca más.
Y desde ese día, muchas veces, cuando paso por allí y veo el banco vacío, recuerdo al señor mayor, del cual nunca supe su nombre, pero si su vida, y creo que voy a recordar su sonrisa toda la vida.
Me costó mucho descubrirla, como para olvidarla.
Hasta otra historia urbanitas.
Una mañana de primavera me encontré a un señor mayor sentado en un banco, justo por donde yo paso, tanto para ir, como para volver. Al día siguiente, el señor estaba allí a la misma hora y al día siguiente, y al otro; así todos los días. Su hija lo llevaba a que tomase el sol y luego lo recogía. Y el se quedaba allí, inmóvil, como una estatua de bronce, mirando en silencio.
Los primeros días nos miraba, con un semblante muy, muy serio. Yo le miraba de reojo y seguía mi camino, a la vuelta seguía ahí y nos volvía a escudriñar con su fría, aunque atractiva mirada.
Después de un mes, yo le sorprendí saludándole con un “buenos días”, me miró fijamente y amagó algo parecido a un saludo con la cabeza, aunque mantenía su gesto altivo y serio. A partir de ese día, le saludaba todas las mañanas y él comenzó, poco a poco, a devolverme el saludo, pero sin apartar el semblante gélido de su mirada.
Al finalizar el mes, ya sonreía cuando nos veía aparecer y a principios del mes siguiente ya nos esperaba, era obligatoria la parada para contarnos algo y acariciar a Long, además del saludo.
Me contó, entre otras muchas cosas, que tenía noventa y dos años, que había sido carpintero y que todavía podía “hacer feliz a más de una”, yo me reía mucho con él. El señor “cara seria” resultó ser un tipo divertido y con sentido de humor. Se había marchado a vivir con su hija tras la muerte de su mujer, a la que quiso mucho y así día tras día, me fue desgranando su vida y fuimos creando un vinculo de amistad.
Cuando volvía de vacaciones, allí estaba él, para preguntarme que tal lo había pasado y para contarme que en Madrid había hecho mucho calor, pero que eso no era nada, que él recordaba épocas de mucho más calor y que además escaseaba el agua.
Otro día me contaba alguna batalla de su pueblo y que todas las muchachas le pretendían porque él había sido muy galán y que con su labia las conquistaba a todas. No me extraña...
El primer día de frío, vi el banco vacío.
No sé si su hija dejo de llevarlo porque hacía ya mal tiempo para estar allí, inmóvil o si se marcho al pueblo con algún otro hijo, o que pasó. No volví a verlo nunca más.
Y desde ese día, muchas veces, cuando paso por allí y veo el banco vacío, recuerdo al señor mayor, del cual nunca supe su nombre, pero si su vida, y creo que voy a recordar su sonrisa toda la vida.
Me costó mucho descubrirla, como para olvidarla.
Hasta otra historia urbanitas.
UNA DE SORPRESAS...
Cada día me sorprendo más conmigo misma, aunque si lo pienso, en realidad me he maravillado de mi misma muchas veces a lo largo de mi vida.
Me sorprendo ahora con que me gusta la Opera.
En la vida me había interesado y de repente, me pica la curiosidad y empiezo a escuchar algunas operas de Mozart. No están mal...Seguimos con otras de Puccini y me gustan. Interesante este Bizet y finalmente enloquezco con Verdi y la Donna e Mobile.
No puedo conmigo. Nunca me habría imaginado que me gustaría la opera y mira, disfrutando como una niña con zapatos nuevos (aunque en verdad, a mi de niña unos zapatos nuevos me daban igual. Prefiero disfrutar como una niña con un juguete nuevo).
Esta cualidad de sorprenderme que me caracteriza, es de las que más me gusta–La verdad que esto de dejar de fumar me está produciendo unas sensaciones extrañas, me auto estudio... es la primera vez que me doy cuenta de esto-
En fin, reconozco que me he sorprendido de mi, muchas veces. Siempre dije que iba a estar sola en el mundo, sin pareja y pocos amigos y que iba a morir joven, pues mírame, quien me ha visto y quien me ve. Muy joven no voy a morir, sin duda, ya se me ha pasado el arroz para lo de James Dean, pareja tengo ya para la eternidad, si la hay y amigos tengo pocos, pero valen como muchos, muchísimos.
La sorpresa más fuerte que me he dado en mi vida ha sido la de salir de mi propio armario. Nunca imaginé que yo pudiese “entender”, bueno si me llegan a decir que yo era bollo, hace unos diez años.....
Y además me negué varia veces antes de que cantara el gallo. Pero al final, ya se sabe, la cabra tira pal monte. Y una ha de afrontar lo que es, y con orgullo. –En esta fase estoy todavía-.
Y si, me gusta darme cuenta de que todavía puedo sorprenderme de mil millones de cosas y aficionarme a otras tres mil.
Estoy en periodo de relajarme y tranquilizarme para superar esta vida de estrés en el que me veo inmersa. He descubierto el Tai Chi, y estoy que me muero de la emoción y a la vez, aunque solo cuando puedo, practico la meditación. Así que estoy muy ZEN y me gusta. ¿Quién lo iba a decir?, yo que soy puro nervio. Y hace exactamente un año que deje de fumar. Estoy que me salgo...
Que siga la racha...
Buenas tardes urbanitas.
Me sorprendo ahora con que me gusta la Opera.
En la vida me había interesado y de repente, me pica la curiosidad y empiezo a escuchar algunas operas de Mozart. No están mal...Seguimos con otras de Puccini y me gustan. Interesante este Bizet y finalmente enloquezco con Verdi y la Donna e Mobile.
No puedo conmigo. Nunca me habría imaginado que me gustaría la opera y mira, disfrutando como una niña con zapatos nuevos (aunque en verdad, a mi de niña unos zapatos nuevos me daban igual. Prefiero disfrutar como una niña con un juguete nuevo).
Esta cualidad de sorprenderme que me caracteriza, es de las que más me gusta–La verdad que esto de dejar de fumar me está produciendo unas sensaciones extrañas, me auto estudio... es la primera vez que me doy cuenta de esto-
En fin, reconozco que me he sorprendido de mi, muchas veces. Siempre dije que iba a estar sola en el mundo, sin pareja y pocos amigos y que iba a morir joven, pues mírame, quien me ha visto y quien me ve. Muy joven no voy a morir, sin duda, ya se me ha pasado el arroz para lo de James Dean, pareja tengo ya para la eternidad, si la hay y amigos tengo pocos, pero valen como muchos, muchísimos.
La sorpresa más fuerte que me he dado en mi vida ha sido la de salir de mi propio armario. Nunca imaginé que yo pudiese “entender”, bueno si me llegan a decir que yo era bollo, hace unos diez años.....
Y además me negué varia veces antes de que cantara el gallo. Pero al final, ya se sabe, la cabra tira pal monte. Y una ha de afrontar lo que es, y con orgullo. –En esta fase estoy todavía-.
Y si, me gusta darme cuenta de que todavía puedo sorprenderme de mil millones de cosas y aficionarme a otras tres mil.
Estoy en periodo de relajarme y tranquilizarme para superar esta vida de estrés en el que me veo inmersa. He descubierto el Tai Chi, y estoy que me muero de la emoción y a la vez, aunque solo cuando puedo, practico la meditación. Así que estoy muy ZEN y me gusta. ¿Quién lo iba a decir?, yo que soy puro nervio. Y hace exactamente un año que deje de fumar. Estoy que me salgo...
Que siga la racha...
Buenas tardes urbanitas.