Cuadernos de un chapero
Recorrido vital de un chapero, sumiso, y pasivo, y de sus venturas e infortunios.
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Cuaderno I
Esta historia la escribo fundamentalmente para tí, pero también para mí. Para tí, porque me falta el valor para contarte la verdad de otra manera, y para mí porque, aparte de ahorrarme una pasta en el psicólogo, aprendo ortografía. Sé que debería haberte contado esto mucho antes, pero tampoco voy a buscar ahora una razón para justificar el retraso. Razones hay mil y todas las encontrarás aquí, todas, y trataré de que aparezcan lo mejor reflejadas posible, con el mayor detalle. Ha pasado ya mucho tiempo, el suficiente como para que haya cosas, pormenores, circunstancias, que es posible haya olvidado, pero ha pasado suficiente tiempo también, para relativizarlo todo, para darle a cada cosa la importancia que justamente tiene y no la que nos dicen que tiene. Aunque, como te conozco bien sé que me juzgarás con tus propias normas y que no te dejarás influir por otros criterios más al uso. Eres poco convencional qué suerte tienes. Nada ni nadie me obligan a contar lo que sólo afecta a mi vida y a mi persona pero si tengo que compartirlas contigo es justo que antes, las conozcas bien. Y así, con todos los elementos de juicio, sin obviar ninguno, podrás hacerte una mejor composición sobre mi persona, y aunque eso tiene sus riesgos, podrás decidir mejor. Puedes optar también por cerrar estas páginas y no querer saber nada de nada, mas sería una pena, e injusto, lo primero porque perderías una de las mejores oportunidades de conocerme bien y lo segundo porque me ha costado tanto llegar hasta aquí...........

Sé que hay personas que sienten un atractivo especial, no sé si extraño pero, desde luego, sí especial y morboso, por el dolor y la violencia, por la crueldad y el desprecio, y que eso les produce gran placer, otras en cambio, bastantes más abundantes creo, disfrutan con la sumisión y el acatamiento, con la obediencia, y con sentirse humillados y despreciados. Entonces no lo sabía, probablemente tampoco lo habría comprendido, pero hoy, cuando ya mi cuerpo empieza a dar señales de cansancio, cuando me cuesta trabajo disimular las canas, cuando las cosas empiezan a importarme un bledo, y sobre todo, cuando son pocas las personas que me importan y menos aún a quienes importo yo, he de reconocer la enorme suerte que he tenido por haber podido recorrer alguno de aquellos senderos procelosos, y agradezco a los dioses por haberme dejado ser uno de los pocos elegidos para el disfrute de estos placeres.

Sólo a un selecto grupo de personas se le ha permitido recorrer los sinuosos y excitantes caminos de la dominación y de la sumisión y descubrir que es un placer infinitamente mayor que el que se obtiene de un simple polvo, un placer que es más sensual que carnal, que tiene más que ver con los sentidos, con todos los sentidos, que con el sexo, más sicólogico que físico, y descubrir que éste sólo es una parte muy pequeña de aquel. Sólo este grupo de personas osadas ha sido capaz de recorrer todos los recovecos, todas las profundidades , todas las oquedades y todos los meandros agitados de la sensualidad humana. Creo que sólo las prácticas sexuales taoístas en busca del Tao, se han aproximado, siquiera pálidamente, a esta concepcion edonista del placer.

No hacía mucho tiempo que había cumplido los 18 años. Nunca me dejaba llevar por fantasías homoeróticas. Cada vez que alguna de ellas me alcanzaba el pensamiento, yo la rechazaba al momento aunque sintiera cosquillas en la entrepierna.

Por eso nunca imaginé cómo sería mi primera experiencia con un hombre y nunca podría ni siquiera haberlo imaginado. Fue con mi profesor de inglés. Mi madre había contratado al novio de una compañera suya de trabajo, un chico de unos 24 años llamado Christian. Las clases me las daría en su casa, tres horas todos los sábados durante los meses de verano.

El primer sábado llegué muy aburrido y de mala gana pues nunca me gustó mucho el inglés, aunque entonces no sabía cómo me iba a gustar éste. De este sábado no hay mucho que contar salvo que me di cuenta de lo bueno que estaba el profe, de lo rubio que era y de su cara de angel, aparte de que me encantó estar tan juntitos en la mesa.

Al sábado siquiente fui ya, más animado. Cuando llegué llamé al timbre pero nadie me abrió. Volví a insistir y al cabo de 2 ó 3 timbrazos por fin "mi angel" se decidió a abrirme la puerta. Se había dormido, supongo que por una noche loca. Tenía los pelos levantados, ojeras, los ojos cerrados por la luz y.......... completamente desnudo

Yo me quedé estupefacto y por supuesto mi mirada bajó de los pelos hasta su miembro. Una maravillosa herramienta que fláccida no tendría menos de 15 cm

El no pudo dejar de observar mi atolondramiento mientras acababa de cerrar la puerta y mis ojos seguían fijos, como hipnotizados, en su verga. Al levantar los ojos y ver su mirada y lo que me pareció una ligera sonrisa burlona me entró tal rubor que casi me muero de la verguenza.

Aún fue peor cuando, tras decirme que me fuera sentando, mientras él se daba una ducha, mi mirada se quedó fija en su imponente culo, redondo, prieto, firme, casi de marmol, mientras se iba hacia el baño. Al girarse de repente me pilló escrutándoselo y comiéndomelo con la mirada. Ahí, sí que me sentí morir, pero ya le había dado todos los datos, no necesitaba nada más.

Se duchó a propósito con la puerta completamente abierta para que yo viera y me deleitara con su cuerpo. Su estudio era pequeño, las distancias necesariamente cortas, por lo que pude ver no sólo como se duchaba, sino tambien como se secaba, y como al hacer esto en la entrepierna, lo hacía con tal fruicción que más pareciera que se masturbara. Me daba la espalda con lo que pude observar a placer su culo. De vez en cuando el miraba por el espejo y entonces nuestras miradas se cruzaban. Yo lo único que podía hacer era echarme mano al paquete y apretarme bien la polla para aliviarme siquiera ligeramente.

Tapado sólo con la toalla se sentó a la mesa:

-Perdona que no me vista, es para no perder más tiempo -me dijo con una media sonrisa.

Yo debí de balbucear alguna cosa mientras miraba su torso fornido como el David de Miguel Angel.

- Vamos, empieza a leer, vamos a oir qué tal es tu pronunciación

Yo empecé a tartamudear mientras no podía evitar que mis ojos se fueran, de vez en cuando, a su prominente paquete que, debajo de la toalla, sospechosamente, cada vez era mayor.

Tras cada una de mis miradas observé que la toalla dejaba ver cada vez más pierna y más muslo. No hace falta que diga que yo estaba cada vez más excitado y más empalmado y que en algún momento tuve que bajar la mano para colocarme la polla porque en verdad que me estaba haciendo daño. Pareció, ésta, ser la señal que estaba esperando pues me cogió la mano y me la acercó, suavemente, a su rabo bien supererecto. Yo toqué aquello durante unos segundos y fue tal el corte que me dio que lo solté todo colorado.

Él, en cambio, me echó mano a mi paquete y empezó a menearme el rabo sin siquiera sacármelo del pantalón y estaba tan cachondo que después de 4 ó 5 movimientos me corrió.

Tras la corrida fue tal la verguenza que me entró que cogí los libros y salí corriendo con intención de no volver más, pero no había aún llegado a mi casa cuando sentí que me empalmaba sólo de pensar en el inglés. Durante toda la semana no dejé de pensar en el sábado siquiente. Cada hora, de cada día pensaba en lo mismo y por supuesto que me maté a pajas, todos los días, varias veces, pensado en él.

Por fin llegó el sábado; cuando me abrió la puerta me dió la impresión de que no creía que fuera a volver y recuerdo que pensé que, quizás, su semana no habría sido tan divertida como la mía, pues estaba muy serio, con cara de preocupado, quizás por mi edad, por si yo habría dicho algo, no sé.

Me mandó sentar en la mesa y se sentó cerquita de mi como las otras veces. Yo empecé con la cantinela de siempre miradita al paquete una y otra vez. Miento, sólo hubo una miradita porque antes de que diera lugar a la segunda me había cogido la mano, y esta vez sin soltarla, me la llevó a su paquete, paquete que yo no pensaba soltar como la vez anterior.

Su mano obligaba a la mía a meneársela, y lo hizo así hasta que se percató de que yo solito, no dejaría de hacerlo. A su vez me empezó a meter mano; yo estaba cachondísimo. Me bajó la bragueta y me empezó a acariciar pero, no bruscamente como la primera vez, sino suave y delicadamente.

Me masturbó muy despacito, -por supuesto sin llegar a correrme que eso ya rara vez lo volvería a hacer,- y mirándome fijamente a los ojos y viendo como me retorcía, jadeaba, sudaba, gritaba, lloraba. Fue la primera y última vez que lo hizo así, porque nunca más me acarició de forma cariñosa, ni me abrazó ni me procuró el más mínimo placer, ni mucho menos meneármela a mi gusto. Miento, hubo alguna otra vez pero no me atravería a decir que fuera con cariño o para darme placer aunque al principio así me lo pareciera. Con el tiempo si quería gusto y paja me lo tenía que procurar yo y siempre al final de las largas sesiones de sexo que teniamos cada sábado, siempre y cuando él ya hubiera terminado.

Pero en ese sábado todavía iba a experimentar otras cosas. Cuando más cachondo estaba, cuando mas me retorcia con su mano en mi verga, giró bruscamente la silla y levantándose me metió su polla en la boca. Yo me quedé shock porque ni sabía siquiera que eso se pudiera hacer. Me metió su polla, enorme, agarrándome la cabeza e inmovilizándomela completamente hasta que se me saltaron las lágrimas. Debí de darle pena porque la sacó a las vista de éstas, aunque fue la unica vez que sintio pena por mí, o al menos nunca más me demostró que mis lloros o lágrimas le hicieran la más mínima mella.

A veces hasta sus amigos, a los que me prestaba, tenían mas consideración para conmigo que él mismo y le llamaban la atención diciéndole, que no se pasara tanto conmigo.

Ese día, primero en el que me comía un rabo, fue también el primero de un gran deseo siempre insatisfecho y de una obsesión. Nunca se la comía demasiado. A veces llegaba a aquel estudio y sin apenas haberse cerrado la puerta, me ponia de rodillas a su entera disposición para que hiciera con mi boca lo que quisiera. Él nunca me la comió a mí. Si conozco ese placer es gracias a alguno de sus amigos con los que me compartía que le encantaba comerla y me daba ese gusto. Gusto que generalmente me costaba muy caro como ya tendré ocasión de contar.
 
Cuaderno II
Era la primera vez que me obligaban a hacer una felación. Tras sacármela de la boca yo bajé la cabeza, más por verguenza que por rechazo o falta de deseo. Me sequé las lágrimas que empezaban a correr por mis mejillas por la sorpresa del acto en sí, y por el daño que me había hecho en la garganta. Pero en el fondo ya estaba deseando que lo volviera a intentar otra vez.

"Mi angel" me obligó a levantar la cara y me frotó todo su paquete por ella. Su polla erecta no debía medir menos de 20 cm, o al menos a mí me lo parecieron, recta como una columna jónica, con un capullo sonrosado y voluminoso que dificilmente cabía en mi boca. Me pasó la polla por toda la cara, el cuello, los ojos.....Cuando levanté éstos, vi su cara de vicio, de lujuria, de placer, de deseo, de ansia pero también vi la cara de alguien que no admite que le contradigan, que no le gusta nada que el lleven la contraria, de alguien que no está acostumbrado a que le digan que no, de quien sabe que siempre consigue lo que se proponga, y el dueño de esa cara ya había decidido lo que que quería hacer conmigo.

En ese momento sólo quería obligarme a comerle sus huevos; al principio saqué la lengua y empecé a lamérselos, creí que eso sólo sería suficiente para él. Pero no, me obligó a metérmelos los dos en la boca, primero uno luego el otro y despacito no fuera a hacerle daño; apenas podía respirar con ellos dentro.

Estaba tan cachondo que empecé a cascármela con fruicción, cuando el muy cabrón, y pronto empiezo a llamarle así, porque todavía no sabía nada de todo lo que me esperaba junto a él, enseguida me obligó a retirar mi mano de mi rabo y a pajearle a él mientras sus huevos me ahogaban en mi boca.

Hubo un momento en los que me los tuve que sacar a la vez que empezaba a toser porque si no, me habría ahogado. No le gustó nada y volvió a agarrarme la cabeza como un poseso y metiéndome la polla me volvió a follar la boca hasta la garganta que, poco a poco, yo notaba que se dilataba y admitía aquella tranca no sin esfuerzo por mi parte.

Esta vez no lloré en absoluto. Al contrario, mi boca tragaba más y más cada vez mientras mis manos jugaban con sus bolas. En ese momento lo único que deseaba era pajearme pero me fue imposible, cada vez que mis manos iniciaban el movimiento, "mi angel" , cada vez más burro me impedía que me corriera.

El muy cabrón nunca me dejo correr antes que él, ni siquiera por morbo si es que yo le daba alguno. Cuando se cansaba de usarme y follarme, o consideraba que aquello se había ya terminado me dejaba en el mísmo lugar donde habíamos estado follando, fuera la cama, el suelo, o el sofá y pasaba totalmente de mí. Me hizo muchos desprecios en aquel tiempo pero quizá éste de pasar de mí, después de follarme, era el que más me afectaba.

Era entonces cuando yo empezaba un pajeo frenético, no sólo para descargarme y liberarme de su influencia, -cosa que apenas conseguía y que como mucho duraba unas pocas horas tras cada masturbación- sino para que él me viera y acaso poder excitarlo, o para mostrarle lo que había hecho conmigo: en un par de semanas había pasado de ser un chaval tímido e inexperto a un ser vicioso, procaz e indecente.

Christian, la mayoría de las veces, ni siquiera se fijaba en mí, y cuanto menos lo hacía más gritaba yo, y más ostentosos hacía mis movimientos masturbatorios, más me retorcía en el sitio, más impúdico me mostraba, más obsceno, más inmoral.

Una vez justo después de correrse acerqué mi boca a la suya y el me devolvió el gesto con la palma de su mano sobre mi cara y un empujón contra la cama. Ante estos arranques de bruto, yo me encendía de tal modo, que empezaba a masturbarme todavía más rápido, más a lo bestia. Creo que a él, creo no, estoy seguro, que a él todo esto le daba igual.

Durante mucho tiempo estos desprecios y humillaciones fueron la base de la que él se valió para tenerlo todo de mi. Sabía que me ponía tanto mas cachondo y me colgaba tanto más con él cuanto más me despreciara, cuanto más me humillara y cuanto más deseo insatisfecho tuviera.

Tambien utilizó el chantage de contarselo todo a mi madre si no hacía con él o con cualquiera de sus amigos lo que él me mandara. Esto me acojonó al principio, pero no había razones para tener miedo, no era necesario, me tenía bien agarrado por los cojones, nunca mejor dicho, y haría todo lo que me mandaran sin necesidad de chantajes, simplemente por vicio; vicio que se haría muy famoso entre los profes de la academia de inglés de Christian y entre otros amigos. Pero esa ya es otra historia

Por donde iba?.... a sí.....tras pasarme la polla por toda la cara, metiéndomela en la garganta y follándome la boca durante más tiempo del que cualquiera podría aguantar hizo lo que tanto le gustaba hacer: correrse en mi cara. Confieso que la primera vez tuve una extraña sensación, no me dio asco, pero si algo extraña que luego no he vuelto a sentir en situaciones similares. Era mucho, una mamada y una eyaculación facial para la primera experiencia con un tío. Pero así fue y trato de atenerme a los hechos y a las circunstancias lo mejor que recuerdo, a la verdad en definitiva, aunque ya hace tanto tiempo que casi se me difuminan los detalles.

El cabrón me llevó a un espejo para que viera su lefa en mi cara, blanca, espesa, pastosa, densa, cayendo chorretones de ella por todas partes. Confieso que mi rabo estaba muy duro en ese momento.

"Mi angel" me mandó que me lavara la cara, que me recompusiera la ropa y que me pirara. Así sin más contemplaciones. Fue salirse del cuarto de baño y rápidamente me hice un pajote memorable descargando mi lefa sobre la tapa de la lavadora para que él la viera y se mosqueara conmigo. La dejé allí, por rechazo, como pequeña venganza, como acto de reafirmación o quizá para recomponer mi orgullo, muy mancillado en esa mañana y ahora, me daba más cuenta, una vez me había corrido; no sé porqué lo hice, pero así fué.

Después de la corrida todo cambió para mi, muy avergonzado sin saber donde meterme, ni por dónde salir, sin mirar al cabrón a la cara, cogí mis libros y me marché, prometiéndome, esta vez sí, que no volvería a esa casa por nada del mundo.
 
Cuaderno III
Pero, aunque había una parte de mi ser que no quería volver a esa casa, había otra parte de mí con una fuerza de atracción tan poderosa que habría impedido cualquier resistencia.

Me había pasado la semana soñando con volver a tener su polla en mi boca, que me obligara a comérsela hasta la raíz, que me follara la garganta, que se corriera en mi cara. No dejaba de mirar el reloj, contaba las horas que faltaban para las 9:30 del sábado, no dormía por las noches, a veces no podía ni respirar.

Cuantas más cosas experimentaba con Christian más elementos e imágenes tenía con las que soñar, más recurrentes se volvían las escenas, más repasaba mentalmente todo lo realizado, una y otra vez, una y otra vez. Ni el deporte ni las numerosas pajas conseguian quitármelo de la cabeza. No quería que se perdiera ningún detalle. Repetir hasta la saciedad lo hecho y volver a repetirlo y lamentar no haber hecho tal o cual cosa, de tal o cual manera.

Por eso, volví tan caliente ese tercer sábado. Nada mas abrir al puerta, sin apenas darle tiempo a cerrarla, caí de rodillas tirando los libros al suelo, para que hiciera conmigo y con mi boca lo que le viniera en gana.

Mis ojos se comportaron como debían con su correspondiente caída al suelo, con humildad, casi sin atreverse a mirar al paquete tan deseado. Sin duda que le agradó la escena. Por mi parte, en ese momento me habría dejado incluso pisotear. Mis pantalones no podian ocultar el empalme tan brutal que tenía.

No jugó conmigo demasiado, simplemente se bajó sus pantalones cortos, que me ponian a 100, mucho más que si estuviera desnudo, y me metió su badajo todavía sin empalmar del todo, en la boca. Sentí cómo aquello crecía dentro de ella, y es una de las sensaciones que más recuerdo, pues siempre me ha gustado empalmar a los tíos con mis labios, mi lengua, mi boca. Cuando, tiempo después empezó a contratarme gente madura siempre era así como me lo montaba con ellos y a todos les gustaba. Quizá estuvo ahí el secreto de mi éxito, pero eso sería más adelante.

Por supuesto que no dejó que le comiera el rabo a mi gusto. Empezó a follarme la boca de una manera tan bestia que tuve que poner mi mano derecha para que hiciera tope. No quería volver a llorar como la semana anterior por dañarme la garganta.

También me restregó su paquete por la cara que era en lo que más había estado pensando durante toda la semana y eso me puso a 150 porque caliente al 100 ya iba yo de casa.

Me quitó la camiseta sacándomela bruscamente por la cabeza. Cosa que me pasmó porque era la primera vez que me veía el torso desnudo; yo me abrí la bragueta y me bajé los pantalones en la esperanza de poder pajearme, pero ni de coña.

Tiró la camiseta al suelo y me levantó para obligarme a sentarme en la silla del tormento, tan rico y placentero, al lado de la mesa. Siguió follándome la boca meneándome la cabeza tan salvajemente que tuve miedo. Creí que se correría y que si eso ocurría mi polla estallaria, pero de repente se giró bruscamente y me puso el culo delante de la cara.

Quería obligarme a meter mi cara allí, cuando yo jamás, ni por asomo, habría ni siquiera pensado, ni mucho menos soñado, que algo así se pudiera practicar. Aún hoy me pregunto, por el exceso de candidez de entonces, con qué tipo de fantasías me habría pajeado yo en las adolescencia.

Con su mano derecha empujaba mi cabeza hacía su culo. Ésta, no obstante, se resistía tirando hacia atrás; no podía imaginar mi cara dentro de aquella raja. Me resistí una y otra vez a la par que notaba su irritacion:

- !Comételo¡, venga, !comételo¡,

- Pero tío que no, no jodas, que yo nunca he hecho ésto

- He dicho que te lo comas y no me cabrees más.

Yo movía mi cara y la ponía en todos los sitios menos donde él quería. Hasta que de repente se cansó, se volvió airado y de pie frente a mí me propinó con saña dos sonoros bofetones que me cruzaron la cara de lado a lado.

Me quede atónito, sin saber qué hacer, ni mucho menos qué decir, pues no daba crédito a lo que habia ocurrido. No era tanto el dolor, que también, sino la humillación de que alguien te pegue, por lo injusto, por la vileza que supone pegar a uno más débil, la prepotencia de quien se siente poderoso, fuerte y él sabía que, en relación conmigo, cada día era más fuerte, y yo lo sabía también.

Sabía que, cada vez que acudía a esa casa, me hundía más y más en el fango. Podía notarlo semana tras semana, porque me resultaba cada vez más dificil concentrarme, sosegarme, tranquilizarme. Pasaba de mis libros, de mi música, de mis películas, de mi familia y amigos, para sólo pensar en él, en él y en lo que hacíamos cada sábado.

Mis ojos descendieron humildemente para evitar que viera que me habían entrado ganas de llorar, para evitar que viera el brillo que había aparecido en ellos, y lo hicieron justo a tiempo para comprobar como mi rabo, que se había desempalmado en el forcejeo, se volvía a empalmar de manera vertiginosa.

Él tambien lo observó y en vez de agarrarme el rabo me cogió por los huevos me los giró un par de vueltas con la mano izquierda y me los empezó ha apretar fuertemente. Yo grité de dolor y las lágrimas esta vez fueron imposibles de disimular; no hubo compasión alguna, volviéndome a dar el culo subió la pierna derecha sobre la mesa y con la mano libre me empujó la cara, ya vencida, contra su culo.

Me dió mucho asco pero no tuve elección. A la vez que esto ocurría una ola de calor fluía desde mis huevos oprimidos, ola que me llegaba hasta la base del cráneo y que me encendía la cara. Empecé a restregar ésta contra su culo. El calor se extendía a todo el cuerpo. Mi cara ardía, era pura brasa, y estoy seguro que el lo notó. Mi lengua empezó a salir de su cavidad natural para entrar en aquel otro territorio inexplorado que nunca imaginó.

El calor de los huevos oprimidos era tan placentero que me volvía más y más loco; era muy parecido a los primeros orgasmos de adolescencia que no hacía mucho todavía disfrutaba, orgasmos en todo el cuerpo como los que tienen las mujeres.

Mis manos abrían su culo y mi lengua lo follaba y lo lamía, toda su raja de arriba a abajo, y lo besaba, y lo volvía a lamer y lo volvía a follar y lo volvia a besar y se lo volvía a comer. La lengua se hacía pequeña y dura para intentar penetrar y luego se hacía amplia y grande para lamer más y mejor la mayor cantidad de superficie posible. Cada vez más saliva se iba depositando en aquel culo que ya toda mi cara, encantada por la derrota y completamente entregada, restregaba.

Tras el calor intenso del estrujamiento de huevos vinieron unas descargas eléctricas que me subieron por toda la columna vertebral hasta el cerebro. Estoy seguro que él tuvo que notarlas también porque la lengua es un potente interruptor biológico, y es a través de éste como se realizan las descargas. Su culo tuvo que notar mi energía.

En ese momento creí desfallecer y eso fue justamente lo que me ocurrió. Era tal la intensidad del placer, el morbo de la situación, tal ardor en la cara, tales las descargas de placer y de calor fluyendo en oleadas con origen en mis huevos y destino el cerebro, y recorriendo todo mi cuerpo que perdí el conocimiento durante unos segundos, los suficientes para que me cayera al suelo por la parte contraria a la mesa.

Cuando volví en sí balbuceé unas palabras inconexas y pude comprobar como el cabrón se había asustado, sobre todo porque estaba en su casa. Desde luego el susto fue breve porque todo lo que hizo fue traerme un vaso de agua -en aquella casa siempre se bebía mucha agua- mientras yo me desplazaba torpemente hacia el sofá.

En aquel tiempo estos desfallecimientos me ocurrían con relativa frecuencia, supongo que eran bajadas de tensión sumadas a las emociones propias del momento. También me pasaba cuando esnifaba poppers. Yo nos los daba ninguna importancia pero reconozco que algunos se llevaron unos sustos de la leche. Con el tiempo desaparecieron y no volvieron. Yo a veces los simulaba, siempre con las personas con quien ya los había tenido de manera real. Estos desmayos ya conocidos parecían provocar en algunos una satisfacción especial propia del buen macho cumplidor. Fue una pena que desapareciesen la verdad porque con el tiempo les habría sabido sacar buen partido.

Cuando me recuperé sentí un dolor agudo en los huevos, todavía me ardían aunque los note fríos cuando me los acaricié con la mano. Mi excitación por supuesto, estaba fría también ya que había desaparecido completamente.

Al poco rato me puse la camiseta, cogí como siempre los libros que no sé para qué paseaba tanto y me marché. Esta vez estaba traumatizado, no lo quería ni pensar. En el camino a casa creía que la gente notaba que me había comido un culazo y que lo tenía anotado en la frente.

Por otra parte, con las dos hostias Christian había cruzado una frontera y había dado un salto cualitativo que yo no podía obviar aunque lo intentara. Si, a pesar de la frustación que sentía aceptaba que alguien me pegara, no estaría bien, pero estaría en mi derecho, era muy libre -no lo era en absoluto-, aunque debería saber todas las consecuencias. Creí que había llegado ya, al máximo nivel de degradación posible, que no cabía caer mas bajo. Cuan equivocado estaba.
 
Cuaderno IV
Los senderos de la sensualidad humana son como los dioses, inescrutables. Y como los dioses, no sólo son oscuros y sinuosos, son también insondables, enigmáticos, impredecibles, caprichosos. Sobre todo caprichosos. Como cualquier otro camino pueden recorrer bonitos valles, pasar por bellos parajes, y transcurrir por zonas fértiles y hospìtalarias. Por el contrario, pueden recorrer también zonas inhóspitas y poco acogedoras, zonas desérticas, esteparias, yermas. Pueden transitar por terrenos abruptos y escarpados o plácidamente, por planicies y sabanas.

Creo poder decir que he amado mucho, aunque, también tengo que reconocer que he sido poco correspondido. Y eso que se lo he hecho tanto a hombres como a mujeres, y debo decir que, por los afectos recibidos, no he apreciado entre ambos gran diferencia. Si excluyo los amantes venales probablemente el número estará equilibrado. Con unos y otras he recorrido todos los caminos posibles, las zonas frondosas y las áridas, los terrenos escabrosos y las suaves mesetas. En ocasiones la senda se ha deslizado cerca de grandes acantilados y precipicios y no ha sido fácil, pero los he sorteado como mejor he podido. A veces gracias a que he tenido mucha suerte.

Dada mi humilde condición no disponía de muchas armas, ni para atacar, ni para defenderme, ni siquiera inteligencia, para evitar caer en el abismo. Aún hoy me pregunto cómo es posible que siga aquí, después de haber estado rodeado de tanta serpiente.

En el amor, creo haber recorrido todas las posibilidades y todas las combinaciones imaginables. Con los hombres he sido alternativamente activo y pasivo. Nunca he sabido de qué dependía la predilección en cada momento. Ni cuándo, ni porqué cambiaba de una preferencia a otra, ni siquiera cómo era el cambio, si repentino y brusco o si pasaba por un suave período de transicion. Tanto con unos como con otras he sido dominante y sumiso, según los casos, aunque han sido los hombres los que más se han prestado a ese juego. Y tampoco he sabido el porqué de una u otra inclinación, pero así ha sido. No puedo decir si a los demás les sobreviene tanta mudanza, a mí, sí.

Suerte que a ciertas edades uno ya está casi de vuelta de todo, porque si no, y necesariamente, uno no podría descartar alguna vez hacérselo con las cabras, y no podría ser peor que montárselo con serpientes, eso lo sé por experiencia.

Amar mucho no parece ser algo de lo que uno se deba sentir muy orgulloso, -o quizá sí -sobre todo si se ha amado más, a los hombres siendo hombre. Ni lo estoy, ni presumo de ello, pero nada puedo hacer para cambiar mi pasado. Mi futuro de ti depende, y mi presente, en lo único que dispongo de algo de control, lo pierdo en escribirte estas páginas que no sé si algún día leerás. Y en el tiempo que relato ahora, me toca ser pasivo y sumiso, y por fin, estaba a punto descubrir una de sus señas de identidad.


De todas las situaciones vividas con Christian, pocas fueron las que pude predecir. Con el tiempo le fuí conociendo mejor y ya fue mucho más fácil para mí complacerle como él quería. Había una cosa que me tenía especialmente intranquilo, no porque me preocupara, sino porque en el punto donde estábamos en mi proceso de seducción, era algo que ya debería haberse planteado.

Me refiero a la penetracion; es algo en lo que siempre se piensa, al fin y al cabo, como dice un amigo, darse por culo es cosa de hombres. Me preguntaba, que razón podía haber, por la cual, había pasado tanto tiempo sin producirse. No es algo que deseara ansiosamente pero ya había empezado a pensar por las noches y era algo que más tarde o más temprano inevitablemente se habría de producir. Era raro que habiéndole demostrado ya mi sumisión de muchas maneras, yo no fuera utilizado también para eso. Me daba miedo sí y mucho; por ser la primera vez, por ser inexperto y sabiendo lo bestia que podía ser "mi angel" si quería; pero como ya he dicho lo tenía como algo inevitable y que debería ocurrir.

Por las noches, me pasaba horas enteras maquinando como sería ese momento, cuándo y en qué lugar de la casa se produciría, me imaginaba en la cama tumbado boca abajo y él encima de mí haciéndome sentir su peso, o, quizás, en el sofá, puesto con el culo en pompa a cuatro patas, o a lo sumo imaginaba que me tiraba de pie contra una pared y me follaba mientras yo reculaba al encuentro de su miembro.

Nunca se me planteó, siquiera como posibilidad, que él fuera pasivo y, conmigo desde luego, no lo fue en absoluto. Imaginé en mis noches en vela que Christian me prepararía convenientemente. Al fin y al cabo era yo era un muchachito virgen e inexperto y su miembro en erección era prominente. Imaginé que me iría dilatando poco a poco , con los dedos o cualquier otro artilugio apropiado, o supuse, al menos, que me avisaría con tiempo para que yo, aparte de ir mentalizado, fuera preparado de alguna manera. Yo sabía que era muy estrecho porque me dolía cuando me metía los dedos o algún tubo de esos en donde se guardan los puros habanos; nada en ningún caso comparado con su verga.

Y por fin llegó el gran día. Siempre me quedó la impresión, sin duda por mi culpa, que aquella primera penetración fue sin alma, suponiendo que este tipo de cosas la tenga. Creo yo que se realizó más para probarme, que por deseo, más para comprobar mis límites que por su propio placer, más en definitiva, para saber lo que se podía esperar de mí, en un momento determinado que por necesidad física. Fue un acto de dominio sobre mí, de exhibicion de poder, algo del todo punto innecesario pues yo tenía muy claro ya quién mandaba sobre quien.

Llegué aquel sábado y tambien me postré ante él de rodillas al cerrar la puerta. Esto era un acto decidido por mí, que me encendía especialmente. Era tan cándido que no podía imaginar otra situación. Iba todo el recorrido hacía su casa superempalmado y tenía dificultades en esconder mi erección. Ir siempre con los libros delante de la bragueta no era una cosa muy normal y siempre pensaba que todo el mundo me miraba.

Aquel sábado sin bajarse los pantaloncitos cortos que ya casi siempre llevaba, se restregó todo el paquetón en mi cara que muy agradecida se dejaba hacer. Mi boca intentaba comer de todo pero con la ropa puesta tenía poco éxito pues si la verga era grande, con el pantalón, era ya imposible para mi boca.

Se restregó el paquetón, se bajó el elástico de los pantalones, se sacó la polla, me folló la boca y me dio a que le comiera el culo esta vez sin necesidad de los dos hostiones que me había propinado la semana enterior. Hay que reconocer que, cándido soy, pero que también aprendo rápido. Y después de una soberana y larga limpieza de bajos me ordenó tajante:

- Desnúdate

Esto sí que me pasmó porque hasta ese momento nunca me había visto desnudo. Es otra cosa que me parecia extraña. Yo, aparte de jovencito y casi imberbe era bastante guapo y tenía muy buen cuerpo y muy buena polla, tengo que decir. Quiero que entiendas bien que si digo esto, no es por presumir, en absoluto, pues ni ahora ni entonces la vanidad ha sido uno de mis pecados capitales. Y el orgullo, si alguno me quedaba, desaparecería a pasos agigantados después de aquel tiempo. Tanto mí orgullo como mi autoestima se quedarían entonces por los suelos. Como digo si me describo de este modo es para relatar la situación, pretendiendo decir que cualquier hombre, en aquel tiempo, le habría encantado estar conmigo, y desnudarme, acariciarme, abrazarme, besarme, comerme. Vamos hacer conmigo todo lo que no hacía él

Empecé a desnudarme, me quedé en calzoncillos porque, aunque mi empalme era evidente, me daba tremenda verguenza, vaya tontería, estar empalmado delante de él. La orden para quitármelos estuvo acompañada, por supuesto, de un insulto que me aplicaba bastante apropiadamante por mi comportamiento en aquellos momentos.

Y me folló sí. Ya lo creo que me folló. Pero para nada como me había imaginado. En vez de en la cama o en el sofá .....en el puto suelo; me destrozó las rodillas. Él se apropió de un cojín por si acaso, aún cuando estuvo de rodillas más bien poco. En vez de una posición cómoda para mí usó la más díficil y dolorosa para el sodomizado. Me ordenó ponerme a cuatro patas con la cabeza y los hombros sobre el puto suelo, nunca está más el culo en pompa. Y yo le obedecí en todo, sin rechistar, sin decir nada, sin una queja. La sensación de sumisión que le transmití con esta posición fue extrema. Y yo la experimenté también, y aún creo que él no la utilizó lo suficiente. En esos momentos habría sido capaz de hacer cualquier cosa por él.

En esta posición los esfínteres están muy cerradaos y más para alguien virgen como yo. Me folló de pie, doblando ambas piernazas situadas a ambos lados de mis caderas, y obteniendo, de esta manera, un control total de la situación, pues yo no pude moverme en ningún momento.

En vez de dilatarme con los dedos, jamás se me ocurrió, ni por lo más remoto, pensar en su lengua o en algún aparato,........ me dió cuatro azotes bestiales en las nalgas que seguro me pusieron el culo rojo

En vez de lubricante........ simplemente me escupió en el culo. Éste debía estar tan caliente que hasta noté cierto frescor cuando su saliva se deslizó por la raja de mi culo. Por supuesto que no utilizó goma alguna. ¿Que podía temer de mí, joven, virgen y sin haber estado jamás con ningún hombre?, ¿para qué?. Entonces ya se empezaba a hablar bastante de lo que luego habría de venir. Cuando tiempo después le planteé mi preocupación sobre esto, se limitó a decirme que si quería gomitas que me las agenciara yo, que él pasaba y que las utilizara con sus amigos pero no con él.

A mi aquella penetración no me procuró placer físico alguno y él ni siquiera intentó dármelo. Creo que ese día tampoco quiso dañerme expresamente. Simplemente, fue una ostentosa manera de demostrarme quien mandaba allí, plantar sus reales para que no cupiera duda alguna de quién tenía el báculo.

No era necesario tal demostración porque tanto él como yo teníamos muy claro quien era el dueño de la situación, a quien correspondia mandar y a quien obedecer. Pero él necesitaba la reafirmación. Con mucha frecuencia hubo necesidad de reafirmaciones parecidas que yo pagué. Me vi obligado, por esta causa, a hacer muchas cosas por culpa de esta sospechosa debilidad de carácter.

Como ya he dicho, creo que tampoco se propuso hacerme daño expresamente. Pero lo hizo, ya lo creo que lo hizo. Cuando puso su rabo a la entrada de mi culo y me lo abrió, no fue excesivamente doloroso, y en metérmela enterita, tuvo cierta delicadeza, sólo cierta, pero que no me impidió apretar mis propios calzoncillos que yo mismo me habia metido en la boca; peor fueron las embestidas y emboladas iniciales que empezó, el muy bestia, a un ritmo frenético casi desde el principio. Estas si me hicieron sufrir.

Por la posición elegida (que los chinos llaman de abrazar el arbol) se apoyaba con las manos en mis caderas y agarrándose a ellas me metía toda su enorme pollón sin ninguna consideración desde la punta a los huevos. La profundidad obtenida así es máxima, y el dolor también. Incluso con los calzoncillos en mi boca pude apenas mitigar mis gritos de dolor. Los ojos se me llenaron de lágrimas muy rápidamente. Pero esta vez no me funcionaron.

Me decía:

- Aguanta, aguanta un poco

Y aguanté

- Ya verás que gustito vas a tener dentro de un rato

Pero ese supuesto gusto al que él se refería nunca llegó. Es verdad que el dolor previo fue disminuyendo pero sus emboladas profundas sin previo aviso me hicieron gemir, no de placer sino de dolor.

A pesar de todo debo decir que sino placer físico, el menos importante para mí, sí sentí un placer psicológico muy grande. El hecho de sentirme lleno de él, esa sensacion de plenitud, de sentirme poseído, utilizado, dominado por él, de provocar sus gritos y gemidos de los cuales sólo yo era el responsable, no puede ser narrado. Yo era el causante de su gozo, de su disfrute, sólo gracias a mí se producia aquello, yo era el artífice sólo yo y era, por tanto, tan importante como él.

Cuando todo se terminó después de una abrupta follada final de varios minutos que me hizo ver las estrellas, me sacó la verga bruscamente, y también supe, ese día, que el vacio duele. Se sentó y me dió un buen cachete en las nalgas. Me había dejado a medias y, se había corrido, justo cuando empezaba a gustarme pero no importaba, pues estaba feliz

Giré mi cabeza imaginando una cara plena de felicidad, satisfecha por el placer recibido, y en su lugar lo que veo es una cara que me miraba con auténtico desprecio, sólo le faltaba escupirme. Es díficil explicar ésto, pero esa cara me puso encendido hasta un punto rayano en la locura.

Colocándome de rodillas empecé a procurarme el placer físico que no me habia dado él, pero ahora con un ligera variante. A la vez que me la meneaba me metía un dedo en el culo comprobando que de verdad éste lo tenia superabierto. Me podría meter ahora cualquier cosa y con que facilidad se separaban las paredes. Qué pena, qué desaprovechamiento, la polla de un sólo tío es poco. Un culo necesita más de una polla para quedarse satisfecho; poco tiempo después un amigo suyo vendría a remediarme ese problema, pero ésa es otra historia. De vez en cuando sacaba el dedo y me lo chupaba, no había necesidad nunguna de lubricación pero era, muy ostentosamente, para excitarlo, y volvía a metermelo en el culo con movimientos rítmicos y acompasados, poniendo cara de placer. Estaba feliz porque por fin había sido follado bien follado, me habían poseido, usado, dominado. Menudo descubrimiento se abría ante mí; y eso que no me había gustado........

De pronto, me dijo aquella frase que luego repitiría en otros momentos a lo largo del tiempo y que no he podido olvidar aún:

- Para ya maricón, me das asco, pareces una puta perra salida y sin macho

Me dejó helado.No por la frase en sí que podría ser incluso hasta excitante, sino porque, en verdad, se veía el asco reflejado en su rostro. "Lo que tú has hecho de mí", estuve a punto de contestar pero en su lugar le dije:

- Creo tenerlo ya

pero por respuesta sólo obtuve algo ya no muy original:

- Vístete, coge tus putos libros y pírate

Y eso fue lo que hice sin rechistar




 
Cuaderno V
Me gusta el tres. Supongo que porque lo tengo en el día, el mes y el año de mi nacimiento. Decían los pitagóricos que los números eran la base de todo, que eran los responsables de la armonía existente en el universo y que le daban, no sólo armonía, sino también sentido estético. Decían también que el tres era el primer plural. Es verdad, cuando se habla de dos cosas decimos, “ambas”, pero no todas. Es, cuando hay tres, que por primera vez, decimos “todos” o “todas”. El tres tiene un sentido acumulativo pues contiene al uno, al yo individual, al ego y contiene también al dos, la dependencia, la alteridad, al otro, en definitiva. El tres por tanto doma al egoísmo por una parte y la posibilidad de conflicto por la otra.

El símbolo asociado al tres es el triángulo que es la primera figura plana, la más elemental. Cualquier superficie por irregular que sea puede ser descompuesta en infinitos triángulos elementales. El tres por otra parte está asociado al volumen y a las tres dimensiones existentes. Es el único número que puede definir superficie y volumen, por eso se le relaciona con el poder, y los poderosos solían ser “tres veces grandes”. Dicen que también está relacionado con la buena suerte, aunque a mí, he de decir, no me ha dado mucha.

Claro que tambíén al tres se le relaciona con la Santísima Trinidad, aunque podamos quedarnos con Osiris, Isis y Horus, sólo por poner un ejemplo entre muchísimos, o con el trío de las Azores, aunque yo, personalmente, pueda preferir los tres cerditos o incluso, a las tres Parcas.

Sí, es que es un trío, o un triángulo como se prefiera, lo que voy a relatar ahora.

Hubo un día en el que, mi proceso de seducción por Chris, dió un importante salto cualitativo. El paso que se atrevió a dar, no sé si lo calibró convenientemente, pero aunque arriesgó mucho, ganó.

Aquel sábado, de rodillas ante él, me restregaba sus huevos y su rabo bien empalmado por toda la cara y mientras, yo pensaba que aquello crecía por semanas pues cada vez me parecía más grande. De pronto oí la cisterna de cuarto de baño. Retiré la cabeza asustado pero, tras tranquilizarme no muy convincentemente, me metió el rabo en la boca y me obligó a comérselo

Cuando oí abrirse la puerta del baño me levanté sobresaltado y con la cara roja de vergüenza. Me pareció tener marcado en la frente lo que había estado haciendo unos segundos antes. Del baño apareció un chico no tan guapo como "mi angel" pero sí atractivo, alto y proporcionado. Christian hizo las presentaciones muy amablemente:

- Pierre, éste es Alejandro

Pierre me dió la mano a la vez que intentó una gentileza diciéndome que Christian le había hablado mucho de mí. Yo me puse rojo, más aún, que un tomate. No sabía a donde mirar, ya suponía yo cual sería la naturaleza de las conversación que ambos habrían tenido sobre mí. Bajé la vista y al ver los libros tirados en el suelo, sólo se me ocurrió recogerlos y ponerlos en la mesa.

Cuando lo hice Chistian me miró y me espetó:

- Pierre ha venido a a follarte.

Yo no podía dar crédito a lo que escuchaba, no entendía, o no quería entender. Le miré con cara de "cordero degollado", nunca he oído una expresión más certera, excepto la de "estar hecho polvo", y ambas me aplicaban a mí en aquel momento como me aplicarían en otros muchos.

Mis ojos le imploraban que no me sometiera a más bajezas, con las que había sufrido hasta entonces ya era suficiente para un chaval que no hacía mucho que había salido de la adolescencia. Mi cara le miraba de la misma forma que cuando me soltó las dos hostias, le decía que no, que no podría hacerlo, pero si no hacía caso a lo que leía en mi cara, dudo mucho hubiera hecho caso a lo que dijeran mis labios.

Se acercó a mí suave y dulcemente y me cogió la cara. Creí que iba a besarme por fin, pero no. El dedo pulgar de de su mano derecha empezó a a recorrerme los labios, una y otra vez hasta introducirse en mi boca. Lo chupé con las misma fruición que había chupado su rabo. Después lo cambió por el índice, luego el corazón y luegos los demás y al final media manaza de "mi angel" estaba dentro de mi boca y tocaba mi garganta. Era extraño porque cuando meto un poco más profundo de lo nomal el cepillo de dientes al lavarme la lengua me dan unas arcadas de la hostia.

Pero no fue el caso con la mano que en esos momentos me tocaba el esófago, o al menos eso me parecía. Mientras, su amigo se desnudaba y se quedaba en calzoncillos marcando un buen paquetón. Chistian se volvió hacia él y le dijo:

- Venga que éste, ya te lo he dejado preparado, está a puntito.

Se retiró un poco en un movimiento que a mí me pareció que significaba que se iba a marchar y me iba a dejar solo con su amigo. Yo, completamente entregado y a su merced, viendo que era inevitable lo que iba a ocurrir, le pedí que, por favor, no se marchara, que se quedara a mi lado, le rogué, le imploré. Era como rogarle al lobo que no se comiera al cordero, cuando ya tiene su boca sobre la yugular. Me dijo:

- Tranquilo, no me voy a ir ni soñando.

Volvió y empezó otra vez a meterme su manaza mientras yo me abandonba y cerré los ojos no antes de ver cómo Pierrre se acercaba a nosotros sin soltar su herramienta.

Pierre, me acarició el pelo, me cogíó la mano muy suavemente y me la deslizó hacia su paquete a la vez que me susurraba que lo pasaríamos bien, que no me asustara, que me tranquilizara, que era muy guapo y le había gustado mucho. No hablaba tan buen español como Christian pero le entendí y creo que decía la verdad. Su rabo estaba durísimo....... y el mío también.

Tengo que reconocer en honor a la verdad, que Pierre siempre trató de ser amable conmigo. Actuó, casi siempre, como contención entre "mi angel" y yo, y me evitó muchas cosas desagradables a lo largo de aquel periodo. Tenía cierta ascendencia sobre Christian; cierta no, bastante, y desde luego más de lo que yo me di cuenta ese día, pero lo iría descubriendo poco a poco, trío tras trío, e hicimos muchos.

Tampoco quiero idealizarlo, no voy a engañarme, porque también contribuyó a mi degradación. Estaba allí, y había ido a follarme, era tan canalla como los otros, pero siempre un escalón más bajo.

Como ya he dicho me defendió frente a Chris en muchas situaciones en las que éste se pasaba, aunque en otras, sobre todo desde que me negué a montármelo a solas con él, no sólo no las evitó, sino que contribuyó a situaciones de humillación; pero siempre sin llegar a los excesos de aquél.

Respecto a su ascendencia sobre Christian, baste decir, por ahora, que fue el único que nunca tuvo que pagarle por montárselo conmigo cuantas veces quiso. Y fueron muchas; me corrompió como el que más, porque se aprovechó de la situación como hicieron todos, con otras formas, pues era más delicado, pero venía a querer lo mismo, eso sí, con guante de seda.

A la hora de follarme nunca trató de hacerme daño, al contrario, siempre me lo hizo de forma suave y relajada, pero es verdad también, que yo le recibía siempre sin rechistar, siempre entregado, sumiso, obediente, y ese morbo le encantaba.

Con él disfruté físicamente del sexo anal y excepto en alguna ocasión, cuando lo hicimos los tres, fue quien me abrió primero dejándomelo bien abierto y lubricado para el rabo de mi auténtico dueño, el que yo en verdad quería, aunque no siempre lo utilizó. Pero vamos a lo importante porque creo que estoy divagando.

Pierre empezó a desabrocharme el pantalón que enseguida cayó a mis pies, me bajó el slip, me sacó la camiseta. Con una mano por delante y otra por detrás empezó a acariciarme suave y delicadamente, la raja del culo, los huevos, la polla, el pecho. Un dedo empezó a abrir el camino que luego seguiría su buena polla. Yo entre una mano en la boca, otra masturbándome y un dedo en el culo creí que empezaría a desfallecer. Afortunadamente no ocurrió de verdad.

Me colocaron contra la pared con un movimiento suave, pero que no daba lugar a dudas de lo que iba a pasar. En cada trío que hicimos en casa casi siempre me folló empezando por esta posición luego cambiábamos a otras, pero la primera casi siempre era de pie; esta posición te da margen, al menos, para levantar los pies si te la meten a lo bestia y reducir el dolor. Pero con Pierre nunca hubo necesidad de nada de eso.

Christian liberado de su mano empezó a darme algunos azotes -bastantes- y me abrió las nalgas para que su mejor amigo no tuviera ninguna dificultad. También éste pasó de ponerse goma, tampoco corría ningún riesgo, buena gana, no iban a dejar pasar la oportunidad de follarse un joven y bonito culo a pelo. Al fin y al cabo mi culo no era virgen pero casi. Desde luego estaba casi tan cerrado como la primera vez, por eso Pierre usó lubricante, casi siempre lo hizo y era otra característica que le diferenciaba de "mi angel".

Su penetración fue infinitamente más suave que la que me hizo Christian, sus emboladas cadenciosas, y su profundización, en muy suave progreso. Cuando toda su polla estuvo dentro se paró y me mordisqueó el cuello, la nuca, la espalda, los hombros, me pellizcó los pezones.

Christian había vuelto a meterme la manaza en la boca y yo me derretía. La polla de Pierre la sentía muy caliente, casi como una barra de fuego que me hubieran metido dentro y que me quemaba en las entrañas. Mientras ésta me follaba, más que chupar aquellos dedos los devoraba, los llenaba de saliva me los metía más y más dentro. Los movimientos rítmicos y suaves con sus convenientes pausas y arranques de la espetada de Pierre me demostraron que tenía el dominio perfecto de la técnica de follarse a un tío.

Con sus manos me apretaba los pezones mientras no paraba de follarme cada vez con un rítmo más frenético mientras yo reculaba, y nunca mejor dicho, para no perder nada de aquella polla que me hacía aquello tan rico. Mientras más reculaba y me separaba de la pared, más baja caía mi cabeza doblándose todo mi cuerpo y quedando más cerca de mi boca, la polla que más necesitaba, la que más deseaba, la que más quería.

No me atreví a cambiar la zarpa de "mi angel" por su cipote. Pero su dueño sí. Mientras Pierre me follaba armoniosamente mi angel utilizó mi boca de la manera acostumbrada. yo estaba excitado de una manera brutal, encendido de lujuria y de morbo y hasta tuve miedo de salir ardiendo. Me estaban follando por primera vez dos pollas. La de Pierrre no era tan grande como la de Christian pero sabía cómo trabajarse y qué hacer con un culo.

Me llevaron a la cama para poder follarme aún mejor y me pusieron a cuatro patas como a una puta perra. "Mi angel" delante de mí, de rodillas, me agarró la cabeza y con movimientos furiosos y brutales me sacaba y metía su cipote.

Yo estaba loco y poseído por el frenesí y por lo que mi boca cuando quedaba libre pedía más y más rabo, quería más y más, porque aquello con que me estaban dando estaba muy rico, y también quería más, porque necesitaba mi culo bien abierto para la verga que más me importaba, la que más necesitaba, la más salvage, la mejor.

Y mi deseo se cumplió. En el cambio de posición que hicieron me sentí pleno por detrás, por supuesto ne dejé de notar la diferencia de calibre pero esa impresión enseguida pasó. Volvía sentir tal sensacion de ser poseido y usado que me di cuenta de la diferencia entre una polla y otra. Esto no lo había sentido con Pierre.

En cambio a Pierre le pude comer la polla a mi gusto como se la podría haber comido a mi dueño si se hubiera dejado. Despacito desde la cabeza a la raíz, sacando la lengua y recorriendo todo su tronco refocilándome, sobretodo, en su glande, en este caso muy puntiagudo, quizá no tan bonito como el de mi "mi angel", pero ideal para lo que yo quería en ese momento, que era meterme esa polla y notar su recorrido por la garganta. Este deseo no pudo ser cumplido ese día porque las fuerte emboladas de Christian habría hecho la tarea algo menos que imposible.

Éste había dejado mi culo listo para el placer y cuando mi dueño entró en él fue la locura, el frenesí, al minuto empecé a sentir, tales sensaciones que no sabía si me corría, me meaba o defecaba. Empecé a sentir que, por mi polla desempalmada, no importaba está, ella no era importante en este momento, salían chorrretones de lefa que yo fuí recogiendo en mi mano.

Pierre antes de correrse sacó la polla de mi boca y empezó a masturbarse cosa que imitó "mi angel" al instante . Ambos se corrieron sobre mi espalda, Pierre con sus dos piernazas colocadas a ambos lado de mi cara y mi dueño por detrás.

Pareciera como si alguno de ambos quisiera medir quién de los dos poseía más fortaleza, más cantidad o más volumen, o más fuerza de corrida, en definitiva quién de los dos era más machito. Mientras esto ocurría yo me comía lo que había estado recogiendo en mi mano y me encantó, era fluido, dulce, riquisímo, dudo que supiera mejor el néctar y la ambrosía de los dioses.

Cuando todo terminó, a uno de ellos no le importó darme un beso, mientras la lefa de ambos se caía de mi espalda, el otro no me insultó esta vez, pero yo tampoco miré su cara por si acaso.

Estuvimos fumándonos un cigarro y charlando amigablemente,en español, porque Pierre como buen francés hablaba el inglés incluso peor que yo. Mientra lo hacíamos, éste, jugaba con mi culo comprobando cómo seguía de abierto, y todavía ardiente. Me lo acariciaba muy suavemente, me metía un dedo luego dos y más. Se le notaba que estaba encantado con él, y el sentimiento era recíproco.

Pierre propuso que, puesto que la novia de Chris se marchaba a pasar el puente de agosto a su pueblo y todos lo teníamos libre podíamos irnos a la sierra los tres juntos. Yo dije que tenía una tienda de campaña de 4 plazas y que conocía un sitio ideal cerca del puerto de Cotos muy bonito, al lado de un riachuelo con una pequeña cascada.

Quedamos en casa de Chris el jueves, a las 9 de la mañana. Por fin pude marcharme contento de esa casa, pero antes me dio la instrucción de que fuera sin calzoncillos a la sierra porque no los iba a necesitar, y así perderemos menos tiempo contigo. Con esto quería dejar muy claro delante de Pierre su poder sobre mí, que supiera que había estado allí y había podido follarme de esa manera, gracias a él. No perdía ninguna oportunidad en ese sentido.

No me importó. Me pasé la semana imaginando lo que podría pasar a lo largo de esos cuatro días, pues después de lo experimentado ese sábado, estaba seguro que no podía ser nada malo.

Por mucho que hubiera pensado no habría podido ni siquiera sospechar, ni por lo más remoto, lo que iba a ocurrir.