Cuadernos de un chapero
Recorrido vital de un chapero, sumiso, y pasivo, y de sus venturas e infortunios.
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Cuaderno XXXVI

Le dije a Sal que tenía un miedo atroz a terminar como Sergio. Que hay noches en las que me despierto sudando sobresaltado después de tener unas pesadillas horribles. Le dije que no necesito tener fiebre para tener visiones infernales, visiones donde cientos de serpientes me atrapan y se enroscan por todo mi cuerpo, o sueños donde caigo en pozos profundos llenos de nidos de espantosas víboras. Tengo estas pesadillas tan a menudo que he acabado por acostumbrarme a ellas y a saber que no son las peores que puedo tener. Veo a veces a Sergio arrastrándose por el suelo y muriendo de mil maneras diferentes, acabando de mil formas terribles, cada cual peor. En ocasiones su cara acaba por difuminarse y aparece en su lugar la mía. Es entonces cuando me despierto húmedo y lleno de angustia y terror.

No es verdad que tenga miedo a aquel ser mitológico, a lo que tengo miedo de verdad es a la fiera que llevo dentro que esa sí que es real. A veces siento como si llevara en mi interior un monstruo con multitud de cabezas todas echando fuego por cada una de sus bocazas, que me queman y me abrasan las entrañas y que cada una tira para su lado y destrozan mi cuerpo en mil pedazos. Fiera que aunque me empeñe no puedo echar de mi interior y lo que es aún peor, a veces no sé siquiera si en verdad quiero echarla de mí. A veces me pregunto si no me reconforta su existencia, si no es eso lo que me hace sentirme vivo.

Si al menos creyera en Dios podría creer también en los demonios y en la existencia de un ángel negro que, dentro de mí, al menos me daría poder, seguridad en mí mismo y cuidaría de mí. Dicen que los demonios nos seducen haciéndonos creer que la felicidad radica en el poder, la belleza, el dinero y la concupiscencia carnal. Exigiría a mi ángel poner a mi disposición todos sus poderes, que me diera belleza, dinero, y gloria. Antes de llevarme al tormento del fuego eterno gozaría sin freno de todos los placeres del mundo, me llevaría a la cama y volvería locos a quienes se me antojara, y con un simple guiño los tendría al instante a mis pies. Le exigiría disfrutar siempre de una eterna y ardiente juventud, de una envidiable potencia sexual, poderosa y continua, sin fin, y le exigiría para ponerla a prueba me organizara ardorosas orgías para poder disfrutar de placeres sensuales desenfrenados.

-Mira, yo no soy supersticioso pero dicen que nadie invoca al demonio en vano así que ten cuidadito

Y en el caso de estar endemoniado podría pensar en un exorcismo, podría intentar hacer algo para expulsar a este demonio de mi interior, pero ni modo. Tampoco me sirve de nada pensar en un conjuro, al menos para cuando el monstruo se encuentra más agitado y exigente. A veces, creo que estoy en verdad poseído por un ser infernal que me obliga a realizar las actividades más rastreras.

Y ese bestia infernal debe ser como aquella serpiente del paraíso que me muestra una y otra vez una manzana grande, carnosa, jugosa, suculenta, reluciente. Una serpiente que me induce a morder la manzana, y que yo muerdo una y otra vez porque me reconforta y me consuela, a sabiendas de que tras el mordisco, y después de un -cada vez más breve- paréntesis todo irá a peor. Mi desasosiego y angustia serán todavía mayores. Cada vez me prometo que aquella será la última vez pero después no puedo dejar de hacerlo, la serpiente me excita y me provoca sin fin, me arrastra tras ella como un potente imán y me invita a disfrutar de todos esos placeres de la carne de una manera desmesurada, incontenible. Me incita a que realice todas mis fantasías sin límite, me estimula a realizar cualquier actividad morbosa, sin cuestionarme nada, ni siquiera el riesgo. Un ser infame debe tenerme poseído y no sé si es un ángel negro, un demonio, un espíritu maligno o una serpiente pero para el caso tanto da.

-Tío, ¿no estás un poquito obsesionado con las serpientes? Continuamente las sacas a relucir. –me lo dice tan de repente y me afecta la cosa tanto, que paso de trabajos y reflexiones mentales. Dejo las elucubraciones al lado y pasamos a hablar de serpientes directamente.

-Uffff, ufff. ¿A relucir? ¡ni de coña¡ vamos. Pero claro que estoy obsesionado. Aterrorizado diría. A menudo tengo unas pesadillas en las que hasta mojo la cama. ¿Por sudor? Por sudor y porque me orino. No es muy frecuente pero me ocurre a veces todavía.

-¡Joder! ¿A tanto llega la cosa?

-¡Jo! No te imaginas. Una vez, al poco de inaugurar el zoo de Madrid, hicieron una exposición de ofidios. Fui a verla con unos amigos no muy convencido, pero sin saber que la cosa llegaría a tanto. Al poco de llegar me quedé paralizado, tal fue el horror que me produjo verlas tras aquellas urnas, incluso estando inmóviles. Fue ver su cuerpo escamoso, sus lenguas bífidas, sus párpados pegados, sus ojos mirándote fijos, que pronto empecé a sentir una gran desazón y hormigueo en brazos y piernas. Era tal la angustia que tenía que no me di cuenta de que empezaron a salirme manchas y granos de color rojo por todo el cuerpo. Sólo cuando un amigo me miró a la cara vio lo que me pasaba. Tenía una gran picazón y era imposible no arrascarme. Me tuvieron que llevar de urgencias y solo una inyección de no sé qué me quitó la urticaria aquella. Fue terrible. Y en el cine tengo que cerrar los ojos para que no me pase lo mismo, me siento ridículo pero es así.

-Tío, tú lo que tienes es ofidiofobia –me descubre él certero y adivino

-Como se llame, da igual. El caso es que me obsesiona el asunto, pues es más que temor lo que siento, sólo pensar en ellas me espeluzna. Ya te digo que las pesadillas son espantosas y los ataques de pánico no lo son menos.

-La ofidiofobia es un extremado temor a las serpientes, un miedo intenso y perseverante a los ofidios. Hombre, para quienes viven en las ciudades no hay mayor problema, al no ser que la fobia llegue a afectar a tu vida cotidiana. ¿Te afecta?

-Los efectos son por temporadas, pero no sé realmente si las pesadillas van a más o a menos con el tiempo. Siempre estoy acariciándome los brazos inconscientemente como si me picaran, como si tuviera desazón o comezón. –siempre hago lo mismo cuando estoy nervioso o angustiado

-El odio o asco a las serpientes es normal y muy humano, tío, no es extraño. No es por casualidad que la serpiente fuera el bicho malo del paraíso. A ti lo que te pasa es que tienes grandes crisis de ansiedad y eso sí que es preocupante. Esto se te refleja en las pesadillas y en el pánico y mientras pare ahí no va la cosa mal. Lo malo es que las crisis de ansiedad vayan a más porque no te dejarían vivir.

Sé que Sal tiene razón pero en algo se equivoca. La ansiedad no es la causa sino la consecuencia. Mi miedo atroz a las serpientes viene de niño. Un asfixiante día de verano estando de vacaciones en mi pueblo nos salió una víbora a mi primo y a mí. Mi primo iba sobre un burro y yo andando a su lado. Aquel burro era lo más bonito del mundo, orejudo, pequeñito, blanco, como de peluche. Era como imagino sería Platero y muy obediente. Al pisar una piedra y moverla salió aquella mala bicha de su escondrijo y picó al burro. Fue todo tan rápido que ni vi el mordisco sólo el zigzagueo último de la sabandija antes de ocultarse entre los matorrales. Pero nunca más el burro se desplazó del sitio del picotazo y daba unos saltos que me impresionaron de una manera espantosa. Primero los dio sobre las patas pero cuando se desplomó en el suelo fue capaz de dar los saltos apoyándose en su propia barriga. Era capaz de izarse sobre al suelo y hasta medio metro de altura, tales eran los espasmos producidos por el dolor. Echaba espumarajos por la boca que con el tiempo se trasformaron en cuajarones rojos de sangre. Se le puso una vacuna contra el veneno, vacunas que eran usadas para las personas y que cuando caducaban se le ponían a las vacas en casos similares, pero de nada sirvió. Mi tío acabó metiéndole un tiro en la cabeza con una escopeta de caza. Estuve sin dormir varias noches

-Tengo miedo –le digo a Sal- que en alguna de estas crisis de ansiedad, o de pánico, o de lo que sea, me salte algún resorte en la cabeza y me vuelva loco, porque a veces hasta tiemblo de brazos y piernas, y se me forma un nudo en el estómago y se me atenazan los riñones, y me oprime el pecho, y ........

-Mira, Alejandro, estás ofidiofóbico perdido

-¡Coño¡ ya lo sé ¿Sólo se te ocurre decirme eso? –le respondo enfadado

-Y dime una cosa: ¿esa fobia es sólo a las serpientes o a los reptiles en general, lagartos, arañas, salamandras, etc.?

-No. Ponerme tan atacado y atemorizado, simplemente con pensar en ello, sólo me ocurre con víboras, culebras, serpientes, áspides, etc. Pero, vamos, las arañas tampoco son santos de mi devoción. Aunque tengo cierta simpatía por los machos de la araña viuda

-Mira, yo conozco a alguien que te puede quitar esa fobia en un par de días –me dice sin asomo de duda

-¿Cómo? ¿Quién? ¿De qué forma?

-Es un gran amigo mío. Se llama Alcor Rojo

-¿Alcor Rojo? Tío, perdóname pero tiene nombre de puta, no es por nada. ¿A qué se dedica tu amigo?

-¿De puta? Ja, ja, ja. No sabes lo que dices –se rie con ganas por mi ocurrencia- te sorprendería si le conocieras

-Bien y ¿cómo me quitaría esta fobia?

-Mira, es un indio návajo y trabaja en una reserva en Arizona –dicho esto se quedó tan fresco, como si nada.......De primeras creí que me estaba vacilando

-Ahhhhh, Pues mira es que no me viene muy a mano Arizona, en estos momentos ¿sabes? La verdad......no me pilla bien –le digo yo decepcionado

-Yo voy a verle todos los veranos de junio a septiembre y le ayudo con su trabajo en la reserva. Alcor es maestro y el jefe de una escuela primaria návaja

-Que interesante pero no veo qué tiene eso que ver con mi fobia y como me va a curar, ¿por correo? ¿o por teléfono?¿o me traes tú el conjuro cuando vuelvas de tus vacaciones?

-Alcor Rojo no hace conjuros, ni yo voy de vacaciones. Alcor es una especie de chamán návajo, además de otras muchas cosas. –cuando me dice esto se me pone tan serio que creí se había enfadado.

- Perdona, hombre, perdona, no te enfades. Y eso de chamán, ¿qué es? una especie de brujo o hechicero o ¿qué?

-No, no es un hechicero, pero no sé muy bien como definírtelo. Es alguien medio filósofo, medio sacerdote, medio adivino, medio curandero, medio químico, medio farmacéutico, y medio brujo, sí, creo que eso también lo es un poco. Es alguien que obtiene conocimientos y sabiduría para ponerlos al servicio de la comunidad, sin limitarse a la realidad que le circunda, sin prejuicios, experimentando continuamente, sobre todo con las hierbas sagradas como él las llama, pero sin olvidarse de la tradición heredada. Los chamanes tienen poderes psíquicos especiales que ponen al servicio de los otros miembros de la tribu, para sanar, predecir, bendecir, y llevar a la comunidad armonía y felicidad en definitiva.

-Muy bonito, muy bonito. ¿Y crees que si le hablas de mi problema me curará? ¿Tantos poderes tiene?

-Estoy seguro de que en cuanto te conozca y le hables de lo que te pasa, Alcor encontrará una solución, seguro.

-Ya, pero es que por teléfono no será la cosa tan efectiva ¿no?

-Yo me iré a principio de junio, tú puedes ir en cuanto acabes las clases en julio. Te gustará aquello. Yo siempre alquilo una casa de madera prefabricada supercutre, una especie de carromato de esos que ponen sobre cuatro piedras o pilares y que arrastran los camiones y se llevan de una a otra parte. Con una de esas casas nos vale para los dos si te decides a ir. Eso sí, hace un calor dentro que te mueres, aunque las hay con aire. ¿Qué dices?

-¿Quieres que me vaya a Arizona contigo para que me curen mi fobia? Pues tío, no sé me lo dices de una manera que no sé. Nunca he cogido un avión –le contesto confundido

-Pues ya va siendo hora ¿No te parece? ¿No dices que te gustan los grandes paisajes naturales? Pues te aseguro que te gustará Arizona. Desiertos hay unos cuantos. Podemos ir a ver el Gran Cañón del río Colorado, podemos visitar los desiertos de cactus gigantes, el desierto pintado, el de arenas blancas, Sedona……..

-Me encantaría, pero me acojona un poquito el avión, tío.

-E incluso podemos pasar a Méjico, a los estados de Sonora y Chihuahua que son muy bonitos y ver las Barrancas del cobre, cañones que son tan bonitos como el del Colorado aunque menos famosos. Son tan grandes que circula un tren por dentro que va al océano Pacífico.

-Sí, he oído hablar de ese cañón, al norte de Méjico, ¿No?

-Sí. Yo he estado en todos esos sitios varias veces y te puedo asegurar que son paisajes naturales de unan belleza tal, que nunca se olvidan. No hay fotografía que pueda dar siquiera una idea aproximada de lo que aquello es.

-Estoy seguro

-Y sobre todo podríamos ir a ver lo más bonito para mí que es el Valle Monumental, donde Ford rodaba sus películas. Este valle está dentro de la mayor reserva návaja aunque no es allí donde está Alcor. La reserva donde está la escuela de Alcor se llama Gila River cerca de Phoenix y un día a la semana se va a la de San Xavier cerca de Tucson a tratar a niños indios con problemas especiales.

-Bueno, tío, ya. Me has convencido. Me lo pones todo de una manera tan chula que aunque vuelva con mi fobia probablemente no me importe. ¿Y a qué te dedicas cuando estás allí?

-Voy a dar clases a los niños indios de primaria en español e inglés por cuenta de una fundación canadiense que es quien me paga. Seguro que tú puedes hacer cosas con ellos como voluntario. La experiencia podría ser muy interesante para ti, además de curarte de tu fobia, claro

-Suena muy bien, aunque no confío mucho en lo de curar mi fobia –le respondo convencido

-Alcor tendrá una solución para tu problema estoy seguro, porque le he visto hacer cosas mucho más difíciles. Pero tienes que ir a Arizona al menos durante un par de meses porque si no, no merecería la pena el precio de los vuelos. Y sobre todo tienes que ir porque........ aún no te he dicho lo mejor

-¿Qué?

-Que además de todo lo que te he dicho, Alcor es guapísimo –esto me lo dice con una de esas sonrisas pícaras que hace que al momento comprenda

-¿A sí? –le digo con cara de desear saber más al instante

-Sí. Alto, cuerpazo, pelo negro y brillante que le cae sobre los hombros, ojos negros, negrísimos, dientes blanquísimos, labios súper carnosos, y macizo, macizo, macizo como una piedra.

-¿Pero es que estáis enrollados? –le pregunto en verdad sorprendido- ¿Estás enrollado con un indio? No me lo puedo creer. ¿Un indio maricón? ¿Pero es que existen? Nunca lo habría imaginado, tío.

-Pues sí. Por eso me reí cuando dijiste que tenía nombre de puta. A Alcor Rojo le gustan los tíos, es activo y le gusta follar cantidad. Y lo hace de puta madre por cierto. Y toda la tribu lo sabe además, lo que hace a la cosa más acojonante.

-¿Toda la tribu lo sabe? ¡No jodas¡ ¿Y le aceptan como maestro de los niños de primaria? –le pregunto con los ojos abiertos a más no poder

-No sólo lo saben sino que encima le tienen por ello en alta estima y consideración. Le tienen como un ser elegido por los dioses, un ser especial, una persona con dos espíritus, una persona de doble capacidad, ambivalente, por eso le tomaron desde el principio como alguien capaz de tener poderes mágicos y chamánicos y le prepararon para ello. Desde luego es una persona muy inteligente. Ha estudiado en la universidad y en verdad que tiene dos espíritus. Uno que procede de la cultura pálida como a él le gusta llamarla y el otro de la návaja.

-Estoy asombrado con Alcor: indio, gay, guapo, buen cuerpo, maestro, chamán, inteligente, buen amante, y encima sabrá cocinar. ¿Le falta algo? Porque tendrá algún punto ¿No? Nadie es tan perfecto.

-Bueno, quizá el único defecto sea que no bebe ni una gota de alcohol, ni siquiera una mala cerveza

-Ufff, uffff, no me fío de los hombres que no beben

-Pero en cambio, y no creo que esto sea un defecto, lo sabe todo sobre la mescalina, el peyote, el cactus de San pedro, las bayas de Toloache y mil hierbas y cactus más. Y todo lo ha aprendido de su abuela, una ancianita tierna y súper cariñosa, que le ha enseñado a preparar unos brebajes de escándalo. Pero de alcohol, nada de nada, ya te digo, ni una gota.

-Sí, te creo, te creo, y además te veo venir con lo de las hierbitas y no me extraña nada que sea tu amigo.

-Entonces, ¿vas a ir a verme a Arizona este verano o no?

- Pues creo que sí. Pero, después de lo hablado, no iré sólo por verte a ti. Ya tengo una enorme curiosidad por cómo desaparecerá mi fobia –ahora soy yo el de la sonrisa burlona.

-Claro, claro, tu fobia, es verdad
 
Comentario:
Te cansaste, de seguir con tus memorias, pense que seria por las vacaciones pero ya son tres meses,
Espero que no sea por nada grave, un
saludo y gracias por los ratos buenos
que me hiciste pasar.
No