Amor mudo.
Hace un par de lunes, al tiempo de terminar mis horas de practicas en la clinica, llegaron un marimono y su perrito B. Quince años de edad, insuficiencia renal, tumores intestinales, cataratas avanzadísimas, insuficiencia hepatica, glaucomas, demencia senil propia del anciano mas humano y un desgraciado etcétera que engloba las tipicas efermedades de un perro viejo; a parte de una inversion sumada de un par de años atrás de unos cuantos euros, unos cuantos bastantes, hasta el punto de poder llegar a pensar que para el final que esta historia depara ha sido desorbitado.
En el momento que les vi pasaban a la consulta, yo salia de otra de echar una mano con una ecografia a un cocker, y lo que mas me llamó la atención no fue precisamente que llevaran arrastrando a B; cosa habitual en una clinica veterinaria, si no sus rostros tristes y alargados, igualitos que los rostros preocupados que ves en las salas de espera de urgencias de cualquier hospital.
Primero entró el veterinario, los propietarios de B, B y yo la ultima, como manda el protocolo de la aprendiz, como mandan mi curiosidad y permiso para aprender de la experiencia. "Creemos que es el momento de que eutanasien a B" fue lo primero que escuché de la boca de él. "Hemos valorado las posibilidades que usted nos dijo de que se recupere y, entre eso y que ya ni come ni bebe nada, para que hacerle sufrir mas".
Me dio un vuelco el corazón. No por las palabras que oi, si no porque a medida que las iba pronunciando le brillaban mas los ojos. Porque mientras el daba sus explicaciones ella acariciba con sus manos a B, de la manera mas tierna, dulce y amorosa que había visto nunca. Porque de repente pude ver quince años de satisfacción de unos seres humanos en compañía del ser vivo mas agradecido que existe en este mundo, quince años de juegos risas y momentos inolvidables, fotos e imagenes de ternura animal, quince años de una familia feliz junto a su mascota, el cual ya era digno de llevar sus apellidos.
Mi instructor es el veterinario más competitivo que conozco. Precisamente antes de todo esto le pregunté si era de la filosofía de la clínica recomendar habitualmente la eutanasia en animales muy enfermos y me contestó que, nada más lejos de la relidad, su política era luchar hasta el final, y que no solia usarlo como alternativa principal pues, por suerte entre otras cosas, tiene la capacidad y los medios (y lo confirmo, el centro esta entre los 10 mejores de España) para tratar la mayoría de las patologías que traen las mascotas que visitan su clínica.
Cuando aquel matrimonio manifesto su deseo con respecto a B, el veterinario les apoyo en todo momento haciendo uso de la coherencia del asunto, con conocimiento de que precisamente en este caso era la mejor opción. Por desgracia las posibilidades de que B se recuperara esta vez no estaba en manos de la clínica, cosa que los propietarios sabían. Se les reconoció su lucha, su esperanza de un tiempo a esta parte e incluso la inversión económica que supuso las ganas de que el perro fuera el último en abandonar el hogar. Pero quedaba un pero en el argumento del doctor.
Solo puede percatarme de que ellos estaban convencidos ya, que no les hacía falta escuchar esas alabanzas, y lo hacían de la manera que hablaban y abrazaban a B sobre aquella mesa plateada despidiendose de él, deseando acabar cuanto antes, pero a la vez que ese momento del último gesto de amor no terminara nunca.
Te puedo asegurar que hay que ser de hierro para estar presente ante esta situación. Hay que forjarse, hay que ponerse un escudo y saber aguantar la frialdad del hielo para soportar algo así. Admito que fue duro, tan duro que me ablandó hasta el punto de tener que convencerme que fué el primero de muchos casos más como este en los que tendré incluso que intervenir y colaborar en la faena de eutanasiar a un animal.
Se que nunca llegará el día (o eso espero) en que no me importe la muerte de un ser vivo, y estoy segura de que nunca negaré que la relación entre un animal y su dueño es de verdadero amor, correspondido por ambas partes, aunque una de ellas nunca haya sido capaz de decir Te quiero.

No hace falta hablar para querer, y no me refiero al amor a la pareja.
En el momento que les vi pasaban a la consulta, yo salia de otra de echar una mano con una ecografia a un cocker, y lo que mas me llamó la atención no fue precisamente que llevaran arrastrando a B; cosa habitual en una clinica veterinaria, si no sus rostros tristes y alargados, igualitos que los rostros preocupados que ves en las salas de espera de urgencias de cualquier hospital.
Primero entró el veterinario, los propietarios de B, B y yo la ultima, como manda el protocolo de la aprendiz, como mandan mi curiosidad y permiso para aprender de la experiencia. "Creemos que es el momento de que eutanasien a B" fue lo primero que escuché de la boca de él. "Hemos valorado las posibilidades que usted nos dijo de que se recupere y, entre eso y que ya ni come ni bebe nada, para que hacerle sufrir mas".
Me dio un vuelco el corazón. No por las palabras que oi, si no porque a medida que las iba pronunciando le brillaban mas los ojos. Porque mientras el daba sus explicaciones ella acariciba con sus manos a B, de la manera mas tierna, dulce y amorosa que había visto nunca. Porque de repente pude ver quince años de satisfacción de unos seres humanos en compañía del ser vivo mas agradecido que existe en este mundo, quince años de juegos risas y momentos inolvidables, fotos e imagenes de ternura animal, quince años de una familia feliz junto a su mascota, el cual ya era digno de llevar sus apellidos.
Mi instructor es el veterinario más competitivo que conozco. Precisamente antes de todo esto le pregunté si era de la filosofía de la clínica recomendar habitualmente la eutanasia en animales muy enfermos y me contestó que, nada más lejos de la relidad, su política era luchar hasta el final, y que no solia usarlo como alternativa principal pues, por suerte entre otras cosas, tiene la capacidad y los medios (y lo confirmo, el centro esta entre los 10 mejores de España) para tratar la mayoría de las patologías que traen las mascotas que visitan su clínica.
Cuando aquel matrimonio manifesto su deseo con respecto a B, el veterinario les apoyo en todo momento haciendo uso de la coherencia del asunto, con conocimiento de que precisamente en este caso era la mejor opción. Por desgracia las posibilidades de que B se recuperara esta vez no estaba en manos de la clínica, cosa que los propietarios sabían. Se les reconoció su lucha, su esperanza de un tiempo a esta parte e incluso la inversión económica que supuso las ganas de que el perro fuera el último en abandonar el hogar. Pero quedaba un pero en el argumento del doctor.
Solo puede percatarme de que ellos estaban convencidos ya, que no les hacía falta escuchar esas alabanzas, y lo hacían de la manera que hablaban y abrazaban a B sobre aquella mesa plateada despidiendose de él, deseando acabar cuanto antes, pero a la vez que ese momento del último gesto de amor no terminara nunca.
Te puedo asegurar que hay que ser de hierro para estar presente ante esta situación. Hay que forjarse, hay que ponerse un escudo y saber aguantar la frialdad del hielo para soportar algo así. Admito que fue duro, tan duro que me ablandó hasta el punto de tener que convencerme que fué el primero de muchos casos más como este en los que tendré incluso que intervenir y colaborar en la faena de eutanasiar a un animal.
Se que nunca llegará el día (o eso espero) en que no me importe la muerte de un ser vivo, y estoy segura de que nunca negaré que la relación entre un animal y su dueño es de verdadero amor, correspondido por ambas partes, aunque una de ellas nunca haya sido capaz de decir Te quiero.

No hace falta hablar para querer, y no me refiero al amor a la pareja.
Comentario:
Buf, llegué aqui por tu comment en el blog de mi novia y la verdad es que me has conmovido. Hace años tuve que eutanasiar a mi perra y es horrible... No quiero ni pensar en cuando llegue el momento de despedirme de mis actuales perras...
Comentario:
Buf, llegué aqui por tu comment en el blog de mi novia y la verdad es que me has conmovido. Hace años tube que eutanasiar a mi perra y es horrible... No quiero ni pensar en cuando llegue el momento de despedirme de mis actuales perras...
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Me ha conmovido tu post de verdad. Y estoy completamente de acuerdo en que la relación entre un animal y su dueño es de verdarero amor. Un saludo.
Comentario:
muchas veces, los animales son más agradecidos q las personas paradójicamente.
hace un mes, cuando se murió mi canario, ni siquiera mi madre se atrevió a decírmelo.....
kss
hace un mes, cuando se murió mi canario, ni siquiera mi madre se atrevió a decírmelo.....
kss
Comentario:
Se me han saltado las lágrimas... Supongo que eso es algo que sólo entendemos los que tenemos animales (aunque hay algunos que como si no los tuvieran). Que esa mascota es uno más de la casa, que le quieres como si fuera una personita (acaso no lo es??) y que su muerte te afecta tanto como la de cualquier otro ser querido...
Mi chuchín cumple el mes que vienes 6 añitos pero ya le han salido canas en el morro... Sólo espero que me dure lo máximo que pueda pero sin sufrir... Aunque sé que si tengo que llegar a ponerle una inyección me derrumbaré...
Besitos
Mi chuchín cumple el mes que vienes 6 añitos pero ya le han salido canas en el morro... Sólo espero que me dure lo máximo que pueda pero sin sufrir... Aunque sé que si tengo que llegar a ponerle una inyección me derrumbaré...
Besitos
Comentario:
Son momentos duros, aún recuerdo cuando le pusieron la inyección a mi perra...es normal que nunca t acostumbres. Yo sólo pienso, fue lo mejor, así sufrió un poquito menos.1besete