desde el otro lado de la acera
...y una vez más haces balance de si todo, todo, valió la pena. Y sí. Hubo momentos perfectos, siempre los hay, te entregues o escapes, te seques de la mojada o tomes el sol, en los arrebatos y en la extrema cordura, allí siempre hay alguien contigo. A veces también ocurre sola, con esa canción demasiado heavy para compartir, con ese texto perfecto (una vez más), con esa foto de auto-tú y nadie más, con ese anochecer indescriptible. La vida es demasiado compleja para resumirla, para atrapar tantos momentos en la botellita de cristal y lanzarlos al mar para que alguien los escuche; en un mismo cielo oscuro hay demasiados matices, en un mismo sentimiento hay mil caras. Venzo a los recuerdos y me lanzo a caminar, queda tanto que escribir. Entonces coge una manta niña y tápate un poco ese frío, escribe algo bonito sin que se note y envíalo sin más a alguna parte donde quieran escucharlo. Y así fue como la noche se hizo diferente, y ya solo quedaba ese silencio musical.
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.