Mi Novia Es Una Extraterrestre
Reflexiones sobre los referentes mediáticos del bollo imaginario colectivo
Acerca de
yosoyika, la que todo lo ve, o eso quisiera...
Sindicación
 
Personal Best


Otra película que tenía grabada en VHS y que no recuerdo dónde fue a parar. Hoy hay muchas películas de preposiciones –por, para, con, sobre.-, puede que desde Go Fish, 1994, pero ¿qué me decís de hace quince años? Hace quince años era como un dedal de agua en un desierto: te lo encuentras por casualidad, muerta de sed, y la alegría que sentías era inmensa, podías hasta alucinar y ver una zarza ardiendo y convertirte a lo que se te pidiera, pero cuando bebías tu dedal todo volvía a ser como antes, y el sol volvía a brillar ahí en lo más alto, y era aún más abrasador. ¡Qué tontería! En fin, recuerdo que vi Personal Best, 1982, una noche lejana de adolescencia, por casualidad, como encontraba todo por aquella época. Creo que en La 2.



No voy a entrar a valorar la película, que no estoy aquí para eso, sólo para ir compartiendo mi imaginario lésbico -¡qué palabro más bonito!- con quién quiera leerlo. Años después una de las protagonistas, Mariel Hemingway protagonizó otro momento bollo que pasaría a la historia: un besito, grabado de espaldas, con Roseanne Barr en el aún más famoso show de esta última. Me ronda en la cabeza que hay más gestos gay friendly de la Hemingway, pero no pondría la mano en la zarza ardiente.



Y es que todo vuelve, todo tiene relación, como en ese otro ya famosísimo Pieszecki Chart. Comienzas tu carrera interpretando a una baby butch en La verdadera historia de amor de dos mujeres enamoradas (The Incredibly True Adventure of Two Girls in Love, 1995) , y acabas formando parte del reparto de la seria más bollo del mundo mundial como la lesbiana más rara del mundo (¿o debería decir bisexual?), aquella a quién no le pone una tal Porter, y que, emulando a otra rubia de teleserie de preposiciones, utiliza su nombre -¡pobres Lindsays!- como nick y se lanza a la piscina del cibersexo heterosexual.




Dios, o Diosa, esto es dispersión. Perdonad. Recuerdo muchas cosas de Personal Best: que Mariel Hemingway estaba muy bien, muy atlética ella, y que su compañera, Patrice Donnelly, también tenía su encanto. Recuerdo las escenas de las carreras, la de cuando Mariel se pone mala porque ha comido no sé qué en mal estado y la escena de sexo, claro. Pero lo que más recuerdo es una frase que uno de los entrenadores, entre cerveza y cerveza, le dije al personaje de Donnelly, algo así como que del sexo siempre te esperas más. ¿Una frase vale una película? No lo sé, pero si de Personal Best podría acordarme por muchas cosas, por la que más la recuerdo es precisamente por esa.

 
Yo quería que mi novia fuese una extraterrestre


Mi novia es una extraterreste (My stepmother is an alien, 1988) fue una de mis películas favoritas, allá por los early nineties. La tenía grabada en vhs y todo. Mi hermano se reía de mí. ¿Cómo podía justificar hecho tan perturbador? Hay películas malas, muy malas y pésimas: la mayoría. También las hay buenas, muy buenas y obras maestras: las menos. Las hay normalitas: la mayoría. ¿A quién coño le importa? ¿Por qué las vemos? Eso es ya otra pregunta. Yo sé muy bien por qué me gustaba aquella película, y por qué la veía de vez en cuando hasta que se jodió la cinta, o se perdió, o me dio un ataque de vergüenza y la destruí, ya no me acuerdo. Sí sabes a qué película me refiero, seguro que también sabes por qué me gustaba. ¿Que no lo sabes? ¿En serio?



Claro, por eso, ¿por qué iba a ser si no? Aún recuerdo cómo la más sexy de las extraterrestes se embutía en un espectacular vestido rojo, pamela –también roja- incluida, en su nave espacial antes de aterrizar en yankilandia. Hace muchos años que no la he vuelto a ver, pero tengo imágenes grabadas a fuego, como cuando la Kim se bebía el líquido de las baterías de los coches -¿es normal que eso me gustara e incluso me pusiera?- o preparaba aquellos desayunos de regimiento para un más que sorprendido y enchochado -¿quién puede culparle?- Dan Aykroyd. Kim Bassinger me hubiera gustado hiciera que lo hiciera, ¿a quién voy a engañar? Pero, por alguna razón, aquella familia terrícola que formaba en las americas también me gustaba.



Supongo que porque era algo atípica: padre viudo (o separado, no me acuerdo muy bien), que encima no era el típico galán, e hija (Alyson Hannigan) alejada del esteriotipo cheerleader. Hay una secuencia un poco bollo en la que el padre juega al baloncesto con la hija. Esa hija, esa misma, se convertiría años más tarde en la Willow de Buffy the Vampire Slayer y en la Michelle Flaherty de American Pie



A pesar de esta pequeña confesión, si mi hermano no está presente, negaré ante cualquiera que ose insinuarlo que Mi novia es una extraterrestre fuera una de mis películas favoritas, puede que incluso niegue haberla visto. Pero aquí, entre nosotr@s, lo admito. Sí, me gustó y me gusta porque Kim Bassinger fue una de mis primeras guapas de la tele, porque hasta de alien bebiéndose baterías está buena. Lo curioso es que ahora, pensando en ella, y en aquella película, me entra una nostalgia chunga del pasado, de cuando era pequeña y veía la tele en busca de cosas que nunca me ofrecía, pero yo encontraba.