Un poco de obra: Simón.
Aquí debería ir una foto. Encuéntrala en http://www.fotolog.com/hairblue
Muñeco realizado en loneta con bordados en lana y decoraciones a tinta.
Muñeco realizado en loneta con bordados en lana y decoraciones a tinta.
La navidad es lo que tiene.
Este post es muy importante para mí.
Cuando hace un año estaba engordando y llorando porque mi ex se debatía entre “ser un mariquita o ser normal”, nunca hubiera imaginado que pasaría una de mis navidades con un blog a mis espaldas.
Las primeras navidades con blog. Sobreviví al año en el que todos se compraron móvil, pasé el año que todos iban con el mp3 y ahora sin mi blog no salgo nunca.
Hay veces que pienso en porqué abrí el blog y la de tiempo que estuve rondando mi cabeza con esa idea. Ahora sin el blog no sé que habría hecho cuando por ejemplo Jaime me dijo que prefería hacer como si nunca me hubiera conocido.
Quizá sin el apoyo del blog me hubiera intentado suicidar, sin llevarnos las manos a la cabeza, un artista queda muy bien que esparza sus sesos por una habitación.
Lo que me enredó del todo fue encontrar historias parecidas a la mía, o distintas pero emotivas.
Yo me he reído mucho de la gente que escribía blogs. Era algo que no alcanzaba a entender. Ahora lo entiendo mucho mejor, claro. Detrás del blog hay otras personas, que tienen un blog con más personas detrás… enlazados y enredados.
Nunca voy a olvidar el primer blog que leí y que fue el de Javi Patera. La de mocos que eché con tus palabras, ¡Qué lagrimones… pero qué risas también! No sé como expresar lo importante que era leerte para mí, y te copié.
Me lancé y puse ese primer mensaje, que siempre será el peor. Tan cortito y tan escueto pero que ya me definió para siempre… y la sorpresa, algunas personas se asomaron y opinaron.
No sé la gente que me lee, o si de verdad me lee alguien aparte de los que me dejáis mensajes, pero seguí escribiendo sin apenas comentaristas.
Llegaste tú Kaotot, justo en mi momento más deportivo, con la bicicleta a cuestas y espiando a mi ex. Tú con mensajes dulces e inocentes, un poco extraños… pero inspiradores.
Casi a la vez llegaron Harlock y Castillo y la cosa se animó ¿Porqué me leísteis? ¿Qué os he dado yo? Soy tan poca cosa. Un chico irónico que se ríe demasiado de todo y que llora demasiado también. Abristeis vuestros Blogs y la lista se empezaba a llenar, era mi red. Os descubría como supongo hicisteis conmigo la primera vez que vuestros ojos acariciaron mis palabras. Todos empezabais a ser más reales, a coger cuerpo y consistencia.
No tengo ni idea de cómo, pero Tone se coló en blog y comentó mis fotos. Mi punto débil es el halago y se hizo un hueco también.
De los últimos en llegar destacas tú, Pqvav (no voy a escribirlo entero). Muchos escribís que os quedáis prendados de mi familia. Las cosas que nos pasan son de risa, es cierto, nos unen como familia y nos hacen reírnos de nosotros mismos. Tu opinión Pqvav lo impregna todo, como el olor de un buen perfume. Tu personalidad encajaría como un guante en la casa de los moribundo.
Después entré en la temible lista de los leídos y me morí de miedo. En serio, me cagué… este blog no merece estar ahí, pero gracias a ello ya me lee alguna novata, un sabor agridulce que permanece en mi boca mucho tiempo (¡¡los blogs de chicos también los pueden leer chicas!!) y algún adorable que busca su camino.
Lady Evil siempre está, me expongo demasiado diciendo que si la veo sufrir yo sufro más y que deseo su felicidad a todas horas, la mía es secundaria.
A las personas anónimas que me leen, que se ríen de los escritos, que miran las fotos o que simplemente encienden el ordenador para tener algo que criticar, seguiremos un poquito más juntos.
A mis chicos especiales, os doy las gracias de verdad. Muchas gracias por existir. Muchas gracias por los Blogs. Muchas gracias por las palabras. Muchas gracias por hacerme llorar en este momento, nunca esperé rodearme de amor sin estar unido a personas con algún tipo de lazo más físico.
Os necesito leer siempre, y siempre vais a ser parte de la historia moribunda que comencé a contar ese día triste de junio.
Os quiero.
Cuando hace un año estaba engordando y llorando porque mi ex se debatía entre “ser un mariquita o ser normal”, nunca hubiera imaginado que pasaría una de mis navidades con un blog a mis espaldas.
Las primeras navidades con blog. Sobreviví al año en el que todos se compraron móvil, pasé el año que todos iban con el mp3 y ahora sin mi blog no salgo nunca.
Hay veces que pienso en porqué abrí el blog y la de tiempo que estuve rondando mi cabeza con esa idea. Ahora sin el blog no sé que habría hecho cuando por ejemplo Jaime me dijo que prefería hacer como si nunca me hubiera conocido.
Quizá sin el apoyo del blog me hubiera intentado suicidar, sin llevarnos las manos a la cabeza, un artista queda muy bien que esparza sus sesos por una habitación.
Lo que me enredó del todo fue encontrar historias parecidas a la mía, o distintas pero emotivas.
Yo me he reído mucho de la gente que escribía blogs. Era algo que no alcanzaba a entender. Ahora lo entiendo mucho mejor, claro. Detrás del blog hay otras personas, que tienen un blog con más personas detrás… enlazados y enredados.
Nunca voy a olvidar el primer blog que leí y que fue el de Javi Patera. La de mocos que eché con tus palabras, ¡Qué lagrimones… pero qué risas también! No sé como expresar lo importante que era leerte para mí, y te copié.
Me lancé y puse ese primer mensaje, que siempre será el peor. Tan cortito y tan escueto pero que ya me definió para siempre… y la sorpresa, algunas personas se asomaron y opinaron.
No sé la gente que me lee, o si de verdad me lee alguien aparte de los que me dejáis mensajes, pero seguí escribiendo sin apenas comentaristas.
Llegaste tú Kaotot, justo en mi momento más deportivo, con la bicicleta a cuestas y espiando a mi ex. Tú con mensajes dulces e inocentes, un poco extraños… pero inspiradores.
Casi a la vez llegaron Harlock y Castillo y la cosa se animó ¿Porqué me leísteis? ¿Qué os he dado yo? Soy tan poca cosa. Un chico irónico que se ríe demasiado de todo y que llora demasiado también. Abristeis vuestros Blogs y la lista se empezaba a llenar, era mi red. Os descubría como supongo hicisteis conmigo la primera vez que vuestros ojos acariciaron mis palabras. Todos empezabais a ser más reales, a coger cuerpo y consistencia.
No tengo ni idea de cómo, pero Tone se coló en blog y comentó mis fotos. Mi punto débil es el halago y se hizo un hueco también.
De los últimos en llegar destacas tú, Pqvav (no voy a escribirlo entero). Muchos escribís que os quedáis prendados de mi familia. Las cosas que nos pasan son de risa, es cierto, nos unen como familia y nos hacen reírnos de nosotros mismos. Tu opinión Pqvav lo impregna todo, como el olor de un buen perfume. Tu personalidad encajaría como un guante en la casa de los moribundo.
Después entré en la temible lista de los leídos y me morí de miedo. En serio, me cagué… este blog no merece estar ahí, pero gracias a ello ya me lee alguna novata, un sabor agridulce que permanece en mi boca mucho tiempo (¡¡los blogs de chicos también los pueden leer chicas!!) y algún adorable que busca su camino.
Lady Evil siempre está, me expongo demasiado diciendo que si la veo sufrir yo sufro más y que deseo su felicidad a todas horas, la mía es secundaria.
A las personas anónimas que me leen, que se ríen de los escritos, que miran las fotos o que simplemente encienden el ordenador para tener algo que criticar, seguiremos un poquito más juntos.
A mis chicos especiales, os doy las gracias de verdad. Muchas gracias por existir. Muchas gracias por los Blogs. Muchas gracias por las palabras. Muchas gracias por hacerme llorar en este momento, nunca esperé rodearme de amor sin estar unido a personas con algún tipo de lazo más físico.
Os necesito leer siempre, y siempre vais a ser parte de la historia moribunda que comencé a contar ese día triste de junio.
Os quiero.
Un poco de obra: Invertida Paula.
Aquí debería ir una foto. Encuéntrala en http://www.fotolog.com/hairblue
Muñeca realizada en loneta. Bordados en lana. Decoraciones con tinta.
Muñeca realizada en loneta. Bordados en lana. Decoraciones con tinta.
Christmas Eve Cool.
La nochebuena empezó mal. Desobedeciendo todos los manuales para superar una ruptura de una manera sana, le envié un mensaje:
“Como si fuéramos amigos, muchos abrazos y el deseo de que pases una feliz navidad. Gracias por los momentos compartidos, espero algún día hablarte. Un beso.”
Me respondió:
“Te deseo lo mismo a ti también y que pases buena noche junto a los tuyos. Besos y felices fiestas”
Al menos no me había insultado ni nada. Se limitó a copiar la frase impresa de las felicitaciones navideñas de los sesenta. Impersonal hasta la arcada. Me dio dolor de estómago.
Mi madre colocaba la comida en los platos. Al menos este año si tendría algo especial. Toda la comida era japonesa.
Mamá moribunda insinuaba desde hace tiempo que no le apetecía mucho cocinar para nochebuena con frases maravillosas tipo: “Quien quiera comida este año que se joda y cocine porque no me voy a encerrar a cocinar por vuestros cojones”. Visto lo visto, comunicóloga buscó un restaurante japonés, se informó y el mismo día de nochebuena podíamos ir a ver los menús y recogerlos.
Acudimos a recoger la cena. Sushi, Sashami, Tempura y muchas cosas más. Definitivamente era la nochebuena más cool y trendy, trendy de toda mi vida. Porque esta cena era además el ensayo de la maxi-cena que es la nochevieja, cuando vienen aquellos familiares que degollaríamos con una copa rota en la menor ocasión.
A la nochebuena solamente acudía ajeno a la familia moribunda David, el novio de comunicóloga.
Todo el mundo me miraba acusador para que no montara ninguna, porque David me cae muy bien pero también hemos tenido nuestras cosillas.
Porque el chico es muy especial, hay que reconocerlo. Solamente deciros que la primera vez que comió un huevo frito fue en mi casa, casi a regañadientes y preguntando primero que qué era eso. Encima no come pescados en los que pueda encontrar ningún tipo de espinas ni carnes con huesos, por ejemplo una codorniz o alitas de pollo.
Un día, mi madre hizo pescado para comer, al venir David tuvo que elaborar espaguetis exclusivamente para él (son la base de su pirámide alimenticia), cosa que me jorobó bastante. Al estar ya quemadito y él tener una personalidad un poco pesada del tipo “Miradme, miraaaadme” saltó la chispa.
Empezamos a discutir sobre educación y de que si a los niños se les puede enseñar a comer de todo. El tema de la educación es muy sensible y más para una persona que pasa los veranos intentando enseñar a los niños aunque sea a mear en la taza. Yo opinaba que si, y él que no, que si un niño se le emperejila no come pescado.
Él se calentaba cada vez más, gritando más y más alto. Que me griten me pone muy nervioso y me bloquea. Además entendió que insinuaba que sus padres le habían malcriado (nada más lejos de la realidad pese a las evidencias).
Y llega ese momento en la vida de toda persona en la que tiene que tomar decisiones:
- Me callo, aguanto hasta que pare de gritar y sigo comiendo.
- Me levanto de la mesa y dejo de comer.
- Cojo el pescado de mi plato, se lo lanzo a la cabeza y aunque no lo coma que lo pruebe y se largue de una vez.
Así que trasladé mi pescado desde el punto A al punto B en décimas de segundo, haciendo el silencio en todos los comensales. Se levantó e insultándome de la manera más grotesca y fugaz de toda mi vida salió raudo por la puerta. Al final me disculpé y eso, que conste.
Cenamos japonés sin quejas de David. Todo muy bueno. Con nuestra vajilla cuadrada, nuestros palillos rojos…
Después de la cena sesión de fotos para intentar parecer una familia normal. Las caras forzadas nos delatan, los brindis más fingidos de la historia, pero ante todo dientes.
Para finalizar, lo más bizarro. El regalo colectivo de Papá Noel; ¿Un set de wok? ¿Zapatillas familiares con las iniciales? ¿El Dvd de los chicos del coro? No, la playstation con el singstar.
Y la competitividad nos poseyó a todos. Berreando por Amaral e incluso por “El barrio” cantamos hasta las 5 de la mañana, cuando entonar era algo como oir a Mila Ximenez aclararse la garganta.
Y así esperamos a la nochevieja, pegándonos por ensayar el singstar, viendo quien consigue más puntos y completando los perfiles. Mi nombre es Cojones, mi madre Morritos, diseñadora es Chochi y comunicóloga es Misstetas.
Me despido tarareando lo de “sin ti no soy nada, una gota de lluvia…”, yo he sido el que más puntos he sacado en esa canción. Que se jodan.
“Como si fuéramos amigos, muchos abrazos y el deseo de que pases una feliz navidad. Gracias por los momentos compartidos, espero algún día hablarte. Un beso.”
Me respondió:
“Te deseo lo mismo a ti también y que pases buena noche junto a los tuyos. Besos y felices fiestas”
Al menos no me había insultado ni nada. Se limitó a copiar la frase impresa de las felicitaciones navideñas de los sesenta. Impersonal hasta la arcada. Me dio dolor de estómago.
Mi madre colocaba la comida en los platos. Al menos este año si tendría algo especial. Toda la comida era japonesa.
Mamá moribunda insinuaba desde hace tiempo que no le apetecía mucho cocinar para nochebuena con frases maravillosas tipo: “Quien quiera comida este año que se joda y cocine porque no me voy a encerrar a cocinar por vuestros cojones”. Visto lo visto, comunicóloga buscó un restaurante japonés, se informó y el mismo día de nochebuena podíamos ir a ver los menús y recogerlos.
Acudimos a recoger la cena. Sushi, Sashami, Tempura y muchas cosas más. Definitivamente era la nochebuena más cool y trendy, trendy de toda mi vida. Porque esta cena era además el ensayo de la maxi-cena que es la nochevieja, cuando vienen aquellos familiares que degollaríamos con una copa rota en la menor ocasión.
A la nochebuena solamente acudía ajeno a la familia moribunda David, el novio de comunicóloga.
Todo el mundo me miraba acusador para que no montara ninguna, porque David me cae muy bien pero también hemos tenido nuestras cosillas.
Porque el chico es muy especial, hay que reconocerlo. Solamente deciros que la primera vez que comió un huevo frito fue en mi casa, casi a regañadientes y preguntando primero que qué era eso. Encima no come pescados en los que pueda encontrar ningún tipo de espinas ni carnes con huesos, por ejemplo una codorniz o alitas de pollo.
Un día, mi madre hizo pescado para comer, al venir David tuvo que elaborar espaguetis exclusivamente para él (son la base de su pirámide alimenticia), cosa que me jorobó bastante. Al estar ya quemadito y él tener una personalidad un poco pesada del tipo “Miradme, miraaaadme” saltó la chispa.
Empezamos a discutir sobre educación y de que si a los niños se les puede enseñar a comer de todo. El tema de la educación es muy sensible y más para una persona que pasa los veranos intentando enseñar a los niños aunque sea a mear en la taza. Yo opinaba que si, y él que no, que si un niño se le emperejila no come pescado.
Él se calentaba cada vez más, gritando más y más alto. Que me griten me pone muy nervioso y me bloquea. Además entendió que insinuaba que sus padres le habían malcriado (nada más lejos de la realidad pese a las evidencias).
Y llega ese momento en la vida de toda persona en la que tiene que tomar decisiones:
- Me callo, aguanto hasta que pare de gritar y sigo comiendo.
- Me levanto de la mesa y dejo de comer.
- Cojo el pescado de mi plato, se lo lanzo a la cabeza y aunque no lo coma que lo pruebe y se largue de una vez.
Así que trasladé mi pescado desde el punto A al punto B en décimas de segundo, haciendo el silencio en todos los comensales. Se levantó e insultándome de la manera más grotesca y fugaz de toda mi vida salió raudo por la puerta. Al final me disculpé y eso, que conste.
Cenamos japonés sin quejas de David. Todo muy bueno. Con nuestra vajilla cuadrada, nuestros palillos rojos…
Después de la cena sesión de fotos para intentar parecer una familia normal. Las caras forzadas nos delatan, los brindis más fingidos de la historia, pero ante todo dientes.
Para finalizar, lo más bizarro. El regalo colectivo de Papá Noel; ¿Un set de wok? ¿Zapatillas familiares con las iniciales? ¿El Dvd de los chicos del coro? No, la playstation con el singstar.
Y la competitividad nos poseyó a todos. Berreando por Amaral e incluso por “El barrio” cantamos hasta las 5 de la mañana, cuando entonar era algo como oir a Mila Ximenez aclararse la garganta.
Y así esperamos a la nochevieja, pegándonos por ensayar el singstar, viendo quien consigue más puntos y completando los perfiles. Mi nombre es Cojones, mi madre Morritos, diseñadora es Chochi y comunicóloga es Misstetas.
Me despido tarareando lo de “sin ti no soy nada, una gota de lluvia…”, yo he sido el que más puntos he sacado en esa canción. Que se jodan.
Un poco de obra: Claudio.
Aquí debería ir una foto. Encuéntrala en http://www.fotolog.com/hairblue
Muñeco realizado en loneta. Bordados en lana. Loneta pintada a mano con tinta y spray de pintor.
Muñeco realizado en loneta. Bordados en lana. Loneta pintada a mano con tinta y spray de pintor.
Pelo Moribundo.
Hoy voy a intentar ser un poco menos brusco al hablar. No me voy a cagar en nadie que eso siempre suena muy ordinario y más aún en estas fechas de cariño y comprensión.
Justo en estas fechas de cariño y comprensión el año pasado la relación con mi novio estaba tan fría que el día de Reyes me regaló decirme que nunca más íbamos a volver a estar juntos.
Por esas fechas ya era demasiado tarde, mi perfil pasivo-agresivo había salido a relucir y pesaba diez kilos más de lo que peso normalmente.
Es lo que tiene que las crisis vengan acompañadas de festividades rodeadas de comida, que si el número de mamadas desciende te entretienes en chupar otra cosa, aunque te encuentres a medianoche con el turrón duro en la boca preguntándote porqué lo comes justamente ahora si nunca en tu vida te ha gustado.
La comida no era el único salvavidas al que me aferré.
El dibujo se convirtió en todo para mí. En clase había mucho stress, pero lo superé. Me entregué a ello y que verdad tan grande es que el esfuerzo da sus frutos.
3 años enteros sin esforzarme en nada me daban mi maravillosamente deprimente media de notable, una crisis personal de tendencias homicidas y a mi profesor se le humedecían los calzoncillos cuando presentaba un trabajo nuevo. ¿Lógico no?
Pero claro, el inhalar polvo de carbón haciendo que mi mucosidad nasal cogiera ese sano aspecto a minero norteño no era el único efecto que causó el dibujo en mí.
Físicamente hubo algo más.
El dibujar requiere mucha concentración, espero que después del tiempo que me paso escribiendo aquí, eso, haya quedado claro por lo menos. Pero un día:
Mamá: -“Hijo ¿Qué haces?”
Yo: -“Pues dibujando… ¿No lo ves?”
M: -“Me refiero a lo que haces mientras dibujas…”
Y: -“No sé…”
M: -“¿No ves lo que tienes en la mesa?”
Y: -“No… Carboncillos y eso”
M: -“¿Y los dos montones de pelos que tienes a los lados del dibujo, qué?”
Increíble pero cierto. Sin darme una cuenta propia, real o consciente, estaba acabando con la parte delantera de mi cuero cabelludo. Nerviosamente pasaba mi mano por la cabeza, agarraba y tiraba, dejando caer silenciosamente los pelos a mis lados para asco de familiares y mi propio escarnio.
A partir de entonces supe que debía superar ese problema. En mi casa todo el mundo vigilaba que no me tocase la cabeza. En el momento en que se acercaba la mano a la zona más alta ¡Zas! Un grito de mi madre. No me controlaban nunca tanto ni siquiera el morderme las uñas que es algo que es de toda la vida.
Mi tío el peluquero dictó sentencia. Arrancarme el pelo hacía que no estuviese en la cabeza y dejaba a los supervivientes más secos que la mojama.
Controlando mi actividad poco a poco dejé de suicidar a mis cabellos, el resto se recuperó más o menos, con mimo y cariño y algún champú regenerador con su mascarilla como complemento.
Mi ex siguió jorobando y ya se conoce el resto
¿Porqué leches dije que no me iba a cagar en nadie?
Justo en estas fechas de cariño y comprensión el año pasado la relación con mi novio estaba tan fría que el día de Reyes me regaló decirme que nunca más íbamos a volver a estar juntos.
Por esas fechas ya era demasiado tarde, mi perfil pasivo-agresivo había salido a relucir y pesaba diez kilos más de lo que peso normalmente.
Es lo que tiene que las crisis vengan acompañadas de festividades rodeadas de comida, que si el número de mamadas desciende te entretienes en chupar otra cosa, aunque te encuentres a medianoche con el turrón duro en la boca preguntándote porqué lo comes justamente ahora si nunca en tu vida te ha gustado.
La comida no era el único salvavidas al que me aferré.
El dibujo se convirtió en todo para mí. En clase había mucho stress, pero lo superé. Me entregué a ello y que verdad tan grande es que el esfuerzo da sus frutos.
3 años enteros sin esforzarme en nada me daban mi maravillosamente deprimente media de notable, una crisis personal de tendencias homicidas y a mi profesor se le humedecían los calzoncillos cuando presentaba un trabajo nuevo. ¿Lógico no?
Pero claro, el inhalar polvo de carbón haciendo que mi mucosidad nasal cogiera ese sano aspecto a minero norteño no era el único efecto que causó el dibujo en mí.
Físicamente hubo algo más.
El dibujar requiere mucha concentración, espero que después del tiempo que me paso escribiendo aquí, eso, haya quedado claro por lo menos. Pero un día:
Mamá: -“Hijo ¿Qué haces?”
Yo: -“Pues dibujando… ¿No lo ves?”
M: -“Me refiero a lo que haces mientras dibujas…”
Y: -“No sé…”
M: -“¿No ves lo que tienes en la mesa?”
Y: -“No… Carboncillos y eso”
M: -“¿Y los dos montones de pelos que tienes a los lados del dibujo, qué?”
Increíble pero cierto. Sin darme una cuenta propia, real o consciente, estaba acabando con la parte delantera de mi cuero cabelludo. Nerviosamente pasaba mi mano por la cabeza, agarraba y tiraba, dejando caer silenciosamente los pelos a mis lados para asco de familiares y mi propio escarnio.
A partir de entonces supe que debía superar ese problema. En mi casa todo el mundo vigilaba que no me tocase la cabeza. En el momento en que se acercaba la mano a la zona más alta ¡Zas! Un grito de mi madre. No me controlaban nunca tanto ni siquiera el morderme las uñas que es algo que es de toda la vida.
Mi tío el peluquero dictó sentencia. Arrancarme el pelo hacía que no estuviese en la cabeza y dejaba a los supervivientes más secos que la mojama.
Controlando mi actividad poco a poco dejé de suicidar a mis cabellos, el resto se recuperó más o menos, con mimo y cariño y algún champú regenerador con su mascarilla como complemento.
Mi ex siguió jorobando y ya se conoce el resto
¿Porqué leches dije que no me iba a cagar en nadie?
Un poco de obra: Icono Moribundo.
Aquí debería ir una foto. Encuéntrala en http://www.fotolog.com/hairblue
Ilustración realizada con freehand y photoshop.
Ilustración realizada con freehand y photoshop.
Las cenas moribundas.
Tengo el estómago que no sé de quien es. Con la semana de cenas grupales que me he pegado tengo el cupo alimenticio lleno hasta el 2007.
La primera de ellas fue la de alumnos de Bellas Artes. Se me antojó que fuéramos a un buffet de comida china bastante barato al que ya había ido con otros amigos, pero no tenía ni zorra de cual era su nombre ni de donde se situaba, tan sólo que estaba por Gran Vía.
Como he visto muchos capítulos de CSI tramé un plan. Recogí unas fotos que tenia cerca del local y hallé un rótulo de un mesón al lado (El nombre del restaurante no salía por ningún sitio), después me metí en QDQ y busqué los chinos de zona Gran Vía, total… unos 50. Después de estar 45 minutos mirando fotografías de restaurante con nombres como “Sumo Feliz” y “Ping long”, apunto de acabar con los ojos craquelados de comparar rótulos luminosos malditos, di con él. ¡Al final teníamos buffet!
Llamar fue otro calvario. ¿Porqué ponen un restaurante si no se enteran de las cosas que se les dice por teléfono? Y la chica hacía todo lo que podía, que conste. Hice la llamada caminando con Lady Evil y Laura Ramos que se descojonaban mientras intentaba hacerle comprender a la señorita que íbamos a ser 20 personas. Gritando 20 a pleno pulmón unas 800 veces terminé la conversación a punto de que me explotara la vena del cuello.
La cena transcurrió maravillosamente bien. Hay que añadir que iba tan elegante como siempre, pero esa elegancia casual que a todo el mundo gusta, solamente conseguida con prendas tan exclusivas como las de H&M (nótese la ironía). Mi camiseta que simula un frac con pajarita causó sensación, y a la vez que vas de etiqueta también vas cómodo, para que negarlo.
A la vez conocí al nuevo “amigo especial” de Lady Evil, del que no hablaré demasiado, ella lo hace mucho mejor que yo, el chico se adaptó como un guante a las conversaciones extrañas de la nueva ola de artistas del 84.
Después Morocco, con sus canciones ochenteras, sus personajes y los tequilas con lima que tan bien me entran.
Volvimos a casa a las seis de la mañana, con la gente muy perjudicada en el plano alcohólico y tras haber presenciado uno de esos “deslices entre compañeros” que se besan y después asustados hacen como si nada, echando todas las culpas a la bebida, al ambiente y todo eso.
Mi siguiente cena fue con los monitores. Esta vez mucho más calmada, sin demasiados desfases pero siendo el mono de feria ideal para mis amigos que se morían por que conociera a los demás monitores con los que no he coincidido nunca. Y no es que yo sea nada especial, pero la gente se va pasando mis anécdotas como si chistes de jaimito se trataran y después quieren oírlas de mi propia boca. Menos borracho que en la otra cena me escapé al metro a una hora medio prudente, teniendo en cuenta que paseaba por un barrio con varias violaciones y asesinatos a sus espaldas. Por suerte el alcohol te dá la temeridad necesaria para realizar todas estas labores.
Así que si vuelvo a tener que dividir una factura entre 19 personas con un móvil me arrojaré por la ventana más cercana.
La primera de ellas fue la de alumnos de Bellas Artes. Se me antojó que fuéramos a un buffet de comida china bastante barato al que ya había ido con otros amigos, pero no tenía ni zorra de cual era su nombre ni de donde se situaba, tan sólo que estaba por Gran Vía.
Como he visto muchos capítulos de CSI tramé un plan. Recogí unas fotos que tenia cerca del local y hallé un rótulo de un mesón al lado (El nombre del restaurante no salía por ningún sitio), después me metí en QDQ y busqué los chinos de zona Gran Vía, total… unos 50. Después de estar 45 minutos mirando fotografías de restaurante con nombres como “Sumo Feliz” y “Ping long”, apunto de acabar con los ojos craquelados de comparar rótulos luminosos malditos, di con él. ¡Al final teníamos buffet!
Llamar fue otro calvario. ¿Porqué ponen un restaurante si no se enteran de las cosas que se les dice por teléfono? Y la chica hacía todo lo que podía, que conste. Hice la llamada caminando con Lady Evil y Laura Ramos que se descojonaban mientras intentaba hacerle comprender a la señorita que íbamos a ser 20 personas. Gritando 20 a pleno pulmón unas 800 veces terminé la conversación a punto de que me explotara la vena del cuello.
La cena transcurrió maravillosamente bien. Hay que añadir que iba tan elegante como siempre, pero esa elegancia casual que a todo el mundo gusta, solamente conseguida con prendas tan exclusivas como las de H&M (nótese la ironía). Mi camiseta que simula un frac con pajarita causó sensación, y a la vez que vas de etiqueta también vas cómodo, para que negarlo.
A la vez conocí al nuevo “amigo especial” de Lady Evil, del que no hablaré demasiado, ella lo hace mucho mejor que yo, el chico se adaptó como un guante a las conversaciones extrañas de la nueva ola de artistas del 84.
Después Morocco, con sus canciones ochenteras, sus personajes y los tequilas con lima que tan bien me entran.
Volvimos a casa a las seis de la mañana, con la gente muy perjudicada en el plano alcohólico y tras haber presenciado uno de esos “deslices entre compañeros” que se besan y después asustados hacen como si nada, echando todas las culpas a la bebida, al ambiente y todo eso.
Mi siguiente cena fue con los monitores. Esta vez mucho más calmada, sin demasiados desfases pero siendo el mono de feria ideal para mis amigos que se morían por que conociera a los demás monitores con los que no he coincidido nunca. Y no es que yo sea nada especial, pero la gente se va pasando mis anécdotas como si chistes de jaimito se trataran y después quieren oírlas de mi propia boca. Menos borracho que en la otra cena me escapé al metro a una hora medio prudente, teniendo en cuenta que paseaba por un barrio con varias violaciones y asesinatos a sus espaldas. Por suerte el alcohol te dá la temeridad necesaria para realizar todas estas labores.
Así que si vuelvo a tener que dividir una factura entre 19 personas con un móvil me arrojaré por la ventana más cercana.
Un poco de obra: Autorretrato grabado.
Aquí debería ir una foto. Encuéntrala en http://www.fotolog.com/hairblue
Grabado con planchas de linoleo sobre papel superalfa.
Grabado con planchas de linoleo sobre papel superalfa.
Moribundo y la penitenciagite.
El mundo se está acabando. Y no pienso que vayamos corriendo contra un inmenso precipicio con unas tijeras en la mano porque sí, Dior nos está mandando señales inequívocas.
La primera señal la tuve antes de que la vorágine decorativa sacudiera mi casa como un tsunami de dorados y brillantes.
Caminaba desorientado y hastiado hasta mi parada de renfe, un camino que suelo realizar en pocos minutos. Allí, las simpáticas repartidoras me ofrecen su publicación gratuita, todos sabemos que no es un periódico real, son arcadas manipuladas servidas en papel cuché, aún así hay gente que por conseguirlo te arrancaría el brazo a la altura del hombro.
En esto, casi me caigo rodando por el suelo del vagón (si realmente hubiera espacio para caerse uno entre todo el pelotón de personas). Leo con los ojos como platos que el limbo ya no existe.
Según explicaban el limbo había sido creado como medio disuasorio para hacer que los padres de la edad media bautizaran a sus hijos de la edad media y ahora, Ratzinger pues concede por “gracia papal” el que las personas “no bautizadas pero buenas” vayan directamente al cielo, mientras que el resto vaya al infierno. Un santo este Papa vamos, lo que no explicaban era que los invertidos, los raritos o los homosexuales en sí que habían sido buenos a pesar de las inclinaciones propias poblábamos el limbo como si aquello se tratara de una disco de ambiente con un hilo musical de Enya y mucha luz blanca.
Ahora que no existe el limbo, los gays, las lesbianas, los bisexuales y los cobradores de morosos iremos directamente al infierno. Pero como buen curioso surgen preguntas ¿Si el Papa dijo que no existía el limbo un miércoles, todos los que murieron el martes SI entraron al limbo, pero los del otro día ya no? ¿Y si cojo un avión y me voy a Australia el miércoles y llego el martes del día anterior entraría en el limbo a pesar del jet lag? Lo peor es la capilla sixtina y su representación del limbo y los infiernos… ¿Colgarán un cartel que ponga “Zona en reformas. Ampliando los infiernos para tu comodidad, Maricón”. No pude otra cosa que compartir mi ensimismamiento con mis amigos en la facultad que me apuntaron otras graves cuestiones, pues la película de “Los otros” entonces… ¡Se ha quedado desfasada!
Luego llegué a mi casa y recibí la siguiente señal. Asomado a la ventana del cuarto de mi madre observaba la contaminación del horizonte, intentando encontrar paz espiritual en la noche madrileña. Antes, mi infinito estaba decorado con la famosa figura del “Pirulí”, pero desde hace un par de años, un mastodóntico edificio blanco adorna el ski line. De pronto una luz semejante a la del faro de Alejandría deslumbró mis ojos, se apagó, se encendió, se apagó… Cuando me relajé pude ver que no era la famosa construcción helenística sino un abeto de neón. Para mi desgracia no me encontraba en Conecticut, sino que seguía en mi barrio, ahora mucho más USA que el año pasado.
Y la señal última y definitiva vino el otro día en la propia facultad de Bellas Artes. Mi amiga Sara entró portando un bote de anticelulítico, de Roc para más señas. Hasta aquí todo normal:
Sara: -“¡Joer! Ayer me dan un bote de anticelulítico y hoy me dan otro!
Yo: -“¿Qué te han dado anticelulítico? ¿Dónde?
S: -“Pues ahí, en la puerta de la facultad”
Corriendo como una liebre salgo y compruebo que es cierto. Un enorme camión reparte botes y botes de anticelulítico a la gente que ansiosa, repite escenas que observo a diario por televisión, cambiando la ayuda humanitaria por cremas y siendo aún más dantesca.
Me acerco y les pregunto si eran reales y no me comprendieron. Les pregunté si era una performance y me confirmaron que no. Eso era la realidad y formaba parte de ella.
Les hice fotos con el móvil y grabé a los bedeles cuando se llevaban en vez del bote promocional una caja de doce como si de un paquete de pañuelos se tratara.
Lady Evil y yo les pedimos un autógrafo para recopilar más pruebas tangibles.
Y el mundo se acaba porque me llevé cuatro botes de crema a casa, siendo fagocitado por los acontecimientos, echándome anticelulítico en el abdomen, quedándome embobado mirando el árbol luminoso y asimilando mi fin ardiendo en los infiernos.
Ahora si soy posmoderno.
La primera señal la tuve antes de que la vorágine decorativa sacudiera mi casa como un tsunami de dorados y brillantes.
Caminaba desorientado y hastiado hasta mi parada de renfe, un camino que suelo realizar en pocos minutos. Allí, las simpáticas repartidoras me ofrecen su publicación gratuita, todos sabemos que no es un periódico real, son arcadas manipuladas servidas en papel cuché, aún así hay gente que por conseguirlo te arrancaría el brazo a la altura del hombro.
En esto, casi me caigo rodando por el suelo del vagón (si realmente hubiera espacio para caerse uno entre todo el pelotón de personas). Leo con los ojos como platos que el limbo ya no existe.
Según explicaban el limbo había sido creado como medio disuasorio para hacer que los padres de la edad media bautizaran a sus hijos de la edad media y ahora, Ratzinger pues concede por “gracia papal” el que las personas “no bautizadas pero buenas” vayan directamente al cielo, mientras que el resto vaya al infierno. Un santo este Papa vamos, lo que no explicaban era que los invertidos, los raritos o los homosexuales en sí que habían sido buenos a pesar de las inclinaciones propias poblábamos el limbo como si aquello se tratara de una disco de ambiente con un hilo musical de Enya y mucha luz blanca.
Ahora que no existe el limbo, los gays, las lesbianas, los bisexuales y los cobradores de morosos iremos directamente al infierno. Pero como buen curioso surgen preguntas ¿Si el Papa dijo que no existía el limbo un miércoles, todos los que murieron el martes SI entraron al limbo, pero los del otro día ya no? ¿Y si cojo un avión y me voy a Australia el miércoles y llego el martes del día anterior entraría en el limbo a pesar del jet lag? Lo peor es la capilla sixtina y su representación del limbo y los infiernos… ¿Colgarán un cartel que ponga “Zona en reformas. Ampliando los infiernos para tu comodidad, Maricón”. No pude otra cosa que compartir mi ensimismamiento con mis amigos en la facultad que me apuntaron otras graves cuestiones, pues la película de “Los otros” entonces… ¡Se ha quedado desfasada!
Luego llegué a mi casa y recibí la siguiente señal. Asomado a la ventana del cuarto de mi madre observaba la contaminación del horizonte, intentando encontrar paz espiritual en la noche madrileña. Antes, mi infinito estaba decorado con la famosa figura del “Pirulí”, pero desde hace un par de años, un mastodóntico edificio blanco adorna el ski line. De pronto una luz semejante a la del faro de Alejandría deslumbró mis ojos, se apagó, se encendió, se apagó… Cuando me relajé pude ver que no era la famosa construcción helenística sino un abeto de neón. Para mi desgracia no me encontraba en Conecticut, sino que seguía en mi barrio, ahora mucho más USA que el año pasado.
Y la señal última y definitiva vino el otro día en la propia facultad de Bellas Artes. Mi amiga Sara entró portando un bote de anticelulítico, de Roc para más señas. Hasta aquí todo normal:
Sara: -“¡Joer! Ayer me dan un bote de anticelulítico y hoy me dan otro!
Yo: -“¿Qué te han dado anticelulítico? ¿Dónde?
S: -“Pues ahí, en la puerta de la facultad”
Corriendo como una liebre salgo y compruebo que es cierto. Un enorme camión reparte botes y botes de anticelulítico a la gente que ansiosa, repite escenas que observo a diario por televisión, cambiando la ayuda humanitaria por cremas y siendo aún más dantesca.
Me acerco y les pregunto si eran reales y no me comprendieron. Les pregunté si era una performance y me confirmaron que no. Eso era la realidad y formaba parte de ella.
Les hice fotos con el móvil y grabé a los bedeles cuando se llevaban en vez del bote promocional una caja de doce como si de un paquete de pañuelos se tratara.
Lady Evil y yo les pedimos un autógrafo para recopilar más pruebas tangibles.
Y el mundo se acaba porque me llevé cuatro botes de crema a casa, siendo fagocitado por los acontecimientos, echándome anticelulítico en el abdomen, quedándome embobado mirando el árbol luminoso y asimilando mi fin ardiendo en los infiernos.
Ahora si soy posmoderno.
Un poco de obra: Autorretrato Maderas.
Aquí debería ir una foto. Encuéntrala en http://www.fotolog.com/hairblue
Dibujo con lápices de madera sobre papel.
Dibujo con lápices de madera sobre papel.
Decoraciones Moribundas.
La navidad llegó a le maison moribunda. Después de ver por televisión cómo esos dos niños destrozaban un cuento navideño de Emilia Pardo Bazán (en lugar del habitual pregón) aumentando mis ansias homicidas, miré mi árbol de navidad reprimiendo las arcadas.
Porque en mi casa confieso con vergüenza y las mejillas encendidas que disfrutamos la navidad en su vertiente más superficial y Kitsch.
Lo primero de todo fue decidir de qué manera íbamos a decorar, no puede haber una navidad cuya decoración no esté tematizada (al menos yo no la concibo).
Así nació nuestra nueva navidad de temática “Vintage Dolls”, después de otras famosas entregas como “Pasión por los lazos” ó “Morado Glamoroso”.
Carrefour, mi gran amigo, nos proporcionó muchas de las necesarias figuritas para tales menesteres, figuras de papá Noel de resina, papá Noel de hojalata, colgantes de fieltro… Adquirimos además unos colgantes de muñecos con tres formas distintas, alce, papá Noel y muñeco de nieve, y unas bolas fabricadas con patchwork.
A todos en casa nos inundó el ambiente navideño. Mi hermana la comunicóloga se ofreció a ayudar en la decoración y no pude reprimir las lágrimas en los ojos. Porque también, para decorar hay una ley; Quien no limpia, no decora.
La decoración da lugar a esa maravillosa limpieza bianual que le hacemos al salón.
El día de limpieza llegó:
Yo: -“Oye que mañana ya limpiamos y decoramos”
Comunicóloga: -“¿Limpiamos?”
Y: -“Si, quien no limpia no decora”
C: -“Ah… Pues que le den por el culo a la decoración entonces”
Y: -“¿Qué? ¡Maldita hija de P…$5%&*+@!!!”
Y me puse a limpiar. Tengo que decir que en mi casa, justamente mis dos hermanas no han sacado el gusto por la limpieza hogareña que quizá en mí se haya desarrollado en exceso. Mientras frotaba el mueble del salón con un producto que después de un tiempo me produjo mucha risa mi abuela, mujer conciliadora y de ánimos positivos me dijo:
-“Si es que… Mira que bien limpia mi nieto. Deberías haber nacido muchachita con lo bien que limpias”
Y claro, tú piensas: “Ay abuelita. Si supieras la de cosas que seguramente hago mejor que una muchachita”
Tras la limpieza, la decoración. Y ahí es donde se saca el espíritu de Bellas Artes. Decorar el árbol me supuso un estudio de la forma, la composición y el color arduos. Pongo una bola y me alejo para ver el conjunto, pongo otra y de nuevo a alejarme, por allí faltan estrellas y aquí el reno desequilibra la composición, todo ello alejándome y adoptando la postura picasiana de brazos en jarras y de vez en cuando frotamiento de barbilla.
Decoramos además el recibidor, con el único Belén que poseemos, comprado en los chinos, de cerámica y una sola pieza no demasiado grande, si el niño Jesús quiere representación que se busque otra casa. Lo salvaguardan dos Papás Noeles metálicos que parecen robots de los 80 y que en el menor descuido van a saltar a tu cuello para seccionarte la garganta, pero los adoro.
No mucha más decoración, las postales navideñas que nos envían las empresas del sector rotulero y punto.
Aunque si por mí fuera la decoración llegaría a más. En mi casa no pondré el extremo del Santa Claus a tamaño natural gritando “Hohoho” pero me muero por encontrar una tapa de water que simule su cara.
Me despido con los ojos llenos de escarapelas, lentejuelas y “brilli, brilli”. Es navidad.
Porque en mi casa confieso con vergüenza y las mejillas encendidas que disfrutamos la navidad en su vertiente más superficial y Kitsch.
Lo primero de todo fue decidir de qué manera íbamos a decorar, no puede haber una navidad cuya decoración no esté tematizada (al menos yo no la concibo).
Así nació nuestra nueva navidad de temática “Vintage Dolls”, después de otras famosas entregas como “Pasión por los lazos” ó “Morado Glamoroso”.
Carrefour, mi gran amigo, nos proporcionó muchas de las necesarias figuritas para tales menesteres, figuras de papá Noel de resina, papá Noel de hojalata, colgantes de fieltro… Adquirimos además unos colgantes de muñecos con tres formas distintas, alce, papá Noel y muñeco de nieve, y unas bolas fabricadas con patchwork.
A todos en casa nos inundó el ambiente navideño. Mi hermana la comunicóloga se ofreció a ayudar en la decoración y no pude reprimir las lágrimas en los ojos. Porque también, para decorar hay una ley; Quien no limpia, no decora.
La decoración da lugar a esa maravillosa limpieza bianual que le hacemos al salón.
El día de limpieza llegó:
Yo: -“Oye que mañana ya limpiamos y decoramos”
Comunicóloga: -“¿Limpiamos?”
Y: -“Si, quien no limpia no decora”
C: -“Ah… Pues que le den por el culo a la decoración entonces”
Y: -“¿Qué? ¡Maldita hija de P…$5%&*+@!!!”
Y me puse a limpiar. Tengo que decir que en mi casa, justamente mis dos hermanas no han sacado el gusto por la limpieza hogareña que quizá en mí se haya desarrollado en exceso. Mientras frotaba el mueble del salón con un producto que después de un tiempo me produjo mucha risa mi abuela, mujer conciliadora y de ánimos positivos me dijo:
-“Si es que… Mira que bien limpia mi nieto. Deberías haber nacido muchachita con lo bien que limpias”
Y claro, tú piensas: “Ay abuelita. Si supieras la de cosas que seguramente hago mejor que una muchachita”
Tras la limpieza, la decoración. Y ahí es donde se saca el espíritu de Bellas Artes. Decorar el árbol me supuso un estudio de la forma, la composición y el color arduos. Pongo una bola y me alejo para ver el conjunto, pongo otra y de nuevo a alejarme, por allí faltan estrellas y aquí el reno desequilibra la composición, todo ello alejándome y adoptando la postura picasiana de brazos en jarras y de vez en cuando frotamiento de barbilla.
Decoramos además el recibidor, con el único Belén que poseemos, comprado en los chinos, de cerámica y una sola pieza no demasiado grande, si el niño Jesús quiere representación que se busque otra casa. Lo salvaguardan dos Papás Noeles metálicos que parecen robots de los 80 y que en el menor descuido van a saltar a tu cuello para seccionarte la garganta, pero los adoro.
No mucha más decoración, las postales navideñas que nos envían las empresas del sector rotulero y punto.
Aunque si por mí fuera la decoración llegaría a más. En mi casa no pondré el extremo del Santa Claus a tamaño natural gritando “Hohoho” pero me muero por encontrar una tapa de water que simule su cara.
Me despido con los ojos llenos de escarapelas, lentejuelas y “brilli, brilli”. Es navidad.
Un poco de obra: Zapatos Rojos.
Aquí debería ir una foto. Encuéntrala en http://www.fotolog.com/hairblue
Acrílico sobre papel basik.
Acrílico sobre papel basik.
Moribundo y sus zapatos.
Les debía una explicación a todas las fotos que puse en los posts anteriores. Ellas no surgieron de la nada aunque al principio pensé que si.
Cuando en tercero pude cogerme la asignatura de Fotografía I no la comencé con mucha fuerza, mi crisis psicopática comenzaba y en aquellos momentos podía explotar por cualquier sitio.
Soy de los que piensan que una fotografía no debe estar aparentemente demasiado pensada. Quiero decir que la fuerza de una imagen reside en ser precisamente eso, una instantánea, un momento congelado del movimiento habitual del mundo. Por otro lado la aparente artificialidad o superficialidad de ciertas imágenes siempre me atrae (maniquíes y muñecas).
Solito en mi “pseudocuarto” mis zapatos son algo que siempre está a la vista y era cuestión de tiempo que los utilizara como elementos de bodegón, el comenzar con la fotografía es liarse a disparar y disparar como si estuvieras en un instituto público norteamericano. Y me lié.
Los zapatos guardan un significado fantástico para mí. Como los corazones son la representación de la individualidad o la esencia de una persona, los zapatos son ya no el individuo puro, sino lo que quiere mostrar a los demás.
Si quiero hacer deporte me pongo unas zapatillas, si quiero ir elegante unos zapatos brillantes ¿Y si quiero ser yo mismo? ¿Cuáles son mis zapatos?
Por eso en mis fotos los zapatos son negros, elegantes… pero quien los viste no es normalmente una mujer, a veces es un hombre y a veces una niña pequeña. Posan estáticos mostrando sus zapatos que no les pertenecen pero en ese momento los hacen suyos. Igual, muchas personas cubren su vida con una capa, velo o máscara, evitando mostrar su desnudez, mostrando los zapatos elegantes que la gente espera de todos nosotros, zapatos verdaderamente ajenos.
En las fotos, pocas veces aparecen las caras, surgen cuerpos fragmentados, piernas la mayoría, piernas acompañadas ¿Acabarán de hacer el amor ahora? En otra aparece un televisor ¿Está influyendo en mi imagen?
Como dato os remito al fabuloso fotógrafo Guy Bourdin, para mí un orgasmo inmediato contemplar cualquier cosa suya.
Todos estos pensamientos los pude explorar más profundamente gracias a la fotografía, pero mirando atrás, descubrí que era un tema que ya había tratado en una pintura para una asignatura de color.
La pintura no es de mis aficiones preferidas… Vale, seré sincero, la detesto en lo más profundo de mi alma y me bebería el aguarrás para no pintar nunca, pero detesto pintar yo, verla es un auténtico placer. Por eso la calidad de mi trabajo pictórico no es muy buena. Uno de los pocos trabajos decentes en lo que se refiere al color era una pintura basada en una foto de la artista Deborah Mesa-Pelly, con lo que escribí sobre ella os dejo:
“Un primer boceto de colores más comunes me dejó ver el color ideal de los zapatos, el rojo. Este color atrae la atención sobre los zapatos para luego ir subiendo por las medias, también de color cálido y las piernas de esta persona que se encuentra atrapada sin remedio en unos zapatos que no son los suyos y obligada a permanecer así congelada en la fotografía para siempre, están enmarcados por dos zonas:
- La puerta y la sombra de la misma.
- El fondo de la habitación con un mueble.
Me interesaba colocar colores más fríos en estas zonas para centrar la atención en los zapatos, verdaderos protagonistas de esta instantánea, en la puerta unos azules y en el fondo unos verdes.
Quizá la colocación de estos colores no nos es dada solamente por un mero sistema de atraer la atención del espectador.
El color azul en la puerta contrasta con la calidez de la persona, la frialdad de una partida representada por el elemento arquitectónico y la acogida de los rojos que sin embrago permanecen ante la puerta, inertes recibiendo a quien fuere o esperando el momento de salir a la frialdad de los azules.
El verde del fondo de la lámina sería la esperanza. La esperanza que siempre existe y que guardamos en el fondo ante la persistencia de una puerta que, aunque nos provoca malestar, siempre puede traer algo bueno o malo. Ese verde en la pared y en ese mueble, un mueble clásico y con un cajón que puede contener cualquier cosa, cualquier cosa que nos reconforte.”
Bufff! ¡Lo que suelto a veces por la boca!
Cuando en tercero pude cogerme la asignatura de Fotografía I no la comencé con mucha fuerza, mi crisis psicopática comenzaba y en aquellos momentos podía explotar por cualquier sitio.
Soy de los que piensan que una fotografía no debe estar aparentemente demasiado pensada. Quiero decir que la fuerza de una imagen reside en ser precisamente eso, una instantánea, un momento congelado del movimiento habitual del mundo. Por otro lado la aparente artificialidad o superficialidad de ciertas imágenes siempre me atrae (maniquíes y muñecas).
Solito en mi “pseudocuarto” mis zapatos son algo que siempre está a la vista y era cuestión de tiempo que los utilizara como elementos de bodegón, el comenzar con la fotografía es liarse a disparar y disparar como si estuvieras en un instituto público norteamericano. Y me lié.
Los zapatos guardan un significado fantástico para mí. Como los corazones son la representación de la individualidad o la esencia de una persona, los zapatos son ya no el individuo puro, sino lo que quiere mostrar a los demás.
Si quiero hacer deporte me pongo unas zapatillas, si quiero ir elegante unos zapatos brillantes ¿Y si quiero ser yo mismo? ¿Cuáles son mis zapatos?
Por eso en mis fotos los zapatos son negros, elegantes… pero quien los viste no es normalmente una mujer, a veces es un hombre y a veces una niña pequeña. Posan estáticos mostrando sus zapatos que no les pertenecen pero en ese momento los hacen suyos. Igual, muchas personas cubren su vida con una capa, velo o máscara, evitando mostrar su desnudez, mostrando los zapatos elegantes que la gente espera de todos nosotros, zapatos verdaderamente ajenos.
En las fotos, pocas veces aparecen las caras, surgen cuerpos fragmentados, piernas la mayoría, piernas acompañadas ¿Acabarán de hacer el amor ahora? En otra aparece un televisor ¿Está influyendo en mi imagen?
Como dato os remito al fabuloso fotógrafo Guy Bourdin, para mí un orgasmo inmediato contemplar cualquier cosa suya.
Todos estos pensamientos los pude explorar más profundamente gracias a la fotografía, pero mirando atrás, descubrí que era un tema que ya había tratado en una pintura para una asignatura de color.
La pintura no es de mis aficiones preferidas… Vale, seré sincero, la detesto en lo más profundo de mi alma y me bebería el aguarrás para no pintar nunca, pero detesto pintar yo, verla es un auténtico placer. Por eso la calidad de mi trabajo pictórico no es muy buena. Uno de los pocos trabajos decentes en lo que se refiere al color era una pintura basada en una foto de la artista Deborah Mesa-Pelly, con lo que escribí sobre ella os dejo:
“Un primer boceto de colores más comunes me dejó ver el color ideal de los zapatos, el rojo. Este color atrae la atención sobre los zapatos para luego ir subiendo por las medias, también de color cálido y las piernas de esta persona que se encuentra atrapada sin remedio en unos zapatos que no son los suyos y obligada a permanecer así congelada en la fotografía para siempre, están enmarcados por dos zonas:
- La puerta y la sombra de la misma.
- El fondo de la habitación con un mueble.
Me interesaba colocar colores más fríos en estas zonas para centrar la atención en los zapatos, verdaderos protagonistas de esta instantánea, en la puerta unos azules y en el fondo unos verdes.
Quizá la colocación de estos colores no nos es dada solamente por un mero sistema de atraer la atención del espectador.
El color azul en la puerta contrasta con la calidez de la persona, la frialdad de una partida representada por el elemento arquitectónico y la acogida de los rojos que sin embrago permanecen ante la puerta, inertes recibiendo a quien fuere o esperando el momento de salir a la frialdad de los azules.
El verde del fondo de la lámina sería la esperanza. La esperanza que siempre existe y que guardamos en el fondo ante la persistencia de una puerta que, aunque nos provoca malestar, siempre puede traer algo bueno o malo. Ese verde en la pared y en ese mueble, un mueble clásico y con un cajón que puede contener cualquier cosa, cualquier cosa que nos reconforte.”
Bufff! ¡Lo que suelto a veces por la boca!
Un poco de obra: Moribundo comic.
Aquí debería ir una foto. Encuéntrala en http://www.fotolog.com/hairblue
Boligrafo sobre papel.
Boligrafo sobre papel.
Moribundo en Blanca's Party.
Resulta que Blanca llevaba ya mucho tiempo preparando cosas para su cumpleaños. Ella es una persona maravillosa pero que con la amistad no tiene mucha suerte, las dos personas con las que comparte una amistad más larga es con su ex cuñada (otra persona que daría para muchos posts) y yo que solamente le conozco desde hace 4 años.
Su cumpleaños lo celebró por partes, en dos noches, al estilo gitano, pero sin ocupar las canchas de baloncesto con mesas y tiendas de campaña durante tres días como hacen en mi barrio.
La primera noche nos fuimos a cenar a un mexicano. Lo que no sé es porqué ella tiene esa fijación con hacernos comer mexicano en todas sus fiestas de cumpleaños. Al menos esta vez cocinaban cocineros expertos, en una ocasión nos sirvió en su propia casa un buffet a base de burritos y otras exquisiteces cuyas tortas resultaron tan duras que al morderlas te causabas cortes en la lengua. Por otro lado lo más ilógico del asunto es que ella es celiaca y muchas de las tortas no las puede tomar.
La otra parte del cumpleaños era en la casa de una de sus nuevas amigas. Llegué un poco antes y compramos algo de picar. Preparamos unos sándwiches de paté que nadie probó y unas galletas tan baratas que su sucedáneo de chocolate provocaba auténticas arcadas.
Una vez con la bebida (que trajo el novio de Blanca) comenzó la fiesta. ¿Y qué hacen unas personas con más de 20 años a sus espaldas, maduras, estudiantes licenciados? Pues juegos de besos y reírnos cada vez que alguien dijera la palabra tetitas.
Aunque primero jugamos al trivial y mira que lo dije, que estos juegos los carga el diablo y la gente se pone muy nerviosa. Exacto, a los dos intentos de agresión por parte del novio de Blanca al resto de invitados decidimos guardar el trivial.
En éstas, Blanca me hace señas:
Blanca: -“Eh! Pssst psssssst”
Yo: -“Dime”
B: -“No te gusta Emilio”
Y: -“Es simpático ¿Por?”
B: -“Es que también es gay”
Horror. La fiesta había cambiado de la temática cumpleañera a la de “juntemos a los dos gays de la fiesta”
El otro chico era majo, pero de esos con una pulsera con la bandera gay y que no paran de contar que si son gays, que es una felicidad, que bla… bla…
Jugamos a lo de bailar e ir pasándonos una escoba y cuando apagan la música el que la tiene se quita una prenda. El chico no tardó en quitarse la camiseta, reconozco que no era desagradable. Yo me quité poco, al ser tan fashion lo del look por capas me puede y es la ventaja que tiene.
Jugamos a beso, atrevimiento o verdad, demostrando una vez más que sabemos divertirnos de manera madura. El juego terminó como siempre, siendo beso, beso o beso. Casualidades de la vida, en mi turno de beso me toca besar en la boca a Emilio. Todo el mundo miraba como si de una snuff movie se tratara ¿Se convertirían en piedra al ver dos chicos besarse? Y le besé las cinco veces que me dictaron, besos normales pero bien dados que uno tiene que mantener el nivel. El chico se quedó alucinado.
Él iba con un amigo del trabajo y capté su conversación:
Amigo: -“Joer tio. ¿Pero a ti te gusta?”
Emilio: -“Hombre… Para un apaño no está mal.
Y acto seguido en su turno de atrevimiento le dice:
Amigo: -“Le tienes que besar a Jose en la boca con lengua”
El chico se abalanza sobre mí y me “incrusta” la lengua en la garganta. Al ver que no me retiraba (pese a que su nerviosismo le hizo darme un beso terrible) la cosa se prolongó durante un rato, ayudándole yo a hacer de aquello algo un poco más agradable.
Tras un rato nos fuimos despidiendo. Emilio, su amigo y yo nos fuimos a la vez.
Nos despedimos y él me insinuó si quería irme de marcha un poco más pero eran las cinco y media de la mañana y estaba cansado.
Resulta tan divertido ser un conejillo de indias para los heterosexuales.
Su cumpleaños lo celebró por partes, en dos noches, al estilo gitano, pero sin ocupar las canchas de baloncesto con mesas y tiendas de campaña durante tres días como hacen en mi barrio.
La primera noche nos fuimos a cenar a un mexicano. Lo que no sé es porqué ella tiene esa fijación con hacernos comer mexicano en todas sus fiestas de cumpleaños. Al menos esta vez cocinaban cocineros expertos, en una ocasión nos sirvió en su propia casa un buffet a base de burritos y otras exquisiteces cuyas tortas resultaron tan duras que al morderlas te causabas cortes en la lengua. Por otro lado lo más ilógico del asunto es que ella es celiaca y muchas de las tortas no las puede tomar.
La otra parte del cumpleaños era en la casa de una de sus nuevas amigas. Llegué un poco antes y compramos algo de picar. Preparamos unos sándwiches de paté que nadie probó y unas galletas tan baratas que su sucedáneo de chocolate provocaba auténticas arcadas.
Una vez con la bebida (que trajo el novio de Blanca) comenzó la fiesta. ¿Y qué hacen unas personas con más de 20 años a sus espaldas, maduras, estudiantes licenciados? Pues juegos de besos y reírnos cada vez que alguien dijera la palabra tetitas.
Aunque primero jugamos al trivial y mira que lo dije, que estos juegos los carga el diablo y la gente se pone muy nerviosa. Exacto, a los dos intentos de agresión por parte del novio de Blanca al resto de invitados decidimos guardar el trivial.
En éstas, Blanca me hace señas:
Blanca: -“Eh! Pssst psssssst”
Yo: -“Dime”
B: -“No te gusta Emilio”
Y: -“Es simpático ¿Por?”
B: -“Es que también es gay”
Horror. La fiesta había cambiado de la temática cumpleañera a la de “juntemos a los dos gays de la fiesta”
El otro chico era majo, pero de esos con una pulsera con la bandera gay y que no paran de contar que si son gays, que es una felicidad, que bla… bla…
Jugamos a lo de bailar e ir pasándonos una escoba y cuando apagan la música el que la tiene se quita una prenda. El chico no tardó en quitarse la camiseta, reconozco que no era desagradable. Yo me quité poco, al ser tan fashion lo del look por capas me puede y es la ventaja que tiene.
Jugamos a beso, atrevimiento o verdad, demostrando una vez más que sabemos divertirnos de manera madura. El juego terminó como siempre, siendo beso, beso o beso. Casualidades de la vida, en mi turno de beso me toca besar en la boca a Emilio. Todo el mundo miraba como si de una snuff movie se tratara ¿Se convertirían en piedra al ver dos chicos besarse? Y le besé las cinco veces que me dictaron, besos normales pero bien dados que uno tiene que mantener el nivel. El chico se quedó alucinado.
Él iba con un amigo del trabajo y capté su conversación:
Amigo: -“Joer tio. ¿Pero a ti te gusta?”
Emilio: -“Hombre… Para un apaño no está mal.
Y acto seguido en su turno de atrevimiento le dice:
Amigo: -“Le tienes que besar a Jose en la boca con lengua”
El chico se abalanza sobre mí y me “incrusta” la lengua en la garganta. Al ver que no me retiraba (pese a que su nerviosismo le hizo darme un beso terrible) la cosa se prolongó durante un rato, ayudándole yo a hacer de aquello algo un poco más agradable.
Tras un rato nos fuimos despidiendo. Emilio, su amigo y yo nos fuimos a la vez.
Nos despedimos y él me insinuó si quería irme de marcha un poco más pero eran las cinco y media de la mañana y estaba cansado.
Resulta tan divertido ser un conejillo de indias para los heterosexuales.
Un poco de obra: Mano y cabeza.
Aquí debería ir una foto. Encuéntrala en http://www.fotolog.com/hairblue
Grafito sobre papel. 18 años de edad.
Grafito sobre papel. 18 años de edad.
Post Profundo.
En cierto modo es verdad. Que no pasen los que no son geómetras o en mi caso no pases si lo que quieres ver es un estudio profundo de mis sentimientos.
La desgracia del arte es lo que tiene y de tanta catarsis acaba uno por los suelos con el alma. Siempre pienso que si al elaborar un dibujo no me dan ganas de llorar posiblemente ése, no valga la pena.
Y mira que me dan ganas de llorar cosas; el telediario, ver gente abrazada, miles de cuadros… e incluso a veces algunos capítulos de los Simpson.
Por suerte mi familia es tan pintoresca y encantadora que supuramos miles de anécdotas, por otro lado siempre está mi visión como filtro. Y quizá es un filtro que me ha llevado un tiempo poner, para evitarme dolores innecesarios.
Los dolores aún están, pero más débiles. Se han convertido en un susurro que me acompaña siempre. Lo noto más cuando bajo a mi trastero y veo el sitio donde nos besábamos y otras cosas, me quedo en él y siento el aire a alrededor. Lo noto más cuando miro mi factura de teléfono y antes gastaba más de 50€ en hablar con él y el mes que rompimos apenas llegué a 9. Lo noto más al ver su foto todas las mañanas, en un marco, que no me atrevo a quitar todavía. Lo noto más al ver los muñecos que me regaló y me miran interrogantes con las sonrisas cosidas.
Pero sólo son momentos puntuales. Ahora lo sé, ya no le quiero… pero despojarnos de la rutina es de las cosas más complicadas que podemos hacer los seres humanos.
Y sigo fingiendo muchas veces, poniendo la sonrisa de una Bratz cuando yendo con mi madre en el autobús pasamos por enfrente de su casa o cuando las últimas veces que hablé con él me secaba los ojos, estiraba mis mejillas y simulaba que nada ocurría, feliz como la muñeca, impecable como un maniquí y por dentro roto y negro.
Ahora lo que siento, si verdaderamente importa, es agradecimiento, primero por haber sido feliz al lado de alguien y segundo porque me dejara, ya que estaba cansado de pedir perdón constantemente y mi terrible cobardía nunca me hubiera permitido ponerle fin a la historia.
Esto no quiere decir que esté triste, seguro que a mucha gente le pasa, al hablar de sentimientos siempre suena todo muy melodramático. No pretendo imitar a Nietzche, siempre me gustó la filosofía pero soy más dado al chascarrillo fácil de no demasiada sustancia pero de mucha risa, mi mente no llega a más fuera del mundo artístico.
Este no es un post demasiado profundo, ¡tocotó!
La desgracia del arte es lo que tiene y de tanta catarsis acaba uno por los suelos con el alma. Siempre pienso que si al elaborar un dibujo no me dan ganas de llorar posiblemente ése, no valga la pena.
Y mira que me dan ganas de llorar cosas; el telediario, ver gente abrazada, miles de cuadros… e incluso a veces algunos capítulos de los Simpson.
Por suerte mi familia es tan pintoresca y encantadora que supuramos miles de anécdotas, por otro lado siempre está mi visión como filtro. Y quizá es un filtro que me ha llevado un tiempo poner, para evitarme dolores innecesarios.
Los dolores aún están, pero más débiles. Se han convertido en un susurro que me acompaña siempre. Lo noto más cuando bajo a mi trastero y veo el sitio donde nos besábamos y otras cosas, me quedo en él y siento el aire a alrededor. Lo noto más cuando miro mi factura de teléfono y antes gastaba más de 50€ en hablar con él y el mes que rompimos apenas llegué a 9. Lo noto más al ver su foto todas las mañanas, en un marco, que no me atrevo a quitar todavía. Lo noto más al ver los muñecos que me regaló y me miran interrogantes con las sonrisas cosidas.
Pero sólo son momentos puntuales. Ahora lo sé, ya no le quiero… pero despojarnos de la rutina es de las cosas más complicadas que podemos hacer los seres humanos.
Y sigo fingiendo muchas veces, poniendo la sonrisa de una Bratz cuando yendo con mi madre en el autobús pasamos por enfrente de su casa o cuando las últimas veces que hablé con él me secaba los ojos, estiraba mis mejillas y simulaba que nada ocurría, feliz como la muñeca, impecable como un maniquí y por dentro roto y negro.
Ahora lo que siento, si verdaderamente importa, es agradecimiento, primero por haber sido feliz al lado de alguien y segundo porque me dejara, ya que estaba cansado de pedir perdón constantemente y mi terrible cobardía nunca me hubiera permitido ponerle fin a la historia.
Esto no quiere decir que esté triste, seguro que a mucha gente le pasa, al hablar de sentimientos siempre suena todo muy melodramático. No pretendo imitar a Nietzche, siempre me gustó la filosofía pero soy más dado al chascarrillo fácil de no demasiada sustancia pero de mucha risa, mi mente no llega a más fuera del mundo artístico.
Este no es un post demasiado profundo, ¡tocotó!
Un poco de obra: Máscara.
Aquí debería ir una foto. Encuéntrala en http://www.fotolog.com/hairblue
Fotografia en Blanco y Negro sobre papel satinado.
Fotografia en Blanco y Negro sobre papel satinado.
Moribundo y el pueblo.
Este día de la constitución me está resultando tan tedioso y aburrido como la pelicula de Waterworld (que alguien asesine ya a Kevin Costner), por ello saliendo de mi habitual linea actualizo dos días seguidos.
Y es que me encuentro solito en casa... bueno, con mi padre, pero si verle dar cabezadas delante del ordenador es una actividad padre-hijo que venga dios y lo vea.
Hoy todo el mundo me abandona, Lady Evil no me permite hablar de ella porque ultimamente está haciendo cosas que no voy a contar que voy a referirme a ellas con "X", la Diseñadora está en Barcelona (si...) con su gordo novio, Comunicóloga está con su novio también y mi madre y mi abuela... bueno, ellas no están por causa de fuerza mayor.
Resulta que el pueblo de mi madre es una pequeña población en Extremadura, y ultimamente viajan bastante allí porque se están muriendo todas las personas que lo habitan.
Ésto, que suena tan fuerte, es totalmente cierto, empiezo a imaginar que para pasar las próximas navidades van a quedar cuatro personas y claro, de tanto entierro pues las ganas de festejar como que se van un poco a hacer gárgaras.
Todo tiene una explicación lógica, este pueblito, en la yerma extremadura además de ser un pedazo de tierra movida por el rencor y los cotilleos a través de los visillos tiene una población enormemente envejecida y claro, el tiempo no perdona y la muerte juega con ellos como si de un dominó se tratara. El cupo de entierros va dejando la familia de mi madre en las últimas:
Yo: - "¿Quién era?"
Mamá: -" La Sandra, la de mi primo Felipe, que se ha muerto la tia Mercedes, la hermana de tu abuelo"
Y: -"¿Otra más?"
M: - "Si hijo, ¿Qué quieres que le haga?
Y: - "Nada, nada..."
M: - "(Alejándose) Si al menos con el quinto entierro te dieran una tostadora..."
Lo maravilloso de mi pueblo es cómo son sus habitantes. En mi caso siempre te miran de arriba a abajo y comentan cosas en voz alta sobre ti como si no estuvieras delante de ellos "Mira que raro es el nieto de la Resu" y cosas de esas.
Mi abuela que durante mucho tiempo ha visto la sombra de la muerte sobre ella, en estas fechas tan señaladas se ponía terriblemente melancólica, diciendo a todo el mundo que se iba a morir y que éstas eran las últimas navidades que iba a pasar con nosotros.
Por ello regalaba a todos los nietos colgantes de oro y cosas así preciosos y muy caros para que tuviesemos un recuerdo de ella, el más bonito es una paleta de pintor con su pincel y todo de oro que en vez de pintura tiene piedras de diferentes colores, por supuesto no me lo quito nunca (no como una cabeza de Cristo terrible que guardo en lo más profundo de mi cajón). Claro, que como vio que morirse todos los años le perjudicaba gravemente el bolsillo hará dos años que la mujer está como una rosa, ya nunca dice que se va a morir ni le inunda la tristeza.
Lo malo es que ahora, enterrando a toda su familia no le vemos mucho gesto de tristeza, sino más bien un sentimiento de crecimiento ante la adversidad y saber que los está enterrando a todos.
Para mí que guarda una lista en la que los va tachando. Dios la perdone para que así al menos un miembro de mi familia vaya al cielo...
Y es que me encuentro solito en casa... bueno, con mi padre, pero si verle dar cabezadas delante del ordenador es una actividad padre-hijo que venga dios y lo vea.
Hoy todo el mundo me abandona, Lady Evil no me permite hablar de ella porque ultimamente está haciendo cosas que no voy a contar que voy a referirme a ellas con "X", la Diseñadora está en Barcelona (si...) con su gordo novio, Comunicóloga está con su novio también y mi madre y mi abuela... bueno, ellas no están por causa de fuerza mayor.
Resulta que el pueblo de mi madre es una pequeña población en Extremadura, y ultimamente viajan bastante allí porque se están muriendo todas las personas que lo habitan.
Ésto, que suena tan fuerte, es totalmente cierto, empiezo a imaginar que para pasar las próximas navidades van a quedar cuatro personas y claro, de tanto entierro pues las ganas de festejar como que se van un poco a hacer gárgaras.
Todo tiene una explicación lógica, este pueblito, en la yerma extremadura además de ser un pedazo de tierra movida por el rencor y los cotilleos a través de los visillos tiene una población enormemente envejecida y claro, el tiempo no perdona y la muerte juega con ellos como si de un dominó se tratara. El cupo de entierros va dejando la familia de mi madre en las últimas:
Yo: - "¿Quién era?"
Mamá: -" La Sandra, la de mi primo Felipe, que se ha muerto la tia Mercedes, la hermana de tu abuelo"
Y: -"¿Otra más?"
M: - "Si hijo, ¿Qué quieres que le haga?
Y: - "Nada, nada..."
M: - "(Alejándose) Si al menos con el quinto entierro te dieran una tostadora..."
Lo maravilloso de mi pueblo es cómo son sus habitantes. En mi caso siempre te miran de arriba a abajo y comentan cosas en voz alta sobre ti como si no estuvieras delante de ellos "Mira que raro es el nieto de la Resu" y cosas de esas.
Mi abuela que durante mucho tiempo ha visto la sombra de la muerte sobre ella, en estas fechas tan señaladas se ponía terriblemente melancólica, diciendo a todo el mundo que se iba a morir y que éstas eran las últimas navidades que iba a pasar con nosotros.
Por ello regalaba a todos los nietos colgantes de oro y cosas así preciosos y muy caros para que tuviesemos un recuerdo de ella, el más bonito es una paleta de pintor con su pincel y todo de oro que en vez de pintura tiene piedras de diferentes colores, por supuesto no me lo quito nunca (no como una cabeza de Cristo terrible que guardo en lo más profundo de mi cajón). Claro, que como vio que morirse todos los años le perjudicaba gravemente el bolsillo hará dos años que la mujer está como una rosa, ya nunca dice que se va a morir ni le inunda la tristeza.
Lo malo es que ahora, enterrando a toda su familia no le vemos mucho gesto de tristeza, sino más bien un sentimiento de crecimiento ante la adversidad y saber que los está enterrando a todos.
Para mí que guarda una lista en la que los va tachando. Dios la perdone para que así al menos un miembro de mi familia vaya al cielo...
Un poco de obra: Zapatos06.
Aquí debería ir una foto. Encuéntrala en http://www.fotolog.com/hairblue
Fotografia en Blanco y Negro sobre papel satinado.
Fotografia en Blanco y Negro sobre papel satinado.
Moribundo y el sexo.
Nunca pensé que llegaría a este punto. Esta situación no da más de si, es que… necesito sexo amigos.
Es duro confesarlo a través de Internet pero me encuentro totalmente descontrolado, mis brazos y piernas se resienten y llegará un momento en el que no voy a controlarme en el metro y violaré a algún afortunado con perilla en medio del vagón.
Yo me miro y pienso: - “Chico, si estás muy bien ¿Cuál es el problema?”.
Y me respondo: - “Te voy a decir cual es el problema, todas esas películas de Tom Hanks te han sorbido el cerebro y tu mente ha llegado a una simbiosis con la de Walt Disney, omitiendo la pederastia y el movimiento pro-nazi”
Claro, con mi ex hay que reconocer que las cosas eran “especiales”; me hacia un montón de regalitos y siempre me estaba diciendo lo guapo que era, un encanto en toda regla… que compensaba otras cosas.
Y es que ahora desde el maravilloso prisma subjetivo con el que observo mi anterior relación espero que Jaime con la heterosexualidad le llegue también la inspiración en el plano sexual porque conmigo lo llevaba normalito.
No me quejo demasiado, si hubiera sido algo fatal no hubiera tenido que esperar a cambiarse de acera para terminar nuestro noviazgo, pero ¡Imaginación por Dior! ¡Si su postura preferida era quedarse con los brazos detrás de la cabeza en plan tumbona mientras se le hacia el trabajito en los bajos!
Una vez, eso sí, cumplió una de mis mayores fantasías. Al haber trabajado de barrendero a tiempo parcial disponía del uniforme y un día me sorprendió llevándolo debajo de la ropa, al cambiarse apareció con ese amarillo fosforito que iluminó mi rostro, la habitación y media calle a través de las ventanas.
Casi a la fuerza le descubrí el 69, pero otro fallo. Aquello era un descontrol. Ya sé que me pongo en plan monitor infantil, pero hay que tener coordinación y un poco de psicomotricidad.
Las felaciones eran la especialidad de la casa, al estar él circuncidado debía tener el mayor de los cuidados con su, por otra parte bastante considerable, herramienta (jo… que basto, ¿No?). La experiencia me permitió cogerle el tranquillo, pero algo que él comenzó haciendo mucho mejor que yo, terminó siendo a veces una experiencia algo dolorosa… y si, me refiero a que a veces hay que mantener alejados los dientes.
De lo que no tengo ninguna queja es de los besos. Si algo nos dejaba lerdos de verdad era pasarnos auténticas eternidades besando y besando. Me gusta pensar que algo que hacíamos tan bien venía inspirado en parte por mí. Lo maravilloso era empezar despacio, muy dulce... para terminar como perros mordiéndonos y llenando nuestras caras de babas.
Llego a la conclusión de que el chip Mickey debe convertirse en el chip superputa. En realidad siempre he llevado una meretriz en mi interior, a Jaime no le costó demasiado conquistarme (pese a que entre sus dientes cupiera una moneda de euro), y ahora que ando buscando alguien con quien compartir esta necesidad tampoco va a tener que esforzarse demasiado. Siempre me quedará la posibilidad de imitar aquel cartel que apareció colgado por la facultad:
“Se ofrece garganta profunda porque urge viaje a Barcelona”
Al final si estoy así es porque quiero.
Es duro confesarlo a través de Internet pero me encuentro totalmente descontrolado, mis brazos y piernas se resienten y llegará un momento en el que no voy a controlarme en el metro y violaré a algún afortunado con perilla en medio del vagón.
Yo me miro y pienso: - “Chico, si estás muy bien ¿Cuál es el problema?”.
Y me respondo: - “Te voy a decir cual es el problema, todas esas películas de Tom Hanks te han sorbido el cerebro y tu mente ha llegado a una simbiosis con la de Walt Disney, omitiendo la pederastia y el movimiento pro-nazi”
Claro, con mi ex hay que reconocer que las cosas eran “especiales”; me hacia un montón de regalitos y siempre me estaba diciendo lo guapo que era, un encanto en toda regla… que compensaba otras cosas.
Y es que ahora desde el maravilloso prisma subjetivo con el que observo mi anterior relación espero que Jaime con la heterosexualidad le llegue también la inspiración en el plano sexual porque conmigo lo llevaba normalito.
No me quejo demasiado, si hubiera sido algo fatal no hubiera tenido que esperar a cambiarse de acera para terminar nuestro noviazgo, pero ¡Imaginación por Dior! ¡Si su postura preferida era quedarse con los brazos detrás de la cabeza en plan tumbona mientras se le hacia el trabajito en los bajos!
Una vez, eso sí, cumplió una de mis mayores fantasías. Al haber trabajado de barrendero a tiempo parcial disponía del uniforme y un día me sorprendió llevándolo debajo de la ropa, al cambiarse apareció con ese amarillo fosforito que iluminó mi rostro, la habitación y media calle a través de las ventanas.
Casi a la fuerza le descubrí el 69, pero otro fallo. Aquello era un descontrol. Ya sé que me pongo en plan monitor infantil, pero hay que tener coordinación y un poco de psicomotricidad.
Las felaciones eran la especialidad de la casa, al estar él circuncidado debía tener el mayor de los cuidados con su, por otra parte bastante considerable, herramienta (jo… que basto, ¿No?). La experiencia me permitió cogerle el tranquillo, pero algo que él comenzó haciendo mucho mejor que yo, terminó siendo a veces una experiencia algo dolorosa… y si, me refiero a que a veces hay que mantener alejados los dientes.
De lo que no tengo ninguna queja es de los besos. Si algo nos dejaba lerdos de verdad era pasarnos auténticas eternidades besando y besando. Me gusta pensar que algo que hacíamos tan bien venía inspirado en parte por mí. Lo maravilloso era empezar despacio, muy dulce... para terminar como perros mordiéndonos y llenando nuestras caras de babas.
Llego a la conclusión de que el chip Mickey debe convertirse en el chip superputa. En realidad siempre he llevado una meretriz en mi interior, a Jaime no le costó demasiado conquistarme (pese a que entre sus dientes cupiera una moneda de euro), y ahora que ando buscando alguien con quien compartir esta necesidad tampoco va a tener que esforzarse demasiado. Siempre me quedará la posibilidad de imitar aquel cartel que apareció colgado por la facultad:
“Se ofrece garganta profunda porque urge viaje a Barcelona”
Al final si estoy así es porque quiero.
Zapatos05
Aquí debería ir una foto. Encuéntrala en http://www.fotolog.com/hairblue
Fotografia en Blanco y Negro sobre papel satinado.
Fotografia en Blanco y Negro sobre papel satinado.
Cuando comenzó Moribundo.
Igual que el anuncio del Werthers Original, recuerdo con mucho cariño todo lo que tuve que hacer para lograr entrar en el submundo que es la universidad complutense y el inframundo de Bellas Artes.
Después de pasar la odiosa selectividad, recoger notas y demás me encaminé al vicerrectorado de alumnos.Allí descubro con estupor que la prueba de acceso era al día siguiente y ése era el último día para apuntarse, además de que te soplan 100€ por realizarla. En quince minutos reuní fotocopias y demás, ya estaba dentro de la prueba de nivel.
La prueba consistia en dos dibujos, a día por dibujo, uno de ellos encaje a linea y el otro con color y como te diera la gana.Por suerte aunque mi mente nunca atiende a fechas (soy esclavo de mi agenda) ya estaba dibujando en un cuadernito cosas que iba encontrando por mi casa, el paragüero, un autorretrato, frutas, un autorretrato, un autorretrato... lo normal dentro de una persona como yo. Claro que los dibujos de la prueba eran de unas medidas de 100 por 70, cosa que nunca habia tocado, pero oye ¿Y porqué me iba a salir mal?
El día de marras era la primera vez que buscaba la facultad de BBAA y las explicaciones de mi hermana la comunicóloga, el miembro con menor orientación de toda la familia lograron que atravesara dos descampados, un zarzal, una carretera, un puente y acabara al otro lado del campus.Perdido, con miedo de llegar tarde y arañazos que precisaban una clara desinfección logré dar con mi objetivo
Dentro todo eran nervios. Un montón de gente esperaba apiñada a que dijeran sus nombres. Nunca había visto reunión semejante de góticos fuera de la zona de Tribunal.
Al ser de los últimos apellidos os podeis imaginar, te dan ganas de mear, de vomitar y de excretar cualquier cosa, pero por fín mi nombre y mi caballete.
La sala... eso era como el metro por la mañana ¿Un dibujo tan grande y tan solo 60 cm de espacio entre un caballete y otro? Pero nada, el encaje era de la venus de la concha, me dispuse. Por suerte, siempre atraigo a personajes singulares a la par que vomitivos y me tocó a mi lado uno de esos "divos-artistas" que al despojarse de un jersey, dejaba ver una camiseta costumizada con acrílico que él mismo habia escrito, seguramente reutilizando palabras de algún escrito de Benedetti que cayera en sus manos por error en lugar de la SuperPop.
Este chaval, simpático él, no paraba de alejarse y acercarse a su dibujo, un creador así debe ver su obra en conjunto. En una de esas me empujó hacia el tablero, haciendome hacer una gruesa linea negra con mi grafito en el medio del dibujo. Me desbordó la alegria y mientras me llegaba el colapso simplemente volvió la cabeza y, abstraido siguió dibujando. Arreglé mi dibujo y esperé a la segunda parte.
Al día siguiente utilicé pinturas pastel para el ejercicio de color, lo cierto es que me quedó bastante resultón. Mi vecino utilizaba pintura acrílica con brochazos muy sueltos, adoptando después una postura a lo Jackson Pollock. Al salir del examen, la persona que guardaba en la puerta los carnets me dijo:
Persona: - "Bueno, mucha suerte"
Yo: (Con aire altivo) "Gracias, pero no la necesito, voy a entrar"
Y me alejé totalmente derrotado pensando que iba a suspender y con ello a comerme esa frase tan bonita.
Los días siguientes fueron la desesperación. Las personas que se habian preparado para la prueba en cursos intensivos aprovecharon a descansar pero los que no habiamos hecho ni el huevo ¿Qué?.
Me acompañó la comunicóloga al vicerrectorado, con los nervios no encontré mi nombre hasta que leí "Apto", me puse a llorar. Por suerte, mi dios que es materialista y vengativo me preparó otra sorpresa, mi vecino lloraba pero por otra razón, no habia entrado. Lo decidí, definitivamente era el día más feliz de mi vida, existe la justicia divina.
Nota feliz:
El chico que me martirizó no entró, pero al año siguiente si y le tengo localizado, porque la venganza es un plato que se sirve frio y el rencor en mi familia es un don maligno que también se hereda.
Después de pasar la odiosa selectividad, recoger notas y demás me encaminé al vicerrectorado de alumnos.Allí descubro con estupor que la prueba de acceso era al día siguiente y ése era el último día para apuntarse, además de que te soplan 100€ por realizarla. En quince minutos reuní fotocopias y demás, ya estaba dentro de la prueba de nivel.
La prueba consistia en dos dibujos, a día por dibujo, uno de ellos encaje a linea y el otro con color y como te diera la gana.Por suerte aunque mi mente nunca atiende a fechas (soy esclavo de mi agenda) ya estaba dibujando en un cuadernito cosas que iba encontrando por mi casa, el paragüero, un autorretrato, frutas, un autorretrato, un autorretrato... lo normal dentro de una persona como yo. Claro que los dibujos de la prueba eran de unas medidas de 100 por 70, cosa que nunca habia tocado, pero oye ¿Y porqué me iba a salir mal?
El día de marras era la primera vez que buscaba la facultad de BBAA y las explicaciones de mi hermana la comunicóloga, el miembro con menor orientación de toda la familia lograron que atravesara dos descampados, un zarzal, una carretera, un puente y acabara al otro lado del campus.Perdido, con miedo de llegar tarde y arañazos que precisaban una clara desinfección logré dar con mi objetivo
Dentro todo eran nervios. Un montón de gente esperaba apiñada a que dijeran sus nombres. Nunca había visto reunión semejante de góticos fuera de la zona de Tribunal.
Al ser de los últimos apellidos os podeis imaginar, te dan ganas de mear, de vomitar y de excretar cualquier cosa, pero por fín mi nombre y mi caballete.
La sala... eso era como el metro por la mañana ¿Un dibujo tan grande y tan solo 60 cm de espacio entre un caballete y otro? Pero nada, el encaje era de la venus de la concha, me dispuse. Por suerte, siempre atraigo a personajes singulares a la par que vomitivos y me tocó a mi lado uno de esos "divos-artistas" que al despojarse de un jersey, dejaba ver una camiseta costumizada con acrílico que él mismo habia escrito, seguramente reutilizando palabras de algún escrito de Benedetti que cayera en sus manos por error en lugar de la SuperPop.
Este chaval, simpático él, no paraba de alejarse y acercarse a su dibujo, un creador así debe ver su obra en conjunto. En una de esas me empujó hacia el tablero, haciendome hacer una gruesa linea negra con mi grafito en el medio del dibujo. Me desbordó la alegria y mientras me llegaba el colapso simplemente volvió la cabeza y, abstraido siguió dibujando. Arreglé mi dibujo y esperé a la segunda parte.
Al día siguiente utilicé pinturas pastel para el ejercicio de color, lo cierto es que me quedó bastante resultón. Mi vecino utilizaba pintura acrílica con brochazos muy sueltos, adoptando después una postura a lo Jackson Pollock. Al salir del examen, la persona que guardaba en la puerta los carnets me dijo:
Persona: - "Bueno, mucha suerte"
Yo: (Con aire altivo) "Gracias, pero no la necesito, voy a entrar"
Y me alejé totalmente derrotado pensando que iba a suspender y con ello a comerme esa frase tan bonita.
Los días siguientes fueron la desesperación. Las personas que se habian preparado para la prueba en cursos intensivos aprovecharon a descansar pero los que no habiamos hecho ni el huevo ¿Qué?.
Me acompañó la comunicóloga al vicerrectorado, con los nervios no encontré mi nombre hasta que leí "Apto", me puse a llorar. Por suerte, mi dios que es materialista y vengativo me preparó otra sorpresa, mi vecino lloraba pero por otra razón, no habia entrado. Lo decidí, definitivamente era el día más feliz de mi vida, existe la justicia divina.
Nota feliz:
El chico que me martirizó no entró, pero al año siguiente si y le tengo localizado, porque la venganza es un plato que se sirve frio y el rencor en mi familia es un don maligno que también se hereda.