Un poco de obra: Pena.

Grafito sobre papel.
¿Moribundo Gafapasta?
Hace poco me preguntaron si yo era un gafapasta. Era la primera vez que escuchaba el término y no estaba familiarizado. Parece ser que los gafapasta son personas que van de alternativas e intelectuales por la vida, o eso me explicaron en ese mismo momento.
Después, en una de las mesas de la cafeteria de Bellas Artes pude leer una pintada, esta vez nada del típico “Viva yo”, “Arriba la república” o “Puta, puta, puta”, sino que decía lo siguiente “Muerte a los gafapasta”.
Yo utilizo gafas de pasta. Ellas no vinieron porque sí, de hecho las escogí cuidadosamente. Cuando me hice estas nuevas gafas yo llevaba antes unas de metal, preciosas, finísimas, que a mi ex encantaban. A él le gustaba mucho que yo llevara gafas, además muchas personas coinciden en ello, me han repetido muchas veces que me prefieren con gafas y por eso nunca me planteé de manera seria lo de las lentillas hasta que he visto tan cerca el día de la ortodoncia.
Bueno, yo las gafas no las trato demasiado bien, para mí son un instrumento más y para más inri las limpio con lo primero que pillo, ya sea una gamuza, el elástico del calzoncillo o un scotch brite.
Las últimas de metal que tuve estaban las pobres para el arrastre, una vez estaba yo peleando con mi ex porque si, tras una sesión de sexo soy de esos que se siguen encontrando activos. Era verano y acabábamos de echar unos cuantos polvazos en una asociación de mujeres maltratadas que utilizábamos de picadero. Recogíamos diferentes colchonetas y unas cuantas fundas nórdicas que por allí pululaban y nos montábamos nuestra cama-tatami gigante.
Como mi naturaleza es agresiva comenzamos a darnos de lo lindo (golpes). Él, que era la voz de la conciencia siempre advertía “Que te voy a hacer daño”, “Te vas a terminar enfadando”, por supuesto yo ni caso e intentaba pegarle con todas mis ganas y esfuerzo. Él, terminaba ganando, me retorcía un brazo y me obligaba a echarme en el suelo (cosa que me excitaba, así de extraño soy) y en una de éstas, entre patadas y golpes de pronto un leve “crash” que nos inmovilizó. Mis gafitas acababan de recibir un planchazo por su fabuloso pie que rondaba el 43 y sus más de 90 kilos. Jaime se enfadó conmigo y yo intenté quitarle hierro al asunto. Al llegar a casa me inventé la absurda historia de que me había caído en el autobús y se habían roto. Las llevaron a arreglar y las seguí utilizando, como si nada.
Pasado el tiempo las pobres tenían el ojo izquierdo tan rayado que comenzaba a mirar por encima de ella para poder ver algo y como Jaime y yo ya habíamos cortado supuse que era un buen momento para el cambio de look. ¿No me había arrancado el pelo y engordado 10 kilos en navidades sólo por él? Pues me iba a deshacer de las gafas que tanto le gustaban.
Lo que es totalmente contrario a las gafas de metal son las de pasta, Diseñadora, por supuesto las lleva desde hace bastantes años. Ella fue una precursora del gafapastismo y yo, que manejo mi personalidad entre las aguas de mis dos queridas hermanas decidí tirarme más a su estética tipo Daría (la serie de dibujos animada de la Mtv).
Por supuesto que me encontraba en un momento “no-me-mires-todo-me-da-asco-odio-el-mundo” bastante importante, mis dibujos por el contrario vivían su momento apoteósico sádico. Quería gafas de diseñador.
Comprar gafas es algo que puede llevarte mucho tiempo, la señora de la óptica con la mirada perdida sacaba y sacaba modelos, todos le encantaban, todos me quedaban estupendos y me favorecían el rostro. Sus mentiras no me afectaban lo más mínimo y yo seguía probando y probando, hasta que sacó las gafas más feas, un alarde de color que nadie me hubiera podido asignar nunca, las más llamativas que siendo de pasta combinaban un azul al exterior, una línea blanca al medio y por dentro un color naranja.
Yo: - “Quiero éstas”
Óptica: - “Bueno… la verdad es que son un poco llamativas…”
Y: - “Si, pero me gustan”
O: - “¿No prefieres algo que llame menos la atención?”
Obviamente le contesté que no. ¿Para qué me intentó endosar las demás para luego decir a la que me gusta que no? No cambié de idea y me las compré. Comenzaba a ser tan distinto del anterior moribundo, aquel con gafas de metal, novio, seguro de todo…
Pero las gafas no me definen como un gafapasta total. Cierto es que veo exposiciones, estudio bellas artes y a veces la línea que me separa del frikismo es confusa, pero no escucho Björk, veo cine iraní, viajo en bicicleta a todos lados y me paso la vida en la Fnac.
¿Algún gafapasta en la sala?
Después, en una de las mesas de la cafeteria de Bellas Artes pude leer una pintada, esta vez nada del típico “Viva yo”, “Arriba la república” o “Puta, puta, puta”, sino que decía lo siguiente “Muerte a los gafapasta”.
Yo utilizo gafas de pasta. Ellas no vinieron porque sí, de hecho las escogí cuidadosamente. Cuando me hice estas nuevas gafas yo llevaba antes unas de metal, preciosas, finísimas, que a mi ex encantaban. A él le gustaba mucho que yo llevara gafas, además muchas personas coinciden en ello, me han repetido muchas veces que me prefieren con gafas y por eso nunca me planteé de manera seria lo de las lentillas hasta que he visto tan cerca el día de la ortodoncia.
Bueno, yo las gafas no las trato demasiado bien, para mí son un instrumento más y para más inri las limpio con lo primero que pillo, ya sea una gamuza, el elástico del calzoncillo o un scotch brite.
Las últimas de metal que tuve estaban las pobres para el arrastre, una vez estaba yo peleando con mi ex porque si, tras una sesión de sexo soy de esos que se siguen encontrando activos. Era verano y acabábamos de echar unos cuantos polvazos en una asociación de mujeres maltratadas que utilizábamos de picadero. Recogíamos diferentes colchonetas y unas cuantas fundas nórdicas que por allí pululaban y nos montábamos nuestra cama-tatami gigante.
Como mi naturaleza es agresiva comenzamos a darnos de lo lindo (golpes). Él, que era la voz de la conciencia siempre advertía “Que te voy a hacer daño”, “Te vas a terminar enfadando”, por supuesto yo ni caso e intentaba pegarle con todas mis ganas y esfuerzo. Él, terminaba ganando, me retorcía un brazo y me obligaba a echarme en el suelo (cosa que me excitaba, así de extraño soy) y en una de éstas, entre patadas y golpes de pronto un leve “crash” que nos inmovilizó. Mis gafitas acababan de recibir un planchazo por su fabuloso pie que rondaba el 43 y sus más de 90 kilos. Jaime se enfadó conmigo y yo intenté quitarle hierro al asunto. Al llegar a casa me inventé la absurda historia de que me había caído en el autobús y se habían roto. Las llevaron a arreglar y las seguí utilizando, como si nada.
Pasado el tiempo las pobres tenían el ojo izquierdo tan rayado que comenzaba a mirar por encima de ella para poder ver algo y como Jaime y yo ya habíamos cortado supuse que era un buen momento para el cambio de look. ¿No me había arrancado el pelo y engordado 10 kilos en navidades sólo por él? Pues me iba a deshacer de las gafas que tanto le gustaban.
Lo que es totalmente contrario a las gafas de metal son las de pasta, Diseñadora, por supuesto las lleva desde hace bastantes años. Ella fue una precursora del gafapastismo y yo, que manejo mi personalidad entre las aguas de mis dos queridas hermanas decidí tirarme más a su estética tipo Daría (la serie de dibujos animada de la Mtv).
Por supuesto que me encontraba en un momento “no-me-mires-todo-me-da-asco-odio-el-mundo” bastante importante, mis dibujos por el contrario vivían su momento apoteósico sádico. Quería gafas de diseñador.
Comprar gafas es algo que puede llevarte mucho tiempo, la señora de la óptica con la mirada perdida sacaba y sacaba modelos, todos le encantaban, todos me quedaban estupendos y me favorecían el rostro. Sus mentiras no me afectaban lo más mínimo y yo seguía probando y probando, hasta que sacó las gafas más feas, un alarde de color que nadie me hubiera podido asignar nunca, las más llamativas que siendo de pasta combinaban un azul al exterior, una línea blanca al medio y por dentro un color naranja.
Yo: - “Quiero éstas”
Óptica: - “Bueno… la verdad es que son un poco llamativas…”
Y: - “Si, pero me gustan”
O: - “¿No prefieres algo que llame menos la atención?”
Obviamente le contesté que no. ¿Para qué me intentó endosar las demás para luego decir a la que me gusta que no? No cambié de idea y me las compré. Comenzaba a ser tan distinto del anterior moribundo, aquel con gafas de metal, novio, seguro de todo…
Pero las gafas no me definen como un gafapasta total. Cierto es que veo exposiciones, estudio bellas artes y a veces la línea que me separa del frikismo es confusa, pero no escucho Björk, veo cine iraní, viajo en bicicleta a todos lados y me paso la vida en la Fnac.
¿Algún gafapasta en la sala?
Un poco de obra: Abrigo

Grafito sobre papel.
Reminiscencias moribundas.
Voy a comenzar hoy un repaso. La cercanía del día 16 me pone cada vez más místico, noto que la personalidad piscis, tan insegura, tan soñadora y tan estridente se hace cada vez más hueco en mis gestos y mis palabras.
Voy a repasar mis dibujos, desde que en segundo de bachillerato descubriese que para poder entrar en la facultad de los artistas se debía pasar una prueba de nivel, prueba que todo sea dicho, pasaría un gato desmembrado moviendo una brocha embadurnada en sus jugos gástricos por encima de un lienzo.
Cuando me enteré de lo de la prueba me compré un bloc de esbozo de tamaño DIN A 3 y comencé a dibujar, lo que se me ocurría, lo que veía… colgaré algunos escaneados de estos primeros dibujos, después os mostraré mi prueba de acceso aprobada y terminaremos haciendo un recorrido por acuarelas y demás piezas de primer curso. El nivel es malo, el nivel es malísimo… pero sin ellas no hubiera alcanzado ninguna calidad en mis obras actuales.
Y lo que era dibujar porque si. Eso si era una gozada. Te ponías a estudiar conocimiento del medio o cualquier otra chorrada de la que experimentaron con la primera generación de la ESO y entre tema y tema te dibujas una chorradita.
De pequeño ya apunté maneras y también aptitudes para el dibujo. Por supuesto que era un niño especial, decoraba todas las hojas que caían en mis manos. Además de mi clara predisposición artística gocé de ser una persona inteligente por encima de la media (bajo test estatal) aunque al igual que Lisa Simpson, la falta de unos ingresos también por encima de la media me destinaron al pozo que es el colegio público. Todas mis profesoras disfrutaban conmigo en clase, el primero en entregar todo, el primero en acabar todo, disfraces de carnavales perfectos, redacciones estupendas…
Debido a mi superioridad intelectual era el encargado de realizar cualquier tipo de pancarta, cartel o diseño para todo el colegio. En mis años escolares convertí los pasillos en un museo personal moribundo. No importaba que los demás niños tuvieran clase de matemáticas y lenguaje, me sacaban sin piedad del aula y me tiraba las cinco horas escolares dibujando un lazo azul gigante o palomas para el día de la paz (invento totalmente subversivo).
Realicé las decoraciones navideñas, los dibujos de los adornos que los demás niños, con su reducida creatividad tan sólo se encargaban de colorear, mis carteles se exponían en el día de puertas abiertas, para envidia de las demás madres que en vano, buscaban alguna creación de su retoño.
Acumulé los premios anuales que se otorgaban por curso en la realización de un cómic para el día del libro así como la realización anual de un marca-páginas que se repartía entre todos los alumnos. Siempre me tocaba a mí y en cierto modo ejercí una dictadura artística dentro de mi escuela.
Cuando te das cuenta de que todo lo que haces es lo mejor, lejos de sentir ganas de más fama y fortuna me encontré con que por una vez quería saber lo que era perder o por lo menos ser segundo. Intenté hacer un dibujo horrible, terrible y sonriendo con mis primeras sonrisas maquiavélicas se lo entregué a la profesora. No resultó, el cambio de estilo les pareció mucho más moderno y acabó colgado de la pared de la clase que respiraba monotema de autor.
Era irremediable, si desde los dos años ya dibujé mi cocina en perspectiva y en preescolar me explayaba haciendo parques con perros haciendo pis en las farolas o dibujando el maneken pis cuando mis compañeros no entendían cómo coger el bolígrafo no podía intentar ser mediocre.
Mis profesores del colegio se despidieron de mí con lágrimas en los ojos, se iba el chico perfecto, delegado de clase, dibujante y con nota media 10, querido por el claustro.
Hace poco me enteré de que mi profesora de último curso acababa de morir (realmente joven), posiblemente víctima del tabaco, pues era una fumadora empedernida.
Gracias señorita Piedad, por los carteles, y por hablarme como un adulto siempre…
Voy a repasar mis dibujos, desde que en segundo de bachillerato descubriese que para poder entrar en la facultad de los artistas se debía pasar una prueba de nivel, prueba que todo sea dicho, pasaría un gato desmembrado moviendo una brocha embadurnada en sus jugos gástricos por encima de un lienzo.
Cuando me enteré de lo de la prueba me compré un bloc de esbozo de tamaño DIN A 3 y comencé a dibujar, lo que se me ocurría, lo que veía… colgaré algunos escaneados de estos primeros dibujos, después os mostraré mi prueba de acceso aprobada y terminaremos haciendo un recorrido por acuarelas y demás piezas de primer curso. El nivel es malo, el nivel es malísimo… pero sin ellas no hubiera alcanzado ninguna calidad en mis obras actuales.
Y lo que era dibujar porque si. Eso si era una gozada. Te ponías a estudiar conocimiento del medio o cualquier otra chorrada de la que experimentaron con la primera generación de la ESO y entre tema y tema te dibujas una chorradita.
De pequeño ya apunté maneras y también aptitudes para el dibujo. Por supuesto que era un niño especial, decoraba todas las hojas que caían en mis manos. Además de mi clara predisposición artística gocé de ser una persona inteligente por encima de la media (bajo test estatal) aunque al igual que Lisa Simpson, la falta de unos ingresos también por encima de la media me destinaron al pozo que es el colegio público. Todas mis profesoras disfrutaban conmigo en clase, el primero en entregar todo, el primero en acabar todo, disfraces de carnavales perfectos, redacciones estupendas…
Debido a mi superioridad intelectual era el encargado de realizar cualquier tipo de pancarta, cartel o diseño para todo el colegio. En mis años escolares convertí los pasillos en un museo personal moribundo. No importaba que los demás niños tuvieran clase de matemáticas y lenguaje, me sacaban sin piedad del aula y me tiraba las cinco horas escolares dibujando un lazo azul gigante o palomas para el día de la paz (invento totalmente subversivo).
Realicé las decoraciones navideñas, los dibujos de los adornos que los demás niños, con su reducida creatividad tan sólo se encargaban de colorear, mis carteles se exponían en el día de puertas abiertas, para envidia de las demás madres que en vano, buscaban alguna creación de su retoño.
Acumulé los premios anuales que se otorgaban por curso en la realización de un cómic para el día del libro así como la realización anual de un marca-páginas que se repartía entre todos los alumnos. Siempre me tocaba a mí y en cierto modo ejercí una dictadura artística dentro de mi escuela.
Cuando te das cuenta de que todo lo que haces es lo mejor, lejos de sentir ganas de más fama y fortuna me encontré con que por una vez quería saber lo que era perder o por lo menos ser segundo. Intenté hacer un dibujo horrible, terrible y sonriendo con mis primeras sonrisas maquiavélicas se lo entregué a la profesora. No resultó, el cambio de estilo les pareció mucho más moderno y acabó colgado de la pared de la clase que respiraba monotema de autor.
Era irremediable, si desde los dos años ya dibujé mi cocina en perspectiva y en preescolar me explayaba haciendo parques con perros haciendo pis en las farolas o dibujando el maneken pis cuando mis compañeros no entendían cómo coger el bolígrafo no podía intentar ser mediocre.
Mis profesores del colegio se despidieron de mí con lágrimas en los ojos, se iba el chico perfecto, delegado de clase, dibujante y con nota media 10, querido por el claustro.
Hace poco me enteré de que mi profesora de último curso acababa de morir (realmente joven), posiblemente víctima del tabaco, pues era una fumadora empedernida.
Gracias señorita Piedad, por los carteles, y por hablarme como un adulto siempre…
Un poco de obra: Perfiles (Laura Ramiro)

Carboncillo, collage y comté sobre papel ingres.
Moribundo y las casas.
Cuando en la vida se acercan cambios, el mundo te lanza señales inequívocas. Si no, como se llama a que en la primera quincena de febrero los suicidas escogieran como locos terminar con su trayecto en esta vida interponiéndose precisamente en el trayecto de los cercanías de, entre otras, mi línea. Nunca en mi vida había escuchado tantas veces seguidas lo de “retrasos por arrollamiento”. Claro que también tenemos el factor San Valentín, pero jugando con las leyes Kármicas sabemos que todo se relaciona.
Pues esos cambios están llegando a la casa moribunda y a la misma velocidad con la que se esparcen los sesos de un asaltador de trenes de los que me retrasaron los trayectos últimamente.
Diseñadora y Comunicóloga quieren abandonar el nido desestructurado (pero nido a fin de cuentas) de los Moribundo. Van a organizar su propia vivienda del horror.
Yo digo que ya era hora. Las pobres necesitan su propio espacio pero ya. Su tiempo en casa se ha ido reduciendo tanto que muchas veces parecen visitas aparecidas de pronto, visitas de esas que atracan la nevera y no paran de dejar mierda por todos los lados, ellas no han heredado la limpieza compulsiva.
La primera que dijo de marcharse fue Comunicóloga. Su relación con David está en ese punto en el que han de decidir continuar hacia una línea matrimonial o darse otro par de años de prueba, de igual modo han de constatar lo que es compartir espacio el uno con el otro. Y eso no me lo pierdo. Yo quiero mucho a mis hermanas y pongo a Dior por testigo, pero no exagero cuando digo que son de las personas más desastrosas y tediosas a la hora de la limpieza de un hogar.
Ella (Comunicóloga) llevó medio en secreto sus movimientos para pasar de ser inquilina a propietaria, medio en secreto hasta que necesitó avalistas y tuvo que pedir, que es muy triste pero más triste es robar. Me dijo:
Comunicóloga: “Hemos encontrado casa. Probablemente me vaya para verano”
Yo: “(Gritando) ¿Y porqué se tiene que ir primero la hermana buena? ¡Buaaaaa!”
Lo reconozco, a veces diseñadora es demasiado para mí. Ella comparte su vida con ese chico al que todos en casa llamamos “El gordo cabrón”. No sabemos porqué nos odia, creo recordar que la vez que comencé a insultarle en mi casa no le dije en ningún momento gordo cabrón.
Él nunca nos tragó. Primero odió a Comunicóloga, según él por intentar hacerse la simpática. De mí se supone que nunca había dicho nada, pero él, que es un censo tanto para la vida colectiva como para los estudios (debido a sus grandes complejos de gordo de toda la vida) realizó un módulo de imagen siendo lo peor que ha habido para la calidad de la imagen española. Sus “fotos” rozaban el absurdo compositivo y el suicidio experimental.
Porque una cosa es que seas tan moderna que te compres una lomo y vayas haciendo fotos de todo lo que te encuentres, la city, tu rabo, perritos copulando en el parque… pero que hagas fotos simplonas y absurdas y que además tengas la cara de llamarles arte, es demasiado atrevimiento.
Ya me conocéis y soy una persona altruista. El momento en que Diseñadora me enseño orgullosa las fotos del churri casi me da un síncope. Pero me propuse cambiarle y una vez en mi casa, hablando de foto (juro que siempre sacaba él el tema) comencé a hablarle de la composición y de su importancia. Desde ese momento le caí mal, me había convertido en un pedante.
Diseñadora se entero de la temprana marcha de Comunicóloga y su sentimiento de inferioridad le hizo poner en marcha todos los mecanismos burocráticos habidos y por haber. Hoy ya tienen ella y gordo cabrón su primera casa de alquiler (pagada por ella, él además de cabrón es gorrón).
Por eso la familia se comienza a disgregar y las dos hermanas, buenas como son, me solicitan obra para decorar pasillos, comedores y baños.
Yo encantado de la vida, por fin encargos, aunque no me paguen, los cuelguen mal, se terminen rompiendo, no les den publicidad…. Empiezo a no estar tan encantado.
Pues esos cambios están llegando a la casa moribunda y a la misma velocidad con la que se esparcen los sesos de un asaltador de trenes de los que me retrasaron los trayectos últimamente.
Diseñadora y Comunicóloga quieren abandonar el nido desestructurado (pero nido a fin de cuentas) de los Moribundo. Van a organizar su propia vivienda del horror.
Yo digo que ya era hora. Las pobres necesitan su propio espacio pero ya. Su tiempo en casa se ha ido reduciendo tanto que muchas veces parecen visitas aparecidas de pronto, visitas de esas que atracan la nevera y no paran de dejar mierda por todos los lados, ellas no han heredado la limpieza compulsiva.
La primera que dijo de marcharse fue Comunicóloga. Su relación con David está en ese punto en el que han de decidir continuar hacia una línea matrimonial o darse otro par de años de prueba, de igual modo han de constatar lo que es compartir espacio el uno con el otro. Y eso no me lo pierdo. Yo quiero mucho a mis hermanas y pongo a Dior por testigo, pero no exagero cuando digo que son de las personas más desastrosas y tediosas a la hora de la limpieza de un hogar.
Ella (Comunicóloga) llevó medio en secreto sus movimientos para pasar de ser inquilina a propietaria, medio en secreto hasta que necesitó avalistas y tuvo que pedir, que es muy triste pero más triste es robar. Me dijo:
Comunicóloga: “Hemos encontrado casa. Probablemente me vaya para verano”
Yo: “(Gritando) ¿Y porqué se tiene que ir primero la hermana buena? ¡Buaaaaa!”
Lo reconozco, a veces diseñadora es demasiado para mí. Ella comparte su vida con ese chico al que todos en casa llamamos “El gordo cabrón”. No sabemos porqué nos odia, creo recordar que la vez que comencé a insultarle en mi casa no le dije en ningún momento gordo cabrón.
Él nunca nos tragó. Primero odió a Comunicóloga, según él por intentar hacerse la simpática. De mí se supone que nunca había dicho nada, pero él, que es un censo tanto para la vida colectiva como para los estudios (debido a sus grandes complejos de gordo de toda la vida) realizó un módulo de imagen siendo lo peor que ha habido para la calidad de la imagen española. Sus “fotos” rozaban el absurdo compositivo y el suicidio experimental.
Porque una cosa es que seas tan moderna que te compres una lomo y vayas haciendo fotos de todo lo que te encuentres, la city, tu rabo, perritos copulando en el parque… pero que hagas fotos simplonas y absurdas y que además tengas la cara de llamarles arte, es demasiado atrevimiento.
Ya me conocéis y soy una persona altruista. El momento en que Diseñadora me enseño orgullosa las fotos del churri casi me da un síncope. Pero me propuse cambiarle y una vez en mi casa, hablando de foto (juro que siempre sacaba él el tema) comencé a hablarle de la composición y de su importancia. Desde ese momento le caí mal, me había convertido en un pedante.
Diseñadora se entero de la temprana marcha de Comunicóloga y su sentimiento de inferioridad le hizo poner en marcha todos los mecanismos burocráticos habidos y por haber. Hoy ya tienen ella y gordo cabrón su primera casa de alquiler (pagada por ella, él además de cabrón es gorrón).
Por eso la familia se comienza a disgregar y las dos hermanas, buenas como son, me solicitan obra para decorar pasillos, comedores y baños.
Yo encantado de la vida, por fin encargos, aunque no me paguen, los cuelguen mal, se terminen rompiendo, no les den publicidad…. Empiezo a no estar tan encantado.
Un poco de obra: Perfiles (Raquel)

Carboncillo y comté sobre papel ingres.
Ortodoncia Moribunda.
Al final si que me voy a convertir en un marginado social… o algo peor.
El pulso que estaba manteniendo con mi dentista ha terminado, mi mano ha cedido a sus peticiones, en primer lugar por mi constitución débil de brazos y en segundo lugar porque él es argentino y ya sabréis lo pesados que los argentinos pueden llegar a ser (con perdón).
El aparato dental va a pasar a formar parte de mí, como la miopía, el astigmatismo o el cáncer latente de testículos que los efluvios de la facultad me otorgan.
El caso es que fue insinuar que pensaba visitar a la ortodoncista y en cuestión de cinco minutos ya le tenía hurgando mi boca y explicando, en el lenguaje más sencillo que encontró el porqué de los dientes desalineados:
Ortodoncista: - Mira, nosotros heredamos las características dentales de nuestra familia, pero resulta que no heredamos todo igual, puedes heredar los dientes de la familia de tu madre pero la capacidad bucal de la de tu padre y claro, los espacios no son iguales. ¡Hay veces que en la boca no caben cosas tan grandes!
No señora ortodoncista no. En la boca si caben cosas tan grandes o más, bien es cierto que mi boca no roza en buzonismo de algunas personas, ello es una ventaja para mí y de quien me tenga entre sus piernas, of course.
Después de su visita fugaz me pasan el presupuesto que me da ganas de arrancarme los dientes yo mismo con un alicate y escupirles la sangre en su cara para después huir como un loco, me reprimo como siempre y cojo el papelito; dos pagos de 200€ y luego 26 pagos mensuales de 60€. Ya me tienen cogido, y no por los huevos precisamente.
Salgo del dentista con mucho más frío del que todo el mundo percibe. ¿Cómo me hacen esto a mí? A ver, si estoy buscando relaciones interpersonales, seamos sinceros, gafas y aparato dental no son buena mezcla. El ser humano busca genéticamente lo mejor para perpetuar la especie y ante un rostro con tanta y tanta tara ¿Quién coño va a querer que le chupe la polla con tantos mecanismos?
Porque eso es otra cosa. Movido por los nervios y por la frustración me remordí todas las uñas y pillé a Comunicóloga en la cocina, con David, buscando algo que cenar. Ella tiene la experiencia suficiente con su ortodoncia como para aconsejar, por no decir que también ha fantaseado sexualmente con nuestro dentista.
Yo: - “Estoy muy nervioso… ¿Me van a hacer mucho daño?”
Comunicóloga: - “Por supuesto que si cariño, te van a hacer mucho daño, te vas a cagar en todo, pero te van a dejar la boca perfecta como la mia”
Y: -“(Observo ese amasijo de hierros que ella llama boca) En realidad ese no es el problema… ¡Buaaa!”
C: - “¿Y cual es?”
Y: - “¿Tú le puedes chupar la polla a David normal o no?”
David, entra en la conversación, realmente el tema le incumbe (no paramos de referirnos a su miembro), no es la primera vez que hablamos de su sexualidad mi hermana y yo, soy su confesor y me conozco todos sus entresijos matrimoniales aunque él no sospecha.
David: - “Si y no. Puede pero algunas veces tienes roces, eso es inevitable”
Ok. Gafas de pasta. Aparato dental. Me quitan mi fantástica técnica para el fellatio… y me quedo en nada. Ahora si que voy a ser moribundo de verdad…
A mi madre ya se lo he advertido, si no quieres que sea un Nerd de la New Age más vale que también me pongas las lentillas, así al menos contrarresto una cosa con la otra.
Ante mi pregunta de si tienen asesores psicológicos para las personas que van a ponerse ortodoncia todos se mean de la risa, piensan que soy un cachondo mental y mi frase era muy en serio.
A ver como ligo yo ahora. Dos años más single…
El pulso que estaba manteniendo con mi dentista ha terminado, mi mano ha cedido a sus peticiones, en primer lugar por mi constitución débil de brazos y en segundo lugar porque él es argentino y ya sabréis lo pesados que los argentinos pueden llegar a ser (con perdón).
El aparato dental va a pasar a formar parte de mí, como la miopía, el astigmatismo o el cáncer latente de testículos que los efluvios de la facultad me otorgan.
El caso es que fue insinuar que pensaba visitar a la ortodoncista y en cuestión de cinco minutos ya le tenía hurgando mi boca y explicando, en el lenguaje más sencillo que encontró el porqué de los dientes desalineados:
Ortodoncista: - Mira, nosotros heredamos las características dentales de nuestra familia, pero resulta que no heredamos todo igual, puedes heredar los dientes de la familia de tu madre pero la capacidad bucal de la de tu padre y claro, los espacios no son iguales. ¡Hay veces que en la boca no caben cosas tan grandes!
No señora ortodoncista no. En la boca si caben cosas tan grandes o más, bien es cierto que mi boca no roza en buzonismo de algunas personas, ello es una ventaja para mí y de quien me tenga entre sus piernas, of course.
Después de su visita fugaz me pasan el presupuesto que me da ganas de arrancarme los dientes yo mismo con un alicate y escupirles la sangre en su cara para después huir como un loco, me reprimo como siempre y cojo el papelito; dos pagos de 200€ y luego 26 pagos mensuales de 60€. Ya me tienen cogido, y no por los huevos precisamente.
Salgo del dentista con mucho más frío del que todo el mundo percibe. ¿Cómo me hacen esto a mí? A ver, si estoy buscando relaciones interpersonales, seamos sinceros, gafas y aparato dental no son buena mezcla. El ser humano busca genéticamente lo mejor para perpetuar la especie y ante un rostro con tanta y tanta tara ¿Quién coño va a querer que le chupe la polla con tantos mecanismos?
Porque eso es otra cosa. Movido por los nervios y por la frustración me remordí todas las uñas y pillé a Comunicóloga en la cocina, con David, buscando algo que cenar. Ella tiene la experiencia suficiente con su ortodoncia como para aconsejar, por no decir que también ha fantaseado sexualmente con nuestro dentista.
Yo: - “Estoy muy nervioso… ¿Me van a hacer mucho daño?”
Comunicóloga: - “Por supuesto que si cariño, te van a hacer mucho daño, te vas a cagar en todo, pero te van a dejar la boca perfecta como la mia”
Y: -“(Observo ese amasijo de hierros que ella llama boca) En realidad ese no es el problema… ¡Buaaa!”
C: - “¿Y cual es?”
Y: - “¿Tú le puedes chupar la polla a David normal o no?”
David, entra en la conversación, realmente el tema le incumbe (no paramos de referirnos a su miembro), no es la primera vez que hablamos de su sexualidad mi hermana y yo, soy su confesor y me conozco todos sus entresijos matrimoniales aunque él no sospecha.
David: - “Si y no. Puede pero algunas veces tienes roces, eso es inevitable”
Ok. Gafas de pasta. Aparato dental. Me quitan mi fantástica técnica para el fellatio… y me quedo en nada. Ahora si que voy a ser moribundo de verdad…
A mi madre ya se lo he advertido, si no quieres que sea un Nerd de la New Age más vale que también me pongas las lentillas, así al menos contrarresto una cosa con la otra.
Ante mi pregunta de si tienen asesores psicológicos para las personas que van a ponerse ortodoncia todos se mean de la risa, piensan que soy un cachondo mental y mi frase era muy en serio.
A ver como ligo yo ahora. Dos años más single…
Un poco de obra: Perfiles (Laura Pacheco)

Carboncillo y comté sobre papel ingres.
Moribundo y la fiesta 80's.
Ya queda menos de un mes para el cumpleaños. Justo menos de un mes. Seré aún más concreto, es algo que mi capacidad de neurótico decorativo (I love Astrud) me obliga a hacer, quedan 28 días.
Me empiezo a replantear todo, mi escala de valores, si las historias sobre los encuentros kármicos son ciertas, si soy mala persona, si pasarme a la pepsi… Quizá por ser un adicto a la coca cola y a los gelocatiles sigo aún sin alguien intelectualmente interesante al lado, alguien que me ayude a crear, aunque lo único que mi tío el peluquero achaca a la coca cola es la producción de caspa.
Mientras espero el encuentro con algún ser que, además de rozar lo kármico me permita el alegre intercambio de fluidos, espero también el ansiado día del cumpleaños aunque entre en una dicotomía.
Hay un ser que se encuentra moribundo por la llegada de la edad de “los dos patitos”, frase que detesto, el otro se encuentra moribundo por la fiesta.
Como ya ha quedado claro, la fiesta de cumpleaños también será especial. También va a ser temática y esta vez, cómo no, de la temática que más me pega, va a ser una fiesta de los ochenta. Olvidemos la espeluznante serie que tuvo la osadía de emitir telecinco, y no imaginemos que gusto del pelo cardado porque haya admitido anteriormente que me compré unos pitillo, yo soy un moderno de mierda y punto.
Pero ocurren cosas en esta vida que nos modifican, mi familia y yo mismo aunque algo más tardío, son de esa generación. Alaska siempre fue un ídolo, Camilo Sesto, Mecano… con ellos me crié.
Después, con mi proceso de separación afectiva me volví un poseso que escuchaba solamente la Kiss FM, por inspiración subliminal de la clase de escultura, pues su hilo musical era siempre esta emisora (¿A que ahora se entiende mejor que me arrancara el pelo?).
Así que la cultura ochentera forma parte de mí. Por la fiesta y su nombre, la música queda totalmente clara, una base de Cindy Lauper mezclada con Madonna, nos dará el toque chochi que los ochenta destilan. Además, mis invitados que llegan casi a la treintena para disgusto de mi padre y la mirada asesina que lanzó contra mí, deben llegar con una rigurosa etiqueta de los ochenta, no importa el look que copien, pero quiero ver chalecos, quiero ver mallas, quiero ver sudaderas de cuellos gigantes y pendientes de plástico de tamaño descomunal y colores primarios. Cinturillas altas y pitillo son otras de las míticas piezas que podré inmortalizar con la cámara digital.
¿Y porqué Papá se limitó a mirar asesinando con su cara simiesca? La respuesta es que su hijo lleva cosa de dos años sin fiesta ni leches y que yo, persona comprometida ante todo he pedido la fiesta como único obsequio familiar.
Mamá, se encuentra encantada, por supuesto. Con la puerta de su armario abierta, asomando sus fotos de Xena pegadas, busca modelito y piensa en cómo peinará su larga melena rubia, a mi mente acude una imagen, Bonnie Tyler. Comunicóloga y Diseñadora rescatan de una maleta con toneladas de ropa dos camisetas extra largas y con estampados grandes y luminosos, todo ello me recuerda a las fotos promocionales del álbum de “La prohibida”.
Yo personalmente prefiero hacerme una revisión de los looks de “Culture Club”, la andrógina de Boy George llama mi atención aunque no me extraña si uno de mis mitos musicales es el líder de “Placebo”… empiezo a mezclar demasiada música en mi cabeza y me mareo.
Debo plantearme las invitaciones de los invitados, dónde esconderemos los objetos de valor y cómo evitaremos que el baño se atasque (sabemos que siempre pasa en cualquier fiesta, es una ley).
El cumpleaños ya se acerca… y yo sin look definido… sin alguien abrazable al lado… y es que la letra de Karma Chamaleon no me entra ni para atrás.
Me empiezo a replantear todo, mi escala de valores, si las historias sobre los encuentros kármicos son ciertas, si soy mala persona, si pasarme a la pepsi… Quizá por ser un adicto a la coca cola y a los gelocatiles sigo aún sin alguien intelectualmente interesante al lado, alguien que me ayude a crear, aunque lo único que mi tío el peluquero achaca a la coca cola es la producción de caspa.
Mientras espero el encuentro con algún ser que, además de rozar lo kármico me permita el alegre intercambio de fluidos, espero también el ansiado día del cumpleaños aunque entre en una dicotomía.
Hay un ser que se encuentra moribundo por la llegada de la edad de “los dos patitos”, frase que detesto, el otro se encuentra moribundo por la fiesta.
Como ya ha quedado claro, la fiesta de cumpleaños también será especial. También va a ser temática y esta vez, cómo no, de la temática que más me pega, va a ser una fiesta de los ochenta. Olvidemos la espeluznante serie que tuvo la osadía de emitir telecinco, y no imaginemos que gusto del pelo cardado porque haya admitido anteriormente que me compré unos pitillo, yo soy un moderno de mierda y punto.
Pero ocurren cosas en esta vida que nos modifican, mi familia y yo mismo aunque algo más tardío, son de esa generación. Alaska siempre fue un ídolo, Camilo Sesto, Mecano… con ellos me crié.
Después, con mi proceso de separación afectiva me volví un poseso que escuchaba solamente la Kiss FM, por inspiración subliminal de la clase de escultura, pues su hilo musical era siempre esta emisora (¿A que ahora se entiende mejor que me arrancara el pelo?).
Así que la cultura ochentera forma parte de mí. Por la fiesta y su nombre, la música queda totalmente clara, una base de Cindy Lauper mezclada con Madonna, nos dará el toque chochi que los ochenta destilan. Además, mis invitados que llegan casi a la treintena para disgusto de mi padre y la mirada asesina que lanzó contra mí, deben llegar con una rigurosa etiqueta de los ochenta, no importa el look que copien, pero quiero ver chalecos, quiero ver mallas, quiero ver sudaderas de cuellos gigantes y pendientes de plástico de tamaño descomunal y colores primarios. Cinturillas altas y pitillo son otras de las míticas piezas que podré inmortalizar con la cámara digital.
¿Y porqué Papá se limitó a mirar asesinando con su cara simiesca? La respuesta es que su hijo lleva cosa de dos años sin fiesta ni leches y que yo, persona comprometida ante todo he pedido la fiesta como único obsequio familiar.
Mamá, se encuentra encantada, por supuesto. Con la puerta de su armario abierta, asomando sus fotos de Xena pegadas, busca modelito y piensa en cómo peinará su larga melena rubia, a mi mente acude una imagen, Bonnie Tyler. Comunicóloga y Diseñadora rescatan de una maleta con toneladas de ropa dos camisetas extra largas y con estampados grandes y luminosos, todo ello me recuerda a las fotos promocionales del álbum de “La prohibida”.
Yo personalmente prefiero hacerme una revisión de los looks de “Culture Club”, la andrógina de Boy George llama mi atención aunque no me extraña si uno de mis mitos musicales es el líder de “Placebo”… empiezo a mezclar demasiada música en mi cabeza y me mareo.
Debo plantearme las invitaciones de los invitados, dónde esconderemos los objetos de valor y cómo evitaremos que el baño se atasque (sabemos que siempre pasa en cualquier fiesta, es una ley).
El cumpleaños ya se acerca… y yo sin look definido… sin alguien abrazable al lado… y es que la letra de Karma Chamaleon no me entra ni para atrás.
Un poco de obra: Jirafa Lectora.

Papel maché pintado con acrílico sobre estructura de alambre.
La furgoneta moribunda.
Al igual que ciertas personas en el mundo publicitario nunca jamás olvidarán cuando recibieron por primera vez un werthers original, a mí se me quedó igual de grabado otro momento importante en la vida de cualquier persona que es la primera vez que ves como a tu padre le apunta una señora policía mientras le grita que deje el arma en el suelo.
Esta anécdota, maravillosa y con todos los ingredientes del show más americano ocurrió hace ya algún tiempo.
Era verano y como hámsteres, dormitábamos en el salón todos los miembros de la familia moribunda. Entonces decidimos hacer una de las pocas cosas que sabemos hacer en familia aparte de destrozar familias ajenas, ir de compras a un centro comercial.
La idea nos maravilló y apunto de organizarlo todo llaman a nuestro telefax, que yo tengo telefax:
Telefax: - “Ring, ring”
Yo: - “¿Si?”
T: - “¡Niño! ¿Sois vosotros los que tenéis la furgoneta abajo?”
Y: - “¿Disculpe?”
T: - “¡Si! Los de la empresa esa de rótulos, ¿No?
Y: - “Si, aquí es. Dígame.”
T: - “Pues corre, corre, asómate a la ventana que os están robando la furgoneta.”
Cuelgo y tras comunicarle a mi madre que no están intentando sustraer nuestro medio de subsistencia corremos todos a la ventana de su cuarto, la más grande y desde la que se ve todo mucho mejor.
Observamos estupefactos como dos yonquis han forzado la cerradura y nos intentan sustraer la escasa herramienta que nuestra vanette puede albergar.
Yo: - “¡AAargh! ¡Eh! ¡Hijos de puta!!
Familia: “¡Alto cabrones, que eso es nuestro!
Papá reacciona por fin y se decide a bajar raudo, no sin antes echar mano de nuestra escopeta de balines con la que aunque te apuntes directamente a un ojo dudo que sintieras algún tipo de dolor.
Como el barrio es muy barrio y aquí “Las Niñas” no iban a durar ni 15 minutos promocionando la nueva línea de bragas Unno, resulta que abajo acababa de llegar una patrulla policial, pero por un robo de coche.
Los yonquis “esconden” nuestras herramientas en un cubo de basura e intentan escapar andando como si nada, mi padre energumenizado se dirige a ellos escopeta en mano e insulto en boca. Una de las policías allí presentes observa los hechos, ella y todos los vecinos a dos manzanas que ya ocupan sus respectivas ventanas, algunos con bolsas de ganchitos entre sus garras.
Bajamos mis hermanas y yo, veloces, a recuperar las herramientas sustraídas y es cuando puedo ver como la agente de seguridad apunta a mi padre con el arma en plan “COPS” y le grita:
Agente: - “Tire el arma al suelo y ponga las manos en la cabeza”
Mi padre intenta explicarle que el arma es más un objeto de distracción visual que algo hiriente en sí, pero es inútil, deposita el arma en el suelo y con las manos en la cabeza se pone de rodillas, los yonquis que siempre van en pareja chico y chica (drogarse solito es un rollo, mejor con la churri) también son detenidos.
La vergüenza supera todo lo imaginable mientras busco en el cubo de basura los discos de la radial, que son para cortar cosas muy duras y son muy caros y la gente lo observa como si cualquier sesión de las ocho en un cine de barrio se tratara.
La pareja de drogadictos salieron de la cárcel a las pocas horas, contra mi padre no hubo nada y todo el mundo olvidó que bajó de su casa con una escopeta, cosa que podría haberle hecho dueño de una maravillosa multa.
Esta anécdota, maravillosa y con todos los ingredientes del show más americano ocurrió hace ya algún tiempo.
Era verano y como hámsteres, dormitábamos en el salón todos los miembros de la familia moribunda. Entonces decidimos hacer una de las pocas cosas que sabemos hacer en familia aparte de destrozar familias ajenas, ir de compras a un centro comercial.
La idea nos maravilló y apunto de organizarlo todo llaman a nuestro telefax, que yo tengo telefax:
Telefax: - “Ring, ring”
Yo: - “¿Si?”
T: - “¡Niño! ¿Sois vosotros los que tenéis la furgoneta abajo?”
Y: - “¿Disculpe?”
T: - “¡Si! Los de la empresa esa de rótulos, ¿No?
Y: - “Si, aquí es. Dígame.”
T: - “Pues corre, corre, asómate a la ventana que os están robando la furgoneta.”
Cuelgo y tras comunicarle a mi madre que no están intentando sustraer nuestro medio de subsistencia corremos todos a la ventana de su cuarto, la más grande y desde la que se ve todo mucho mejor.
Observamos estupefactos como dos yonquis han forzado la cerradura y nos intentan sustraer la escasa herramienta que nuestra vanette puede albergar.
Yo: - “¡AAargh! ¡Eh! ¡Hijos de puta!!
Familia: “¡Alto cabrones, que eso es nuestro!
Papá reacciona por fin y se decide a bajar raudo, no sin antes echar mano de nuestra escopeta de balines con la que aunque te apuntes directamente a un ojo dudo que sintieras algún tipo de dolor.
Como el barrio es muy barrio y aquí “Las Niñas” no iban a durar ni 15 minutos promocionando la nueva línea de bragas Unno, resulta que abajo acababa de llegar una patrulla policial, pero por un robo de coche.
Los yonquis “esconden” nuestras herramientas en un cubo de basura e intentan escapar andando como si nada, mi padre energumenizado se dirige a ellos escopeta en mano e insulto en boca. Una de las policías allí presentes observa los hechos, ella y todos los vecinos a dos manzanas que ya ocupan sus respectivas ventanas, algunos con bolsas de ganchitos entre sus garras.
Bajamos mis hermanas y yo, veloces, a recuperar las herramientas sustraídas y es cuando puedo ver como la agente de seguridad apunta a mi padre con el arma en plan “COPS” y le grita:
Agente: - “Tire el arma al suelo y ponga las manos en la cabeza”
Mi padre intenta explicarle que el arma es más un objeto de distracción visual que algo hiriente en sí, pero es inútil, deposita el arma en el suelo y con las manos en la cabeza se pone de rodillas, los yonquis que siempre van en pareja chico y chica (drogarse solito es un rollo, mejor con la churri) también son detenidos.
La vergüenza supera todo lo imaginable mientras busco en el cubo de basura los discos de la radial, que son para cortar cosas muy duras y son muy caros y la gente lo observa como si cualquier sesión de las ocho en un cine de barrio se tratara.
La pareja de drogadictos salieron de la cárcel a las pocas horas, contra mi padre no hubo nada y todo el mundo olvidó que bajó de su casa con una escopeta, cosa que podría haberle hecho dueño de una maravillosa multa.
Un poco de obra: Jirafa pintora.

Papel maché pintado con acrílico sobre estructura de alambre.
Moribundo y Arco.
He pasado un fin de semana horrible. El resfriado, mi amigo fiel, este año estaba tardando en llegar y llegó. Llegó y se instaló en mis sueños, haciendo mis noches de placentero descanso unas de amarga somnolencia, en parte ocasionada por la acumulación de toneladas de ácaros agarrados a las montañas de polvo que he acumulado. Hoy sin limpiar no pasa y hoy no pasó sin que me decidiera a ir a Arco.
Porque yo era virgen de Arco. Mi proceso desvirgatorio iba a ser duro, pues nadie se dignaba a acompañarme a feria tan cara y con prestigio tan malo.
Lo intenté con media clase pero nada, mucho dinero, no tengo dinero, total que iba a ir solo. Entonces aparece Bea la rubia. Esta chica delgada, pizpireta, entrañable, abrazable y cuyos escotes (poco tiene para enseñar, perdóname Jesús) harían tambalearse a cualquier modelo de alta costura viene preguntando si alguien se va con ella a Arco. De repente el cielo se abre y bajo una luz cegadora abro mis brazos; “Yo si Bea”.
Dentro de un proceso tan rápido como ilógico, quizá en parte propiciado por los escotes de nuestra nueva heroína se deciden y acompañan Laura Ramos, Lady Evil y Josele.
Nos dividimos en dos, quedando en mi grupo Lady Evil y Laura que somos los que no cabemos en el mini, debemos ir en Metro.
Por fin llegamos al recinto ferial y entre Carmen Alborch y demás personajes que se dirigen a la fiesta premier de la pasarela Cibeles adquiero mi entrada más catálogo, que ya que entro pagando y siendo la primera vez que penetro en la feria del arte contemporáneo lo hago por la puerta grande. Y tan grande, 43€ de entrada. No hay dolor y me abstraigo, para esto justamente es la beca que me otorga el estado.
Dentro y tras conseguir pases, salir, llevarme el susto de mi vida porque me dicen que con la entrada no puedo salir y volver a entrar, entrar con el susto en el cuerpo… llegamos a los pabellones que se encuentran en la otra punta del recinto ferial, mi rodilla empieza a resentirse, no acostumbro a tanto gasto físico.
La feria me sorprende. No me asusta ni me impone. Veo cosas muy lógicas y concretas. Llegamos a la conclusión de que este año Arco se ha vuelto mucho más comercial, a los artistas ya no se les va la cabeza tanto, el euro es el euro.
Veo que se va mucho por la ilustración digital, sobre fotografía y sobre dibujo escaneado. También me llaman la atención las obras que incluyen imagen y objeto de tres dimensiones.
No hay artistas concretos que llamen mi atención, es todo bastante homogéneo. Me sorprendo pensando de manera positiva en mis momentos de pintor, pero veo una cara gigante de una mujer azul con una lágrima corriendo por su mejilla merecedora de adornar la carpeta de un fan del mundo de los elfos y me retracto enseguida, no puedo atentar contra el cuadro, mucha gente y más seguridad.
Me paso por el stand de Caja Madrid para ver los seleccionados a esos concursos que por cobardía, ser un vago y por cobardía nunca me presento. Horror, una de esas obras proyectuales tan complicadas en las que alguien por todo el morro se monta un viaje a Berlín, hace fotos de lo que le sale de la minga y se monta una historia con agentes de la KGB que cuenta en un cuadernito muy mono. Debí haber presentado mi proyecto sobre muñecos y las etapas de una relación.
Puedo ver también un montón de corazones, hay uno que le puedes clavar palitos de algodón dulce pidiendo un deseo, me gusta. Otros están cosidos en terciopelo, otros en alambre de espino o en cristal imitando alambre de espino negro, preciosos.
Cuando ya me encuentro hastiado y empiezo a gritar que me amputaré las piernas si damos un paso más y tendré que arrastrarme haciendo fuerza con los codos decidimos irnos. Visitar estos sitios siempre cansa, no comprendo si será andar sobre moqueta pero me deja las caderas como si los huesos hubieran intentado separase 25 cm. Me llevo el catálogo que debe pesar como 5Kg. Lo arrastro como puedo hasta casa y tras una hora de trayecto de vuelta me desvanezco en el sofá.
Nunca pensé que desvirgarme fuera tan cansado.
Porque yo era virgen de Arco. Mi proceso desvirgatorio iba a ser duro, pues nadie se dignaba a acompañarme a feria tan cara y con prestigio tan malo.
Lo intenté con media clase pero nada, mucho dinero, no tengo dinero, total que iba a ir solo. Entonces aparece Bea la rubia. Esta chica delgada, pizpireta, entrañable, abrazable y cuyos escotes (poco tiene para enseñar, perdóname Jesús) harían tambalearse a cualquier modelo de alta costura viene preguntando si alguien se va con ella a Arco. De repente el cielo se abre y bajo una luz cegadora abro mis brazos; “Yo si Bea”.
Dentro de un proceso tan rápido como ilógico, quizá en parte propiciado por los escotes de nuestra nueva heroína se deciden y acompañan Laura Ramos, Lady Evil y Josele.
Nos dividimos en dos, quedando en mi grupo Lady Evil y Laura que somos los que no cabemos en el mini, debemos ir en Metro.
Por fin llegamos al recinto ferial y entre Carmen Alborch y demás personajes que se dirigen a la fiesta premier de la pasarela Cibeles adquiero mi entrada más catálogo, que ya que entro pagando y siendo la primera vez que penetro en la feria del arte contemporáneo lo hago por la puerta grande. Y tan grande, 43€ de entrada. No hay dolor y me abstraigo, para esto justamente es la beca que me otorga el estado.
Dentro y tras conseguir pases, salir, llevarme el susto de mi vida porque me dicen que con la entrada no puedo salir y volver a entrar, entrar con el susto en el cuerpo… llegamos a los pabellones que se encuentran en la otra punta del recinto ferial, mi rodilla empieza a resentirse, no acostumbro a tanto gasto físico.
La feria me sorprende. No me asusta ni me impone. Veo cosas muy lógicas y concretas. Llegamos a la conclusión de que este año Arco se ha vuelto mucho más comercial, a los artistas ya no se les va la cabeza tanto, el euro es el euro.
Veo que se va mucho por la ilustración digital, sobre fotografía y sobre dibujo escaneado. También me llaman la atención las obras que incluyen imagen y objeto de tres dimensiones.
No hay artistas concretos que llamen mi atención, es todo bastante homogéneo. Me sorprendo pensando de manera positiva en mis momentos de pintor, pero veo una cara gigante de una mujer azul con una lágrima corriendo por su mejilla merecedora de adornar la carpeta de un fan del mundo de los elfos y me retracto enseguida, no puedo atentar contra el cuadro, mucha gente y más seguridad.
Me paso por el stand de Caja Madrid para ver los seleccionados a esos concursos que por cobardía, ser un vago y por cobardía nunca me presento. Horror, una de esas obras proyectuales tan complicadas en las que alguien por todo el morro se monta un viaje a Berlín, hace fotos de lo que le sale de la minga y se monta una historia con agentes de la KGB que cuenta en un cuadernito muy mono. Debí haber presentado mi proyecto sobre muñecos y las etapas de una relación.
Puedo ver también un montón de corazones, hay uno que le puedes clavar palitos de algodón dulce pidiendo un deseo, me gusta. Otros están cosidos en terciopelo, otros en alambre de espino o en cristal imitando alambre de espino negro, preciosos.
Cuando ya me encuentro hastiado y empiezo a gritar que me amputaré las piernas si damos un paso más y tendré que arrastrarme haciendo fuerza con los codos decidimos irnos. Visitar estos sitios siempre cansa, no comprendo si será andar sobre moqueta pero me deja las caderas como si los huesos hubieran intentado separase 25 cm. Me llevo el catálogo que debe pesar como 5Kg. Lo arrastro como puedo hasta casa y tras una hora de trayecto de vuelta me desvanezco en el sofá.
Nunca pensé que desvirgarme fuera tan cansado.
Un poco de obra: Naturaleza Humana.

Estructura cubierta de vendas de escayola, esmaltada en dorado. Clavos de hierro.
Profesor Moribundo.
Horror, he conseguido trabajo. Horror, es con niños.
No es que realmente yo lo necesite, el estado se encarga de concederme todos los años una muy útil y suculenta beca que acaba mitad convertida en destellos de imaginación de las marcas más in de moda.
Pero este año, la empresa con la que hice el campamento estaba especialmente contenta conmigo. En ocasiones no lo parecerá pero soy extremadamente responsable y cuando alguien es tan tonto se le coge aprecio enseguida para el trabajo en edad infantil.
Porque la edad no es la que me gusta, les odio, son niños desde 4 hasta 8 años. Yo siempre lo digo, “A mí dadme preadolescentes con granos y que se empiezan a masturbar” pero nada, el año pasado sólo tuve estas edades durante una semana. El resto de niños no es que no me resulten interesantes, pero con los bordes y malditos niños con granos me siento mucho mejor y más liberado, puedes hablar con ellos, razonar y les alucinas enseguida.
A los niños les intento dar una clase extra escolar de dibujo. En una hora poco se puede hacer, básicamente llegan, colorean y se marchan.
El primer día la cosa funcionó. Quedé con mi coordinadora en la estación de tren para que me pasara a recoger, al ser en horario fuera de clase me voy directo desde la facultad. Mi coordinadora es muy simpática, a mí particularmente me hace mucha gracia, no sé porqué me recuerda extrañamente a Eva Hache y cada vez que dice algo me entran ganas de descojonarme delante suya, cosa que suelo evitar o que suavizo con algún jejeje.
El colegio es un colegio básicamente matriarcal. No encuentras rastros de hombres, profesores o padres por ningún sitio, incluso el conserje es una mujer y por supuesto, la persona que antes les daba la clase de dibujo también era una mujer. De repente me siento monosexual. La coordi me lleva arriba y recogemos a los niños, conozco a otra chica que es pedagoga y no me presenta al otro chico que aparece en el mismo pasillo y que les da una clase extra escolar de algo relacionado con el ejercicio físico, quizá Judo. Por supuesto que el chico tiene unos glúteos firmes y viste un chándal rojo que le marca todo lo marcable, tiene el pelo rubio y cara de cabreado… creo que me encanta.
Bajo a los niños a la biblioteca y empezamos la clase, hoy dibujo con tema de piratas para ver que tal se manejan dibujando. Me encuentro de todo, niños que dibujan medio decente, niños que no saben pero intentan y niño que se mete el rotulador verde en la boca y se le destinta.
Por supuesto que otros niños se pasan lo que les digo por la axila izquierda y se dedican a tontear con esos movimientos de marioneta que sus cabezas, extremadamente grandes en comparación con el cuerpo, les hacen realizar.
Antes de irme en el primer día y ya pensando que era la primera vez que me daban un sueldo decente por ser monitor tengo que pasar por el APA para presentarme. Allí, una serie de padres al entrar me escanean, me radiografían, me fotografían y si hubieran podido me hubieran realizado una inspección rectal en busca de bolas de coca. Yo no sé como era la anterior profesora que, por supuesto y como ocurre en todos los colegios de España no tenía ningún conocimiento sobre dibujo, pero me da en la nariz que iba vestida de pijilla discreta y yo, con mi look “alternativo-fashion-chapero-vintage” pues como que no encajé demasiado, conclusión: Ahora me debo disfrazar de profesor Martes y Jueves.
El segundo día muy parecido pero ya haciendo descubrimientos sorprendentes. El tio bueno de gimnasia me mira como si le estuviera invadiendo el territorio, mientras niños le rodean y le asaltan, a mí que me miren así no deja de excitarme un poco, soy así de guarra. Los niños un poco más pesados que el primer día, hablo de la cara y los gestos y empiezo a poner muecas, ahora entiendo porqué mi amiga vegana el otro día me preguntó si duermo con una foto de Jim Carrey al lado, el comentario no me disgusta, Jim Carrey me hace gracia, es duro reconocerlo.
Uno de los niños que es oriental y no se entera de la misa la media me saca de quicio, intento que dibuje pero no me escucha, rompe las hojas y además padece una flatulencia que casi me hace vomitar. Ningún niño parece percatarse de su apestoso amigo y yo intento acercarme lo menos posible. Unas niñas que hablan entre ellas casi a mi lado dicen:
Niña 1: - “Menudo rollo. Ojalá volviera Maria, me aburro mucho”
Niña 2: - “Pues yo no quiero que vuelva. Me lo paso mucho mejor con este profesor”
Así que tengo a la clase dividida. Algunos me odian y otros se ríen que ya es algo.
Al finalizar, una niña cuya madurez en comparación con su tierna edad le va a acarrear muchos problemas me dice:
Niña 3: (Con voz satánica) “Y la próxima vez espera a que estemos todos para llevarnos a la clase, no quiero volver a venir sola”
Debo entonces, alejarme del niño apestoso, temer a la niña 3, potenciar a la niña 2 en el grupo y cargarme e la niña 1.
No es que realmente yo lo necesite, el estado se encarga de concederme todos los años una muy útil y suculenta beca que acaba mitad convertida en destellos de imaginación de las marcas más in de moda.
Pero este año, la empresa con la que hice el campamento estaba especialmente contenta conmigo. En ocasiones no lo parecerá pero soy extremadamente responsable y cuando alguien es tan tonto se le coge aprecio enseguida para el trabajo en edad infantil.
Porque la edad no es la que me gusta, les odio, son niños desde 4 hasta 8 años. Yo siempre lo digo, “A mí dadme preadolescentes con granos y que se empiezan a masturbar” pero nada, el año pasado sólo tuve estas edades durante una semana. El resto de niños no es que no me resulten interesantes, pero con los bordes y malditos niños con granos me siento mucho mejor y más liberado, puedes hablar con ellos, razonar y les alucinas enseguida.
A los niños les intento dar una clase extra escolar de dibujo. En una hora poco se puede hacer, básicamente llegan, colorean y se marchan.
El primer día la cosa funcionó. Quedé con mi coordinadora en la estación de tren para que me pasara a recoger, al ser en horario fuera de clase me voy directo desde la facultad. Mi coordinadora es muy simpática, a mí particularmente me hace mucha gracia, no sé porqué me recuerda extrañamente a Eva Hache y cada vez que dice algo me entran ganas de descojonarme delante suya, cosa que suelo evitar o que suavizo con algún jejeje.
El colegio es un colegio básicamente matriarcal. No encuentras rastros de hombres, profesores o padres por ningún sitio, incluso el conserje es una mujer y por supuesto, la persona que antes les daba la clase de dibujo también era una mujer. De repente me siento monosexual. La coordi me lleva arriba y recogemos a los niños, conozco a otra chica que es pedagoga y no me presenta al otro chico que aparece en el mismo pasillo y que les da una clase extra escolar de algo relacionado con el ejercicio físico, quizá Judo. Por supuesto que el chico tiene unos glúteos firmes y viste un chándal rojo que le marca todo lo marcable, tiene el pelo rubio y cara de cabreado… creo que me encanta.
Bajo a los niños a la biblioteca y empezamos la clase, hoy dibujo con tema de piratas para ver que tal se manejan dibujando. Me encuentro de todo, niños que dibujan medio decente, niños que no saben pero intentan y niño que se mete el rotulador verde en la boca y se le destinta.
Por supuesto que otros niños se pasan lo que les digo por la axila izquierda y se dedican a tontear con esos movimientos de marioneta que sus cabezas, extremadamente grandes en comparación con el cuerpo, les hacen realizar.
Antes de irme en el primer día y ya pensando que era la primera vez que me daban un sueldo decente por ser monitor tengo que pasar por el APA para presentarme. Allí, una serie de padres al entrar me escanean, me radiografían, me fotografían y si hubieran podido me hubieran realizado una inspección rectal en busca de bolas de coca. Yo no sé como era la anterior profesora que, por supuesto y como ocurre en todos los colegios de España no tenía ningún conocimiento sobre dibujo, pero me da en la nariz que iba vestida de pijilla discreta y yo, con mi look “alternativo-fashion-chapero-vintage” pues como que no encajé demasiado, conclusión: Ahora me debo disfrazar de profesor Martes y Jueves.
El segundo día muy parecido pero ya haciendo descubrimientos sorprendentes. El tio bueno de gimnasia me mira como si le estuviera invadiendo el territorio, mientras niños le rodean y le asaltan, a mí que me miren así no deja de excitarme un poco, soy así de guarra. Los niños un poco más pesados que el primer día, hablo de la cara y los gestos y empiezo a poner muecas, ahora entiendo porqué mi amiga vegana el otro día me preguntó si duermo con una foto de Jim Carrey al lado, el comentario no me disgusta, Jim Carrey me hace gracia, es duro reconocerlo.
Uno de los niños que es oriental y no se entera de la misa la media me saca de quicio, intento que dibuje pero no me escucha, rompe las hojas y además padece una flatulencia que casi me hace vomitar. Ningún niño parece percatarse de su apestoso amigo y yo intento acercarme lo menos posible. Unas niñas que hablan entre ellas casi a mi lado dicen:
Niña 1: - “Menudo rollo. Ojalá volviera Maria, me aburro mucho”
Niña 2: - “Pues yo no quiero que vuelva. Me lo paso mucho mejor con este profesor”
Así que tengo a la clase dividida. Algunos me odian y otros se ríen que ya es algo.
Al finalizar, una niña cuya madurez en comparación con su tierna edad le va a acarrear muchos problemas me dice:
Niña 3: (Con voz satánica) “Y la próxima vez espera a que estemos todos para llevarnos a la clase, no quiero volver a venir sola”
Debo entonces, alejarme del niño apestoso, temer a la niña 3, potenciar a la niña 2 en el grupo y cargarme e la niña 1.
Un poco de obra: Perfiles (Laura Ramos)

Carboncillo y comté sobre papel ingres.
Moribundo y los cumpleaños.
El otro día fue el cumpleaños de Sara Happy. Ella es una chica fantástica, llena de entusiasmo y energía, energía que suele destinar a hablar casi hasta por los codos, conversaciones llenas de palabras, de sinónimos, de citas y referencias constantes al cine.
Quedamos a la salida del metro de Tribunal, a las 21:00.
El desfile de niñatos recién salidos de Pachá casi me provoca un colapso visual, tanto color pastel junto agobia. Pijos de flequillo extra ancho tapando media cara, pijas de collar de perla y gloss hiper shiny metalic ultra glam. Me distingo perfectamente de esa mancha informe, el único que lleva un abrigo de lana tres cuartos oscuro.
Por la mañana habíamos quedado para comprar el regalo, yo aproveché y me compré una bolsa con la cara de Sid Vicious, no es que sea fan de los Sex Pistols pero reconozco que el señor tenía un punto morbosote bastante agudo.
El resto de mi look, una sudadera de rayas blancas y azules un tanto Picasiana, camisa azul clara debajo y algo que reconozco me ha hecho replantearme todos mis esquemas. Con esta compra ya no sé quién soy ni cual es mi personalidad… me compré… dios, casi no puedo decirlo… ¡Unos pitillo! ¡Pero pitillo confort, no pitillos de yonki depravado! Eso significa rectos, que es lo más ajustado que nunca he llevado. Me los compré porque con los anchos no hay manera de que se vean las botas.
Pues eso, llegué y allí estaban muchos, pero no todos, odio la impuntualidad, pero en estos casos te salva que la gente sea así de irresponsable.
Cenamos, le dimos su bolso-televisión de Popland y nos fuimos a tomar minis a un sitio llenísimo de gente. Los minis muy ricos hay que reconocerlo.
Hablando con Claudia y Bea se pasa el tiempo volando. Claudia me dice que debí ir a su cumple (todo el mundo cumple años en estos meses) que llevó a un amigo perfecto para mí. Genial, ya es oficial, todos lo saben ya, Moribundo es mariquita. Ahora sus horas de asueto las pueden dedicar a buscarme pareja, cosa que no me disgusta, yo no soy un desagradecido, pero ¿Qué tipo de chico es el perfecto para mí? Ni siquiera yo lo se, y me viene a la cabeza Jaime, tan distinto a mí… bebo algo más.
Llegamos al Vía Láctea, tan alternativo, tan pop, ahora con el espacio de fumadores arriba, enclaustrados, al borde del colapso… se puede hasta bailar.
Estoy muy cansado, la primera tanda de gente se marcha así que Bea y yo aprovechamos y nos vamos también.
En el búho me pongo a pensar, queda poco para mi cumpleaños. Realmente es en Marzo, pero como podéis suponer soy de esas personas que se deprimen por su cumpleaños dos meses antes de que sea. No entiendo el porqué, pero cumplir años me afecta sobremanera, desde hace mucho, me pongo más místico y aprieto mucho más las mandíbulas. Con la llegada de mi cumple llega también el de él, los dos éramos Piscis. No sé si debería mandarle un mensaje el día de su aniversario.
Al salir del autobús casi se me desprenden los dedos al intentar abrochar los botones, el frío me deja morado, además de darme muchas ganas de mear.
En casa entro en calor, comienzo a desnudarme y me quedo en ropa interior sentado en la cama, huelo un poco a tabaco, cuando sales es inevitable, pero huelo algo más, algo ajeno a mí. Al salir de ducharme me descargué en las axilas el primer desodorante que encontré, uno que compró mi padre y que no se volvió a dar, uno de Axe, Phoenix.
Entonces me vuelven a disparar a quemarropa y noto ese agujero en el tórax, ese desodorante era el que él utilizaba y con la mezcla de restos tabaquistas he fabricado exactamente su olor en mí, me siento tan mal que casi lloro, esas cosas tan insignificantes me siguen quedando.
Ahora pienso en esa cita que me pide “Para…” y no es que sea mi libro preferido pero es al menos interesante, es de José Antonio Marina, de su libro “El laberinto sentimental”, dice así:
“El amor, por supuesto, no existe. Existe una nutrida serie de sentimientos a los que etiquetamos con la palabra amor, que está a punto de convertirse en un equívoco.”
Si quieren dejar una cita de su libro, invito a J, a Sinfonía y a J'adore a que lo hagan, no valen ni Bridget Jones, ni Harry Potter ni Teo se va de campamento, mantengamos el nivel.
Quedamos a la salida del metro de Tribunal, a las 21:00.
El desfile de niñatos recién salidos de Pachá casi me provoca un colapso visual, tanto color pastel junto agobia. Pijos de flequillo extra ancho tapando media cara, pijas de collar de perla y gloss hiper shiny metalic ultra glam. Me distingo perfectamente de esa mancha informe, el único que lleva un abrigo de lana tres cuartos oscuro.
Por la mañana habíamos quedado para comprar el regalo, yo aproveché y me compré una bolsa con la cara de Sid Vicious, no es que sea fan de los Sex Pistols pero reconozco que el señor tenía un punto morbosote bastante agudo.
El resto de mi look, una sudadera de rayas blancas y azules un tanto Picasiana, camisa azul clara debajo y algo que reconozco me ha hecho replantearme todos mis esquemas. Con esta compra ya no sé quién soy ni cual es mi personalidad… me compré… dios, casi no puedo decirlo… ¡Unos pitillo! ¡Pero pitillo confort, no pitillos de yonki depravado! Eso significa rectos, que es lo más ajustado que nunca he llevado. Me los compré porque con los anchos no hay manera de que se vean las botas.
Pues eso, llegué y allí estaban muchos, pero no todos, odio la impuntualidad, pero en estos casos te salva que la gente sea así de irresponsable.
Cenamos, le dimos su bolso-televisión de Popland y nos fuimos a tomar minis a un sitio llenísimo de gente. Los minis muy ricos hay que reconocerlo.
Hablando con Claudia y Bea se pasa el tiempo volando. Claudia me dice que debí ir a su cumple (todo el mundo cumple años en estos meses) que llevó a un amigo perfecto para mí. Genial, ya es oficial, todos lo saben ya, Moribundo es mariquita. Ahora sus horas de asueto las pueden dedicar a buscarme pareja, cosa que no me disgusta, yo no soy un desagradecido, pero ¿Qué tipo de chico es el perfecto para mí? Ni siquiera yo lo se, y me viene a la cabeza Jaime, tan distinto a mí… bebo algo más.
Llegamos al Vía Láctea, tan alternativo, tan pop, ahora con el espacio de fumadores arriba, enclaustrados, al borde del colapso… se puede hasta bailar.
Estoy muy cansado, la primera tanda de gente se marcha así que Bea y yo aprovechamos y nos vamos también.
En el búho me pongo a pensar, queda poco para mi cumpleaños. Realmente es en Marzo, pero como podéis suponer soy de esas personas que se deprimen por su cumpleaños dos meses antes de que sea. No entiendo el porqué, pero cumplir años me afecta sobremanera, desde hace mucho, me pongo más místico y aprieto mucho más las mandíbulas. Con la llegada de mi cumple llega también el de él, los dos éramos Piscis. No sé si debería mandarle un mensaje el día de su aniversario.
Al salir del autobús casi se me desprenden los dedos al intentar abrochar los botones, el frío me deja morado, además de darme muchas ganas de mear.
En casa entro en calor, comienzo a desnudarme y me quedo en ropa interior sentado en la cama, huelo un poco a tabaco, cuando sales es inevitable, pero huelo algo más, algo ajeno a mí. Al salir de ducharme me descargué en las axilas el primer desodorante que encontré, uno que compró mi padre y que no se volvió a dar, uno de Axe, Phoenix.
Entonces me vuelven a disparar a quemarropa y noto ese agujero en el tórax, ese desodorante era el que él utilizaba y con la mezcla de restos tabaquistas he fabricado exactamente su olor en mí, me siento tan mal que casi lloro, esas cosas tan insignificantes me siguen quedando.
Ahora pienso en esa cita que me pide “Para…” y no es que sea mi libro preferido pero es al menos interesante, es de José Antonio Marina, de su libro “El laberinto sentimental”, dice así:
“El amor, por supuesto, no existe. Existe una nutrida serie de sentimientos a los que etiquetamos con la palabra amor, que está a punto de convertirse en un equívoco.”
Si quieren dejar una cita de su libro, invito a J, a Sinfonía y a J'adore a que lo hagan, no valen ni Bridget Jones, ni Harry Potter ni Teo se va de campamento, mantengamos el nivel.
Un poco de obra: Perfiles (Mamá)

Carboncillo y comté sobre papel ingres.
Marujas moribundas.
Cuando hice mi descripción sobre los tipos de alumnos bello-artistas que existen, me dejé algunos que paso a comentar ahora y que les reservaba un post especial, tan lleno de cariño como del prozak que deben destilar sus órganos.
Este grupo tan sólo lo forman mujeres y hay que reconocerlo, son malas, perversas y disfrutan haciendo calamidades por donde pasan.
Ellas son las señoras de Bellas Artes. Son mujeres hechas y de derechas que han llevado sobre sus espaldas el ardoroso yugo de una familia, un marido politoxicómano de carrera empresarial de éxito, su hija que se suele llamar Lucía y el niño cuyo nombre suele tener más variaciones.
Estas señoras, que con los niños ya a medio criar le pueden pedir a Lupita que por favor se quede a echar más horas por el mismo salario más el extra de poder coger papel higiénico del cuartito para su propia casa, se aburren.
El sexo no les llena porque ellas para eso son muy pudorosas, entonces se acercan a su centro social y cultural más cercano para realizar todas las actividades allí presentes, pintura sobre cerámica, pintura sobre seda, restaurar la mecedora de tu abuela, Internet somos todos, bisutería fácil con macramé… Pero amigos, las actividades se acaban, y el ayuntamiento, aunque sea de Pozuelo, tiene sus límites, entonces establecen el siguiente diálogo con su esposo que acaba de respirar el último bote de pegamento que guardaba en su escritorio victoriano del despachito privado:
Señora: - “¡Ay Cariño! Fíjate que ya me estoy agotando los cursos del centro, el de yoga sobre brasas es la segunda vez que lo hago este año…”
Politoxicómano: - “Busca algún otro cielito que ahora estoy ocupado”
S: - “No, me niego a seguir encerrada en este matrimonio de mentiras sin al menos tener la mente ocupada en un sano entretenimiento”
P: - “Si es que… ¿Y porqué no haces otro curso de pintura? Mira el otro día lo que les gustaron tus tazas imitación Tiffany a los amigos del club”
S: - “¿Y qué te parece si asaltamos el plan de pensiones y hago Bellas Artes? Total, somos amigos del decano desde hace mucho y nos debe lo de nuestro silencio con respecto a aquella pilingui menor de edad.”
P: - “Me parece ideal pocholita, ahora mismo llamo a Manuel para que te prepare el chanchullo. Vas a ser la más alternativa de todos nuestros amigos”
Y entra en Bellas Artes, pasa el filtro de la prueba de aptitud siendo de esas 250 afortunadas que entran al año, dejando a los 750 que suspenden con un futuro incierto o un año destinado a la historia del arte.
Ellas entran y son las reinas del mambo, ahora se compran los vaqueros del Massimo Dutti de cinturilla alta, hablan y ríen más alto y más fuerte que nadie.
Pero no esperaban encontrarse con gente que estuviera allí para labrarse un futuro y mucho menos con talento (que haberlos, los hay) y empiezan a ser malas, compensan su falta de creatividad con su genial talento por ser unas auténticas cabronas, criar dos niños es lo que te da, aparte de las cartucheras.
Se dedican a pisotearte, mirarte con ojos de odio a través de sus gafas gruesas y a la menor ocasión te romperían el dibujo, a parte de ir a tu sitio y decir:
Señora: - “Ah, si. Muy muy bonito la verdad. Es que es esto lo que le gusta al profesor, está precioso.
Por supuesto que ellas y los años de dar largas a su marido en la cama les han dado un don para el peloteo constante a maestros y ayudantes, un peloteo en ocasiones tan descarado que pagaría por volver a ver las caras de algunos profesores ante la imposibilidad de quitárselas de encima, porque of course son unas plastas.
Las personas en edad universitaria nos vemos supeditados a ellas, acaparan cosas, gritan más y te echan del caballete si lo creen necesario, nosotros solemos tener educación y obviamos el montar un pollo cuando dos personas se encuentran desnudas posando en el aula.
Al final acaban por rodearse de un círculo selecto de Antonias de su misma calaña que esperan la menor oportunidad para despellejarse mutuamente.
Yo personalmente, según avanzan cursos veo menos, pero algunas resisten, hay que dejar que el tiempo haga lo suyo o que se cansen de cambiar la Tena Lady cada 45 minutos.
Hoy me apetecía ser especialmente cruel.
Este grupo tan sólo lo forman mujeres y hay que reconocerlo, son malas, perversas y disfrutan haciendo calamidades por donde pasan.
Ellas son las señoras de Bellas Artes. Son mujeres hechas y de derechas que han llevado sobre sus espaldas el ardoroso yugo de una familia, un marido politoxicómano de carrera empresarial de éxito, su hija que se suele llamar Lucía y el niño cuyo nombre suele tener más variaciones.
Estas señoras, que con los niños ya a medio criar le pueden pedir a Lupita que por favor se quede a echar más horas por el mismo salario más el extra de poder coger papel higiénico del cuartito para su propia casa, se aburren.
El sexo no les llena porque ellas para eso son muy pudorosas, entonces se acercan a su centro social y cultural más cercano para realizar todas las actividades allí presentes, pintura sobre cerámica, pintura sobre seda, restaurar la mecedora de tu abuela, Internet somos todos, bisutería fácil con macramé… Pero amigos, las actividades se acaban, y el ayuntamiento, aunque sea de Pozuelo, tiene sus límites, entonces establecen el siguiente diálogo con su esposo que acaba de respirar el último bote de pegamento que guardaba en su escritorio victoriano del despachito privado:
Señora: - “¡Ay Cariño! Fíjate que ya me estoy agotando los cursos del centro, el de yoga sobre brasas es la segunda vez que lo hago este año…”
Politoxicómano: - “Busca algún otro cielito que ahora estoy ocupado”
S: - “No, me niego a seguir encerrada en este matrimonio de mentiras sin al menos tener la mente ocupada en un sano entretenimiento”
P: - “Si es que… ¿Y porqué no haces otro curso de pintura? Mira el otro día lo que les gustaron tus tazas imitación Tiffany a los amigos del club”
S: - “¿Y qué te parece si asaltamos el plan de pensiones y hago Bellas Artes? Total, somos amigos del decano desde hace mucho y nos debe lo de nuestro silencio con respecto a aquella pilingui menor de edad.”
P: - “Me parece ideal pocholita, ahora mismo llamo a Manuel para que te prepare el chanchullo. Vas a ser la más alternativa de todos nuestros amigos”
Y entra en Bellas Artes, pasa el filtro de la prueba de aptitud siendo de esas 250 afortunadas que entran al año, dejando a los 750 que suspenden con un futuro incierto o un año destinado a la historia del arte.
Ellas entran y son las reinas del mambo, ahora se compran los vaqueros del Massimo Dutti de cinturilla alta, hablan y ríen más alto y más fuerte que nadie.
Pero no esperaban encontrarse con gente que estuviera allí para labrarse un futuro y mucho menos con talento (que haberlos, los hay) y empiezan a ser malas, compensan su falta de creatividad con su genial talento por ser unas auténticas cabronas, criar dos niños es lo que te da, aparte de las cartucheras.
Se dedican a pisotearte, mirarte con ojos de odio a través de sus gafas gruesas y a la menor ocasión te romperían el dibujo, a parte de ir a tu sitio y decir:
Señora: - “Ah, si. Muy muy bonito la verdad. Es que es esto lo que le gusta al profesor, está precioso.
Por supuesto que ellas y los años de dar largas a su marido en la cama les han dado un don para el peloteo constante a maestros y ayudantes, un peloteo en ocasiones tan descarado que pagaría por volver a ver las caras de algunos profesores ante la imposibilidad de quitárselas de encima, porque of course son unas plastas.
Las personas en edad universitaria nos vemos supeditados a ellas, acaparan cosas, gritan más y te echan del caballete si lo creen necesario, nosotros solemos tener educación y obviamos el montar un pollo cuando dos personas se encuentran desnudas posando en el aula.
Al final acaban por rodearse de un círculo selecto de Antonias de su misma calaña que esperan la menor oportunidad para despellejarse mutuamente.
Yo personalmente, según avanzan cursos veo menos, pero algunas resisten, hay que dejar que el tiempo haga lo suyo o que se cansen de cambiar la Tena Lady cada 45 minutos.
Hoy me apetecía ser especialmente cruel.
Un poco de obra: Perfiles (David)

Carboncillo y comté sobre papel ingres.
Moribundo, moribundo por el arte.
Parece que últimamente solo hable de la facultad, por un lado es algo totalmente lógico ya que mi vida personal se reduce casi prácticamente a eso.
Pero es que me ha pasado algo extraño que me dejó perplejo, fue como si el blog se materializase en la realidad y me abofeteara la cara.
La cosa es que cuando abrí el blog yo no tenía ni idea de la repercusión que estas cosas pueden llegar a tener, para eso nuestras bitácoras se dividen en personales, opinión, etc.
El caso es que en el mismo día dos personas de la facultad totalmente ajenas a mi entorno me reconocieron como Moribundo por el arte.
¿Y qué se supone que debo hacer cuando atravieso los primeros pasos para convertirme en una superstar? Aunque mi reacción, más que la de cualquier miembro de la cienciología cualquiera fue la de una avestruz buscando un hoyo donde meter su cabezota o una pared que no fuera maestra y atravesarla al modo de las creaciones de Hanna-Barbera.
Llegué por la mañana a clase, a primera hora, con todo el esfuerzo que supone y encuentro que la clase de diseño gráfico la componemos tan solo dos personas más y yo, genial. Una hora después entro en clase y el número se ve incrementado en dos personas y el profesor que se digna a aparecer.
Mi amigo me dice que me abandona, se va al centro ante la escasez de motivación del profesorado que tras diez minutos de clase decide ir a tomarse un café. Nos vamos a la timo-tienda de materiales a comprar y aparece ella. Ella es una señora que vino conmigo a la clase de dibujo del natural del año pasado, su cara me hace pensar que siempre está enfadada, casi no reparo en ella. Cuando va a salir me dice:
Ella: - “Te vi en la Web”
Yo: - “¿Perdón?”
E: (Con un extraño brillo en los ojos) “Si, que te he visto en la web”
Y: (Cayendo en que ha leído mi blog de mariquita artista) “Ah! Jejeje… Ups”
E: “Reconocí tus retratos de clase”
Y: (Rojo y queriendo morir, ella se está marchando) “Bueno, jejeje, muchas gracias, hasta luego”
Miles de ideas me asaltan, además de la del suicidio que no atravesaba desde hace mucho mi corteza cerebral. Hay que reconocer que la mujer ha sido discreta, cosa que desde aquí le agradezco en el alma, podría haber dicho; -“He leído tu blog ese de chueca, con los maricones esos y encima poniendo fotos de tus horribles trabajos”.
Nervioso vuelvo a diseño pero no me concentro y me marcho.
Empiezo a pensar en todas las cosas que he escrito y sopeso la posibilidad de cerrar el chiringuito. Aunque las cosas que cuento no son de demasiada sustancia son cosas mías, no me encuentro preparado para la fama aunque ya me esté informando de las camisetas promocionales “moribundo por el arte”.
Me paso por la clase de tercero. Exponen los dibujos tal y como yo hacía el año pasado, voy más que nada para cotillear y criticar. El nivel de dibujo este año es malísimo, nunca he tenido tantas ganas de ir a cagar viendo dibujos que observando las paredes de esa clase. El año pasado si que hubo calidad, así de contento estaba el profesor.
Mientras observo un proyecto me dice una chica (a la que volveré a llamar ella, en un alarde de originalidad):
Ella: - “¡Hola! ¿Sabes que he visto tu página?”
Yo: - “¿Eh?”
Ella: - “Si, en Internet.”
Y: (Ya sabiendo reaccionar algo mejor, pero rojo) “Em… y ¿Cómo la encontraste?”
E: - “Buscando el nombre del profesor en Internet, al principio no te reconocí por las fotos pero luego ya si por los retratos del año pasado”
Y: - “Bueno, pues ya sabes más de mí que mucha gente”
Lady Evil se había puesto a gritar y dar saltos en un absurdo plan de distracción para que ninguno de mis amigos oyera lo del blog. Absurdo pero funciona, nadie se ha percatado de la conversación.
Así que nada, decido que por el momento seguiré escribiendo algo más, de mis trabajos y de mi vida, por supuesto, me aporta mucho más de lo que parece el blog y visto de alguna manera, ejerzo una especie de labor social con los alumnos de BBAA, dándoles de beber de mi sabiduría y si algún desviado piensa tener opciones de poder beber algo más, bienvenido sea.
Busco en google mi blog y aparecen páginas porno de diversa índole, incluida zoofilia, es una placer que ellos también tengan acceso a mí.
Pero es que me ha pasado algo extraño que me dejó perplejo, fue como si el blog se materializase en la realidad y me abofeteara la cara.
La cosa es que cuando abrí el blog yo no tenía ni idea de la repercusión que estas cosas pueden llegar a tener, para eso nuestras bitácoras se dividen en personales, opinión, etc.
El caso es que en el mismo día dos personas de la facultad totalmente ajenas a mi entorno me reconocieron como Moribundo por el arte.
¿Y qué se supone que debo hacer cuando atravieso los primeros pasos para convertirme en una superstar? Aunque mi reacción, más que la de cualquier miembro de la cienciología cualquiera fue la de una avestruz buscando un hoyo donde meter su cabezota o una pared que no fuera maestra y atravesarla al modo de las creaciones de Hanna-Barbera.
Llegué por la mañana a clase, a primera hora, con todo el esfuerzo que supone y encuentro que la clase de diseño gráfico la componemos tan solo dos personas más y yo, genial. Una hora después entro en clase y el número se ve incrementado en dos personas y el profesor que se digna a aparecer.
Mi amigo me dice que me abandona, se va al centro ante la escasez de motivación del profesorado que tras diez minutos de clase decide ir a tomarse un café. Nos vamos a la timo-tienda de materiales a comprar y aparece ella. Ella es una señora que vino conmigo a la clase de dibujo del natural del año pasado, su cara me hace pensar que siempre está enfadada, casi no reparo en ella. Cuando va a salir me dice:
Ella: - “Te vi en la Web”
Yo: - “¿Perdón?”
E: (Con un extraño brillo en los ojos) “Si, que te he visto en la web”
Y: (Cayendo en que ha leído mi blog de mariquita artista) “Ah! Jejeje… Ups”
E: “Reconocí tus retratos de clase”
Y: (Rojo y queriendo morir, ella se está marchando) “Bueno, jejeje, muchas gracias, hasta luego”
Miles de ideas me asaltan, además de la del suicidio que no atravesaba desde hace mucho mi corteza cerebral. Hay que reconocer que la mujer ha sido discreta, cosa que desde aquí le agradezco en el alma, podría haber dicho; -“He leído tu blog ese de chueca, con los maricones esos y encima poniendo fotos de tus horribles trabajos”.
Nervioso vuelvo a diseño pero no me concentro y me marcho.
Empiezo a pensar en todas las cosas que he escrito y sopeso la posibilidad de cerrar el chiringuito. Aunque las cosas que cuento no son de demasiada sustancia son cosas mías, no me encuentro preparado para la fama aunque ya me esté informando de las camisetas promocionales “moribundo por el arte”.
Me paso por la clase de tercero. Exponen los dibujos tal y como yo hacía el año pasado, voy más que nada para cotillear y criticar. El nivel de dibujo este año es malísimo, nunca he tenido tantas ganas de ir a cagar viendo dibujos que observando las paredes de esa clase. El año pasado si que hubo calidad, así de contento estaba el profesor.
Mientras observo un proyecto me dice una chica (a la que volveré a llamar ella, en un alarde de originalidad):
Ella: - “¡Hola! ¿Sabes que he visto tu página?”
Yo: - “¿Eh?”
Ella: - “Si, en Internet.”
Y: (Ya sabiendo reaccionar algo mejor, pero rojo) “Em… y ¿Cómo la encontraste?”
E: - “Buscando el nombre del profesor en Internet, al principio no te reconocí por las fotos pero luego ya si por los retratos del año pasado”
Y: - “Bueno, pues ya sabes más de mí que mucha gente”
Lady Evil se había puesto a gritar y dar saltos en un absurdo plan de distracción para que ninguno de mis amigos oyera lo del blog. Absurdo pero funciona, nadie se ha percatado de la conversación.
Así que nada, decido que por el momento seguiré escribiendo algo más, de mis trabajos y de mi vida, por supuesto, me aporta mucho más de lo que parece el blog y visto de alguna manera, ejerzo una especie de labor social con los alumnos de BBAA, dándoles de beber de mi sabiduría y si algún desviado piensa tener opciones de poder beber algo más, bienvenido sea.
Busco en google mi blog y aparecen páginas porno de diversa índole, incluida zoofilia, es una placer que ellos también tengan acceso a mí.
Un poco de obra: Perfiles (Sara Happy)

Carboncillo y comté sobre papel ingres.
Proyectos Moribundos.
Me levanto y me meto en la ducha. Salgo y limpio mis dientes con el cepillo eléctrico, dentro de mi boca su cabezal gira a nosecuantas pulsaciones por segundo y siempre, siempre fijo mi mirada en el bote de laca de Poly Swing look rizado que se encuentra en lo más alto de la estantería a la derecha.
Su forma, claramente fálica, se acentúa con un extraño fenómeno que le dota de chorros y goterones blancos resecos de antigua laca…
Empiezo a pensar que estoy muy mal y llego a clase, Raquel nos pasa una hoja que lleva impresa el código Leather de los colores de los pañuelos y sus bolsillos, me parece que me interesa el pañuelo naranja y el verde claro, decididamente hay gente peor que yo en la facultad.
De su despacho sale él. Mi profesor lleva un jersey azul y unos vaqueros. Hay que reconocer que está muy bueno.
Como debo hablar con él sobre mi próximo proyecto de dibujos entro en el despacho. Le he pillado desayunando un Donut de chocolate y un zumo de naranja, pienso que le gusta el chocolate como a mí, pero Lady Evil me recuerda que como al 90% de la población, es un poco aguafiestas.
Yo voy decidido a defender mi idea, dibujar sobre ropa, sobre los sentimientos que la ropa es capaz de “absorber”, le llevo un boceto de dibujo y una foto.
El dibujo es a línea, hecha con plumilla, salgo vistiendo mi abrigo que sí está coloreado, con lápices de madera al modo de las ilustraciones infantiles.
La foto… es una vergüenza… ¿Sabéis que los de Pull & Bear este invierno pusieron un escaparate muy chulo? Si chicas si, ese en el que los maniquíes tenían cabeza de oso de peluche… Pues vendían las cabezas, y me compré… tres cabezas de oso gigantes, acompañadas de sus respectivas pezuñas.
Las cabezas, obviamente, estaban fabricadas para que se colocasen sobre un maniquí, un muñeco sin pulmones, ni nariz, ni sistema respiratorio… Pero mi nivel de frikismo con los muñecos llega a extremos que incluso desconocía y me la coloqué.
Durante diez minutos resistí con ella, me ahogaba, me lloraban los ojos, no respiraba nada pero estoicamente obligué a Diseñadora a que me echara fotos, ella dijo:
- “Bueno, pero después te quitas la cabeza, si te desmayas yo no voy a ayudar a quitártela”
Termino y me la intento sacar, me la intento sacar más, no puedo, me agobio, sudo más… por fin sale. Durante el tiempo que fui un oso, era extrañamente feliz y eso me asusta.
Pues en la foto salgo yo, de oso, con mi abrigo, en la misma pose que el dibujo.
El profesor (con sus pechos poderosos) mira la foto y se ríe. Empezamos a hablar de que si las fotos pueden funcionar mejor que el dibujo, yo insisto en que quiero hacer dibujo puro. Él sigue hablando y habla y habla y hago como que escucho mientras le miro el pelo. Al intentar adoptar una pose interesante cruzando mi pierna casi me caigo de la silla, golpeo estruendosamente su mesa y nos miramos… Menudo palurdo que estoy hecho.
Me levanto prometiendo nuevos bocetos y sopesando la posibilidad de realizar ilustración digital, me acompaña hasta la puerta del despacho, introduce sus manos en los bolsillos y recuerdo a Blanca que una vez me dijo:
- “Si un chico delante de ti se mete las manos en los bolsillos y te habla riendo es que quiere que se la chupes”
Que daño hizo Flora Davis a los pseudo intelectuales. Me despido de él, pensando que cada día está más bueno y yo más cachondo, tengo casi una erección.
Su forma, claramente fálica, se acentúa con un extraño fenómeno que le dota de chorros y goterones blancos resecos de antigua laca…
Empiezo a pensar que estoy muy mal y llego a clase, Raquel nos pasa una hoja que lleva impresa el código Leather de los colores de los pañuelos y sus bolsillos, me parece que me interesa el pañuelo naranja y el verde claro, decididamente hay gente peor que yo en la facultad.
De su despacho sale él. Mi profesor lleva un jersey azul y unos vaqueros. Hay que reconocer que está muy bueno.
Como debo hablar con él sobre mi próximo proyecto de dibujos entro en el despacho. Le he pillado desayunando un Donut de chocolate y un zumo de naranja, pienso que le gusta el chocolate como a mí, pero Lady Evil me recuerda que como al 90% de la población, es un poco aguafiestas.
Yo voy decidido a defender mi idea, dibujar sobre ropa, sobre los sentimientos que la ropa es capaz de “absorber”, le llevo un boceto de dibujo y una foto.
El dibujo es a línea, hecha con plumilla, salgo vistiendo mi abrigo que sí está coloreado, con lápices de madera al modo de las ilustraciones infantiles.
La foto… es una vergüenza… ¿Sabéis que los de Pull & Bear este invierno pusieron un escaparate muy chulo? Si chicas si, ese en el que los maniquíes tenían cabeza de oso de peluche… Pues vendían las cabezas, y me compré… tres cabezas de oso gigantes, acompañadas de sus respectivas pezuñas.
Las cabezas, obviamente, estaban fabricadas para que se colocasen sobre un maniquí, un muñeco sin pulmones, ni nariz, ni sistema respiratorio… Pero mi nivel de frikismo con los muñecos llega a extremos que incluso desconocía y me la coloqué.
Durante diez minutos resistí con ella, me ahogaba, me lloraban los ojos, no respiraba nada pero estoicamente obligué a Diseñadora a que me echara fotos, ella dijo:
- “Bueno, pero después te quitas la cabeza, si te desmayas yo no voy a ayudar a quitártela”
Termino y me la intento sacar, me la intento sacar más, no puedo, me agobio, sudo más… por fin sale. Durante el tiempo que fui un oso, era extrañamente feliz y eso me asusta.
Pues en la foto salgo yo, de oso, con mi abrigo, en la misma pose que el dibujo.
El profesor (con sus pechos poderosos) mira la foto y se ríe. Empezamos a hablar de que si las fotos pueden funcionar mejor que el dibujo, yo insisto en que quiero hacer dibujo puro. Él sigue hablando y habla y habla y hago como que escucho mientras le miro el pelo. Al intentar adoptar una pose interesante cruzando mi pierna casi me caigo de la silla, golpeo estruendosamente su mesa y nos miramos… Menudo palurdo que estoy hecho.
Me levanto prometiendo nuevos bocetos y sopesando la posibilidad de realizar ilustración digital, me acompaña hasta la puerta del despacho, introduce sus manos en los bolsillos y recuerdo a Blanca que una vez me dijo:
- “Si un chico delante de ti se mete las manos en los bolsillos y te habla riendo es que quiere que se la chupes”
Que daño hizo Flora Davis a los pseudo intelectuales. Me despido de él, pensando que cada día está más bueno y yo más cachondo, tengo casi una erección.