Moribundo por el arte
Si mi vida ya parecia una serie cómica de television lo único que le faltaba era un blog.
Acerca de
Nací en una agradable familia de sospechoso parecido a los simpson. Tras los estudios normales decido hacer Bellas Artes y desde entonces todo lo que me acontece se presenta con risas en "off" y sarcasmos de sobremesa.
Sindicación
 
Un poco de obra: El espejo.


Fotografía digital.
 
Quitando mármol moribundo.
La cosa es esta. Uno abre un blog por algún motivo en especial, en mi caso, mis increíbles problemas mentales debidos a la traumática y violenta ruptura que todos sufrimos alguna vez y que supongo, no fue para nada especial (lo que rompe todo ese romanticismo enfermo que la recubría). Como estoy enfermo continuo con el blog que es un refugio ideal para personas de mi calaña y resulta que, cosas de la vida, otros personajes penetran en mi guarida de lo absurdo, dejan mensajes e incluso se identifican.
Las personas que me escriben comienzan siendo (me encanta esta metáfora) como esculturas de mármol. Ellos muestran su materia en sus blogs o comentarios y eso es lo que conozco, la escultura que han fabricado. Pero… luego comienza el Chat, el hablar en directo y poder comprobar que si, no sólo son enfermos como tú sino que hablan y se expresan de la misma moribunda manera y es simplemente genial. Al final el intercambio de mails y la escultura de mármol cobra vida, la piedra deja paso a la carne y todo es tangible, envuelto por el olor de lo táctil.
La otra cosa es que me quedé sin campamento y sin expectativas de puente, mi cuenta continuaba en ese coma etílico, borracha por meses de compras sin sentido. Cuando me dieron esta noticia yo chateaba con Gianis, dios de muchos, hombre de conocimientos seguido de masas. Cuando le comuniqué mi terrible pena me ofreció de manera tan rápida como generosa el poder viajar a Barcelona y claro, uno es moribundo pero de gilipollas no tiene un pelo, la cosa fue que decidí pensarlo mientras elucubraba una mentira piadosa y creíble para mi amado entorno familiar. Estas mentiras, con mi ex, me salían solas y en cuestión de segundos:
Mamá: - “¿Dónde vas?”
Moribundo: -“Voy con lo de clase a Hortaleza que hay un sitio que ahora mismo no recuerdo como se llama pero que vamos, que ni siquiera sirven alcohol ni nada, es de esas cafeterías alternativas que a mí no me gustan demasiado pero bueno, que le vamos a hacer si han escogido ese sitio, yo lo hago por afianzar la amistad y esto… leen poemas y esas cosas, tan alternativas, ya ves… jejeje, bueno me voy.
Y siempre excusas igual de bien elaboradas.
Al final si que trabajé mi excusa porque ahora cuanto con la madurez que dan los años, no como al principio de una relación claro. Lo primero fue decir que si a Gianis y después poner en juego una serie de hilos, cada cual más enrevesado e inteligentemente planteado.
En la facultad cogí a mi amiga Claudia por banda. Ella es mi gurú del sexo, mi heroína sexual, la mujer que ha hecho muchas cosas que yo he deseado simplemente observando entre los visillos de mi cerebro. Le pedí encubrimiento a tiempo completo con excusa “Mi amiga tiene una casa en Barcelona y me ha invitado, vamos los dos solos” y coló. Claro que coló en que ellos dieron su visto bueno, justo antes de marcharme mi madre hablaba con su mejor amiga por teléfono y debieron tener esta conversación, deducida por las palabras de mamá moribunda:
Amiga: -“¿Qué pasa que hay tanto ruido?”
Mamá: -“Nada, que Hairblue se va a Barcelona con una amiga”
A: -“¿Una amiga? ¿No será su novia?”
M: -“(Con voz de resignación) No hija no, no lo creo, sólo amiga”
Me despedí de ellos y marché hacia la casa de Claudia en pleno centro de Madrid desde donde sería fácil coger un taxi hacia la terminal cuatro, mi avión salía a la intempestiva hora de las seis de la mañana. Al llegar a su casa me contó que estaba borracha y decidimos salir hacia la Vía Láctea para ver si era capaz de alcanzarla, y vaya si lo hice, escogí lo que siempre escoge Blanca cuando quiere un pedo eficaz y barato, tequila con lima.
Allí mi amiga se encontró con un posible ligue y tras dos segundos de conversación comenzaron a liarse de manera brutal. Primero a mi lado y después encima mío. Con la cara de circunstancia, veinte minutos de lalala y las manos llenas de cera de representar el papel de un candelabro italiano Claudia volvió en sí y rápida dijo:
Claudia: -“Toma, estas son las llaves de mi casa, ve y coge tu maleta que sino ir los tres hacia mi casa va a ser un poco violento”
Y me crucé Tribunal y Alonso Martínez a por mi equipaje, porque, reconózcolo, ella bien se merecía ese favorcito después del encubrimiento tan grande que me hacía.
Cogí el taxi más caro de la historia y muerto de nervios cogí mi tarjeta de embarque para Barcelona. La terminal era como un campo regado de cuerpos dormitantes y como yo tengo un miedo atroz a los aeropuertos por la inseguridad en todo que me provocan no pude descansar casi nada.
Embarcamos y pusieron un capitulo de friendo, con la mirada busqué las salidas de emergencia y amaneció.
 
Un poco de obra: De pronto una mañana.


Fotografía digital.
 
Moribundo y los números rojos.
Estoy en números rojos. Ayer bajé al cajero a sacar la desorbitada cantidad que pago por mi abono de transportes y se me cayó el alma a los pies. Mi beca ha desaparecido por entero excepto por la irrisoria cantidad de 2 pantalones y una camiseta que es justo lo que queda de la pobre desdichada.
Está mal y yo lo sé el medir la cantidad de dinero que te queda en tu cuenta en ropa, pero bueno, soy imperfecto, lo reconozco.
Pensaba que el trabajo de monitor con los niños dos veces por semana me llevaría lejos de la bancarrota y del temeroso “Mamá, diez euros”, en definitiva, que pagaría mis caprichos. Pero ¡Ay! Los hados se volvieron en mi contra cuando me crearon con un gusto maravilloso, su sempiterna risa resuena en mis oídos cuando gasto tanto y tanto en, bueno, yo los considero “pequeñas piezas de sentimientos y sensaciones” y otros lo llaman ropa, a secas.
Pues eso, que cogí el extracto de mi banco, un bolígrafo bic y un taco de post it. Si la gente puede mantener una economía medianamente ¿Por qué no puede un moderno lolito conceptual? Los números nunca han sido mi fuerte, lo reconozco, y los cinco minutos que dediqué a revisar mis gastos y mis ingresos por haberes tuve dos amagos de vahídos, me vinieron tres arcadas y entré durante un minuto entero en un estado de narcolepsia, conclusión: Vivo por encima de mis posibilidades. Gasto el doble de lo que ingreso, para desdicha mía y alegría por todo lo alto de los comerciantes más in de Madrid.
Así que decidí aceptar un campo neonazi… ups… quería decir un campamento para el puente. La celebración de un fin de curso para jóvenes hormonados preadolescentes. Encerrarme mi puente con semejantes pillastres no era plato de buen gusto pero lo que si iba a coger gustoso era el salario especial por trabajar días festivos (verdaderamente nada despreciable). Ese salario comencé a gastarlo mentalmente antes de obtenerlo, ya pensaba dedicar una parte a complementos, otra a artículos de bellas artes, una importante a propiciar relaciones sexuales... Pero al igual que el famoso cuento de la lechera, me vi cubierto del lácteo del deseo espiritual (el físico hace tiempo que no lo saboreo). Mi coordinadora me llama y dice:
Coord.: - “Hola Hairblue, mira si, es que ha pasado una cosa, el colegio lleva sus propios monitores masculinos, entonces a los chicos, pues… Como que no os necesitamos”
Yo: - “¿Qué?”
Coord.: - “Siento mucho avisarte tan tarde, espero no fastidiarte los planes y que pases un feliz puente. Adiós, besitos.
Yo: - “¿Qué?”
Coord.: “Tututuu, tututuu, tututuu…”
Y una crisis nerviosa para mí y mi amigo Chencho que me llamó totalmente ofuscado diciendo una frase que conservaré en mi cerebro para siempre:
“Otra vez me han vuelto a discriminar por tener pene”
Y que provocó monólogos made by moribundo como estos:
“Si por mí, que me pongan de monitor de niñas. Yo se lo diría, mira, no voy a abusar de ellas, lo primero por ser menores y lo segundo por ser maricón, así que como chupando pollas seguro que tengo la misma o mayor experiencia que esas descerebradas quinceañeras vamos por lo menos a tener algo en común para fabricar una base”
Pero nada, la gente no cae en la lógica y me he quedado sin dinerito, y sin nada.
Al menos ahora en mi puente podré viajar y conocer gente.
 
Un poco de obra: Muñeco Oso04


Transfer por calor, carboncillo, comté, lápices de colores y tinta sobre papel superalfa
 
Nucas Moribundas.
Las exposiciones en clase de proyectos ya las he comentado alguna que otra vez en éste, mi humilde rincón de la maldad suprema. En ellas la gente lanza a los ojos más incautos ponzoñosas imágenes turbadoras dignas de decorar el papel higiénico más barato. Ya que me levantaba para tan dantesco espectáculo hice todo con calma, recogí la cama con calma, me duché con calma y como siempre me topé con el atasco humano en las vías del metro de Madrid.
Volando en una gran salchicha gigante de carne (que es a lo que el metro se parece tan atascadito de pobrecitos madrugadores que va) mi mente, no obstante, se lo tomaba con calma. Otra vez una cámara de televisión filmó al enjambre de madrileños deseosos de colocar su carne, sus huesos y su alma en algún resquicio del suburbano. Me llevé un disgusto al comprobar que la cadena depravada que gusta de rodar pornografía debajo de la urbe no era mi querida y mugrienta antena 3, sino localia televisión…. Existe gente con menos escrúpulos amigos.
Con Fangoria en el mp3 llego a clase de Proyectos y me encuentro con un señor. Este señor hemos deducido que es el profesor del turno de tarde o quizá un amante del dibujo que pasa sus horas mirando las obras almacenadas. El señor me mira y yo sigo hacia dentro cuando, ¡Oh mi gozo! Ni un alma en el aula. Nadie, ni profesores macizos, alumnos, alumnas, modelos ni modelas. Sólo el hombre extraño y yo. El silencio es roto por el personaje que no soy yo y establecemos el siguiente diálogo:
Señor: - “(Gritando irritadamente) ¡Eh! ¿Te pasa algo?”
Yo: - “(Pensando que debía haber roto algo) ¿Perdone?”
S: - “Es que te he dicho hola y no me has dicho nada”
Y: - “Ups… perdone, es que llevo los cascos (alucinando)”
S: - “Ah… es que por eso te he hablado así”
Y: - “(Pensando: Es un psicópata) ¿Sabe si hay clase hoy?
S: - “Si, si que hay”
Asustado pienso en largarme pero llega otra chica y ante la posibilidad de estar acompañado y la presunción de que en los casos de violación por trastornados, la mayoría de las víctimas son mujeres, decido quedarme. Rápidamente llega Lady Evil con la que abandono el aula tan deprisa como puedo.
Pero la alegría del cotilleo y el despelleje público dura poco. Llega el profesor y después de algunos minutos nos avisan para empezar la presentación.
Como el hombre es un animal de costumbres ocupo el mismo sitio que me trajo suerte en la exposición de los perfiles, es lo que tiene llegar pronto, que escoges sitio. Y como no, empezamos por la esquina, que no lo hago aposta pero si se habla rápido de mis dibujos y siguen los demás me quedo más tranquilo. Selecciono 4 de los 8 dibujos, ya que los he hecho a la cuarta parte del tamaño pedido porque hablé con el profesor para ello y porque yo lo valgo que soy divino.
El profesor los ve, los observa y me mira mientras explico porqué he decidido recrearme en la nuca de los objetos, en que son dibujos seriados y en que buscaba una disyuntiva entre un grafismo infantil y uno elaborado, recreándome en el dibujo más puro. Está mal que yo lo diga pero a él le gustan tanto como a mí sus pectorales. Me habla de ellos y dice cosas interesantes, me pilló en que en el último me cansé de dibujar. Todo lo que dice es cierto porque es un sabio como una catedral, soy un transgresor.
Mi sorpresa viene cuando, henchido de gloria y mientras comenta a Lady Evil sus obras, de pronto le pone de ejemplo las mías… Y me quedo helado, menos mal que ella es mi amiga o ahora sería un punto más impopular (Dios no lo quiera). Pero con la siguiente también, y con la otra no pero con la siguiente si.
Un ejercicio comparativo que pese al saber hacer de mi estimado profesor hace que la gente objeto a comparar me mire y odie un poco más, sino fuera suficiente razón mi personalidad para ganarme amigos o enemigos y nunca un ser neutro.
La guinda la ha puesto la señora del “Pos a mí me gusta”. Señora posamimegusta, seguro que me lees, si no lo haces lanzo mi mensaje al ciberespacio para que algún día llegue a ti; no es necesario que cuando el profesor pida comentarios y la obra roce el zurullo más completo tú saltes el “Pos a mí me gusta”, no arreglas nada, no aportas nada y no me interesa tu opinión.
Todo esto, obviamente lo pienso mientras ella exclama orgullosa su coletilla. Yo, de manera automática cuelgo los ojos para no colgarme de las tuberías y mi profesor que observa gesto homicida semejante exclama:
Profesor: - “Hairblue, ¿Tienes tú alguna opinión sobre esta obra de tu compañero?”
Yo: - “(Pensando que me ha pillado pero aliviado pues el dibujo no me desagradaba, mi gesto iba para la señora) Pues no tengo una opinión necesaria pero el conjunto me parece atractivo ya que ha…. (blablabla y palabras con sentido)
Abandonamos la clase o más bien huimos de ella, nos largamos a la cafetería a hablar de potorros y de rabos que es lo que hacen los artistas del mañana.
Dios, seas el que seas, que me den la matrícula este año, amén.
 
Un poco de obra: Muñeco Oso 03.


Transfer por calor, carboncillo, comté, lápices de colores y tinta sobre papel superalfa.
 
Moribundo y las manos.
Tengo las manos que dan pena. Pensé que con la llegada de la ortodoncia iba a dejar de morderme las uñas y de hecho así fue durante un periodo de tiempo. En ese lapsus mis uñas brotaron como la avena en los anuncios de galletas con fibra, unos bellos tallos frondosos y no las horrendas uñas amarillas y retorcidas a lo Nosferatu que pensé iban a supurar de mis dedos.
Las uñas las volví a morder justo el día que perdí mi pobrecito ordenador, con el dolor de la ortodoncia y la imposibilidad física de hacer tenaza con los paletos me arranqué tres uñas, sufriendo física y psicológicamente, aparte de, seguramente, haber retrasado de manera considerable el alineamiento de mis piezas dentales, constato que moví los alambres de la ira homicida con la que ataqué mis pobres manos. El otro día, cuando me enteré de que no pueden recuperar mis archivos directamente no hice nada, ya nada me afectaba por el cansancio y como le dije a mi madre: “Si no estuviera tan cansado, lloraría”.
Pero vamos, que el tema es que al estar atravesando otro proceso gripal auspiciado por la buena de comunicóloga, he tenido tiempo de pararme a reflexionar, pensar azuzado por los delirios febriles y, como no, mirarme mucho tiempo las manos.
Porque reconozco que tengo unas manos feas. Por lo menos a mí no me gustan nada de nada, son pequeñas, están llenas de líneas y de marcas, son excesivamente fibrosas y claro, la falta de uñas le dan a los dedos esa magnífica anatomía pepinera o como las llaman algunos manos de huerto.
Entono el mea culpa en muchos aspectos. Las manos me las cuido poco y no sólo por el pseudo canibalismo al que las someto sino porque al ser la herramienta principal del trabajador de taller y del artista a ellas van a parar todos los golpes. Parte de culpa del prematuro envejecimiento la tiene, como no mi padre. ¿A quién coño se le ocurre limpiar pintura de las manos de sus hijos con disolvente nitro? Sobre todo teniendo siete años:
Yo: - “Papá ¿Me quitas la pintura que se me ha quedado jugando con esa pistola de pintar carrocerías?
Papá: - “¡Claro que si hijo mío! El disolvente nitro resolverá este pequeño engorro que has ocasionado con pintura de tan alto contenido en plomo y por lo tanto venenosa y cancerígena”
Yo: -“¡Bien!”
Luego creces y los fallos los cometes tú y ¡Allá con tu mecanismo amigo! Pero si ves al profesor de grabado cogiendo las planchas del ácido tan ricamente y diciendo cosas como “Algunas personas se ponen guantes pero no pasa nada”, te creas falsas ilusiones. Un día te olvidas los guantes y ya has metido la plancha, aquello comienza a burbujear y te urge sacarla y claro, las manos que metes. Al principio todo normal, hasta que te empiezan a picar y después durante tres semanas luces un moreno dactilar envidia de cualquier miembro de la familia Iglesias y unas marcas de la plancha de zinc que parece te han servido los dedos a la parrilla.
Y las debería de cuidar, que son mi bien más preciado. El día que a mi profesora de segundo se le cayó un tablero en la mano lo recordaré siempre. La pobre fue tan rápido a por hielos que pensé le habría quedado la mano colgando. Ella (la profesora) reconozco que era mala y un poco retorcidilla, pero el discurso de la mano es la herramienta del artista permanecerá en mí como la cicatriz de la barbilla hasta que muera.
Jaime, que también era un ansioso mordedor de uñas muchas veces insistía en verme las manos bonitas. Era muy rico si, yo sabía que lo decía porque el amor te hace soltar esas incoherencias como frases del tipo “Cada vez te la encuentro más grande” pero como que te gusta escucharlas.
Nada, que me quedo con mis amigas las manos y sus diez deditos, drogándome y rezando porque mis tres años de escultura las haya dotado de la fuerza suficiente como para romperle el cuello a comunicóloga cuando mejore, por pegarme resfriado tan cabrón.
 
Un poco de obra: Muñeco Oso 02.


Transfer por calor, carboncillo, comté y tinta sobre papel superalfa.
 
Cansancio Moribundo.
Hoy casi me quedo dormido antes de ir a clase. Vale que me estuve acostando tarde toda la semana santa haciendo nada, dejando que las motas de polvo se acoplaran en mis gafas azules, viendo procesiones e impregnándome de manera no deseada de ese olor a torrija que mi madre insiste en dispersar año tras año por la casa, pero no puedo continuar con este ritmo de vida.
Las 7:20 de la mañana me hacen saltar, con los ojos vidriosos recojo todo y me arrastro desde el baño hasta la ducha. El cansancio no me deja ni siquiera pensar en masturbarme ni nada, lo único que quiero es asearme, salir y correr como un zombie al que le falta una pierna cuesta abajo hasta la estación, recorrido en el que casi pierdo el abono (otra vez) y apunto estoy de acabar por el suelo de la carretera, ya que el asfaltado no se renueva desde 1839.
Me fijo en que uno de los árboles de la plaza ha perdido su mitad geométricamente perfecta que permanece a su lado en el suelo, ahora es como si hubiera media naranja clavada en un palo, se me pasa por la cabeza qué hubiera pasado si esa rama me hubiera aplastado. Hoy seguramente, con la cara de dibujo animado maniaco que porto me hubiese quedado aplastado y me hubiera ido a la estación corriendo con la forma de una tapa de alcantarilla.
El metro, un horror como siempre. Ya no sé que le pasa al transporte público pero todos los días tiene retraso o la hora que cojo ha mutado a “La horripilante hora de los homicidas”. La gente se aprieta que ya no siento placer ni nada al rozarme con uno de esos postadolescentes repetidores del bachillerato que se pegan los pantalones de chándal al culo por insistir en ir con las manos metidas en los bolsillos (tocándose seguro) y con la chaqueta vaquera que casi parece una torera tres tallas más pequeña. Antes de las vacaciones, cuando comenzaba a ponerme violeta del estrujamiento y pensaba que aquello no podía ir a peor, las puertas del metro no se podían cerrar. Los ineptos se apoyan en ellas y no dejan que el tren inicie su recorrido, tras cinco minutos de intentos, el conductor tuvo que salir a insultarnos y cuando todo podía empeorar lo hizo, apareció una cámara de televisión para grabar aquel amasijo de brazos, piernas y caras. No dudo que la cámara fuera de Antena 3, sólo ellos son capaces de semejante plano.
Hoy volvió a pasar lo de las puertas y cuando sopesaba morderme las muñecas para morir desangrado llegué a ciudad universitaria. Lady Evil me esperaba junto a una de las Lauras y nos fuimos a la clase de diseño objetual. Como siempre tuve que apoyarme en la mesa de atrás para no balancearme como un tentetieso de las cabezadas tan terribles que daba y encima el profesor llevaba una americana parecida a la mía, cosa que casi me hizo querer arder en una aparatosa combustión espontánea y matar a todos mis compañeros.
Encima Lady Evil me echa las cartas porque su próximo proyecto va a consistir en dibujar a los 22 arcanos mayores o eso quiere. Ella no tiene poder alguno si no contamos con el de una lubricación natural extraordinaria pero aún así me angustié por la situación, el resumen de mi sesión era que tendría éxito en mis proyectos pero que me iba a quedar para vestir santos… Y en mi estado actual estas cosas me afectan claro. Yo no sé si sería ella pero todos los de la mesa sacamos predicciones amorosas nefastas, quizá sea un mal propio de los artistas.
Me marcho a casa porque enfrentarme a otra clase haría surgir una urticaria por toda mi fina piel. Como y me acuesto. Una hora de siesta.
Me despierto y me voy a dar las clases a las personas mayores, con positivismo renovado claro, me visto para la ocasión con una bonita y sobria camisa clara, vaqueros, americana verde y boina, el toque de la bohemia. Si esas ancianas conservan deseo sexual se les va a despertar.
Pero llega el horror. Y no es el horror que esperaba, figuras desdentadas, pieles arrugadas, uñas amarillas, un anciano devorando a un bebé… No, el horror es que piensas dar una clase a más o menos 10 personas y se presente 1. Dos horas de “Muy bien”, “Si, si, si”, “Un poco más de verde”… Aunque reconozco que el cuadro no me disgustaba nada.
Antes de irme a casa paso por la sede de la empresa de ocio y les informo del éxito de la clase, y de que sacrificaré mi puente de mayo yendo de campamento para sacarme pasta extra.
Me meto en el cercanías, dejo mi bolsa amarilla, saco el Mp3 y pongo “This Picture” de Placebo.
No es que haya sido un gran día.
 
Un poco de obra: Muñeco Oso 01


Transfer por calor, carboncillo, comté y tinta sobre papel superalfa.
 
Moribundo Vs. Rober
Viaje en el tiempo, three months ago:
Barbero, Profesor de Proyectos I: - “Recordad que ahora después de navidades ya podéis ir pensando el siguiente trabajo”
Viaje en el tiempo, Marzo:
Barbero, Profesor de Proyectos I: - “Ya que me habéis entregado el escrito de justificación os recomiendo que no dejéis el trabajo para el último momento”
Viaje en el tiempo, 14 de Abril:
Moribundo por el arte: -“Creo recordar que debo hacer otro trabajo de clase, a ver la fecha de entrega… ¡AAAAaargh!”
Así que como siempre, me dejé de místicas y demás polladas y me tuve que poner a trabajar sobre la nuca.
Si amigos, la nuca. Una parte del cuerpo realmente importante, por lo menos para mí una buena nuca es realmente imprescindible. Lo primero es que si no tienes nuca es que te encuentras desnucado y por ende, muerto. Luego una nuca puede ser indicador de la masa corporal de una persona, y una nuca bien formada es demasiado sugerente para mí, persona que comienza a entrar en un submundo de sublimación asexual para compensar con momentazos zorra de la muerte.
Mientras dibujaba a toda prisa lo que tuve oportunidad de hacer con tiempo suficiente, Rober llegó a Madrid y no pensaba perder la oportunidad de conocerle, debo insistir en que el encuentro de blogueros invertidos debe ser una realidad, ¿Qué mejor que un recinto lleno de personas cotillas, megalomaniacas y egocentristas?
Pues eso, que contactamos y pudimos quedar en Gran Vía que queda muy bien para quedar y es precioso, porque es precioso.
Monté en mi RENFE con el tiempo suficiente, como siempre, pero ¡Ay! Los caminos de Gallardón son inescrutables y mi línea se vio mágicamente partida por la mitad durante unos cuatro días que, en mi trayecto dirección Atocha no afectaba, pero si en los tiempos de espera. Apunto de ahorcarme con mi corbata (look gothic lolito) llegó mi tren que me abandonó sudando en la mítica estación, en cuyo metro ya pude deleitarme con los perfúmenes axilares de algún caballero falto de aseo.
Al salir en la salida a la calle fuencarral allí estaba él y sonreí. Justo poco antes casi me mato con las escaleras mecánicas… un hecho que prefiero omitir.
Nos bajamos la calle enterita hablando y hablando sin parar una charla de lo más amena y divertida, vamos que aquello era como si nos conociéramos de toda la vida. Yo le dije que era mi calle preferida, por estar tan llena de vida y de tiendas de ropa, él observó la otra cosa por la que es mi calle preferida, la cantidad de maricas buenorros que te encuentras por metro cuadrado (mucho más un sábado). Nos paramos en el starbucks, yo amo starbucks aunque sé de buena tinta que planean conquistar el mundo, haciendo que todas las tiendas sirvan café y convirtiendo la humanidad en zombies compra tazas de colores bebe cafés.
Yo me pedí un té y Rober una botella de agua, el té me lo pusieron hirviendo y el chico que nos atendió (si, también estaba buenorro, eso o cada vez bajo más el listón) me dijo muy amable “Ten cuidado que quema mucho, cógelo del cartoncito que te he puesto”.
En la mesa, charlando sobre las diferencias entre Madrid y Barcelona, cosas sobre los billetes de metro, la limpieza de los transportes, la gente… dejamos nuestros enseres esparcidos en los comodísimos sofás y encima de la mesa una de esas revistas gratuitas para gays fenomenales, con gafas de sol gigantes y camisetas sin mangas. Quizá esto no tendría la mayor importancia, de no ser que, nuestro chico starbucks tras remolonear sobre nuestros asientos nos pidió amablemente ojear la revista y nos preguntó si era gratuita, cosa que respondimos de manera afirmativa totalmente alucinados.
Como Rober debió percibir mi cara de “¿Pero qué es esto?” me lo confirmó, - “Hemos ligado”. Y como de perdidos al río y ya la vena chupapollas la llevo dentro de mi corazoncito, al despedirnos le dimos la revista, aunque al estar ocupado atendiendo le hizo no dedicarnos un gracias como nos merecíamos.
Subimos otra vez fuencarral, volviendo a deleitarnos por la cantidad de fachadas sugerentes y siguiendo nuestra conversación de una manera maravillosa. Me dio mucha penita que nos despidiéramos después de haber hablado tan ricamente, pero Claudio se encontraba perdido en la cercanías del Reina Sofía y Rober partió a su encuentro.
En el metro, con el sobaco de un albañil cincuentón rechoncho y con la piel quemada debido al ardoroso trabajo incrustado en las cercanías de mi nariz pensaba:
“El próximo sábado debo volver a tomarme un té verde en el starbucks”
 
Hola.


I love Photoshop.
 
Soy/No Soy/Estoy Moribundo.
Soy un blog. Soy 100 imágenes. Estoy soltero. No soy novio. No soy suyo. Soy mío. Estoy dibujando. Estoy escribiendo. Soy artista. No soy modesto. Soy un poco vago. Estoy con la alergia. Soy piscis. Estoy cansado. No estoy desanimado. No soy valiente. Soy pequeño. Soy mayor. Soy Jack. Estoy más vivo. No estoy triste. Soy positivo. Soy borde. No soy un sueño. Estoy en Madrid. Soy estudiante. No soy su alumno. No soy su amante. Soy el número que ya no usa. Estoy tirado. No soy Rey. No soy pintor. Soy inestable. Estoy siendo irónico. No soy melodramático. No soy ciego. Estoy miope. Soy calmado. No soy “Hola cariño”. Soy “Hola Jose”. Soy feliz. Estoy con la ortodoncia. Soy comprador. Soy vendedor. Estoy en quiebra. Estoy en Abril. Estoy en mi casa. Soy una persona. Estoy entero. No soy mis fotos. Soy mi cuerpo. No soy no. Soy si. No soy Tú. Soy yo. Soy verde. No soy lágrimas. Soy risas. No estoy con rencor. Soy perdón. No soy reflejo. Soy palpable. Soy el primero. No soy el último. Soy premio. No estoy ebrio. No soy un mito. Estoy sentado. Estoy escuchando Mecano. Soy fan de Placebo. No soy travesti. Estoy vestido. Estoy manchado. Soy limpio. Estoy loco. Soy los que me leen. Soy el que me odia. No soy fácil de sorprender. Soy cerrado. No estoy enamorado. Soy un cuadro. Estoy de vuelta. No soy el más guapo. Estoy con 3 uñas mordidas. Estoy sufriendo. No soy queja. Soy un poco zorra. Soy adicto a Internet. Soy monitor infantil. No soy padre. Estoy en mangas de camisa. Soy mi ropa. Soy Zara, H&M, Energie, Levis, Vans y otros. Soy superficial. No estoy gritando. Soy un hedonista. Estoy haciendo ejercicio. No soy perfecto. No soy de papel. Estoy entre algodones. Estoy sin Blanca. Soy amigo. Soy enemigo. Estoy planeando conquistar el mundo. Soy malo. Soy bueno.
No soy Invitado.
Soy Hairblue.
Soy Moribundo.
Soy yo.
Hola.
 
Un poco de obra: Hairblue & Co. II


Grafito sobre papel.
 
Moribundo despide a Blanca.
Ayer me entró la primavera. Con tantas cosas que me han pasado últimamente ella me había pasado desapercibida, ni siquiera había notado las molestias propias de un alérgico que, en mi caso es estornudos y atarme a un pañuelo que nunca saco de mi bolsillo, pues en invierno, mi otro mal es el constante resfriado que me tiene preso, de ahí que el gasto de pañuelos de papel en mi casa ascienda al producto interior bruto de una pequeña aldea vietnamita.
La primavera me entró y lo hizo como me entran algunas cosas importantes, fijándome en el atardecer. El sol teñía de naranja los árboles de mi barrio y el fuerte contraste con el verde me hizo ver la luz. También me entraron ganas de vomitar, aunque no sé si fueron ocasionadas por mi visión a lo Joan de Arc, la de un padre topo que en la plaza le lanzaba balones a su hijo topo o el haberme tomado medio litro de sprite, un café y dos donuts con Laura Ramiro haciendo un paseo por el centro.
Y es que además de romperse el ordenador, he sufrido otra pérdida a tiempo fijo. Mi amiga Blanca ha abandonado España y novio para irse a Argentina, en una beca de intercambio de nosequé pollas de trabajo social. Lo cierto es que lo necesitaba, Madrid se le quedaba pequeño y creo que como persona va a crecer tanto como Alicia al comer de la seta mágica.
Cuando me comentó que pensaba irse, mi lado perra egoísta me gritó que me quedaría sólo, que ya no tendría a quién contarle mi poca vida sexual, mis sentimientos, mis sensaciones o con quién ir al Morocco que es el sitio propiedad de Alaska que me gusta mucho. Claro que cuando me preguntó qué me parecía hice de tripas corazón:
Yo: - “(Mintiendo) Me parece genial Blanquita, va a ser toda una experiencia, debes ir”
El día de la despedida que fue el pasado viernes me levanté pronto. Su vuelo salía a las doce (sin contar los posibles retrasos, entre 6 y 10 horas) y cogí mi RENFE chunda chunda, con las niñas muy morenas, con el pelo muy rizado en coleta alta y aros de oro en las orejas. Mi vestimenta era la típica bohemia, gorra, camiseta resultona, vaqueros y chaqueta de cuero negro a lo Toni Manero. Iba distraido, pensando en lo mío, fijándome en los paquetes de la gente, lo típico que hace uno. De pronto pude leer la parada en un cartel, Embajadores. Entablé el siguiente diálogo mental:
Yo: - “Genial, sólo una parada para Laguna”
Yo: - “Espera Mori, eso es cuando vas a la facultad”
Yo: - “Claro”
Yo: - “Hoy vas al aeropuerto, te has pasado 3 paradas”
Yo: - “Ups”
Así que, me hice un recorrido turístico por Madrid que alargó mi camino mas o menos como media hora.
Llegué a la terminal del aeropuerto con el tiempo justo. Blanca pesaba su maleta que le dio un sobrepeso de 7 kilos. Abonaron los 70€ de recargo entre gritos y llantos de tragedia griega, en cierto momento incluso pensé en sacarme los ojos ante tamaña estafa.
El momento de la despedida reconozco que me resultó angustioso, y en un momento kitsch que me hizo verlo todo a lunares blancos sobre fondo rojo, dos lágrimas recorrieron mis mejillas y le dije adiós a la persona que me ha acompañado desde hace 4 años, que conocí casi a la vez que Jaime, que me ha enseñado lo que es la amistad, que introdujo palabras en mi diccionario mental, que me ha hecho ver a la gente “emputecida”, que me ha visto reir, me ha visto llorar, me ha visto bailar y hemos hecho el baile del robot juntos, hemos simulado que la pista de baile era una pasarela, hemos hecho playbacks, sketches y cortos, nos hemos pegado, emborrachado y hemos hablado de nuestros desencuentros, hemos planeado nuestra vida futura y hemos reinventado nuestra vida pasada para que todo sea más bello, más singular, más feliz… En un mundo que no siempre nos ha sido propicio.
Sólo espero que al volver no traiga acento, extraño a Blanca.
 
Un poco de obra: Hairblue & Co 2.0.


Grafito sobre papel.
 
Arreglen al Moribundo.
Que Dios me odia es ya una realidad. Yo para él soy su esclavo sadomaso, un personaje al que fustigar, golpear y mear encima a gusto.
Yo no tendría inconveniente alguno si esto llegase en momentos que resultasen oportunos pero no cuando se acerca la odiosa, tediosa y aburridísima Semana Santa. Vamos, que disfruto tanto de los pasos como de observar los giros continuos del tambor de la lavadora, mi lado Kitsch tiene un límite y esto sin carpeta de porno tiene vistas de acabar como el rosario de la Aurora.
Ya que tengo acceso muy limitado a Internet porque a papá moribundo le urge utilizar el ordenador cuando otras personas lo necesitan (estoy intentando seguir los métodos de súper nanny para cambiar comportamientos negativos en personas de gente de su edad mental), paso a relatar mi experiencia con el servicio técnico de los ordenadores.
Llegué a mi casa arrastrándome, completamente desdichado, las veinticuatro horas cumplidas de abstemia cibernética me dejaron fatal, en la cáscara de mi ser, un envase bello pero vacío.
Todo esto para decir que llegué a casa después de dar clase a los niños, bueno, niños, esos seres gritones y obsesos. Cada día de clase que pasa siento que empeoran y sacan su lado macabro, casi llevan a cabo una huelga de brazos caídos que estuvo a punto de hacerme desarmar una silla y golpearles las cabezas con las barras de hierro hasta hacerles asomar sus dulces cerebelos por las orejas. Pero no me dejé arrastrar por la desidia pueril e improvisé una serie de juegos y canciones fáciles de realizar para mentes tan limitadas, un repertorio desde la canción del “tallarín”, pasando por la de “soy una tetera” y la de “tengo una casita”. Luego actué de la manera más repulsiva que se puede hacer y me chivé a un padre de un niño de que su hijo es inaguantable, pidiendo por favor que reconsiderasen el mantenerle apuntado a una actividad que era obvio no encajaba para nada en las necesidades de su querubín, traducción: “Saca a tu puto hijo de mi clase antes de que acabe con su vida”. Además, mi coordinadora me ha ofrecido dar clases tres semanas a jubilados, un nuevo espectro de actuación que sin duda será digno de estudio moribundo.
Llegué a le maison moribunda con los oídos taladrados y después de comer una hamburguesa (me he pasado toda la semana a base de big mac dos por uno) mi madre me comunicó lo que tanto temía, íbamos a llevar el ordenador al servicio técnico.
Ya imaginaba como sería mi experiencia pero nunca pensé que rozaría tanto lo bizarro como para hacerme perder los papeles. De primeras, el PC City de Alcorcón tiene una tienda que es la pesadilla de cualquier decorador Zen, las energías fluyen mal por todas partes y me crispa permanecer en ella. Respirando hondo y con las manos en posición favorecedora de una correcta transición del chi llegó mi turno.
Deposité mi mochila ultramoderna porta ordenadores en su mostrador de un solo golpe. Se acercó un engendro tan parecido a un topo deforme con obesidad mórbida y alguna enfermedad venérea llenando el ambiente de un olor apestoso a cebolla frita, que tuve que reprimir el vómito sin evitar soltar un chorro de bilis por la comisura de mis labios. Otro personaje de su misma calaña se le acercó para poder serle de ayuda mientras entablábamos el siguiente diálogo:
Topo: - “¿Qué le ocurre a su ordenador?”
Yo: -“(Entonando mi mejor voz de Maruja, en estos casos es necesario hacer ver que uno se encuentra totalmente desvalido para que sean muy concretos contigo) Pues mira, que estaba yo mirando mi correo, y de pronto la pantalla se desconfiguró y empezó a ir superlento y claro, yo dije, voy a apagarlo, y lo intenté, y tardaba mucho y luego después de veinte minutos se apagó, me salió el error y no se ha vuelto a poder encender”
Topo: -“Entiendo… Espere un momento”
El sujeto se marcha, se queda conmigo el otro topo y vuelve el topo primero:
T: - “¿Me puede repetir si es tan amable qué es lo que le pasa a su ordenador?”
Y: - “(Repitiendo) Pues mira, que estaba yo mirando mi correo, y de pronto la pantalla se desconfiguró y empezó a ir superlento y claro, yo dije, voy a apagarlo, y lo intenté, y tardaba mucho y luego después de veinte minutos se apagó, me salió el error y no se ha vuelto a poder encender”
T: - “Muy bien, firme por favor estos impresos (Pila de papeles que al ser soltada suelta un tremendo polvo)
Relleno todo con medio cerebro colapsado, mi madre contempla cómo mi firma se convierte en un amasijo de rayas incoherentes.
T: - “¿Me puede decir otra vez qué es lo que le pasó a su ordenador?
Y: - “(Lleno de ira homicida) Pues mira, que estaba yo mirando mi correo, y de pronto la pantalla se desconfiguró y empezó a ir superlento y claro, yo dije, voy a apagarlo, y lo intenté, y tardaba mucho y luego después de veinte minutos se apagó, me salió el error y no se ha vuelto a poder encender”
T: - “¿Y por qué cosa puede haberse debido esto?”
Y: - “¿Y yo qué sé?”
T: - “¿Quizá un virus?”
Y: - “(Perdiendo los papeles por completo) Mire, no me importa qué ha sido o lo que haya que hacer, lo que sé es que fue mirando mi correo y que quiero que me recuperen todos mis putos documentos. ¡¡¡¡Quiero mis jodidas imágenes, mis mierdas de escritos y todo mi porno!!!! ¿Entiendes?”
Silencio en todo el PC City. Me dan mi resguardo prometiendo respuesta en un plazo máximo de 30 días como bien me repiten los dos topos. Papá y Mamá con los ojos muy abiertos e igual de callados me acompañan abandonando la tienda. El silencio impera en todo el camino de vuelta.
Nunca digas porno delante de tus padres.
 
Un poco de obra: Soy un chiste II


Tinta sobre papel.
 
Moribundo sigue en Shock.
Algo pasada la medianoche, salón de la casa moribunda:
Moribundo: - “Ummm… No me puedo quejar de mi vida, soy una persona sexualemente atractiva, acabo de terminar posiblemente uno de los mejores proyectos de dibujo y fotografía de los que he abordado. Estoy superando lo de mi ex y el blog me ayuda a relacionarme con gente maravillosa. Empiezo a notar felicidad porque no creo llevar puesta una compresa. Voy a mirar mi correo. ¡Uy! ¿Qué le pasa a la pantalla que de pronto se ha desconfigurado? No te preocupes e intenta apagar el ordenador.”
15 minutos más tarde:
Moribundo: - “Mi ordenador no tarda tanto en apagarse normalmente… Estoy comenzando a sudar demasiado y sólo lo hago si me excito (en todos los sentidos). Mira ya se apaga. ¿Qué pone ahí? Error de disco, reinicie su ordenador, pulse control supr alt. Lo pulsaré a ver. Ummm… La misma pantalla otra vez.”
30 minutos más tarde, pulsando las mismas teclas continuamente:
Moribundo: - “¿Pero qué invento es éste? Dios me odia, puta pantalla de mierda, enciende, enciende, enciende… Hija de puta, no me instalo el puto kazaa por los virus y tiene que ser el Windows live mail el que me joda”
5 minutos más tarde:
Moribundo: - “(Arrodillado, con las manos en la cara y llorando como una colegiala) ¡Buaaaaaa!”
Tras media hora de lloros, balbuceos y golpearme la cabeza contra una pared marcho a la cama, tardo en dormir no recuerdo cuanto tiempo.
5 horas y media de sueño después (aprox.):
Moribundo: - “(Ojos hinchados por el llanto nocturno) Se me ha roto el ordenador”
Comunicóloga: - “(Perturbada por semejante visión) ¿Quieres que se lo diga a David?”
M: - “No… me arriesgaré con el servicio técnico”
1 hora y media después:
Moribundo: - “Se me ha roto el ordenador”
Lady Evil: - “Ops… ¿Hablamos ya de mis relaciones sexuales?
6 horas de clase o simulación universitaria:
Moribundo: “Me voy a casa, no aguanto la depresión… debo dormir”
1 hora de transporte público madrileño:
Moribundo: - “¿Sigue roto mi ordenador?”
Mamá: - “Acaba de venir el de las pizzas, ¿Te pongo un trozo para comer?”
Mo: - “(Suelo comer poco pero me encuentro depresivo) No, ponme cuatro”
Tras comer, mirar mi correo en el ordenador gigante y charlar por el msn enseñando la cara de mi sim (altamente criticada) decido reposar:
Moribundo: - “Cálmate chico. El ordenador no es para tanto, tengo todos los síntomas de que soy un adicto a Internet y eso no puedo continuar así. Debo retomar mi vida, dibujar por libre, leer mucho más.
La siesta no me ayuda e intento llenar mi tiempo, desesperado reordeno cajas con trastos y recoloco la ropa del armario. Termino leyendo mi libro sobre instalaciones.
Mientras ven C.S.I. miro correo, miro blogs con la problemática de que mi unidad paterna y mi unidad materna pueden ver la pantalla en cualquier momento.
Me acuesto.
Me levanto y conecto el ordenador, vuelvo a revisar Internet antes de dormir:
Moribundo: “Soy un ser patético que merece la muerte.”
 
Un poco de obra: Soy un chiste.


Tinta sobre papel.
 
Shock Moribundo.
Mi portatil acaba de morir... con todas las imágenes de moribundo.
Estoy en shock.
Estoy en shock.
Estoy en shock.
Estoy en shock.
Estoy en shock.
Estoy en shock.