Moribundo por el arte
Si mi vida ya parecia una serie cómica de television lo único que le faltaba era un blog.
Acerca de
Nací en una agradable familia de sospechoso parecido a los simpson. Tras los estudios normales decido hacer Bellas Artes y desde entonces todo lo que me acontece se presenta con risas en "off" y sarcasmos de sobremesa.
Sindicación
 
Un poco de obra: La nuca del donut.


Grafito sobre papel superalfa.
 
Hasta luego Gianis moribundo.
Si, bajo los efectos del antihistamínico continúo escribiendo, no es que ello me haga ser más gracioso, pero si que me provoca lapsos como darme cuenta de que intento salir de casa a la facultad con mis zapatillas que imitan pies de dinosaurio.
Pero sigo con el relato porteril de mi fiesta de pijamas, porque eso fue lo que yo le dije a mi querida madre que iba a hacer:
Moribundo: - “Mamá, me voy”
Madre: - “Muy bien hijo”
Mori: - “No vuelvo hasta el domingo”
Ma: - “No te preocupes”
Mori: - “Voy a… em… esto… una fiesta de pijamas”
Ma: - “Vale… pásalo bien”
Despertamos el sábado y seguimos utilizando la habitación hasta que decidimos que era buena hora para ir hasta el Reina Sofía, museo que visito de manera semanal pero que ansiaba enseñar a Gianis, por la calidad de la exposición de la visión impura y el calentamiento en determinadas zonas que ésta me provoca.
Como a partir del mediodía el pase los sábados es gratuito tuvimos que esperar un poco en un bar de lavapies lleno de rastafaris y perros que se creen humanos, comiendo patatas fritas sentados en su silla como si nada.
Hablamos hasta la hora y fuimos al museo que se mostró tan espléndido como es, entrando por el área nouvel y quedando impresionados de las obras tan maravillosas que pueden concentrarse en una habitación. En la video instalación de Bill Viola me pasó como siempre y salí superexitazo. Andamos otro trecho largo a través de la calle Atocha y bajo un sol abrasador, cierto es que no hicimos más que darnos palizas a base de caminar como dos auténticos buenos exploradores… la de veces que maldije el decir que no siempre a mi padre las veces que me preguntaba si quería una moto.
Dejé mi bolsa en el hotel y nos fuimos al Retiro, seguimos esculpiendo unos gemelos firmes y turgentes entre los pólenes y visitamos la escultura dedicada al diablo, a la que hicimos fotos y nos alejamos riendo, pensando en cómo volver al hotel en menor tiempo, menor recorrido y sin que a Gian le estallaran las manos que se le empezaban a hinchar.
Atención: El relato que se escribe a continuación contiene escenas de sexo explícito, son necesarias para narrar lo que se aconteció.
Llegamos a la habitación, yo más caliente que Paulina Rubio llena de tequila y como nada más llegar Gianis se puso cómodo en la cama me decidí a actuar. Empezamos con besos como siempre, primero besos suaves y después algo más fuertes. Hartito ya de restregarnos con tanta molesta ropa comencé a desnudarle… la camiseta, los calcetines, los pantalones y se quedó con el slip dolce y galbana mientras lo empapaba en saliva, haciendo cada vez más visible la forma de su polla. Pues bien, estaba yo con su paquete en mi boca cuando de pronto escuchamos nuestra puerta, que alguien introduce una llave en ella y que abre. Salté como un resorte hacia la puerta y pude ver a una camarera de mediana edad con su traje de camarera de toda la vida, vamos con su vestidito, su delantal, su cofia y unas gafas que se empañaron ante semejante visión. Yo pude decir un corto y estúpido “Hola”, mientras ella gritaba algo así como “¡Uy! Perdón” y cerraba la puerta de manera estruendosa.
Cuando noté el calor invadir mis mejillas miré hacia donde Gianis estaba que seguía reposado en la misma posición, impertérrito ante tamaña intromisión en nuestra privacidad y manteniendo parte de su erección, la mía había migrado millas al este. Nos reímos tanto que casi nos estalla el estómago, pensando en la pobre mujer horrorizada, o por el contrario entrando al día siguiente en busca de nuestra ropa interior para lograr una autoestimulación plena.
Preparamos la bañera y nos metimos dentro donde dormimos (realmente estábamos todo el rato cansados) y follamos.
Salimos al encuentro del sitio donde habíamos citado a reyes, ministros y bloggeros, pero sólo se presentó Lady Evil que con su presencia nos hizo olvidar el resto del mundo. El sitio era totalmente mariquita pero la acústica, con el dvd de Bisbal resonando le quitaba cierto encanto (sin contar las lámparas Mondrian que no pegaban ni con cola).
Nos despedimosd de ella en la Gran Vía y volvimos a nuestra habitación, colgando todos los carteles debidos y echando los cerrojos necesarios.
El domingo se presentó soleado y pudimos ver el museo Thyssen del que sólo disfrutamos cuatro cuadros, el resto del día fue una despedida alargada y que no dejaba disfrutar de los momentos a solas, no paramos de comer y de hablar. Gianis dijo que odiaba las despedidas y yo dije que no era una despedida, que intentaría volver a Barcelona antes de los campamentos.
Y se fue en un taxi, con su maleta de Starck.
Y yo me fui en el metro, dejando caer una lágrima con mi bolsa de Sid Vicious.
Y me lamí el labio para saborear el último beso.
Y el campamento se echa ya encima.
Y quiero que me digas que lucharemos en tu cama con las máscaras mexicanas, yo seré la Gacela Moribunda y tú Gianis del Mono.
 
Un poco de obra: La nuca del lapicero.


Grafito sobre papel superalfa.
 
Moribundo recibe a Gianis
Y el viernes llegó, como llegan todos los días en este tiempo de calor madrileño, lenta y pausadamente, pero a su tiempo.
Me levanté tempranito para aprovechar y desayunar algo, bueno, como realmente por las mañanas casi siempre me levanto con muchas ganas de vomitar y ahora con la alergia con la boca tan seca y áspera como una lija de grano grueso, me preparé un Nesquick que siempre he preferido al Colacao, quizá porque lo veo menos de la transición hacia la democracia o porque no deja esos grumos deleznables, ambas razones tienen casi el mismo peso.
Recibí sus mensajes y decidí presentarme por la zona de sol sobre las 12 de la mañana, con mi bolsa levi pequeñita a modo de bolso imprescindible y mi bolsa grande con Sid Vicious llena de ropa y condones. Me paseé Alcalá hasta abajo a la altura del edificio del círculo de bellas artes que, aprovecho y digo que nada tiene que ver con bellas artes excepto el nombre. Justo el número siguiente era el edificio donde Gianis había tenido la reunión y me quedé por allí, observando la arquitectura, aspirando humos tóxicos y sudando… hasta que vi un traje de pana cuyo corte desvelaba un precio escandaloso y le identifiqué.
Lentamente caminé detrás suyo y cuando estaba casi seguro de que era él, le llamé al móvil, antes de que lo cogiera me lancé encima suyo mordiéndole un hombro, tirando a la basura el trabajo de mi ortodoncista con mis piezas frontales.
Llegamos al hotel y aquello era como entrar en la sala de recepción de un local frecuentado por la familia monster, aparte de que los recepcionistas parecían salidos de la bolsa de trabajo de una ong para discapacitados psíquicos. La habitación intentaré no describirla, porque a grandes rasgos guardaba cierto parecido con una habitación de hotel y ese fue su uso principal.
Dejamos las cosas en nuestro zulo y nos fuimos a comer, a un restaurante perfecto en la zona de hortaleza, uno de esos donde la decoración está pensada al mínimo detalle y los camareros son vietnamitas para que el local en sí suba de caché. Reconozco que la comida fue inmejorable, aparte de las conversaciones fuera de lo común que dos personajes de blog pueden llegar a entablar. Aunque no queramos, palabras como felación, culo o polla aparecen de manera intermitente en cada diálogo.
Decidimos volver a la habitación y allí hacemos uso de ella y justo después, en uno de esos momentos “moribundos monitoris causa” de revisión de equipaje, enumero lo que llevo; tres camisetas, dos pantalones, tres pares de calcetines, dos cajas de condones (una sabor fresa) y… Y pasa, pasa uno de esos momentos marca de la casa ¿Dónde coño puse yo el lubricante? Exacto… me lo dejé en la villa moribunda, en el baño de casa, en el baño del pasillo de mi querida abuela. Un bote entero de lubricante efecto calor abandonado entre botes de colonia caduca… Me puse a rezar porque el bote no fuera inspeccionado por nadie de mi familia (aunque había quitado cualquier etiqueta y se le veía blanco inmaculado). Imaginad a mi abuela fijando su peinado con lubricación efecto calor o mi madre descubriendo el invento y proporcionando a mi padre su noche de placer más desenfrenada en 27 años de matrimonio.
Salimos a cenar siempre moviéndonos por la misma zona de chueca, aunque tengo que decir que parecía como si gays de todos los colores y sabores hubieran tomado por completo el centro de Madrid. Nunca paseando por Gran vía había visto tal cantidad de camisetas sin mangas, gafas de aviador y crestas que para desgracia de sus usuarios pasaron de moda en el 2004.
Comimos en un restaurante italiano de nombre bien pensado, carta generosa y servicio catastrófico hasta el punto de que nos cambiaron de mesa a mitad de la cena y se olvidaron de prepararnos los segundos platos. Pedí una pizza a la que tuve que hacerle la vivisección de la mozzarella pues comer su base sin estar drogado por los ibuprofeonos (que también se me olvidaron) era imposible.
Gianis estaba tan cansado que su ojo izquierdo se cerraba mucho más deprisa que el derecho y después de la cena nos fuimos a nuestra habitación, donde dormimos hasta el día siguiente, en nuestras camas gemelas de Epi y Blas.
Se durmió enseguida mientras yo pensaba que era maravilloso estar ahí, pese a estar rodeados de gotelé amarillo, si, incluso en el techo.
 
Un poco de obra: La nuca del reloj.


Grafito sobre papel superalfa.
 
En el Madrid Moribundo.
El otro día hablando por el Messenger me dice que viene a Madrid. No tengo nada en contra de eso, espero que quede bastante más que claro, pero hay cosas que pasan en Madrid que no pasan en Barcelona. Porque yo en Madrid me transformo como si se tratase del caso más extraño de Jekyll y Hyde del mundo.
Como decirlo, Madrid… me pone violento. Mi manera de caminar por la calle encajaría más con la de un esquizofrénico que con la de una persona medianamente sana en el plano psicológico (dentro de lo que alguien que airea su vida a través de internet puede entender por normal). No me gustan las aglomeraciones de personas pero adoro Madrid, que le vamos a hacer.
Además, aquí el polen es distinto. En Barcelona, sin medicación, estuve a las mil maravillas, quizá el efecto del mar palie de alguna manera las gramíneas, pero aquí… Aquí el polen debe haber mutado unas trescientas veces debido a los altos índices de contaminación, porque a ver si es normal que media hora de caminar por la calle haga que mi lengua se hinche un ochocientos por cien como los sellos de forum filatélico sobre su valor real. Y lengua hinchada junto a ortodoncia no son buena combinación, mi sequedad bucal hace que además me sangren las encías, espectáculo nada recomendable a no ser que te vaya la sangre o seas uno de mis enemigos mortales.
Por eso digo que no veo mal que venga, en realidad es una idea estupenda pues el dolor de huevos iba a rozar ya el martirio de Santa Teresa (mi santa preferida), pero espero que la imagen Moribundo Barcelona no diste demasiado de la del Moribundo Madrid. Porque hay más… ¿Qué coño me pongo yo ahora? Con lo mono que me fui yo para allá y claro, repetir conjuntos acabaría con mi carrera dentro del glamour y el famoseo madrileño… y con tanto gasto ortodóncico tengo la cuenta en números rojos porque según me ingresan el dinero de mis clases infantiles pasa a las esterilizadas manos de mi querido dentista argentino y de su compañera ortodoncista argentina igualmente. Imaginad entonces mi stress para escoger nuevos conjuntos… y luego lo de conocer a gente. Lady Evil tiene que conocerle porque me apetece, pero es lo malo de tener un grupo tan cohesionado en tu lugar de estudios, si le dices algo a alguien, sin duda los demás se van a acabar enterando (yo soy el primero que se va de la lengua, lo admito), así que escogeré un sitio grande donde tomar un café, por si acaso se presentan en vez de dos o tres invitadas, unos quince estudiantes de bellas artes.
Los sitios que recorreremos serán los típicos de Madrid. Visita obligada al Reina Sofía y su exposición, con metida de mano en la instalación de Bill Viola (nunca un apellido ha sido tan acertado), a ver si teniendo la oportunidad de cumplir mi sueño de besarme dentro de una instalación va a pasar desaprovechada. Pasearemos por el paseo del prado, visitas a calles trendys, a los bares más cool y muchos de estos adjetivos que en realidad carecen de significado definido.
Pasearé y miraré, con la nariz goteando mocos, los miembros flácidos, dolor de cabeza, los ojos rojos, las encias sangrando, la lengua hinchada y con intervalos de estornudos y carraspera a partes iguales.
Me lo voy a pasar muy bien, quiero que se lo pase muy bien. Quiero verle reír.
 
Un poco de obra: La nuca del tren.


Grafito sobre papel superalfa.
 
Moribundo sigue con los dientes.
La ortodoncia me ha impedido postear. La ortodoncia también me ha impedido ir a clase… bueno, si que hubiera podido ir a clase pero desisto de perder un gramo de mi glamour apareciendo por allí con la cara hinchada y totalmente desconjuntado, porque cuando estoy enfermo no puedo prestar la atención necesaria a mi atuendo y me desconjunto.
Me han extraído dos premolares y literalmente pude ver las estrellas. La penúltima pieza extraída no estuvo mal, pero este último premolar acabó con mi teoría de “El dentista es tu amigo”. El cabrón de mi dentista argentino (no tiene nada que ver pero es información extra) me quiso extraer la pieza pero… yo con mis dolores notaba claramente como la raiz se movía y, alarmado y con lágrimas a punto de brotarme en cascada de mis ojos le hice señas para que desistiera. Hasta tres veces me pinchó anestesia, con la frustración que conlleva el no poder insultar al que te inflige el calvario, claro que sin darme cuenta mordí ansiosamente su dedo pulgar, en cierto momento me dice:
Dentista: - “Bueno, ya estamos uno a uno”
Hairblue: - “¿Gronf? (Gruñido traducido como ¿Qué?”
D: - “Si, porque yo te estoy haciendo daño en la muela y tú me vas a arrancar el dedo”
H: - “¡Grafs! (Gruñido traducido como ¡Uis, perdona!”
Menos mal que no mordí tanto como para traspasar el guante de látex.
La noche la pasé fatal. Durmiendo con dolor de muelas y con el extra añadido de que mi cuarto-terraza se ha convertido en una trampa mortal para alérgicos. Al estar la ventana ahora constantemente abierta para paliar los calores tempranos, el polen en pequeñas partículas se posa y mezcla con el polvo que es imposible estar limpiando a todas horas. Por eso me acuesto y comienzo a toser hasta el punto de que un día voy a expulsar cuajarones de sangre pulmonar.
Pues habiendo pasado una noche de estas de mucho toser, me levanté temprano igualmente y cogí mis cositas para ir hasta el injuve, que el plazo para presentar dossieres artísticos terminaba al día siguiente y no era plan de dejarlo todo para el último momento. Llevé dos dossieres, uno para la especialidad de fotografía y otro para la muestra de arte en la que metí una cantidad abrumadora de dibujos y demás chorradas de esas que cuelgo por aquí.
Lo mejor de presentarme, sin duda alguna y avalado por la opinión de mi amiga Sara Happy fue la elaboración del currículo artístico. Soy de la opinión de que no se debe mentir frente a un papelito que se supone, resume parte de tu vida (la laboral) pero eso no quita de que adornes con un vocabulario especial las cosas que has vivido, por ejemplo; si yo en mi clase de Dibujo III el año pasado tenía que exponer mis trabajos al profesor a esto lo puedo llamar “Exposiciones individuales para “Dibujo III”, dirigido por el prof. Don Antonio Rabazas, Facultad de Bellas Artes.” Se empieza a captar la cosa, ¿No? Así que también he mencionado que siendo adolescente diseñé la camiseta del décimo aniversario de los derechos del niño o las clases que vengo impartiendo con devoción a niños y adultos.
Total, que habiendo dormido dos escasas horas me fui en metro hasta ese sitio para jóvenes, extrañamente poblado de funcionarios a punto de la jubilación, eso sí, simpatiquísimos todos. Entregué mis dossieres quitando cierto peso de encima, me quité tanto peso que desde casi la plaza de Felipe II llegué andando hasta Atocha.
Con tanto concurso al que me estoy presentando me voy a convertir en concursante profesional, lo que no se sabe aún es si seré eterno finalista o casual premiado. Al menos siempre me queda el dolor de la ortodoncia para entretenerme y no pensar.
 
Un poco de obra: Nuca01


Grafito y lápices de madera sobre papel superalfa.
 
La ducha moribunda.
Me levanto por la mañana a una hora pornográfica lo reconozco. Últimamente me estoy pasando la facultad por el arco del triunfo de una manera tan descarada como el cuarenta por ciento de nuestros adolescentes se pasan el bachillerato e incluso la secundaria. Pienso que todo esto tiene que ver tras mi paso por un tercer curso sodomizante (11 horas malditas de clase 3 días por semana) y claro, llegas a cuarto, que por primera vez los viernes te los dedicas a ti y además, tu sabiduría es ya equiparable a la de un pequeño buda tibetano.
En efecto, tanto los budas tibetanos como los alumnos de segundo ciclo de bellas artes estamos hartos de ver como mucha gente se esfuerza lo mínimo en las asignaturas y obtienen no sólo resultados aceptables sino óptimos. Así que como bien dijo Marge Simpson en el capítulo que parodiaban a Mary Poppins, yo me cruzo de brazos y a vivir la vida. Sólo dedico mi tiempo a las asignaturas que se lo merecen y en las demás el notable medio no está nada mal (gracias educación pública y masificada).
Esa es la razón principal por la que tengo la oportunidad de levantarme cuando la calle se encuentra asentada, los bakalas se encuentran ya dentro de su escuela de oficios y los niños encerrados en los paupérrimos colegios.
La mía mamma lleva fatal esto de que me levante a las horas en las que el sol se encuentra a mayor distancia de la tierra y lo demuestra no despertando a su adorado único hijo varón de un modo maternal, sino haciendo ruidos molestos sin el más mínimo reparo. Esto conlleva acciones como hablar por teléfono con mi padre (discutir) al máximo volumen, encender el ordenador haciendo ruidos que son ilógicos (a no ser que lo estés encendiendo con los dientes) y programar todos los electrodomésticos que, curiosamente, en mi casa todos pitan cuando les tocas los botones creando una extraña sinfonía artificial moderna. Porque primero programa el lavavajillas, que pita y toca su sonata para copa y cuchillo y después pone la lavadora que en una familia de seis miembros suele funcionar una media de dos veces al día… La lavadora es la que más ruidos hace, pi pi pi, la la, tiriririiiiiin… si, el final es una especie de ruido de arpa que espero sólo lleven las LG. Y coge el agua pasándose el anuncio de lavadora sin ruido por donde yo te diga.
Y me levanto y me dispongo a ducharme y aquí es donde ella, la madre, la rencorosa figura maternal advierte:
Hairblue: - “Me voy a duchar”
Mamá: - “Muy bien, pero allá tú”
H: - “¿Que pasa?”
M: -“Je,je… Nada nada, que la lavadora está cogiendo el agua…”
H: -“¿Y?”
M: -“Si te levantaras antes no te ducharías con la lavadora… Pero nada, que a lo mejor pierde un poquito de presión pero nada…”
H: -“Bueno, si es presión no pasa nada, no tengo que quitarme costras de ningún sitio aún”
Y la venganza se cumple. Abro el grifo y pongo el agua a mi temperatura, bastante caliente pero sin pasarse, me desnudo y me meto. Comienza el pequeño ritual que todos llevamos a cabo y que en mi caso comienza cepillando mis dientes y continúa lavando mi cara siguiendo con mi pelo.
Cuando estoy con el pelo llegan los problemas que no podían llegar en otro momento según esa biblia que es la ley de murphy. El agua pierde presión pero no digo nada hasta que comienza a salir helada y debo saltar hacia atrás para no ser víctima de una lipotimia. De pronto la presión vuelve pero el agua casi expulsa trocitos de escarcha que hacen brotar un grito desgarrador desde lo más profundo de mi garganta. Lleno de ira homicida cierro completamente el agua y espero con la cabeza llena de espuma creando escamas en mi pelo una media de diez minutos. Voy probando poco a poco el agua y consigo que un hilito salga de manera agradable y no gangrenando mis dedos al instante. Paso mi cabeza por ese pequeño hilo intentando aclararme el pelo pero sólo consigo que el jabón me penetre tan dentro de los globos oculares que me los quiera arrancar.
Me siento en la bañera y lloro en la soledad de mi baño. Intento poner en marcha la ducha de nuevo y el agua sale templada, más templada y con más fuerza, mucho más caliente y muy fuerte, hirviendo y creando cráteres en mi marmórea piel… otro alarido.
Enjabono mi cuerpo deprisa y me aclaro. Salgo de allí como si hubiera pasado por una de las torturas de abu gharib. Mamá observa mi rostro y me dice: “¿Has tenido problemas con el agua?”
Ella no lo sabe, pero en cuanto vea que se va a duchar, voy a ponerme a lavar todos mis cuencos, pinceles y demás herramientas pictóricas, eso sí, por pura casualidad.
 
Un poco de obra: Al final...


Fotografia digital.
 
Moribunda Mercedes.
El otro día iba a ser un día normal. Iba a ir a mis clases, dibujar lo suficiente para poder acabar en el tiempo mi dibujo final de un hombre casa y dar la clase a los odiosos niños de colegio público que aguanto martes y jueves.
Pero ocurrió algo distinto. Monté en el ascensor de mi facultad, en uno de los tres que tiene y que casi son como ataúdes mecánicos ya que sabes como comenzará un viaje pero no cual será su fin. Subía con mi amiga Helena y su pelo rizado, pero no subimos solos… Nos acompañó mi profesora de Últimas Tendencias en el Arte. Yo digo esto y no tiene nadie ni la menor idea de quién es esta bendita mujer, pero para más información, fue la profesora a la que entregué mi trabajo sobre Galatea y mi muñeca de trapo de 170 cms a la que bordé genitales y pezones.
Y aquí es donde comienza lo interesante del relato. Entablamos una agradable conversación de ascensor cuando surge el siguiente diálogo:
- Mercedes: “(Dirigiéndose a mí) ¿Tú tienes conmigo últimas tendencias?
- Yo: “Pues si (Umm… Me recuerda, la adoro…)
- M: “Es que he encontrado tu blog y no puedo entrar. Y eso que tengo un G5 maravilloso… ¿Sabes porqué no puedo entrar?
- Y: “(Sintiendo como si un tren de cercanías acabase de traspasar mi bello cuerpo) No… ahora mismo no sé porqué no se podrá entrar…”
- M: “¿Cómo se llamaba tu blog?
- Y: “Moribundo por el arte…”
- M: “¡Ah si! Es que leía que ponías que era encantadora y cuando la cosa se pone interesante no me deja leer mas y claro, pues nada a ver si lo leo.”
Ahora tengo una profesora que me va a leer y por eso me voy a permitir la licencia de dirigirme a ti, Mercedes.
Confieso que no sabía como eras cuando escogí la asignatura de clasicismo en el arte, pero igual me sigo confesando y digo que tu forma de dar clase me enamoró desde el primer instante en que te escuché hablar y razonar con la misma habilidad que te caracteriza todos los días. Mi amiga Bea te lo puede confirmar, ella tardó algo más en enamorarse de tu didáctica pero al final lo hizo y acabamos por escuchar embobados tus palabras y comentarios.
Leyendo mi declaración de devoción entera hacia tu persona supongo que no entenderás porqué no tengo un papel más activo dentro de clase, pero siento que interrumpir tus monólogos sería como entrar con un rifle automático en medio de una gran ópera. Porque disfruto las clases aunque mucha gente critique que los profesores en bellas artes tienden a la autobiografía. Y la autobiografía bien llevada ¿Qué tiene de malo? No te preocupes Mercedes porque gracias a ti, valoré mucho más las cornisas de los edificios madrileños, disfrutando mucho más de los paseos tal y como tú misma hacías al llegar a la capital y gracias a ti, la calle de las platerías en Murcia tiene mil significados más.
Me gustan tus clases vaya… Me gusta que hablando de la piel en el arte digas que nunca operarás tu cara porque cada arruga es tuya, cada marca te la has construido tú y son señales de tus vivencias, me gusta que compartas conmigo y el resto de la clase que buscaste el momento en el cual cambió la expresión de tu cara y fue el momento en el cual te enamoraste por primera vez…
Si los artistas no somos capaces de deconstruir nuestra propia vida nunca seremos capaces de saber entender el arte por completo, nunca entenderemos el porqué dibujamos o pintamos de una manera concreta y ello hará que produzcamos objetos vacíos. Tú Mercedes, enseñas todo eso, enseñas a leer, enseñas a justificar y a saber colocar en nuestra vida pequeños pies de página que nos enriquecen que a fin de cuenta es lo que hago yo con este blog, mi vida se muestra, con pequeñas pinceladas de humor que la hacen parecer una historia, mi historia propia y que parece algo interesante pero porque se encuentra plagada de personas ricas como tú.
Espero que me puedas leer desde tu G5 pero no puedo evitar pensar que, si me leen otros profesores, para Víctor Chacón la sorpresa no será tan agradable.
 
Un poco de obra: Un primer intento.


Fotografía Digital.
 
Morifone
Mi vida social se mide a través del teléfono móvil. La cuenta sube o baja según tenga una época más o menos amistosa. Aunque debería ser del todo sincero y admitir de una vez que el móvil y mi persona nunca llegaremos a entablar una amistad del todo verdadera.
Soy una persona que teme al teléfono móvil. No entiendo porqué pero sus pitidos y sus tonos me hacen temblar de terror. No se, es que es un aparato eléctrico que me rompe la paz interior con cada terrible soniquete. Y con eso intento ser lo más recatado posible, mi teléfono únicamente habla con las melodías predeterminadas que Nokia haya querido incluirle. En mi vida me pasé la tarde entera probando y probando canciones, sinfonías y demás chorradas, intentando percibir en un nanosegundo lo que identificará las llamadas en mi celular. Y luego el bajarse la canción de moda en esa semana, no me bajé el tono Coti ni pienso bajarme el tono Opa a no ser que me aseguren que haciéndolo el sujeto en cuestión será acribillado a balazos tras una estancia en una cárcel de los creadores de Abu Gharib.
Recuerdo a mi prima adolescente una tarde escuchando una y otra vez los tonos, y recuerdo que la amenacé con tirarle el móvil a la azotea del piso de enfrente acompañado por su cabeza ensangrentada si no paraba ipso facto. Porque esa es otra, aparte de que no hice la comunión, yo recibí mi primer teléfono móvil a una edad adecuada, unos 17 años. ¿Por qué cojones se tiene que regalar a una niña el día más tonto del mundo (el día de la comunión) un teléfono móvil? Y ¿Qué pasa con la Nancy vestidas de comunión? ¿Qué ocurre con el Casio de toda la vida? La tradición se pierde y en vez de el diario para que cuentes tus mayores secretos a Dios (la primera paja, el primer porro, la primera vez que esnifas coca…) ahora les dan a estos prepúberes un móvil 3G de última generación. Y no les cuesta nada conseguirlo, primero de todo el móvil lo consiguieron mis hermanas, un armatoste que debía ser llevado casi en una mochila aparte y desde entonces casi un año pasé llorando a mi madre por las esquinas para que me hicieran partícipe de ese club telefónico del que a veces me arrepiento permanecer. Un día me despertó el sonido de un móvil y ¡Tachan! Allí lo tenía, un Alcatel One Touch Easy que si lo llevabas mucho en la mano podía dejarte lesionado de por vida.
Todos llevaban el maldito Alcatel, en todos los colores del mundo, todos parecian una especie de hormiga cabezona y los que lo teníamos parecíamos imbéciles dándonos el móvil cuando el sitio más lejano al que íbamos era el centro cultural del barrio de al lado. Después vino mi primer Nokia y ya el segundo Nokia. Ese fue el móvil del que me enamoré, era el primer móvil que grababa videos… Y qué bien me lo pasaba. El anuncio del que me enamoré y que hizo que adquiriera engendro tal de la tecnología fue ese de Amena en el que una tía con una falda plateada iba haciendo videos de la gente mientras bailaba. Yo veía el anuncio y decía:
Hairblue: - “Ese, ese es el móvil que quiero ahora, el que graba video”
Comunicóloga: - “Lo que tú quieres es la faldita plateada”
H: -“Si, no te niego que la falda es preciosa, pero quiero el móvil”
Pero mi querido móvil fue robado en la facultad, una de las peores tardes de mi vida y me compré la versión que ahora poseo, en color rojo, uno de mis favoritos. Y con él hago de todo, videos para clase, fotos tontas…
Ahora si que le saco provecho del todo, con mi ex no pude enviarme muchas fotos y después de romper, yo seguía enviándole fotos psicópatas que el pobre no entendía demasiado bien y que gracias a Dios, no le obligaron a pedir una orden de alejamiento. Ahora si puedo enviar fotos tontas que tienen respuestas, y a veces me envian fotos tontas también y después lo hablamos y nos reimos…
Ahora miro mi móvil y quiero que suene.
 
Un poco de obra: Rencor.


Fotografía digital.
 
Enmudecen los Moribundos.
No entiendo que le pasa a mi blog pero no permite que la gente escriba comentarios. Y sin los comentarios resulta que ahora me siento frustrado.
Estos sentimientos que estoy experimentando son de locos, porque a ver; si yo abrí mi blog para el desahogo de mi psiqué y evitar que amigos como Lady Evil se suicidaran debido mis eternos monólogos sobre felaciones, ex y demás tonterías mariquitas, simplemente el escribir me dejaría lleno y contento, en una palabra, feliz. Pero uno evoluciona y ya lo he escrito mil veces, las cosas que te dicen importan, algunas más que otras y después de postear esperas ansioso insultos, saludos o alabanzas a la divinidad, vamos, lo que venga.
La cosa es que parece que van a poner la típica imagen numérica para evitar el spam en donde debería ir escrito un “Hola, una pintura interesante” o “Todos los maricones de mierda deberian morirse, eres una plaga, muérete”.
Después de casi un año parece que reforman los blogs de ya.com y en cierto modo siento una especie de morriña por nuestros feos e insidiosos bitácoras. No son los mejores pero son como una comunidad fuera de la ley, una comunidad sin diseño, mínima y básica donde lo único que importan son los escritos o en mi caso las imágenes.
Todavía me quedan muchas cosas por contar y aquí el espacio se agota poco a poco, de manera lenta como la agonía de, precisamente, un moribundo. Si tuviera mi ordenador personal haría ya tiempo que hubiese pasado mis imágenes al otro chalecito que tengo montado en blogger. Y si, permitidme una serie de símiles inmobiliarios porque al ser de Madrid, decir que tengo dos casa me llena de orgullo cuando en la cruda realidad no llegaré a poseer ni siquiera media vivienda en toda mi vida.
Mi futuro blog necesitará reformas que debo estudiar y esperar a realizar con mi ordenador personal, si es que algún día lo llego a tener otra vez entre mis manos. Son reformas no tan complicadas como las que ahora lleva a cabo Comunicóloga en su casa, porque no lo había dicho, pero mi querida hermana ya disfruta de su primera hipoteca a 40 años.
Como la familia moribundo tiene una empresa de rotulación y pequeñas chapuzas para empresas mi padre les prestó una maquina para poder librarse del peor invento que se ha instalado en nuestros hogares desde el torito encima del televisor o la Sevillana (reconozco que en mi casa mi abuela guarda una Sevillana gigante en su armario), el terrorífico gotelé. Con la máquina en cuestión, humedecen las paredes y después raspan tan antiestética amalgama de pastas y churritos. El resultado es que mi hermana y mi cuñado han quitado a duras penas el gotelé, dejando más puñaladas en los muros de su casa que en el cuerpo de Julio César. Es ver esas paredes y pensar que en lugar de espátulas lo que utilizaron fueron sus propios dientes para quitar el estuco, y Comunicóloga lo tiene difícil, aún conserva el aparato superior (de próxima extracción).
Pero no se van a limitar a quitar el gotelé, mi hermana se ha descubierto como una obsesa compulsiva, no quiere ni bañarse ni realizar sus necesidades en donde la anterior familia lo hizo, y no porque fueran una feliz pareja de testigos de Jehová arios, sino porque además de serlo eran unos cerdos en cuanto a higiene del hogar. Limpiando, comunicóloga encontró un bote de gel detrás del bidé, un bote de gel bastante antiguo, carcomido y putrefacto. Y la cocina, eso ya era otro show digno del mejor anuncio de Kh7, ¿Pensabais que lo de retirar un mueble y decir “¿Ves? Aún queda grasa incrustada” era un mito o una ficción publicitaria? Nada más lejos de la realidad, cuando vi eso, automáticamente pensé en la de veces que he curado heridas costrosas a los niños de los campamentos. La pobre Comunicóloga casi sufre un ataque de nervios y fue tratada de urgencia mientras deliraba con frases del tipo; “Yo lo quemo todo, lo prendo fuego y acabo con todo”.
Así que ella intentando adecentar una casa para poder formar su propio hogar, Diseñadora de alquiler con el gordo cabrón y yo, a falta de espacios físicos y tangibles me encuentro planeando mudanzas hacia otros servidores más amables, después de todo, mi vida física y mi vida internetizada se dan la mano cada vez de una manera más estrecha y sigo queriendo mostraros mis dibujos y las tonterías que se pasan por la cabeza de un moribundo por todo, por el arte y por los blogs.
 
Un poco de obra: Hombre y Muñeco.


Fotografía digital.
 
Moribundo y las anécdotas.
De todos los campamentos que he tenido que han sido varios, sin dudarlo ni un solo segundo el que fue más productivo en cuanto a anécdotas bizarras, increíbles y que no deberían contarse fue el que hice el año pasado, justo al poco tiempo de inaugurar este mi santo blog, centro de devoción para pervertidos de diversa índole.
El año pasado estuve 23 días continuados en actividad campamentil, al llegar debía haber sido internado en mi centro Betty Ford más cercano donde me desintoxicaría de canciones de acampados y talleres con materiales básicos y reducidos, además de codearme con todos esos drogadictos de las altas esferas como Keanu Reeves, pero en lugar de eso, estuve durmiendo tres días y tres noches completas, delirando sobre niños y otros engendros de la naturaleza.
Porque si, el campamento te deja más para allá que para acá. Menos mal que me recuperé pronto y pude volver a disfrutar de mi vida, eso si, durante un periodo prudencial no me acerqué ni por asomo a nada que pareciese un preadolescente porque corría el riesgo de caer en un coma profundo o desollar al sujeto en cuestión con la tapadera de un bolígrafo bic negro.
Una de las mejores anécdotas es la que nos tiene de protagonistas a Sergio y a mí. Yo aún no le conocía demasiado y al principio de campamento siempre intentas ser amable con todos, colaborar en lo posible y en definitiva echar un cable si se tercia. Estaba ya preparando todo para acostarme (retirar las arañas de mi cama y demás faenas de limpieza) cuando se acerca él, con un saco arrugado entre sus manos y me dice:
Sergio: - “Hairblue, ¿Me ayudas a limpiar este saco?
Hairblue: - “(Actitud supermonitor) Por supuesto que si”
Nos dirigimos a las duchas, él abre el saco un poco y yo sujeto el resto, el agua comienza a empapar el saco.
H: - “(Pensando para mí) Vaya, un niño que se ha hecho pis, seguro”
El agua comienza a salir en un tono amarillento y claro, veo mis sospechas confirmadas, un niño había sufrido un escape y lo mejor es deshacerse de las pruebas. Pero ¡Ay! Aún soy demasiado joven, inocente e incrédulo y el agua comienza a salir cada vez más naranja y vuelvo a pensar:
H: - “Ups… menudo asco, me parece que no era orina sino algún residuo algo mas substancial…”
La cosa es que seguía equivocado y el agua que comienza a salir roja, y más roja, y más roja… y cada vez más borgoña hasta que coge un sano color a sangre y en un momento dado unos “Plof, plof” que resuenan en el fondo de la ducha me hacen mirar hacia abajo y ver cómo dos trozos de cuero cabelludo se deslizan rió abajo como en la canción de Pocahontas hacia el desagüe. Y yo, mareado, con nauseas y una leve vocecita que en ese momento se deslizaba desde lo más profundo de mis entrañas digo:
H: -“Sergio… ¿Qué es lo que estamos limpiando?”
S: - “¿Es que no sabes que casi se mata un niño de mi cuarto? Es que el muy tonto se ha subido al cabecero de una litera, se ha escurrido y se ha caído para atrás, con la fortuna de que debajo había una cama claro, pero al ser las paredes del cuarto de gotelé, mientras caía al saco se ha ido rozando el cráneo y ahora tiene un hermoso agujero en la cabeza desde el que se le puede ver algo blanco un poco asqueroso.”
Y terminamos de aclarar el saco que yo habría prendido fuego de inmediato.
Y eso los niños pequeños que suelen ser los pupas de la acampada, las niñas mayores también guardan muchas anécdotas, recuerdo muy bien el día en que íbamos a hacer actividades deportivas conmigo como monitor (si, es increíble que yo enseñe cosas que lleven la palabra deportivo en su interior) y les dije que se pusieran chándal… Y vaya si lo hicieron… ¿Os suenan esa especie de mini shorts que Indytex comercializa en todas sus marcas los veranos que son como si al pantalón de un chándal le hubieses quitado las perneras y hubieras dejado sólo la goma de la cinturilla y la tela justa para taparles el coño que, of course, queda terriblemente apretado hasta el extremo de vislumbrar por entero su anatomía? Pues ellas aparecen con eso, una camisetita de tirantes y sandalias de cuña.
Hairblue: -“Perdona, he dicho que te pusieras un chándal”
Putilla: -“Esto es un chándal”
H: - “Mira, tú dirás lo que quieras pero para mí eso, casi no es ni unas bragas, así que si eres tan amable, te cambias y te pones un chándal de los de toda la vida, porque desde mi generación no creo que su definición haya cambiado demasiado, un chándal es largo y tiene gomillas en los tobillos, además, se usa con zapatillas de deporte y no con esas preciosas sandalias de tiras tan estupendas”
P: ¡Jo!
Y bueno, deberíais ver las fotos que hacía mi coordinador, un depravado neonazi. Tengo en cd, la mayor colección de tetas de adolescentes…
Me encanta ir de campamento.
 
Un poco de obra: Autorretrato


Fotografía Digital.
 
Moritores Moribundos
El sábado quedé con los monitores que nos vamos generalmente de campamento. Somos unos cuantos, por lo menos casi veinte y hacía ya un montón de tiempo que no nos veíamos las caras. Esto cuando vas de campamento es bastante normal, la gente dice frases de esas que mis labios nunca pronunciarán como “Seremos amigos para siempre” “En Madrid vamos a quedar mogollón” y “Me combinan mis nuevas cariocas con este pantalón a rayas del rastro que da gusto”.
Total, que entre tanto monitor hiperchuli solamente unos cuantos elegidos disponemos de los cerebros más o menos estándar y somos los que generalmente quedamos, lo que traducido en cifras deja un total de cuatro monitores.
Quedamos los cuatro en Gran Vía, me encanta quedar en esa parada de metro. Lo veo un sitio muy romántico y especial, no sólo por los vagabundos y esquizoides o esos malditos trabajadores de green peace que te gritan y te siguen para que te hagas socio de tan terrible organización. Un día caminando tuve que sortear cinco chicos con chalequito verde que se habían dispuesto estratégicamente en las dos aceras de fuencarral. En mi estrategia anti “quiereshacertesociodegreenpeace?” casi me atropellan dos motocicletas y una camioneta cruzando de manera tan precipitada esta maravillosa calle comercial. Y para colmo uno de ellos me dio alcance, portando un terrible peinado loncheado (con flequillo extra grande tapando media cara) y me lanzó la terrible pregunta:
Chico Loncha: - “¡Hola! ¿Quieres ser socio de Green Peace?”
Moribundo: - “¡No! ¡No quiero!”
C L: - “¿No? ¿Y porqué?”
M: - “(Y aquí es cuando cometió el terrible error de enfrentarse a un moribundo malhumorado) Mira, porque me parece una ONG alarmista, con una revista que parece un panfleto nazi ¿Te vale eso?”
C L: “Si, si...”
Quedamos y llegué el primero, suelo ser puntual y es algo que me encanta. Susana y Sergio me mandaron ambos un mensaje avisando de una tardanza estimada en unos diez minutos. Y llegó Susana. Iba guapísima, con un nuevo pelo y ¡ups! Media cara hinchada porque le acababan de extraer una muela del juicio. El segundo en llegar fue Sergio y también iba cambiado, superdelgado y con pelo nuevo. Ante tanto cambio llegué a plantearme si yo seguiría igual o habría tenido una conversión tan estupenda como la de mis dos compañeros. En mi opinión yo me veo más gordo y más cabezón.
María Florez llegó unos minutos más tarde cuando ya habíamos caminado un poco Fuencarral arriba.
Intentamos entrar en la terraza del starbucks pero aquello era misión terrible (no diré imposible para no hacer promoción gratuita del nefasto Tom, padre del ser que traerá el fin del mundo). La gente incluso permanecía deambulando alrededor hasta que alguien abandonaba una mesa y corrían a hincarle los dientes. Andamos hasta la plaza de Chueca pero nada, aquello estaba más lleno que en el gay pride.
Y aterrizamos en la plaza de Jacinto Benavente donde corrí para arrebatar una mesa a una pareja de mediana edad y Sergio, hombre de frases sublimes para la posteridad me dijo:
Sergio dixit: -“Me has recordado una cosa que me dijo un amigo el otro día. Las mariquitas no podemos hacer ciertas acciones porque nos delatan enseguida como grandes mariconas. La primera es no dar nunca una patada a un balón y la segunda correr cuando se va a poner en rojo el semáforo”
Nos sentamos y hablamos de la empresa campamentera. Intentamos escudriñar horarios e idas y venidas para poder escoger sabiamente las quincenas y decidir que clase de niños íbamos a aguantar y, como siempre hicimos un repaso a las mejores anécdotas de campamento mientras el polen hizo tanta mella en mí que en nuestra despedida los ojos me lloraban, la nariz me goteaba y la glotis estaba tan hinchada que casi me produce la asfixia.
Tendré que hablar de campamentos y niños que son la sal de la vida.
 
Un poco de obra: La Angustia.


Fotografía digital.
 
Moribundo Oso.
Mis ositos son algo que me está dando muchas alegrías. Y más les vale después de lo que sufrí para realizar esta maldita serie de fotografías.
Porque claro, tú llegas a clase, por poner un ejemplo cualquiera y nadie se percata del trabajo que estas cosas tienen detrás, y pongo el ejemplo de clase que ya es un ejemplo bastante desastroso, pues a mis compañeros se les supone una educación estética, pero ni ellos, siempre tienes que “aguantar” frases del tipo: “Me encanta la cabecita, es preciosa, está superbien hecha” y a uno se le sulfata el poco cerebro que le quedaba dentro de la cabeza. Además no dices nada a no ser un escueto “Jeje! Muchas gracias…” cuando estás a punto de gritarle “¡Pedazo de puta! ¡Mi trabajo son las fotografías!”.
Al principio, este trabajo no estuvo así orientado, realmente, mi idea primera era la de hablar sobre ropa. Realizar un análisis dibujístico de prendas que, en mi anterior relación me hubieran marcado de algún modo. Porque a todos nos ha pasado eso con algún jersey o camiseta. Yo por ejemplo, tengo una sudadera que me dejé de poner tras mi espera de cuatro horas para poder matricularme en el primer curso de bellas artes. Me asqueé tanto de esa experiencia que la pobre prenda se vio relegada al cesto de “Ropa para campamentos” y, ni aún así suele ser de las más utilizadas cuando salgo a cuidar de los niños de otros.
Entonces claro, mi trabajo tenía ese tema central que era la ropa, hablar de cómo me pongo más una camiseta si es la favorita de mi pareja o cómo unos vaqueros se convierten en imprescindibles dentro de mi fondo de armario si de pronto te comenta el increíble trasero que ellos te dibujan, y por supuesto, dentro de mi pureza espiritual yo quería y tenía metido a presión dentro de mi cabeza que el proyecto de la ropa sería por entero dibujo del puro y duro, casi un dibujo parecido al de las ilustraciones infantiles y además con un aire de diseño moderno. Pero ¡Ay! Mi querido profesor de proyectos de dibujos, con su increíble mirada, anchos pectorales y pelo rizado como el vello púbico más hermoso de un efebo, insistió e insistió en que además de dibujo incluyera imagen fotográfica y que no centrara mi interés en la ropa, pues la imagen del oso causaba un impacto suficiente como para versar entero el proyecto en él.
Salí por supuesto destrozado, mi idea acababa de dar un giro que mi cabeza no asimilaba, pero lo conseguí. Auné las dos ideas y ¡voila! Otro proyecto moribundo. Los cuatro dibujos eran una manera de describir el sujeto del experimento, el oso y de paso poner sobre la mesa mis primeras opiniones sobre la ropa y sus significados y después, situar el personaje en un entorno creando las imágenes oníricas que la fotografía es capaz de elaborar.
Por eso, hay que tomar el arte en serio. Para mí hacer las fotos fue una experiencia que pido siempre en mis rezos sea capaz de ser apreciada, porque esas cabezas son una tortura. Claro, están concebidas para ir montadas sobre un maniquí de indytex, y hasta ahora la información que manejo es que los maniquíes no respiran y yo si que tengo esa insana costumbre de llenar los pulmones con rico oxígeno. Imaginad que soy el modelo de las fotografías y cada una debía de tener el siguiente esquema:
Encuadrar imagen con el trípode.
Vestirme de oso ayudado de comunicóloga y su novio.
Comunicóloga apretando el botón de la cámara las veces que yo dictaba mediante órdenes hitlerianas.
Visualización de las imágenes y crítica destructiva a todas las instantáneas.
Llanto por no tener un gemelo clónico.
Asimilación de la realidad y aceptación.
Porque diez son las imágenes seleccionadas pero infinitas las que producimos aquella tarde, quedando yo casi medio inconsciente debido a la asfixia y el calor de mis focos para tener la iluminación adecuada, al menos no se me ocurrió hacerlas a mediados de agosto…
Por eso admito que debo agradecer a mi querida hermana su ayuda, porque también detrás de las buenas obras de arte hay una familia con paciencia, dedicación y devoción.
 
Un poco de obra: El Sinsentido.


Fotografía digital.
 
Mamá Moribunda.
He descubierto que uno de mis temas de conversación preferidos aparte de mi personalidad, mis dibujos, mi físico, mi cuerpo y demás cosas variadas es mi pobre mamá.
Ella no ha tenido una vida apasionante pero por lo menos si que ha sido singular, como casi todo lo que rodea mi entorno afectivo. Siempre fue una de las chicas más guapas, de las más monas, de las más delgadas… y de ella he heredado esta boca que en su caso le sirvió para ser el objeto de deseo de muchos y ganarse el apodo de “la morros”. Imaginaos como de neumáticos llegaron a ser en su apogeo juvenil. Y claro, su físico divino le hicieron escoger a otro personaje de físico sin mácula que era mi padre, aunque viéndole ahora sea tan difícil creer que un hombre que en su día realizaba lucha greco-romana se haya dejado estropear tanto. Y a mí su foto de boda me joroba de veras.
Porque bueno, además de que serviría para escribir un post entero, los padres siempre, siempre te intentan vender la moto de la frase “No juzgues a la gente por su aspecto, escoge a la gente que te rodea por su belleza interior”. Vamos a ver… ¿Cómo una persona que podías abarcarle la cintura con una mano puede hablar del físico? Por no hablar del maromo que te calzaste, dudo mucho que lo escogiera por el cociente intelectual más que por la cantidad de abdominales que se le podían contar.
Luego, mamá ha tenido diversas profesiones entre las que destacó la de cocinera. Y durante mucho tiempo después de cerrar el restaurante donde trabajaba ella seguía pensando que cocinaba para un salón de más de 200 personas… y eso es brutal. Quizá no fue coincidencia mi engorde a lo hipopótamo con la entrada al mundo del desempleo de mamá moribunda. Bandejas, cazuelas y perolas repletas de comida… Ahora lo hace mucho menos eso sí, pero las navidades, estamos comiendo hasta Febrero restos de asado y demás exquisiteces.
Pero ella siempre ha querido desempeñar un trabajo. Un trabajo para el que se encuentra verdaderamente cualificada y que será la espinita que se lleve a la tumba junto a la de no haber podido asesinar a su marido (o a lo mejor no, el tiempo lo dirá). Una pista, ella enciende el televisor con el volumen a toda leche el día de las fuerzas armadas. Y todas las veces que la recuerdo con las luces de la pantalla reflejadas en su rostro exclama ensimismada:
Mamá: - “Si me hubieran dejado en mi época hubiera sido militar”
Y un escalofrío me recorre la espalda desde el orto hasta la nuca.
Si, ella es extraña y ahora para que aumente el club de fans voy a desvelar lo que su armario guarda y esconde. Unos objetos desconcertantes que a nadie dejan indiferente. Porque si bien es cierto que la vena artística es paterna, ella elabora todo tipo de obras de arte, y es la puerta de su ropero la mayor sin lugar a dudas. Mamá se dedicó durante una temporada a recortar fotografías de las revistas, fotos de sus mayores ídolos y ante la falta de la típica carpeta adolescente (lienzo de miles y miles de aberraciones para la vista) utilizó lo que más a mano se le presentó, su puerta. Ahora, tú, querido amigo, amiga o transgénero que me lee dirá; “Bueno, yo tengo alguna fotillo de Kirk Cameron aún”… ¡Pues no! Los ídolos mediáticos escogidos para la ocasión son:
Gerard DePardieu (Oh La la! Le maison! Le fille blonde ! y todo eso)
Jean Claude Van Damme (Bueno, le tira el músculo, nada raro por ahora)
Xena (¿Xena?? ¿¿Xena???)
Si, tres personas que mi madre admite libremente amar y a los que les haría el favor de compartir lecho con ellos al menos una noche y si se tercia, dos o tres. Mi madre enamorada de Xena, y yo que me he tragado todas las temporadas, incluso cuando las crucifican y luego que las congelan y viajan en el tiempo y la hija de Xena es mala.
Si siempre lo digo yo, que me parezco más a mi madre.
 
Un poco de obra: La ausencia.


Fotografía digital.
 
Moribundo Vs. Gianis
Llegué a Barcelona y no dejé de hacer cosas típicas de un moribundo como yo o, lo que es igual, alguien despistado que en un sitio desconocido no duraría en soledad ni dos horas sin haber sido atracado, violado o muerto por inanición. El aeropuerto todo lleno de tiendas chic ultra caras, y guiado por una tienda de juguetes, en lugar de salir por la terminal B, acabé escupido por la A, donde un guardia me insultó con la mirada ante la estúpida pregunta de si era por allí por donde se salía. Salí y tras hablar con Gianis y recordarme que debí haber salido por la B, caminó hacia donde me encontraba.
Nos vimos y nos saludamos, evitaré las descripciones físicas, pues correrse encima del teclado lo deja fatal y hecho un asquito, eso sí, el conjunto vaquero era monísimo, casual y elegante a la vez. Yo no me quedaba atrás, iba alternativo a más no poder y conjuntado con la bolsa de viaje puma que me prestó diseñadora, lo que ocurre es que los viajes me dejan destrozado y cuando ya rozaba las 24 horas seguidas despierto y comenzaba a desvariar hablando y hablando, me acosté para descansar en el celestial colchón de látex de casa Gianis.
Tras descansar recorrimos el barrio gótico, con todas sus plazas y sus rincones tan especiales. Nunca me imaginé Barcelona de esta manera, tiene realmente una construcción ecléctica que no le sienta mal, ello la convierte muchas veces en algo atractivo y para nada parecido a ese reducto de la maldad que, por lo menos yo, había formado en mi cabecita de Lolito. Pero claro, que me perdonen los lectores catalanes, las pistas para pensar que aquello es un reducto de la antinorma y los movimientos anárquicos en general son muchas; que si Estatuto, que si tripartito, que si idioma extraño, que si hacemos natillas con caramelo por encima y las llamamos crema catalana…
Las tiendas una delicia no alcanzable para mi tarjeta joven de Caja Madrid. Como olvidé la cámara en ese momento me quedé sin fotos de las plazas… No se puede tener todo supongo.
A la mañana siguiente estaba muy nervioso, ya que iba por el lado Gianítico de Barcelona eso supondría que conocería a muchos bloggers que comenzaron su andadura bloguera inspirados o amenazados (que los hay) por él. Y lo hice, nos fuimos al Caixa Forum a ver la exposición de Diane Arbus, de lo mejor que pude ver en cuanto a arte por allí y recomiendo su visita obligada, unas imágenes que dejan de todo menos indiferente, en resumen una retrospectiva fantástica que espero ver por Madrid. Quedamos con J’adore del que tampoco haré descripción física pese a tener gran cantidad de fans que arden en deseos y en su entrepierna de saber cómo son las facciones de su mito erótico y blogueril. La sorpresa, muy agradable, todo transcurrió como en un gran lago de chocolate subidos en una dulce galletita y con seres de gominola danzando alrededor de fértiles prados de regaliz. No puedo hablar igual de bien del Macba donde los tres casi nos arrojamos por encima de la barandilla ante la cantidad de arte conceptual que tragamos, porque un poco vale, pero tres pisos roza el internamiento en un hospital mental.
Después de eso, sesión de casas modernistas hasta el mareo y cena con Zmt81 y Claradriel. Admito que en todo momento me sentí como si formara parte del mural de la tienda de bocadillos de Jordi Labanda. Los naturales de Barcelona no se percatan de ello, pero cada local tiene un cuidado y una exquisitez sublimes en aspectos de escoger los camareros más alternativos, los nombres que parezcan más casuales… Es como si metieras en una batidora el barrio madrileño de Malasaña y te lo hicieran tragar. Cenamos de manera amena y divertida volviendo a pasar por el lago famoso de chocolate y con una copita decidimos terminar el día, aún quedaba mucho Gaudí por ver.
Exactamente eso fue lo que hicimos, visitamos el parque Güell, comimos en la playa, vimos más edificios y todo ello sobre la vespa, recordando de manera bizarra la famosa “Vacaciones en Roma”. En su casa me maravillé de la cantidad de productos audiovisuales moribundos que una persona es capaz de acumular y disfrutamos de capítulos de Vaca y Pollo y de Hairspray. Esa noche cenamos otra vez con Claradriel, que acompañaba a Simon Templar, la comida como la compañía me hicieron visitar de nuevo el lago de chocolate que comenzaba a presentar cisnes de azúcar por encima.
Por la mañana, con el tiempo justo, reordené mi bolsa, comprimiendo de manera sobrehumana su contenido y nos largamos al aeropuerto. Comimos una ensalada de plástico y nos despedimos.
Volví a Madrid, a viajar en el metro, a respirar su contaminación, sentir su clima, su gente extraña, los sentimientos homicidas, lo inexplicable de sus obras, la belleza de sus calles, la originalidad de mi barrio con su inocencia de extrarradio y eché de menos el mar.
Y si, me lo follé. Follamos mucho. Muchísimo.