Moribundo por el arte
Si mi vida ya parecia una serie cómica de television lo único que le faltaba era un blog.
Acerca de
Nací en una agradable familia de sospechoso parecido a los simpson. Tras los estudios normales decido hacer Bellas Artes y desde entonces todo lo que me acontece se presenta con risas en "off" y sarcasmos de sobremesa.
Sindicación
 
Un poco de obra: Idea03


Carboncillo, grafito y barras comté sobre papel caballo.
 
El campamento espera a Moribundo.
Me voy. Me voy ya de campamento. Ya pero ya. Ya, ya, ya. He parado de hacer la mochila para escribir este post que por el empiece que ha tenido no va a ser de los más boyantes.
Porque siempre que me voy de campamento me invade aunque no lo quiera una extraña nostalgia, abandonar todo para estar inmerso en un estado semi-salvaje no es tan maravilloso como se pinta.
Lo primero es que allí me vuelvo prácticamente un muñeco plastificado, casi no como, casi no expulso deshechos y ni pensar en cualquier atisbo masturbatorio, el constante deambular de niños, gritos, voces y cuchicheos te hace olvidarte de ello por completo.
Así que nada, cojo la mochila que aún no está terminada y ya pesa casi el cincuenta por ciento de mi peso corporal. No entiendo cómo, si casi cada año llevo menos ropa porque detesto venirme con prendas sin usar.
La lista de este año incluye:
19 calzoncillos.
14 calcetines.
17 camisetas.
2 bañadores.
7 pantalones.
Y algunas otras cosillas como una sudadera, un jersey, dos gorras… y tengo que buscar muchas más cosas. Son esas cosas que son supernecesarias pero que como sólo utilizas cuando vas de campamento ahora no tengo ni puñetera idea de donde las he metido. Es el caso de mis chanclas de agua, muy importantes para ducharme sin coger hongos y dios sabe qué en esos sitios alejados de la madre higiene pero que el resto del año acumulan polvo y polvo. Yo recuerdo que las vi y como estaba hartito ya de moverlas de un lado para otro las guardé en algún sitio y seguramente embolsadas y embaladas de la mejor manera que un obseso compulsivo de la limpieza puede hacer. Pero a los obsesos nos deberían regalar una agenda obsesa para saber donde metemos las cosas porque esas chanclas pueden aparecer en el sitio más inesperado.
Luego con este calor es terrible buscar cosas. Para coger una sábana bajera he tenido que agarrar la escalera de mi casa de más que dudosa estabilidad vamos, que si quiero vivir una sensación de riesgo realmente extrema no tengo más que subirme a ella como he hecho hace un rato y claro, pasa lo que pasa, que ocurren accidentes. Manejaba yo la caja en la que almaceno mis casi cincuenta muñecas Bratz y que, obviando el frikismo de acumular muñecas, posee un peso más que considerable. Mi estupenda escalera ha hecho un giro a lo Bisbal y la caja en el aire al igual que los dibujos de Hanna-Barbera ha esperado a golpearme la cabeza.
Me despido de todos vosotros, saldré por la mañana y dejaré en Madrid ordenadores, internet, perfiles y blogs. Los cambio por Extremadura y niños, juegos, talleres y canciones.
Nos vemos el día 15 cuando vuelva. Pasad bien todos estos días y no haced nada que yo no haría, claro que a este paso pocas cosas hay ya que no haga…
 
Un poco de obra: Idea02


Carboncillo y barra comté sobre papel ingres.
 
Moribundo por el arte cumple un año.
Mori: -“Hola Hairblue”
Hair: -“¡Buaaaa! Hola…”
M: -“Hijo mío de mi vida pero ya estás otra vez llorando, dime que te pasa pelito azul de mis entrañas”
H: - “¿Cómo que qué me pasa? Me ha dejado Jaime, estas navidades engordé y me dio por arrancarme el pelo, encima me voy de campamento dentro de nada y no conozco a nadie… y la mostaza para carne se ha acabado”
M: -“¡Pero si todo esto que me cuentas fue el año pasado!”
H: -“¿No es 21 de Junio de 2005?”
M: -“No, estamos en el 2006 y han cambiado muchas cosas, ¡Ha cambiado casi todo pelo azul!”
H: -“¿Cambiado casi todo? ¿He sucumbido a la bulimia?”
M: “Bueno… ese es otro tema, ejem… pero si que han cambiado las cosas. Mira, lo primero es que gracias al campamento recobraste tu figura de efebo y el pelo te volvió a crecer”
H: -“¿Todo?”
M: -“Hombre… quedaron secuelas pero hay que conformarse con lo que Dior te da”
H: -“Entiendo… Pues estaba pensando en abrir un blog”
M: -“Que dura es la esquizofrenia y los diálogos interiores… El blog lo abriste y no te comentaba ni el tato, seguiste escribiendo y relataste como te compraste una bici para poder ir hasta la casa de Jaime e ir a llorar, descubriste a Patera y Kaotot que han cerrado sus bitácoras. El blog de mucha risa fue creciendo y le confesaste a Bea su existencia, ahora te comenta bajo el pseudónimo de Lady Evil.
H: -“¿Lady Evil? ¿De qué clase de frikis me rodeo?”
M: -“Calla que sigo. Porque de frikis va la cosa. Descubriste como colgar imágenes y empezaste a poner tus dibujos que incluso gustan a algunas personas que con ello demuestran su nulo saber artístico, porque menudos dibujitos los tuyos de tercero… llenos de rajas y costuras…”
H: -“Pensaba que si eras mi yo más maduro habría evolucionado y dejado de ser tan puta rastrera…”
M: - “Y has evolucionado, a superputa. Dejaste la bici y vino la vuelta al cole con la depre que ello nos prepara cada año, hablabas de tu familia y la gente se despollaba, con perdón de la palabra. Todavía te movías en un petit comité. Te matriculaste y la idea de la ortodoncia te vino a la cabeza.
H: - “¿Ortodoncia? Ni harto de malibú con sprite”
M: - “Jeje… Seguiste desglosando tu vida. Reconstruyendo el pasado y construyendo el blog. Hablaste de cosas que jamás pensaste contar, de la adolescencia, de clase… y continuaba el tema de Jaime, volando sobre tu cabeza. Al final quedaste con él y te quedaste hecho migas… seguiste hablando de amigos, de familia, como por ejemplo de cuando os visitaron unos japoneses para hacer un artículo sobre familias españolas”
H: - “Es verdad, todavía tenemos imágenes de las japonesas haciendo fotos al horno”
M: - “Pues llegaste a las navidades y tenías anónimos que te criticaban por ser poco profundo, por no caramelizar situaciones. La navidad nada que ver con la anterior, te lo pasaste muy bien relatando las novedades, como la decoración exterior que a todo el mundo le dio por colgar, y empezaste a ser de verdad moribundo por el arte. Crecí como persona y como personaje y me gustaba, así entraste en los más leídos. También entraba en un coma sexual profundo que parecía no tener fín. En clases de proyectos todo te iba bien y el profe estaba rebueno. Lo mejor llegó cuando Sara la coordinadora te sacó del armario en la facultad sin saberlo
H: - “AAAAaaaargh”
M: - “No te preocupes porque te vino de perlas. Por esa época la gente te leía y algunos desconocidos te reconocían por los pasillos, ahí si que pasé vergüenza… Con la empresa de los campas diste clase a niños satánicos y vagos, paseaste por Arco e intentaste conocer más gente por Internet, todos unos estúpidos. Tu hermana mayor pasa a conocerse como Diseñadora y se va de casa, por el cumple te pusiste como te pusiste y volviste a hablar de Jaime. Nos mandó un mensaje confesando que nos leía”
H: - “¿Leía nuestras intimidades?”
M: - “Y parte de las suyas, así que imagina su enfado. Hablamos y me arreglé muchas cosas de dentro que taparon heridas demasiado grandes. Con los de los blogs empezamos a sentirnos más a gusto y los mensajes ya eran complicidades. Conociste a Edublog en una de esas incoherencias temporales y me alegro mucho de haberlo hecho.
H: - “Bueno, no tengo ni idea de quién es ese, pero cuéntame qué decían los de la facultad”
M: - “Con ellos todo bien, en casa de Claudia incluso hablaste de mamadas. ¡Ah! Y el ordenador se te rompió, uno nuevo que te compraron, perdiste todo tu dossier ya arregladito y todo. Seguiste escribiendo de strangis en el ordenador grande del salón. Para no parar de cosas malas Blanca se fue a Argentina y nos sentimos muy tristes, como si hubiera perdido una hermana. Como ya te leía todo el mundo pusiste una foto para celebrar la imagen 100 y todos pudieron de verdad conocer la belleza en estado puro. Conoces a otro blogger, Rober. He desarrollado un dibujo algo distinto al de tu año que ya te enseñaré.
H: - “Más, más… soy tan interesante…”
M: - “Te largaste a Barcelona en un arrebato más propio de Blanca y conociste a otro blogger, Gianis. Le conociste… ejem… profundamente. Para sorpresa tuya sigues hablando con gente del campamento y tu hermana mediana, más conocida como Comunicóloga se compra un piso con su novio. Para colmo una profesora te dice tan ricamente que nos lee, la ortodoncia sigue jorobando y Gianis baja a Madrid. Ahora después de mis últimas entregas y cosas de eso del arte tengo sexo cuando quiero aunque llega otro año de campamento que me calmará y así eres ahora Hairblue.”
H: - “Perdona por serte tan sincero, pero menuda puta mierda.”
 
Un poco de obra: Idea01


Carboncillo y barra comté sobre papel caballo.
 
Barbacoa Moribunda.
La barbacoa fue una idea que en mi modestia habitual, debo reconocer nació de mi increíble y creativo intelecto. Pero no había que pensar mucho para llegar a la conclusión de que una celebración cárnica debía llevarse a cabo en mi selecto grupo de gremlins de bellas artes, pues una gremlin destaca entre ellos por poseer (poniendo voz de anuncio) un fantástico y fabuloso chalet en las afueras de Madrid.
Y yo, le llevaba dando la brasa más de dos años con su chalet. Que si Sara chalet, que si Sara si yo tuviera una casa por ahí ya os habría invitado a una fiestecilla, que si Sara fíjate que yo hago fiestas en mi casa y eso que es un piso de extrarradio. Supongo que tantas y tantas horas de echar en cara y comentarios picajosos mermaron su férrea personalidad y finalmente cedió.
Organizó la barbacoa con un estilo y una decisión dignas de la mismísima Isabel Preysler, vamos que ahora que lo pienso lo único que faltó en el ágape cárnico eran los ferrero roche, tan doraditos, pero en verano se dejan de vender para que no pierdan sus propiedades fantásticas.
Nos fuimos al mercadona de Moncloa para comprar cantidades ingentes de carne, choricitos, butifarras, panceta… y por favor, aprovecho para decir que si comentais, si, todos sabemos que este es un blog mariquita pero obviemos los chistes sobre longanizas y anos.
Llegamos tarde, por supuesto. El chalecito en el quinto pino y con nuestra suerte, perdimos el autobús, por lo que nuestros cuarenta minutos de espera tragando productos cancerígenos en suspensión no nos los quitó nadie, porque el intercambiador de Moncloa es un fabrica cánceres en potencia.
La casa una maravilla como no esperaba menos de la querida Saritísima. Tres plantas de buen gusto, decoradas con todas sus obras recicladas de las sucesivas clases de pintura que la pobre ha probado sin sentirse plena, Sara hija mía, cuando vas a darte cuenta de que nuestro futuro está unido por el dibujo y no por la odiosa pintura. Además de las tres plantas cuya coronación es su propio estudio donde me habría beneficiado yo a más de uno de ser propiedad moribunda, bajamos a la bodega, con mueble castellano y allí dejamos las cositas de la comida. Nos dividieron en grupos para hacerlo todo muchísimo más sencillo y práctico, a mí, de manera absurda me tocó en el grupo vegano-vegetariano y haciendo el gazpacho no pararon los chistes sobre pepinos y las rimas sobre cebollas.
Tras los preparativos de lo que todo aquello iba a ser la mayor barbacoa jamás vista por un grupo de pre-artistas las nubes comenzaron a arremolinarse únicamente sobre el tejado del chalet, como si estuviéramos llevando a cabo un aquelarre y las fuerzas del mal lo supieran. Lady Evil, junto a su novio y otro chico se hicieron cargo de la parte más fogosa de la reunión, hacer la carne vamos. Los demás, ante la amenaza brutal de una de esas tormentas con terrible calor y mucha agua nos guarecimos en la bodega, con los aperitivos que devoramos mientras los tres cocineros trabajaban.
Y si, llovió, es una ley que cuando haces barbacoa te llueva y más teniendo a una persona que hace que las situaciones más serias o románticas se conviertan en chascarrillos de risa fácil. Mientras la escalera a la bodega se convirtió en una cascada literalmente, el novio de Lady Evil bajó con los primeros chorizos humeantes, en total paralelismo con sus ropas que supuraban agua, después de él baja Lady Evil marcando pechos con la ropa igualmente húmeda. Sara decidida va a la casa y les ofrece ropa vieja y seca, Lady Evil con un jersey que imitaba los colores de un corte de helado, nata, vainilla y fresa y unos pantalones del padre de Sara… una pesadilla conceptual para la moda.
Después de haber comido y probar unos brebajes hiperalcoholizados hechos con la termomix de Sara hicimos un break a modo de corro en uno de los patios, ya relajados, hablando de manera distendida no de las últimas exposiciones o de cómo nos influyen las actuales corrientes estéticas sino de coños y pollas que es lo que todo el mundo espera oír, sobre todo anécdotas moribundas que, aunque yo adoro hablar de mí mismo, sé de buena tinta que ellos manifiestan orgasmos mentales con cada vocablo.
Sobre las nueve y media nos fuimos a Tribunal y enfrente del instituto San Mateo hicimos un botellón de ron improvisado mientras despellejábamos a compañeros de estudios, mucho más odiosos que nosotros. Ración de Vía Láctea y para finalizar Kurgan, un antro heavy del que podría escribir una tesis sociológica.
A las cuatro de la mañana nos recogimos, llegué a casa a las cinco y dormí. Rodé por la cama relleno de pinchos y choricitos mientras pancetitas alegres danzaban a mi alrededor en un baile hipnótico.
 
Un poco de obra: Promesas03


Carboncillo, barra comté, pintura de madera y Spray sobre papel superalfa.
 
Moribundo y la primera reunión.
El jueves tuve la primera reunión de monitores en la que, como es obvio, hacemos una primera toma de contacto igual que si aquello fuese un reality de telecinco. La cosa es que monitores del año pasado que trabajasen conmigo reconocí dos, uno de ellos mi amigo Chencho y el otro mi amiga Sara que es coordinadora.
La reunión empezaba a las siete y acudí allí justo en la hora por mi puntualidad inglesa que se suele ver mermada cuando desconozco el tipo de trayecto. Con el profesor de música, por ejemplo, he llegado tarde las dos veces que he quedado con él porque me he bajado en paradas de metro para mí totalmente desconocidas. Volví a quedar y pude recuperar mi reloj, mi pulsera y mi colgante que me había dejado allí en nuestro anterior encuentro. El chico tiene conversación y es agradable, pero aún no tengo muy seguro si prolongaré mucho nuestras citas pues, es serio, muy serio… de echo yo no paro de hacer chistes y él se ríe levemente, estuve pensando en llevar mi nariz de payaso y todo pero eso me causaría aún más complejo monitor sin fronteras que arrastro, por un lado el cómico que todos los niños quieren escuchar y por otro el complejo de gramola, porque si, los niños te piden las canciones como si en tu garganta se alojasen los títulos musicales más destacados de los setenta, ochenta y noventa.
A las siete cruzaba la puerta de las oficinas de la empresa que se encuentran situadas en un bajo. Allí formaban círculo unos cuantos monitores, de los cuales conocía dos. Los dos vinieron conmigo a el campamento que dura una semana y son monitores del tipo Judoka, hablan de deportes, hacen deportes… Pero entro y algo llama poderosamente mi atención, uno de los monitores que formaban la pequeña forma geométrica. Entro y no paro de mirarle y sin dejar de hacerlo saludo a mi amiga Sara, me incorporo al grupo y sin dejar de mirarle me quedo embobado. Embobado uno de los monis Judoka, que en sus ratos libres es disc jockey y no creo que en su vida haya sabido resolver con éxito una multiplicación con decimales me ofrece, de una bolsa que estaba devorando, palomitas. Hay una cosa que la ortodoncia me ha inculcado, un don si queremos llamarlo así y es saber rechazar con elegancia múltiples aperitivos y snacks. Como ven que no como, les aclaro que es porque llevo una terrible y dolorosísima ortodoncia y a partir de allí, con mis chascarrillos de risa fácil y los comentarios lacónicos sarcásticos (según la definición de mi humor de msn) me hago con el control de la conversación del grupo y capto la atención del buenorro misterioso con pinta de surfero (demasiada para mi gusto).
Bajamos al sitio donde se celebraba la reunión, un sótano sin ventilación donde habían estado pegando colchonetas para las clases de Judo, por lo que el pegamento de contacto inundaba toda la estancia, algunas personas aguantaban sistemáticamente la respiración, otras se mareaban algo y yo notaba el olor pero lo resistí perfectamente, es lo que te dan las clases insalubres de la universidad complutense, aprendes a tragarte de todo. Además, en cuanto dejé de alucinar promovido por los vapores la reunión comenzó a cobrar algo de sentido. Nos explican la distinta metodología que utilizaremos, normas, deberes, pocos derechos y nos hacen la pregunta de siempre que luego se pasarán por el forro de las pelotas ¿Qué edad prefieres? Y mi respuesta “Mira los mayores te los quedas para ti, prefiero medianos pero si no hay mas remedio me metes en los pequeños”
La reunión termina y Chencho y yo esperamos a Sara para irnos a tomar algo. Entré haciendo un calor de agosto a las siete de la tarde y salgo a las nueve y media con la cabeza como un bombo y habiendo llovido y con un viento que eché de menos algún tipo de abrigo, chaqueta, rebeca o toquilla.
Hablando de todo o de nada ella nos pregunta si nos hemos percatado del hermano del chico que no sabe multiplicar, yo no sé de quién me habla y resulta que es el surfista musculado y rapado de ojos profundos.
Sara: - ¿No sabéis aún quién os digo?
Hairblue: - “Si, ya se quien me dices…”
S: - “Este año se viene de campamento pero no se sabe a cual aún, está fuertecillo el chico”
H: - “¿En serio? No me he fijado mucho en él”
Espero que el campamento tenga el aliciente de este chico que parece tan majo y, si aún no lo ha experimentado, ayudarle a sacar al exterior su otro lado, el lado que todo el mundo lleva dentro, por lo menos eso es lo que no paraban de decir en el otro lado de la cama.
 
Un poco de obra: Promesas02


Lapiz comté, creta y tinta roja sobre papel superalfa.
 
Promesas Moribundas.
He creído conveniente explicar un poco esta serie de dibujos que son el último proyecto de mi clase de Proyectos (si, mucha originalidad a la hora de poner nombres a las asignaturas no hay).
En el último trabajo quise hablar sobre promesas. Las promesas que en cualquier momento de una relación surgen y que, desde mi punto de vista son totalmente innecesarias. Me obsesiona la capacidad de las personas de magnificar los sentimientos hasta hacerlos parecer absurdos. La sobrevaloración de una sensación determinada es comparable a lo que Valle-Inclán plasmó en el esperpento, deformación de la realidad hasta hacerla parecer una caricatura que se convierte en una hiperrealidad.
Los sentimientos deben vivirse puros y constantemente. La palabra debe cuidarse en las situaciones íntimas, pues, si me prometes que nunca me dejarás, cuando lo hagas me dolerá mucho más, la sensación de pérdida será más poderosa porque yo de verdad me voy a creer que nunca se iba a acabar la relación.
Mi ex no lo echaba en cara directamente pero se que pensaba que no le quería tanto como él a mí, por el simple hecho de no estar constantemente diciendo “te quiero”. Lo siento pero el lenguaje es tan poderoso que vincular mi afecto de manera tan brutal tantas veces me dejaba agotado, también admito que siempre he tenido miedo de exponerme demasiado y es una manera de protegerme del dolor, al igual que los chistes tontos unos tras otros continuamente.
Porque las promesas me hicieron vulnerable. Porque si me dicen algo lo tienen que cumplir o me sentiré defraudado. Los tres dibujos son la muestra de cómo acaba la persona que ve esas promesas incumplidas. Me dijo que siempre me querría y no lo hizo, acabé atado un año al pasado, atado al miedo a la soledad, a malentendidos constantes, atado por la amistad y la familia y costó mucho cortar las cuerdas. En la camiseta se representan los sentimientos, el corazón rojo, en carne viva, creando líneas como músculos que se adaptan a mi contorno que ahora me define, los rasgos dejan de importar porque soy yo y eres tú, somos nosotros y todos vosotros.
Prometió no dañarme y me arrancó el corazón con un gancho de hierro, mi camiseta manchada de sangre tardó en secar pero lo hizo. El dolor se fue haciendo pequeño y desapareció, dejando una cicatriz pequeña. Y la promesa más sádica es la de “nunca te dejaré” porque sí que me dejó y de regalo quedó el aire alrededor suyo, su vacío pasó a representarle todos los días dentro de mi cabeza. La cotidianidad absurda ya no le mostraba, ya no me veía obligado a dar toques al móvil al llegar a casa, a llamarnos a las diez y quedar el domingo a las seís… y eso le hacía aún más tangible.
Sin duda lo peor de finalizar una relación es quitarnos todos esos hábitos y de ahí que el muñeco llevo sólo una camiseta, porque esa camiseta con tiras de cuero, con manchas de sangre o con escritos se tienen que quitar poco a poco, como las promesas que en tiempos de nuestras abuelas y aún hoy en la España profunda, se siguen haciendo, personas prometen y compran hábitos que “gastan” meses, años o incluso, los más radicales hasta que la tela se cae a pedazos. Igual tuve que hacer yo, guardar mi penitencia que he superado, ya no hay camisetas, se cayeron… y desnudo puedo dibujar de nuevo la experiencia y vivir la catarsis.
Esta es la explicación más o menos detallada de los dibujos que ahora estoy mostrando. Los miro y me viene a la mente una canción de PJ Harvey, “One line” se titula y comienza preguntándote en su inglés de auténtica rockera americana si recuerdas el primer beso, una pregunta que te suelta como un disparo en el corazón, yo si que lo recuerdo y no quiero olvidarlo, y también recuerdo lo malo que tampoco quiero olvidar, pero me apetece mucho bailar con PJ, gritar a las estrellas y dibujar líneas entre mi corazón y el de los demás, para unirnos, para no perdernos.
 
Un poco de obra: Promesas01


Fotocopia envejecida y barra comté sobre papel superalfa.
 
O Moribundo, o bueno, o malo...
El viernes de hace dos semanas El País sacó una nueva revista sobre Madrid que me apetecía mucho leer. Me apetece conocer un Madrid diferente, un Madrid de glamour lejos de las garruladas tipo botellón en el dos de Mayo que hace ya años me dejan más que frío como plan para ocupar mi escaso e inestimable tiempo de ocio.
Cogí la revista que era no demasiado completa pero si curiosa de ver y puedo leer en una de sus páginas, en un escueto cuadradito, en la esquina de una página cualquiera que hacen un festival independiente, de nombre Indyspensable, muy cerca de mi casa. Vamos, tan cerca que era al lado del carrefour que me ha visto crecer, engordar, adelgazar y alimentar mi cleptomanía (hasta que me pillaron robando, recuerdo traumático como ninguno). Como actuaban Astrud el primer día al final de todos como colofón maravilloso enseguida me animé, llamé a Comunicóloga al trabajo y le dije si me acompañaba. Normalmente yo no hago nada que no lleve planeando ya una semana pero es que eran Astrud y vivir uno de sus directos se merecía la mejor de las improvisaciones, ella me dijo que si y que además nos acompañaría su novio, supongo que lo dijo por hacer bulto porque él no le encuentra gracia ninguna a los buenos de Manolo y Genis.
El concierto genial. Mucho alternativo en mi barrio que es raro de ver por supuesto. Las ordas de gitanos y bakalas se vieron relegadas durante un fin de semana para dejar paso a camisetas de rayas, gafas de pasta, zapatillas vans y demás complementos marca de la estética más indie, y yo me sentí como en mi propia casa. Cantaron un montón de canciones que conocía, un montón que no y Genis llevaba una minifalda negra con zapatos de tacón, sólo por eso, improvisar ya había merecido la pena. Un viernes maravilloso.
El viernes de la semana pasada estaba dormitando y navegando por Internet a partes iguales. Mientras mi codo se entumecía moviendo el ratón, un chico me envió un mensaje a uno de mis perfiles. Él era majo, de mi misma estatura (nunca nadie así me había entrado) y calvo, con todo el punto fetichista que para mí encierra eso. Hablamos un poco por el Messenger y enseguida me dijo de quedar. Como tenía ocupados el resto de días quedé el domingo.
Llegó el domingo y me fui a Tribunal, donde habíamos quedado, llegué algo tarde por lo de siempre, la maldita Renfe. El chico no está mal, es parecido a mí físicamente, supongo que los que nos vieran juntos pensarían que éramos dos muñecos pin y pon. Fuimos al Manuela a tomar algo, con lo maravilloso que es ese bar. Después fuimos al jardín y se hizo algo tarde, nos enrollamos. Normalmente yo no hago nada que no lleve planeado ya una semana, pero es que me iba a ir de campamento sin haber estado con alguien en bastante tiempo, nos fuimos a su casa.
Follamos. A la una de la mañana salía apresurado a coger el metro y poder hacer los transbordos. Con las prisas me dejé mi muñequera, mi colgante y el reloj en su casa. El martes me lo devuelve, es simpático y es profesor de música en un instituto de Cercedilla.
No me sentí bien del todo volviendo a casa en búho, una cosa es improvisar un concierto y la otra es meterte en una casa el mismo día que conoces a alguien sin pensar siquiera si puede ser un psicópata o un miembro del opus (intento discernir que cosa es peor). Esto me pasa porque sin Blanca, la profesional que llevo dentro sale a relucir de manera rauda, sin ser consciente debo estar ofreciéndome continuamente y debo limitar mis putirayos. La culpa es del calor y no mía. La culpa es de Blanca y no mía.
Me siento un poco culpable.
 
Un poco de obra: El tiro en la nuca.


Grafito y lápices de colores sobre papel superalfa.
 
La Sra. Carmen y Moribundo.
Me han colocado el aparato dental en mi maxilar inferior. En momentos como este intento encontrar la respuesta a la pregunta ¿Porqué coño decidí hacerme una ortodoncia? No sé si mi dentista ha visto la película de Saw pero estoy sufriendo un infierno sin fin de dolores que sin dudarlo son mi manera de pagar el ser mariquita y un poco zorra.
Siento como si cada vez que moviera mis sexys labios de cereza me hubieran incrustado un erizo entre los dientes que me destroza la boca lenta y dolorosamente, pero es lo que debo pasar para lograr la perfección. Unos oran para alcanzar la sabiduría y yo me coloco ortodoncia para reír y mamar a gusto.
Además, con las últimas entregas y mis dolores me estoy desvinculando del mundo internetizado hasta el punto de que empiezo a sentirme mal. El nivel blog cotilla ha crecido hasta hacerme comparable a la peor imitación de una maruja que cruz y raya puedan hacer en cualquier show de televisión española.
Yo tenía una vecina que era así, maruja, pero maruja total de las buenas. Era delgada, siempre llevaba el pelo recogido en una especie de moño bajo y decía todas las palabras que pudieseis imaginar mal, “cloquetas”, “asinque”, “carreflús”… Ella se enteraba de todo lo que pasaba en las casas y aún hoy me pregunto como lo hacía, cual sería su secreto. Al ser nuestra vecina compartía su sabiduría inmensa con nosotros aunque sabemos de buena tinta que también nos criticaba pequeños aspectos de nuestra vida (aparte que soportarnos como vecinos es un logro).
Ocurría además algo y rauda acudía a la ventana de su terraza para ver si se enteraba, mi calle de atrás es un auténtico nido de delincuentes y siempre daba mucho juego. Como yo también tengo mi parte cotilla y paso mucho tiempo en la terraza a veces coincidíamos cotilleando, nos mirábamos y nos sonreíamos. A veces intercambiábamos pareceres sobre lo sucedido e incluso alguna que otra vez llamó a mi puerta para que le contara lo que se había perdido.
Mi abuela y ella salían a pasear todos los días del verano, se daban unos paseos larguísimos. Yo no sé como mi abuela soportaba aquellos tutes pero lo hacía. En casa mi abuela siempre camina a una velocidad moderada, excepto cuando llega la noche que camina tan lentamente que pondría la mano en el fuego de que alguna que otra vez he vislumbrado como en vez de pasos levitaba sin mover ninguna parte de su cuerpo. Por el día lo de la levitación no lo logra y se choca continuamente con las paredes de los pasillos como si aquello fuera una peonza lanzada contra el asfalto, pero sigue siendo feliz.
Mi vecina era además, la mujer más enferma del mundo. Tenía de todo, cualquier enfermedad que pronunciases ella la había tenido, dos veces. Luego se quejaba mucho de los huesos y nadaba en la piscina que tengo enfrente, a la que mi madre iba de vez en cuando. Cuando el agua estaba muy fria, mi madre y ella se ponían su casco de guerra y montaban un espectáculo reivindicativo en pro de todos los usuarios, la mayoría seres de la tercera edad o grupos con síndrome de down que se masturbaban dentro del agua, lejos de los ojos de sus monitores.
Una navidad mi vecina se empezó a sentir mal y la hospitalizaron. Se consumió en pocos días, se le encharcaron los pulmones y su cuerpo se hinchó como una butifarra. Murió. A mi abuela le habíamos avisado de que estaba hospitalizada, esquivando sus preguntas, porque las ancianas cabronas son un poco brujas y se olía lo que ocultábamos. Comunicarle la muerte ha sido una de las cosas más tremendas que ha hecho mi madre, mi abuela lloró mucho, y yo lloré un poco también.
Al tanatorio fueron mis padres, con la corona más grande, que pusieron justo delante, donde más se veía para orgullo de mis progenitores. Tuvieron que colocarle al cadáver la falda sin cerrar porque aquello era como visionar el cuerpo inerte de Cristina Almeida.
Mi vecina murió y dejó de llamar a la puerta, de cotillear y de pedir huevos o sal. Su marido ahora tiene novia, también viuda, después de haber estado acosando a mi madre durante unos meses.
La madre de una amiga también artista acaba de morir y ya nos ha preguntado que cuando vamos a ir a la piscina.
Y yo me quejo de la ortodoncia.
 
Un poco de obra: La nuca del televisor.


Grafito sobre papel superalfa.
 
Moribundo y la performance.
El año pasado tuve un curso muy bueno de dibujo del natural. En la clase mucho no cundía, eso te lo confirmo yo de primera mano que el profesor casi me ahoga por los dibujos tan catastróficos que elaboraba entre esas paredes de calor asfixiante.
Pues eso, el profesor, admito que no me cayó mal. Supo estimular mi mente y hacerme sacar lo que en esos momentos tenía más dentro que era mi ya tan cacareada ruptura sentimental (justo en los trabajos que elaborábamos en casa). Ahora, ya estoy acabando cuarto y no he perdido del todo el contacto con mi profesor, nos vemos por la facultad y en clase cuando hago visitillas a mi querida amiga Aurora que, para su desgracia, repitió curso con él sabiendo que es un hombre de difícil carácter.
Él, el profesor al que me estoy refiriendo en todo momento, además, sigue realizando obra artística que por desgracia nunca había contemplado, hasta el viernes.
Me mandó Laura un mensaje a mi móvil. Conozco ya nosecuantas Lauras, ésta en concreto vive en mi barrio, el barrio de Aída. Le fiché por el barrio porque llevaba pinta como alternativa y cual fue mi sorpresa cuando le vi en bellas artes.
Una vez que la encontré esperando en la tienda de materiales le asalté y bajo su mirada de susto le expliqué que éramos del mismo barrio y que me hacía mucha ilusión encontrar por fin otro universitario en mi zona residencial.
Entablamos una pequeña amistad que ha ido creciendo y además, le he podido ir recomendando clases y profesores varios, por lo que cogió a mi adorado Don Antonio. Y me avisó de que él había montado una exposición en la calle barquillo que incluía además del ágape habitual, una performance pre visita oficial a la sala.
Yo estaba inmerso en un estado de semi inconsciencia febril que me asalta antes del dibujo a tiempo forzado (cosa de dejar todo para la última semana) pero decidí quedar con ella y no perderme performance ni obra.
Quedamos en la plaza de Chueca con algunos amigos suyos, el camino hasta allí estuvo regado de una conversación agradable. En la plaza sus amigos nos miran, una chica demasiado normal, un chico mariquita y una estudiante erasmus de cuerpo gigantesco. Esperamos a Sara, la mejor amiga de Laura con la que ha mantenido un romance que no pasa por su mejor momento, ellas tienen caracteres muy diferentes (siendo Sara un poco cortante). Nos reunimos el grupo completo y vamos hasta la exposición, en plena zona gay de Madrid.
Veo al profesor, rodeado de artistas dispares y alumnos de otros años expertos en sacar brillo a los traseros con sus propias lenguas. Cuando el peloteo de muchos va a alcanzar el clímax y seguimos en la calle esperando la performance, un coche sale de un aparcamiento portando a las dos performers que iban a interpretar danza kabuki desnudas recorriendo una calle entera. Aurora llega y me reconforta verla, caminamos hacia donde el show iba a dar comienzo y lo hacemos hablando del profesor al que ella no guarda demasiada estima, cuando queremos darnos cuenta él se encuentra justo detrás, por supuesto habiendo oído todo.
Y lo hacen, desnudas, pintadas por completo de blanco se mueven con esos movimientos kabuki que hacen estremecer. Sus caras por lo menos a mí me inspiraban auténtico terror y sus cuerpos tensan y destensan sus musculaturas. Giran, se agachan y se arrastran por la carretera mientras pienso en la cantidad de enfermedades que desarrollarán después del espectáculo. En un cierto momento las chicas se suben una encima de otra regalándome unos planos vaginales para nada deseados, mientras, los coches se paraban alucinados o pitaban furiosos para poder seguir con su camino.
Ya llegan a la galería y acaban con la obra. Los trabajos de mi profesor, realmente interesantes por cierto. Él se acerca a hablar conmigo para preguntarme mi parecer y sólo le falta apartar a mi amiga de un puñetazo, lo que a ella no le sienta demasiado bien.
Como debo dibujar abandono pronto la galería con Aurora y una amiga suya. Por el camino otro traje para el señor Antonio, por supuesto. Me despido en Gran Vía y me voy a casa, con todo mi pesar por abandonar noche tan climáticamente fantástica.
Al llegar, le pido a comunicóloga que me haga unas fotos en calzoncillos para mi trabajo sobre las promesas y me doy cuenta de que todo, al final, se reduce a eso, y más en el arte… desnudos, calzoncillos, coños y pollas.
 
Un poco de obra: La nuca del móvil.


Grafito sobre papel superalfa.
 
Break Moribundo.
Necesito el fin de semana para terminar mis increibles, maravillosos y prodigiosos trabajos a los que yo humíldemente llamo lágrimas de dios hechas arte.
Siento el post telegrama. Stop.