Un poco de obra: Idea07

Collage, carboncillo y barras comté sobre papel rojo.
Moribundo sigue con el campamento.
El caso es que yo tengo amigos monitores. Si, después de una dura convivencia de 15 días en la que los sentimientos se encuentran a flor de piel como si nos encontráramos en la casa de Guadalix de la sierra todos quedan en llamar, quedan en que nos veremos en Madrid, seremos los mejores amigos del mundo y recorreremos un camino de baldosas amarillas directos a los mejores sitios para emborracharnos. Pero llegados a casa nos olvidamos de nuestras promesas y quedamos a los tres meses si es que llegas a quedar. Luego, de mis compañeros monitores tengo algunos para los que los campamentos son una especie de sueño rosa multiazucarado en el que se lo pasan divinamente, los niños son fantásticos y sus coordinadores una maravilla que les permiten emborracharse todas las noches.
El raro, por lo tanto, debo ser yo, soy el único al que le tocan niños cerdos, compañeros gilipollas y coordinadores que rozan el absurdo tanto en su manera de trabajar como de decir las cosas.
Por ejemplo; en este campamento ha sido la primera vez que he perdido la voz. Estuve dos días sin poder hablar, simplemente de los gritos que debía soltar a mis acampados para que se ducharan de manera correcta. Porque eran sucios y guarros y no me cansaré de repetirlo. Mira que los de la semana, al ser tan mariquitas, estaban siempre esperando la hora de la ducha, pero los de la quincena, sólo me faltó agarrarles del pelo y empotrar sus dientes contra las baldosas de las duchas para que mantuvieran su higiene. Un niño se fue a su casa con los pies tan llenos de mierda que se le comenzaron a hinchar, por otro lado, él me insistía en que podía ducharse sin jabón perfectamente. A otro estuve a punto de decirle que deseaba que se fuera a su puta casa, pero me quedé con el “pu…” en la boca.
Y la de cosas que tuve que ver en el tiempo de ducha… Mis pobres retinas sufrieron lo nunca visto, al principio mis niños eran recatados pero después… No paraban de tocarse, provocándome profundas arcadas y lo más fuerte, mientras se vestían les pillé imitando una sodomización, cosa que corté de inmediato con grito y vena que se hinchaba encima de mi ojo derecho.
Dejando atrás la imitación de conductas homosexuales, también estuve a puntito de pegarme con otro monitor. Este monitor es el típico amiguito de los niños, tan, tan amigo que deja de hacer sus cometidos y se convierte en un acampado más. El pobre tuvo la desgracia de conocerme el año pasado donde logré que todos los monitores le odiaran con mi misma fuerza, pero este año al estar bajo de defensas no pude maquinar contra su persona de manera correcta. Él, que se llama Víctor, me puso un mote que Pablo me contó, pues en el autobús ya iban contando historias sobre mí (todas malas espero), mi mote era “El caras”. Y es cierto, en el momento que piense que eres gilipollas, mi gesto no podrá imitar otra pose que la del odio supremo hacia tu persona. Víctor intentó programar un torneo de fútbol entre niños, cuyos ganadores jugarían un partido contra los monitores, yo obvié participar pues eso iría contra la religión moribunda. Mis niños llegaron a la ducha tres cuartos de hora tarde mientras les llamaba por megafonía a viva voz, y cuando llegaron, el mejor parado apareció con la cadera totalmente hinchada de una patada que mi compañero ni siquiera vio. Cuando le vi, exacto, le monté un pollo. Le expuse que podría haber montado dos torneos, uno para pequeños (los de edad aproximada a mi tutoría) y otro para grandes, que los de menor edad necesitan horarios estrictos porque si no eso era un descontrol…. Cuando le apeteció me dejó con la palabra en la boca y se marchó haciendo mi ira aún mayor. Aproveché y junto a Pablo le pusimos fino en la reunión con la coordinadora y él no objetó nada cuando se le dio la palabra, solamente un pequeño “No tengo nada que decir”, acompañado de un gesto enfurruñado de adolescente.
Además he podido observar otro tipo de monitor con el que también tuve un par de encontronazos que le encantaba, como decirlo, intentar follarse a las niñitas de 17 años y de paso, mirarlas de forma lasciva cuando llevaban bikini, de manera tan descarada que incluso una de las chicas mayores me lo comentó. Este tipo que, of course, era amigo de Víctor, tenía tendencias de coordinador, o lo que es lo mismo, les encantaba mandarte como si estuvieras a su cargo. Claro que yo me pasaba sus indicaciones por donde os imagináis, siendo bastante hijoputa.
Y con todo esto, me vuelvo a ir el día uno, esta vez con sólo cincuenta niños y algo más de ganas gracias al campamento urbano.
Siempre supe de mis tendencias masoquistas.
El raro, por lo tanto, debo ser yo, soy el único al que le tocan niños cerdos, compañeros gilipollas y coordinadores que rozan el absurdo tanto en su manera de trabajar como de decir las cosas.
Por ejemplo; en este campamento ha sido la primera vez que he perdido la voz. Estuve dos días sin poder hablar, simplemente de los gritos que debía soltar a mis acampados para que se ducharan de manera correcta. Porque eran sucios y guarros y no me cansaré de repetirlo. Mira que los de la semana, al ser tan mariquitas, estaban siempre esperando la hora de la ducha, pero los de la quincena, sólo me faltó agarrarles del pelo y empotrar sus dientes contra las baldosas de las duchas para que mantuvieran su higiene. Un niño se fue a su casa con los pies tan llenos de mierda que se le comenzaron a hinchar, por otro lado, él me insistía en que podía ducharse sin jabón perfectamente. A otro estuve a punto de decirle que deseaba que se fuera a su puta casa, pero me quedé con el “pu…” en la boca.
Y la de cosas que tuve que ver en el tiempo de ducha… Mis pobres retinas sufrieron lo nunca visto, al principio mis niños eran recatados pero después… No paraban de tocarse, provocándome profundas arcadas y lo más fuerte, mientras se vestían les pillé imitando una sodomización, cosa que corté de inmediato con grito y vena que se hinchaba encima de mi ojo derecho.
Dejando atrás la imitación de conductas homosexuales, también estuve a puntito de pegarme con otro monitor. Este monitor es el típico amiguito de los niños, tan, tan amigo que deja de hacer sus cometidos y se convierte en un acampado más. El pobre tuvo la desgracia de conocerme el año pasado donde logré que todos los monitores le odiaran con mi misma fuerza, pero este año al estar bajo de defensas no pude maquinar contra su persona de manera correcta. Él, que se llama Víctor, me puso un mote que Pablo me contó, pues en el autobús ya iban contando historias sobre mí (todas malas espero), mi mote era “El caras”. Y es cierto, en el momento que piense que eres gilipollas, mi gesto no podrá imitar otra pose que la del odio supremo hacia tu persona. Víctor intentó programar un torneo de fútbol entre niños, cuyos ganadores jugarían un partido contra los monitores, yo obvié participar pues eso iría contra la religión moribunda. Mis niños llegaron a la ducha tres cuartos de hora tarde mientras les llamaba por megafonía a viva voz, y cuando llegaron, el mejor parado apareció con la cadera totalmente hinchada de una patada que mi compañero ni siquiera vio. Cuando le vi, exacto, le monté un pollo. Le expuse que podría haber montado dos torneos, uno para pequeños (los de edad aproximada a mi tutoría) y otro para grandes, que los de menor edad necesitan horarios estrictos porque si no eso era un descontrol…. Cuando le apeteció me dejó con la palabra en la boca y se marchó haciendo mi ira aún mayor. Aproveché y junto a Pablo le pusimos fino en la reunión con la coordinadora y él no objetó nada cuando se le dio la palabra, solamente un pequeño “No tengo nada que decir”, acompañado de un gesto enfurruñado de adolescente.
Además he podido observar otro tipo de monitor con el que también tuve un par de encontronazos que le encantaba, como decirlo, intentar follarse a las niñitas de 17 años y de paso, mirarlas de forma lasciva cuando llevaban bikini, de manera tan descarada que incluso una de las chicas mayores me lo comentó. Este tipo que, of course, era amigo de Víctor, tenía tendencias de coordinador, o lo que es lo mismo, les encantaba mandarte como si estuvieras a su cargo. Claro que yo me pasaba sus indicaciones por donde os imagináis, siendo bastante hijoputa.
Y con todo esto, me vuelvo a ir el día uno, esta vez con sólo cincuenta niños y algo más de ganas gracias al campamento urbano.
Siempre supe de mis tendencias masoquistas.
Un poco de obra: Idea06

Barras comté, carboncillo y collage sobre papel caballo.
El peor campamento Moribundo.
Cuando una empresa lleva a sus trabajadores de una manera tan familiar es fantástico como se aprovechan de ti, te sacan los ojos si pueden a la menor ocasión y, of course, siempre con una gran sonrisa.
Al terminar mi campamento de una semana con los mari-niños tuve que volverme a Madrid con ellos en el autobús, hacer noche en casa y regresar al día siguiente. Por suerte pude hacer algo de colada, dormir en una cama que pase los controles de calidad de la comunidad europea y aguantar todos los posibles comentarios despectivos de mi entorno familiar “Mira que sucio vienes”, “¿Es que allí no te afeitas?”, “Pues este año no vienes más delgado”…
Como ya he dicho, según trabajas para alguien y les demuestras que eres el súper monitor, el más gracioso, el más trabajador y el más responsable, empiezan a lloverte encargos como ser responsable de un autobús con cincuenta niños por el mismo sueldo que cobraste cuando tus deberes fueron muchos menos, pero eso si, yo cumplo como el que más. Pasé lista según iban llegando e incluso lidié con un padre que arrancó la lista de acampados de entre mis manos alegando que no se me entendía nada cuando leía, nunca he comprendido como existe gente tan poco cívica con los ortodóncicos… y mira que yo leo bastante bien e incluso hago entonaciones, supongo yo que de tanto utilizar la garganta algo positivo hemos de sacar.
Y me fui al campamento, eso si, al campamento grande, al campamento con mayúsculas que muchos no resisten. Nada más llegar exacto, radiografías. Demasiados monis chico a primer golpe de vista, los chicos extraños y las chicas extremadamente monas. No pude verlos mucho porque enseguida me largué a la habitación con mi tutoría y descubro con asombro que me han vuelto a dar los niños pequeños y que repito con tres niños del año pasado, el lento, el malo que parece bueno y el niño demonio imaginad porqué le llamo así.
Los monitores de prácticas, horribles. Tremendamente cerrados, las primeras conversaciones totalmente forzadas, ellos hicieron su grupito y los veteranos nos juntamos por nuestro lado ante aquel panorama. Nunca antes me habían cortado tanto el rollo, empezaba chistes y los dejaba sin terminar frente a la desgana y ni historias como el día que desvalijé una tienda de chuches o cuando casi roban mi furgoneta conseguían captar la atención, me rendí muy rápido. Los niños, unos cerdos. Tan cerdos que casi vomitaba al entrar en esa habitación con olor a pies putrefactos, ¿Cómo cuerpos tan pequeños pueden supurar segregaciones con semejante hedor? Parecía que nada iba a salvar aquel campamento que ya adelanta el título del post ha sido el peor que he vivido por la desidia.
Pero una noche estaba yo hablando con mi amigo Andrés, le había enseñado la canción de Sarassas music que Arc me recomendó. Nos estábamos muriendo de risa y conseguí meter a uno de prácticas en la conversación, empecé a hablar de Fangoria, de Alaska, de la Prohibida… todos esos iconos gays que idolatro y que él parecía idolatrar de igual manera… y empecé a sospechar. Pablo es un chico formal, alto y de complexión media, con un estilo de ropa alternativo. Él era compañero mío en la biblioteca del campamento junto a la prima de mi amiga Aurora que también estaba de prácticas. En la biblioteca te quedas sin hora de siesta mientras repartes barajas de cartas llenando el tiempo libre de todos aquellos conjuntos de órganos que llamamos niños.
En la biblioteca se produjo el siguiente diálogo:
Hairblue: -“Bueno, pues después del campa a ver si quedamos antes de que la gente se vaya de vacaciones”
Pablo: -“Si, yo la semana siguiente al volver me voy a Barcelona, pero después podemos quedar”
María (Prima de Aurora): -“¿Y vas tú sólo?”
P: -“No”
M: -“(En plan supercotilla) ¿Y con quién vas?
P: -“Ehm…”
M: -“¿Con tus padres?
P: -“No”
M: -“¿Con amigos?”
P: -“No”
M: -“¿Con tu novia?
P: -“No exactamente…”
Hairblue: -“(Captando indirectas) ¿Barcelona? ¡Y qué bonita que es! ¡Y la sagrada familia, preciosa! ¡Preciosa!”
M: -“¿Con tu amante?”
P: -“Algo parecido…”
Era Gay. Su complexión física no era precisamente la más acertada pero los pocos días antes de acabar el campamento estuvimos todo el rato juntos y una noche estuvimos hablando casi dos horas de arte, una conversación a un nivel que sólo he mantenido entre estudiantes de bellas artes. Además el día antes de irnos todo el rato juntos… todo el rato hablando y hablando… él con voz grave, la misma que me contó que la persona con la que se iba a Barcelona era su ex, que está viendo si van a seguir con la historia, que lo decidieron hace poco y que él no estaba seguro, que le apetecía conocer gente nueva y que en Madrid nos llamásemos.
En el peor campamento conozco a un monitor y siento por él algo especial que no he sentido en mucho tiempo, cuando estamos a punto de enrollarnos me cuenta lo de su novio y me quedo como estaba. Ya ha pasado la semana de Barcelona y no sé si enviarle un mensaje… Me gusta mucho Pablo.
Al terminar mi campamento de una semana con los mari-niños tuve que volverme a Madrid con ellos en el autobús, hacer noche en casa y regresar al día siguiente. Por suerte pude hacer algo de colada, dormir en una cama que pase los controles de calidad de la comunidad europea y aguantar todos los posibles comentarios despectivos de mi entorno familiar “Mira que sucio vienes”, “¿Es que allí no te afeitas?”, “Pues este año no vienes más delgado”…
Como ya he dicho, según trabajas para alguien y les demuestras que eres el súper monitor, el más gracioso, el más trabajador y el más responsable, empiezan a lloverte encargos como ser responsable de un autobús con cincuenta niños por el mismo sueldo que cobraste cuando tus deberes fueron muchos menos, pero eso si, yo cumplo como el que más. Pasé lista según iban llegando e incluso lidié con un padre que arrancó la lista de acampados de entre mis manos alegando que no se me entendía nada cuando leía, nunca he comprendido como existe gente tan poco cívica con los ortodóncicos… y mira que yo leo bastante bien e incluso hago entonaciones, supongo yo que de tanto utilizar la garganta algo positivo hemos de sacar.
Y me fui al campamento, eso si, al campamento grande, al campamento con mayúsculas que muchos no resisten. Nada más llegar exacto, radiografías. Demasiados monis chico a primer golpe de vista, los chicos extraños y las chicas extremadamente monas. No pude verlos mucho porque enseguida me largué a la habitación con mi tutoría y descubro con asombro que me han vuelto a dar los niños pequeños y que repito con tres niños del año pasado, el lento, el malo que parece bueno y el niño demonio imaginad porqué le llamo así.
Los monitores de prácticas, horribles. Tremendamente cerrados, las primeras conversaciones totalmente forzadas, ellos hicieron su grupito y los veteranos nos juntamos por nuestro lado ante aquel panorama. Nunca antes me habían cortado tanto el rollo, empezaba chistes y los dejaba sin terminar frente a la desgana y ni historias como el día que desvalijé una tienda de chuches o cuando casi roban mi furgoneta conseguían captar la atención, me rendí muy rápido. Los niños, unos cerdos. Tan cerdos que casi vomitaba al entrar en esa habitación con olor a pies putrefactos, ¿Cómo cuerpos tan pequeños pueden supurar segregaciones con semejante hedor? Parecía que nada iba a salvar aquel campamento que ya adelanta el título del post ha sido el peor que he vivido por la desidia.
Pero una noche estaba yo hablando con mi amigo Andrés, le había enseñado la canción de Sarassas music que Arc me recomendó. Nos estábamos muriendo de risa y conseguí meter a uno de prácticas en la conversación, empecé a hablar de Fangoria, de Alaska, de la Prohibida… todos esos iconos gays que idolatro y que él parecía idolatrar de igual manera… y empecé a sospechar. Pablo es un chico formal, alto y de complexión media, con un estilo de ropa alternativo. Él era compañero mío en la biblioteca del campamento junto a la prima de mi amiga Aurora que también estaba de prácticas. En la biblioteca te quedas sin hora de siesta mientras repartes barajas de cartas llenando el tiempo libre de todos aquellos conjuntos de órganos que llamamos niños.
En la biblioteca se produjo el siguiente diálogo:
Hairblue: -“Bueno, pues después del campa a ver si quedamos antes de que la gente se vaya de vacaciones”
Pablo: -“Si, yo la semana siguiente al volver me voy a Barcelona, pero después podemos quedar”
María (Prima de Aurora): -“¿Y vas tú sólo?”
P: -“No”
M: -“(En plan supercotilla) ¿Y con quién vas?
P: -“Ehm…”
M: -“¿Con tus padres?
P: -“No”
M: -“¿Con amigos?”
P: -“No”
M: -“¿Con tu novia?
P: -“No exactamente…”
Hairblue: -“(Captando indirectas) ¿Barcelona? ¡Y qué bonita que es! ¡Y la sagrada familia, preciosa! ¡Preciosa!”
M: -“¿Con tu amante?”
P: -“Algo parecido…”
Era Gay. Su complexión física no era precisamente la más acertada pero los pocos días antes de acabar el campamento estuvimos todo el rato juntos y una noche estuvimos hablando casi dos horas de arte, una conversación a un nivel que sólo he mantenido entre estudiantes de bellas artes. Además el día antes de irnos todo el rato juntos… todo el rato hablando y hablando… él con voz grave, la misma que me contó que la persona con la que se iba a Barcelona era su ex, que está viendo si van a seguir con la historia, que lo decidieron hace poco y que él no estaba seguro, que le apetecía conocer gente nueva y que en Madrid nos llamásemos.
En el peor campamento conozco a un monitor y siento por él algo especial que no he sentido en mucho tiempo, cuando estamos a punto de enrollarnos me cuenta lo de su novio y me quedo como estaba. Ya ha pasado la semana de Barcelona y no sé si enviarle un mensaje… Me gusta mucho Pablo.
Un poco de obra: Idea05

Carboncillo y barras comté sobre papel ingres.
Moribundo S.O.S.
Como vivo por encima de mis posibilidades como cualquier buen artista adicto a la bohemia me vi obligado a aceptar un campa urbano que se solapó con el anterior. No he tenido descanso de niños y no puedo ponerme al día con los blogs...
Nunca entenderé la pedofilia...
Nunca entenderé la pedofilia...
Un poco de obra: Idea04

Carboncillo y barra comté sobre papel ingres.
Moribundo y la semana.
Ya no se cuantas veces me habré hecho la pregunta de porqué todos los años me torturo con campamentos de niños gritones y malcriados. Casi siempre me respondo que es por lo de la experiencia, por (muy importante) lo del dinero, conocer nuevos amigos y salir de Madrid un poco, porque pese a declararme Madridófilo por entero reconozco que una buena limpieza nunca viene mal.
Este año ha fallado algo muy importante para mí en los dos campamentos que llevo hechos por ahora, ese fallo tan gordo han sido los monitores. Este año no pude hacer chorradas suficientes, no pude hacer chistes continuamente, no pude hacer demasiadas bromas y ni me disfracé mucho ni llegué a travestirme… Notaba que me censuraban con la mirada. La censura normalmente me la paso yo por el arco del triunfo por ser un poco elegantes sin dejar de ser claros, pero no se…
Seguiré siendo sincero; a los campamentos voy a pasármelo bien. Reconozco lo de la vocación educadora porque sin ella no aguantaría ni a preadolescentes ni a algunas personas que me rodean, pero la verdadera razón para irme tanto tiempo a un sitio donde las moscas están locas y no se asustan cuando les das manotazos es, por supuesto, yo.
Me fui al campamento mediano (son tres los que posee la empresa). El autobús del que me nombraron responsable salía de Alcorcón y allí quedé con Chencho, cuya compañía disfruté durante toda la semana. Los niños, como siempre. Para mí ya no tienen distinciones unos de otros, es como si delante de mí colocaran cuadrillas de clones que gritan y no son capaces de mantenerse sentados tranquilamente en los asientos del autobús. Atiendo a madres preocupadas por las alergias de sus hijos; “el mío es asmático”, “el mío tiene alergia al pelo de animales”, “el mío es alérgico a la piel del melocotón”… Y yo; “No se preocupe señora, se lo comunicaré al ATS”, borrando automáticamente de mi cerebro lo que me acababa de decir. Salimos pitando con Simón el conductor y llegamos los primeros al campamento, pillando casi en bragas al resto de monitores que allí nos esperaba pero claro, no tan pronto.
Primeras presentaciones y designan las tutorías. Hago las radiografías pertinentes, una chica “monitora alternativa” con bastante cara de putón, un chico algo alternativo también, pero moderado, una lesbiana de pelo corto y ropa ancha y un chico arquetipo fibrado con cara de lerdo que se me atraganta nada más verle. Por suerte contaba con mi amiga Sara la judoka y Chencho.
La tutoría como la de todos los años pero con un punto mariquita recatado que me mareaba. Parece mentira que los niños siendo niños tengan tanto pudor, que si me ducho con bañador, que si no me mire nadie cuando me cambio… Y lo mejor fue al principio cuando tuve que matar una araña, cosa que era superior a mí pero que delante de los niños debía disimular. En mi descargo diré que la araña era gigante y que al intentar aplastarla saltó hacia mí mientras yo desvelé todo mi mariconismo innato con un salto entre literas y un grito, claro que el ataque histérico se contagió a todos los niños que se agitaron con todavía más grititos y alzamientos de brazos, quedando yo alucinado. Se lo decía yo a Chencho, tengo un grupo de niños mariquitas.
Lo mejor fue que la monitora alternativa y el chico de aspecto alternativo y altura desmesurada habían sido pareja en el pasado. Parecía que llevaban bien trabajar juntos, pero según pasaban los días las cosas se iban calentando. Por ejemplo; estábamos cenando cuando los dos comenzaban a discutir por tonterías, y yo que soy tonto cada vez que se lanzaban una indirecta hiriente imitaba el sonido de un látigo para darle mayor énfasis. Una de esas veces se desarrolló un diálogo de lo más divertido:
Hairblue: “(Siendo cabrón) Es una pena que ya no estéis juntos, hacéis una buena pareja, aunque claro, yo en las razones de vuestra ruptura no me meto, simplemente expreso una opinión.”
Chico Alternativo: “Bueno, realmente las razones de la ruptura nunca quedaron claras.”
Chica Alternativa: “(Furibunda) ¡Ya te las dije en su momento!”
Chico: “¡Ja! ¿¡En su momento!? ¡Ah, si! ¡Me las dijiste un año después!”
Chica: “¡Vamos a dejar este tema porque yo no te dejé por Christopher!” (El novio actual)
Chico: “Por eso te liaste con él antes de dejarme”
Hairblue: “¡Umm! Una discusión durante la cena, me siento como en casa”
Y más, queda más por contar…
Este año ha fallado algo muy importante para mí en los dos campamentos que llevo hechos por ahora, ese fallo tan gordo han sido los monitores. Este año no pude hacer chorradas suficientes, no pude hacer chistes continuamente, no pude hacer demasiadas bromas y ni me disfracé mucho ni llegué a travestirme… Notaba que me censuraban con la mirada. La censura normalmente me la paso yo por el arco del triunfo por ser un poco elegantes sin dejar de ser claros, pero no se…
Seguiré siendo sincero; a los campamentos voy a pasármelo bien. Reconozco lo de la vocación educadora porque sin ella no aguantaría ni a preadolescentes ni a algunas personas que me rodean, pero la verdadera razón para irme tanto tiempo a un sitio donde las moscas están locas y no se asustan cuando les das manotazos es, por supuesto, yo.
Me fui al campamento mediano (son tres los que posee la empresa). El autobús del que me nombraron responsable salía de Alcorcón y allí quedé con Chencho, cuya compañía disfruté durante toda la semana. Los niños, como siempre. Para mí ya no tienen distinciones unos de otros, es como si delante de mí colocaran cuadrillas de clones que gritan y no son capaces de mantenerse sentados tranquilamente en los asientos del autobús. Atiendo a madres preocupadas por las alergias de sus hijos; “el mío es asmático”, “el mío tiene alergia al pelo de animales”, “el mío es alérgico a la piel del melocotón”… Y yo; “No se preocupe señora, se lo comunicaré al ATS”, borrando automáticamente de mi cerebro lo que me acababa de decir. Salimos pitando con Simón el conductor y llegamos los primeros al campamento, pillando casi en bragas al resto de monitores que allí nos esperaba pero claro, no tan pronto.
Primeras presentaciones y designan las tutorías. Hago las radiografías pertinentes, una chica “monitora alternativa” con bastante cara de putón, un chico algo alternativo también, pero moderado, una lesbiana de pelo corto y ropa ancha y un chico arquetipo fibrado con cara de lerdo que se me atraganta nada más verle. Por suerte contaba con mi amiga Sara la judoka y Chencho.
La tutoría como la de todos los años pero con un punto mariquita recatado que me mareaba. Parece mentira que los niños siendo niños tengan tanto pudor, que si me ducho con bañador, que si no me mire nadie cuando me cambio… Y lo mejor fue al principio cuando tuve que matar una araña, cosa que era superior a mí pero que delante de los niños debía disimular. En mi descargo diré que la araña era gigante y que al intentar aplastarla saltó hacia mí mientras yo desvelé todo mi mariconismo innato con un salto entre literas y un grito, claro que el ataque histérico se contagió a todos los niños que se agitaron con todavía más grititos y alzamientos de brazos, quedando yo alucinado. Se lo decía yo a Chencho, tengo un grupo de niños mariquitas.
Lo mejor fue que la monitora alternativa y el chico de aspecto alternativo y altura desmesurada habían sido pareja en el pasado. Parecía que llevaban bien trabajar juntos, pero según pasaban los días las cosas se iban calentando. Por ejemplo; estábamos cenando cuando los dos comenzaban a discutir por tonterías, y yo que soy tonto cada vez que se lanzaban una indirecta hiriente imitaba el sonido de un látigo para darle mayor énfasis. Una de esas veces se desarrolló un diálogo de lo más divertido:
Hairblue: “(Siendo cabrón) Es una pena que ya no estéis juntos, hacéis una buena pareja, aunque claro, yo en las razones de vuestra ruptura no me meto, simplemente expreso una opinión.”
Chico Alternativo: “Bueno, realmente las razones de la ruptura nunca quedaron claras.”
Chica Alternativa: “(Furibunda) ¡Ya te las dije en su momento!”
Chico: “¡Ja! ¿¡En su momento!? ¡Ah, si! ¡Me las dijiste un año después!”
Chica: “¡Vamos a dejar este tema porque yo no te dejé por Christopher!” (El novio actual)
Chico: “Por eso te liaste con él antes de dejarme”
Hairblue: “¡Umm! Una discusión durante la cena, me siento como en casa”
Y más, queda más por contar…