Este moribundo se acaba.
Moribundo por el arte ha aprendido html. Bueno, nivel básico-usuario-blogger pero algo ha retenido mi cerebro.
La cosa es que este blog ya no sirve, es feo, huele mal y las imágenes no se aprecian y eso me sulfura por dentro haciendo que en mis manos salgan estigmas de lo más católicos.
El lunes voy a comenzar una nueva era de moribundo por el arte en http://moribundoporelarte.blogspot.com/ .
El primer post va a ser desgarrador, un documento que no dejará indiferente...
Muchas gracias por leerme, ya me despediré de esta mi casa durante tanto tiempo como debe en mi nueva mansión de diseño, mientras...
Búscame aquí
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Lunes 25 nuevo moribundo.
La cosa es que este blog ya no sirve, es feo, huele mal y las imágenes no se aprecian y eso me sulfura por dentro haciendo que en mis manos salgan estigmas de lo más católicos.
El lunes voy a comenzar una nueva era de moribundo por el arte en http://moribundoporelarte.blogspot.com/ .
El primer post va a ser desgarrador, un documento que no dejará indiferente...
Muchas gracias por leerme, ya me despediré de esta mi casa durante tanto tiempo como debe en mi nueva mansión de diseño, mientras...
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Lunes 25 nuevo moribundo.
Etiquetas: moribundoporelarte
Un poco de obra: Hábito (cuaderno de apuntes)

Comté y lápices acuarelables sobre papel.
Ya queda poco para cambiar de vestuario y dejar servidores poco amistosos.
Blossom Moribunda.
Blossom ahora es neurocirujano. Blossom AHORA es NEUROCIRUJANO.
Eso fue lo que me contó comunicóloga hará ya unos cuantos días. No me había dado cuenta de lo mucho que he cambiado en este tiempo escribiendo hasta que escuché esa estúpida y jodida frase sobre la chica de nariz supina.
Quizá algunos no sepáis quién es Blossom, pero este personaje fue una famosa serie de los ochenta. La chica no era demasiado agraciada visualmente pero la serie tenía cierta gracia. Ella estaba condenada a vivir en una casa llena de hombres, pues su madre se había separado o muerto o algo trágico emocionalmente que es lo que más gusta en las series norteamericanas. Ella debía superar cosas como su primera regla, el primer beso, el primer polvo, que su amiga Six fuese cleptómana… con humor y mucho cariño comprensivo “made in moralismo estadounidense” salía airosa de todas estas situaciones.
Cuando yo veía esta serie la echaban en la primera por las mañanas todo el verano. Antes la primera programaba en las vacaciones tandas de series que se enlazaban dándome la inolvidable experiencia de ocho horas seguidas de televisión recibiendo estereotipos y chistes forzados que fui memorizando, clasificando y poniendo en práctica con el paso de los años.
Nunca lo supe tan claramente como ahora pero yo me sentía como Blossom. Estaba dentro de una casa de tendencias matriarcales donde el estereotipo paterno poco o nada ha tenido alguna vez que hacer. Mi madre estaba encantada de haber tenido un hijo varón, pero no pararon de travestirme continuamente hasta por lo menos lo seis años. Menos mal que ahora no se echan las manos a la cabeza cuando digo frases como “Necesito una peluca rubia para los momentos peluca rubia mamá” o “¿Dónde podría encontrar yo un traje igual que el que llevaba Jackie Kennedy cuando mataron a JFK que me valiese y fuese barato?”.
Lo inexplicable de la serie era que Blossom era heterosexual. Personalmente hubiera preferido que saliera lesbiana pero nada, con un hermano mayor ficticio politoxicómano casado con una chica negra y otro mediano que lo que tenía de cuerpazo se le restaba de cerebro, los guionistas pensaron que el personaje iba servido. Blossom era de una inocencia ochentera que me pega mucho porque aunque parezca que no, en los momentos clave de la vida mi infantilismo sale a relucir dejándome desnudo delante de todos. Los dos compartimos también el gusto por llevar sombreros, ella por la época se vió supedita a una canción de cabecera de serie infame en la que salía vestida con distintos trapitos y sombreros tipo pamela de terciopelo con floripondios gigantes de tela de tapicero. Marcaba estilo Blossom si. Por mi parte mi colección de gorras crece cada día y cada vez más me especializo en gastarme cantidad mayor de dinero en estos objetos (la marca Goorin es mi perdición). Me gusta probarme mis sombreros y prueba de ello es mi colección de fotos en una carpeta que he llamado egocentrismos. Desde gorras, boinas, gorros de lana, de hilo, tipo gangster e incluso mi querida chistera puedes encontrar en esta carpeta donde poso con la cara que ensayo desde que a mi casa llegase la primera cámara digital y todos flipásemos en colores viendo las imágenes por su ventanita mágica.
Blossom también tendría su pose, digo yo. Algún ángulo en donde su nariz no fuese como la de los niños deformados de los hermanos Chapman (eran sustituidas por penes y las bocas por anos dilatados). Mi pose es mantener el mentón alto y las cejas arqueadas, de la boca no hablo porque para nada parece un ano dilatado pero ha albergado ya muchas cosas en su interior igualitas a las que puede contener un ojete bien abierto (perdón por la frase).
Total, que Blossom trabajó en esa serie durante años. Sus padres eran personas responsables y no dilapidaron nada de esa fortuna sino que, cuando todo acabó, brindaron a su hija la oportunidad de estudiar una carrera y ser neurocirujano, pudiendo ayudar a miles de personas en todo el mundo.
Blossom me ha dado confianza renovada en el mundo.
Eso fue lo que me contó comunicóloga hará ya unos cuantos días. No me había dado cuenta de lo mucho que he cambiado en este tiempo escribiendo hasta que escuché esa estúpida y jodida frase sobre la chica de nariz supina.
Quizá algunos no sepáis quién es Blossom, pero este personaje fue una famosa serie de los ochenta. La chica no era demasiado agraciada visualmente pero la serie tenía cierta gracia. Ella estaba condenada a vivir en una casa llena de hombres, pues su madre se había separado o muerto o algo trágico emocionalmente que es lo que más gusta en las series norteamericanas. Ella debía superar cosas como su primera regla, el primer beso, el primer polvo, que su amiga Six fuese cleptómana… con humor y mucho cariño comprensivo “made in moralismo estadounidense” salía airosa de todas estas situaciones.
Cuando yo veía esta serie la echaban en la primera por las mañanas todo el verano. Antes la primera programaba en las vacaciones tandas de series que se enlazaban dándome la inolvidable experiencia de ocho horas seguidas de televisión recibiendo estereotipos y chistes forzados que fui memorizando, clasificando y poniendo en práctica con el paso de los años.
Nunca lo supe tan claramente como ahora pero yo me sentía como Blossom. Estaba dentro de una casa de tendencias matriarcales donde el estereotipo paterno poco o nada ha tenido alguna vez que hacer. Mi madre estaba encantada de haber tenido un hijo varón, pero no pararon de travestirme continuamente hasta por lo menos lo seis años. Menos mal que ahora no se echan las manos a la cabeza cuando digo frases como “Necesito una peluca rubia para los momentos peluca rubia mamá” o “¿Dónde podría encontrar yo un traje igual que el que llevaba Jackie Kennedy cuando mataron a JFK que me valiese y fuese barato?”.
Lo inexplicable de la serie era que Blossom era heterosexual. Personalmente hubiera preferido que saliera lesbiana pero nada, con un hermano mayor ficticio politoxicómano casado con una chica negra y otro mediano que lo que tenía de cuerpazo se le restaba de cerebro, los guionistas pensaron que el personaje iba servido. Blossom era de una inocencia ochentera que me pega mucho porque aunque parezca que no, en los momentos clave de la vida mi infantilismo sale a relucir dejándome desnudo delante de todos. Los dos compartimos también el gusto por llevar sombreros, ella por la época se vió supedita a una canción de cabecera de serie infame en la que salía vestida con distintos trapitos y sombreros tipo pamela de terciopelo con floripondios gigantes de tela de tapicero. Marcaba estilo Blossom si. Por mi parte mi colección de gorras crece cada día y cada vez más me especializo en gastarme cantidad mayor de dinero en estos objetos (la marca Goorin es mi perdición). Me gusta probarme mis sombreros y prueba de ello es mi colección de fotos en una carpeta que he llamado egocentrismos. Desde gorras, boinas, gorros de lana, de hilo, tipo gangster e incluso mi querida chistera puedes encontrar en esta carpeta donde poso con la cara que ensayo desde que a mi casa llegase la primera cámara digital y todos flipásemos en colores viendo las imágenes por su ventanita mágica.
Blossom también tendría su pose, digo yo. Algún ángulo en donde su nariz no fuese como la de los niños deformados de los hermanos Chapman (eran sustituidas por penes y las bocas por anos dilatados). Mi pose es mantener el mentón alto y las cejas arqueadas, de la boca no hablo porque para nada parece un ano dilatado pero ha albergado ya muchas cosas en su interior igualitas a las que puede contener un ojete bien abierto (perdón por la frase).
Total, que Blossom trabajó en esa serie durante años. Sus padres eran personas responsables y no dilapidaron nada de esa fortuna sino que, cuando todo acabó, brindaron a su hija la oportunidad de estudiar una carrera y ser neurocirujano, pudiendo ayudar a miles de personas en todo el mundo.
Blossom me ha dado confianza renovada en el mundo.
Hombre botella: Dibujo final.

Dibujo realizado con carboncillo, lapicero y barra comté. Collage de fotocopias envejecidas con té y cartulina negra.
Moribundo y su ¿última? matrícula.
Estoy sudando, sin afeitar y con la vesícula biliar completamente llena hasta el límite. De todo esto se puede deducir que se ha roto por completo el ciclo vacacional y me enfrento a los primeros atisbos del nuevo curso; me he matriculado ya en mi último año.
Mi cerebro debe reciclarse más rápido de lo que pensaba para almacenar cualquier tipo de basura friki como frases y canciones de los simpsons porque enfrentarme al sistema informático de la universidad complutense me hace sentir siempre como un sans-culotte; quiero prender fuego al ordenador, pisotearlo y volver a enfrentarme a las arpías de secretaria (tener alguien físico delante sirve mucho para desahogarte).
Con Aurora y Sara hemos estado planeando el nuevo curso, pero cuadrar asignaturas por apego sentimental cuando lo que quiero es librarme de la etiqueta de “futuro licenciado” es casi imposible. Además de cuadrar asignaturas hemos estado hablando de los campamentos, la buena de “Auro” hizo sus prácticas este año, hemos conseguido captarla y transformarla a la “monitoris causa”.
Pues eso, desaliñado pero con un punto morboso que me ha gustado cuando pude observarme en el espejo del baño de Sara, he pasado la información que me daba el sistema metanet al papel con un bolígrafo bic cristal. Como matricularme y rellenar cualquier papel que simule un impreso burocrático me anestesia mentalmente incluso he llegado a dudar cuando me preguntaban el primer apellido.
Además el lunes entregué por fin el hombre botella. El trabajo ha quedado fatal, el dibujo bien pero es como uno de mis dibujos de etapas anteriores. Me ha servido para iniciar una etapa mucho más conceptual pero que no he podido explicar en el trabajo entregado. Y entregarlo fue otro número. Quedamos casi todos los del grupo artístico para reir un poco y ponernos al día sobre experiencias vividas y pollas tragadas (creo que de lo segundo había más bien poco). Lady Evil et moi éramos los desheredados que se habían dejado una asignatura para septiembre, aunque me mueva en la media del sobresaliente hay todavía gente peor que yo que no les hace falta ser encantadores (como un servidor) para conseguir buenas notas, se sirven de esfuerzo y dedicación. Con la vergüenza de sabernos indignos por entregar para recuperar acudimos al despacho de la profesora que, of course, no era otra que la buena de Mercedes (mi profesora fetiche).
Tras algún intento dubitativo, llamé a su puerta que se encontraba entreabierta y me invitó a pasar. Pasamos los dos y… salió el tema de los blogs. Aparte de encontrar éste, mi santuario del humor ácido y el chascarrillo escatológico, la buena mujer ha descubierto la otra web donde se postean críticas constructivas y comeduras de tarro varias sobre el mundo de la maravillosa facultad de bellas artes. Incluso (nos comentó), estuvo a punto de dejarnos un mensajito para quedar en chueca y tomarnos unas cervezas, pero su inexperiencia en el mundo de los diarios en Internet se lo impidió. Hablando de blogs, de que ella debiera abrir uno y de cómo comentar posts pasamos un rato de lo más agradable. La guinda fue que nos adelantó que por el simple hecho de vernos interesados y entregar ya disponíamos de un aprobado, quitando el peso de tener que matricularme descontando unos créditos harto necesarios para mí y mis planes de licenciarme ya.
Salí nervioso aunque ella afirmaba no haber podido leer el blog por algún extraño error técnico con su computadora, disimulando fatal dije frases como “Bueno… ¡Jeje! Si lo que escribo tampoco es tan interesante”. ¿Cómo mirar a los ojos a un profesor que está al tanto de mis devaneos y libertinajes? Pero si nos invita a esa cerveza, prometo esfumar cualquier tipo de vergüenza y aparecer allí con mi broche de Debbie, la cantante de Blondie.
Hablo con Blanca después de expulsar mis frustraciones matriculadoras conteniendo la respiración introduciendo la cabeza en el lavabo lleno de agua varias veces, me dice que salgamos el fin de semana a las fiestas de La Elipa (el barrio de su novio). Dice que a lo mejor me presenta a un amigo de Alberto que fijo es gay. Mejor no me afeito, yo me veo muy guapo.
Mi cerebro debe reciclarse más rápido de lo que pensaba para almacenar cualquier tipo de basura friki como frases y canciones de los simpsons porque enfrentarme al sistema informático de la universidad complutense me hace sentir siempre como un sans-culotte; quiero prender fuego al ordenador, pisotearlo y volver a enfrentarme a las arpías de secretaria (tener alguien físico delante sirve mucho para desahogarte).
Con Aurora y Sara hemos estado planeando el nuevo curso, pero cuadrar asignaturas por apego sentimental cuando lo que quiero es librarme de la etiqueta de “futuro licenciado” es casi imposible. Además de cuadrar asignaturas hemos estado hablando de los campamentos, la buena de “Auro” hizo sus prácticas este año, hemos conseguido captarla y transformarla a la “monitoris causa”.
Pues eso, desaliñado pero con un punto morboso que me ha gustado cuando pude observarme en el espejo del baño de Sara, he pasado la información que me daba el sistema metanet al papel con un bolígrafo bic cristal. Como matricularme y rellenar cualquier papel que simule un impreso burocrático me anestesia mentalmente incluso he llegado a dudar cuando me preguntaban el primer apellido.
Además el lunes entregué por fin el hombre botella. El trabajo ha quedado fatal, el dibujo bien pero es como uno de mis dibujos de etapas anteriores. Me ha servido para iniciar una etapa mucho más conceptual pero que no he podido explicar en el trabajo entregado. Y entregarlo fue otro número. Quedamos casi todos los del grupo artístico para reir un poco y ponernos al día sobre experiencias vividas y pollas tragadas (creo que de lo segundo había más bien poco). Lady Evil et moi éramos los desheredados que se habían dejado una asignatura para septiembre, aunque me mueva en la media del sobresaliente hay todavía gente peor que yo que no les hace falta ser encantadores (como un servidor) para conseguir buenas notas, se sirven de esfuerzo y dedicación. Con la vergüenza de sabernos indignos por entregar para recuperar acudimos al despacho de la profesora que, of course, no era otra que la buena de Mercedes (mi profesora fetiche).
Tras algún intento dubitativo, llamé a su puerta que se encontraba entreabierta y me invitó a pasar. Pasamos los dos y… salió el tema de los blogs. Aparte de encontrar éste, mi santuario del humor ácido y el chascarrillo escatológico, la buena mujer ha descubierto la otra web donde se postean críticas constructivas y comeduras de tarro varias sobre el mundo de la maravillosa facultad de bellas artes. Incluso (nos comentó), estuvo a punto de dejarnos un mensajito para quedar en chueca y tomarnos unas cervezas, pero su inexperiencia en el mundo de los diarios en Internet se lo impidió. Hablando de blogs, de que ella debiera abrir uno y de cómo comentar posts pasamos un rato de lo más agradable. La guinda fue que nos adelantó que por el simple hecho de vernos interesados y entregar ya disponíamos de un aprobado, quitando el peso de tener que matricularme descontando unos créditos harto necesarios para mí y mis planes de licenciarme ya.
Salí nervioso aunque ella afirmaba no haber podido leer el blog por algún extraño error técnico con su computadora, disimulando fatal dije frases como “Bueno… ¡Jeje! Si lo que escribo tampoco es tan interesante”. ¿Cómo mirar a los ojos a un profesor que está al tanto de mis devaneos y libertinajes? Pero si nos invita a esa cerveza, prometo esfumar cualquier tipo de vergüenza y aparecer allí con mi broche de Debbie, la cantante de Blondie.
Hablo con Blanca después de expulsar mis frustraciones matriculadoras conteniendo la respiración introduciendo la cabeza en el lavabo lleno de agua varias veces, me dice que salgamos el fin de semana a las fiestas de La Elipa (el barrio de su novio). Dice que a lo mejor me presenta a un amigo de Alberto que fijo es gay. Mejor no me afeito, yo me veo muy guapo.
Hombres Botella 04: Escultura botella.

Primera escultura prueba para el proyecto "Hombres botella". Para la presentación de mi trabajo no ha sido utilizada pero ha dado pie a otro proyecto/instalación que llevaré a cabo. A veces, según vas creando hay cosas que se descartan.
Otra del Reina y Moribundo.
El trabajo del hombre botella me está dejando exhausto. Me he leído el trabajo que el año pasado le entregué a mi querida profesora y sinceramente, me veo incapaz de volver a escribir algo así. Me refiero a algo con sentido, estructura y con cierta armonía lírica que sea merecedora de un sobresaliente. Ahora es cuando sale el ego más gafapasta que poseo pues, con las ideas que estoy teniendo en mi escrito posiblemente no merezca mayor nota que un aprobado o un notable como mucho y yo necesito mis sobresalientes de toda la vida.
Juro que he hecho de todo para inspirarme menos sumergirme en el mundo de los alucinógenos. Incluso el otro día me fui solo a la biblioteca del Reina Sofía. Mandé mensajes a casi toda mi guía del teléfono móvil pero no, todo el mundo estaba ocupado o ni tan siquiera se dignó en contestarme. Salí con Comunicóloga a media tarde, ella iba a su entrevista de trabajo mil quinientos treinta y dos desde que decidió iniciar su periplo por el fantástico mundo laboral. Me bajé en atocha y andandito llegué a mi adorado centro de arte preferido. Decidí despedirme de la exposición “La visión impura” cuyo último día es el once de septiembre. Pensando en que la iban a quitar casi me pongo a llorar, de verdad que ha sido la mejor exposición que he visto nunca en ese museo, todo el mundo debiera haberla visto. Tan emocionado me puse que al salir de revisionar obras tan buenas como la araña de Louise Bourgeois casi le pego un abrazo a la vigilante jurado.
Nunca había entrado a la biblioteca pero si había memorizado su estructura interna mirando desde los ventanales que la librería tiene hacia ella. Dentro tienes que dejar tus cosas a un segurata y un tío estúpido que me trató como si fuera un gilipollas, un turista subnormal:
Hairblue: -“Hola”
Tío Estúpido: -“Hola”
H: -“(Silencio incómodo porque no dice ni una frase hecha como “Me deja su bolsa” o “Sólo permitimos entrar con folios en blanco y bolígrafos”) Bueno…”
TE: -“¿Si?”
H: -“Pues que vengo a entrar en la biblioteca”
TE: -“La biblioteca no puede ser visitada, no es parte de las exposiciones”
H: -“(Mirada llena de furia homicida) Ya… Si mira, es que no vengo a hacer turismo. Estoy realizando una investigación sobre el papel de la anatomía en el…”
TE: -“Yayayaya… Bueno, pues deja aquí la bolsa”
H: “Muy bien, ya sé que sólo se puede entrar con papel y boli. ¡Ale! Hasta luego… Gilipollas (En un tono bajo pero perfectamente audible)”
Allí me paso horas viendo libros sobre William Kentridge y Rebecca Horn sin que esa chispa surja, sin que sienta esa magia que me dice “Ahora si moribundo, ahora vas a dibujar y escribir un trabajo decente”. Intento ver si puedo sacar algún libro pero no, el préstamo está prohibido. Casualmente dentro tienen máquinas copiadoras de esas que con el cambio al euro se pensaron que cinco céntimos eran cinco pesetas porque, oye, si suena casi lo mismo eso debe ser. Menos mal que hubo alguien más imbecil que yo y dejó setenta y cinco de propina para fotocopias dentro de una máquina.
Con el taco de copias, sin inspiración y medio dormido por el soporífero ambiente de mega ultra alternativos visionadores de cine indie con Macs de diseño salgo de la biblioteca a la hora justa en que se pone a llover. La fuerza es tal que creo vi a una monja salir volando disparada bajo la lluvia arrastrada por el viento.
Llamo a mi hermana y me dice que pasó de la entrevista por no encontrar el sitio y que David le fue a buscar. Cuelgo el teléfono y salgo bajo la lluvia que me empapa, al entrar dentro de la estación de Atocha deja de llover automáticamente. Pienso en que debería tener un novio, pero uno con coche y trabajo estable que para eso son los novios.
Recibo un mensaje del profesor de música, que ha estado de vacaciones y que si quiero que quedemos.
Al final todos los seres humanos nos movemos por pura necesidad.
Juro que he hecho de todo para inspirarme menos sumergirme en el mundo de los alucinógenos. Incluso el otro día me fui solo a la biblioteca del Reina Sofía. Mandé mensajes a casi toda mi guía del teléfono móvil pero no, todo el mundo estaba ocupado o ni tan siquiera se dignó en contestarme. Salí con Comunicóloga a media tarde, ella iba a su entrevista de trabajo mil quinientos treinta y dos desde que decidió iniciar su periplo por el fantástico mundo laboral. Me bajé en atocha y andandito llegué a mi adorado centro de arte preferido. Decidí despedirme de la exposición “La visión impura” cuyo último día es el once de septiembre. Pensando en que la iban a quitar casi me pongo a llorar, de verdad que ha sido la mejor exposición que he visto nunca en ese museo, todo el mundo debiera haberla visto. Tan emocionado me puse que al salir de revisionar obras tan buenas como la araña de Louise Bourgeois casi le pego un abrazo a la vigilante jurado.
Nunca había entrado a la biblioteca pero si había memorizado su estructura interna mirando desde los ventanales que la librería tiene hacia ella. Dentro tienes que dejar tus cosas a un segurata y un tío estúpido que me trató como si fuera un gilipollas, un turista subnormal:
Hairblue: -“Hola”
Tío Estúpido: -“Hola”
H: -“(Silencio incómodo porque no dice ni una frase hecha como “Me deja su bolsa” o “Sólo permitimos entrar con folios en blanco y bolígrafos”) Bueno…”
TE: -“¿Si?”
H: -“Pues que vengo a entrar en la biblioteca”
TE: -“La biblioteca no puede ser visitada, no es parte de las exposiciones”
H: -“(Mirada llena de furia homicida) Ya… Si mira, es que no vengo a hacer turismo. Estoy realizando una investigación sobre el papel de la anatomía en el…”
TE: -“Yayayaya… Bueno, pues deja aquí la bolsa”
H: “Muy bien, ya sé que sólo se puede entrar con papel y boli. ¡Ale! Hasta luego… Gilipollas (En un tono bajo pero perfectamente audible)”
Allí me paso horas viendo libros sobre William Kentridge y Rebecca Horn sin que esa chispa surja, sin que sienta esa magia que me dice “Ahora si moribundo, ahora vas a dibujar y escribir un trabajo decente”. Intento ver si puedo sacar algún libro pero no, el préstamo está prohibido. Casualmente dentro tienen máquinas copiadoras de esas que con el cambio al euro se pensaron que cinco céntimos eran cinco pesetas porque, oye, si suena casi lo mismo eso debe ser. Menos mal que hubo alguien más imbecil que yo y dejó setenta y cinco de propina para fotocopias dentro de una máquina.
Con el taco de copias, sin inspiración y medio dormido por el soporífero ambiente de mega ultra alternativos visionadores de cine indie con Macs de diseño salgo de la biblioteca a la hora justa en que se pone a llover. La fuerza es tal que creo vi a una monja salir volando disparada bajo la lluvia arrastrada por el viento.
Llamo a mi hermana y me dice que pasó de la entrevista por no encontrar el sitio y que David le fue a buscar. Cuelgo el teléfono y salgo bajo la lluvia que me empapa, al entrar dentro de la estación de Atocha deja de llover automáticamente. Pienso en que debería tener un novio, pero uno con coche y trabajo estable que para eso son los novios.
Recibo un mensaje del profesor de música, que ha estado de vacaciones y que si quiero que quedemos.
Al final todos los seres humanos nos movemos por pura necesidad.
Un poco de Sorry: Postal Navideña.

Postal realizada con acrílico, polvo de mármol y papel sobre cartulina. Regalo de Lady Evil a Hairblue (2003)
Escribí un post y critiqué un tipo de friki. El comentario iba dirigido a uno en concreto que me hizo sentir estúpido por el hecho de vestir de manera algo llamativa y de ahí mi tono destrozador, pues meterte con moribundo puede salirte caro.
El novio de Lady Evil lo leyó y se sintió identificado con la descripción por lo que rectificar es de sabios y sapiencia tengo para dar y tomar. Adoro los frikis, son los guionistas de mis programas preferidos, los directores de las mejores pelis, los dibujantes de los cómics más alucinantes y un largo etcétera. Su novio merece todo el respeto por englobarse dentro de un grupo y yo hice mal en generalizar.
Por eso deseo la muerte al otro chico y le brindo todo mi amor al consorte de mi amiga. Novio = Bueno, Capullo = Malo.
Moribundo y los de Madrid.
Quedé por fin con Edu. El pobre llevaba pidiéndome de vuelta un libro que me prestó hacía casi seis meses. Yo quería devolvérselo pero el infortunio jugaba en mi contra constantemente y es lo que tiene el infortunio, que si está de no salir no sale. Por otro lado ni por asomo soy de esas personas que se quedan las cosas de los demás como vulgares urracas, mi intención era devolverlo, el libro me miraba desde mi cajón de manera acusadora como el corazón delator y su “Devuélveme” se clavaba en mi cerebelo de manera punzante y repetitiva.
Fuimos a la piscina de Lago. Nunca había estado allí y me sorprendió la zona exclusiva de mariquitas que tenemos en la piscina de arriba. No, no es que haya carteles de “Maricón, tu toalla aquí”, es una barrera ideológica. Nos acurrucamos en un rincón donde el césped rezumaba agua mojando las toallas, un poco de asquito. Nos pusimos al día de todo y devolví el libro a su legítimo dueño. Me contó lo de su cena anterior con los bloggers de Madrid y me dio algo de envidia (todo el mundo sabe que entre mis muchos defectos está la envidia) por lo que prometió avisarme de la próxima cena y así ampliar el círculo de conocidos desquiciados por la egomanía que recurren a un blog como terapia.
Los mails de preparación comenzaron y al final se dio a luz día y hora. Mientras esto pasaba yo estaba desquiciado revolviendo mi armario de arriba abajo, pensando qué ponerme. Mi idea era intentar no ir demasiado recargado, a veces mi obsesión por el complemento me hace ir como un árbol de navidad y la primera impresión entre personas que tendemos a convertir en literatura nuestras experiencias personales, era muy importante. Al final camiseta negra, pantalón de traje, cinturón corbata y zapatos, un look de chapero casual del que me estuve arrepintiendo toda la velada.
Llegué a la hora en punto pese a mis intentos de llegar unos minutos tarde (lo que impone la etiqueta del glamour) Allí esperaban Perlimpina, Eva Luna y El Ave que me reconocieron porque Edu les dio una descripción mía por teléfono, seguramente algo parecido a “es un joven y exuberante efebo de proporciones áureas, con gafas de pasta azules”, nunca lo sabremos. Al poco de llegar el enfermero nos fuimos juntitos al museo del jamón donde la cerveza pasaba del vaso a nuestros cuerpos de manera rápida, de alguna manera debíamos compensar el desgaste salivar que conversaciones tan amenas sobre palizas y accidentes de coche provocaban.
Cenamos en el Da Nicola y descubrí su carta celiaca (por fin iré a un italiano con Blanca). Allí el grupo se completó con Koeps, Paco y Lallamada. Lambrusco para regar la cena que sin pensar mezclaba con cerveza. Pagamos y propuse ir al Sherry (o Cherry), la idea gustó pese a la insistencia de Ave por ir a bailar. Los minis azules son mis favoritos y corrieron al menos siete que me mente retuviera. Allí las conversaciones ya iban por los derroteros interesantes, pollas y coños, siempre desde un punto de blog friki y discusiones apasionantes sobre “Yo a mi plantilla le hice tal”, “Pues la mía con esto queda como los chorros del oro”…
Bebidos y con la lengua azul por los minis nos largamos a chueca, ahora que lo pienso no recuerdo cómo llegamos hasta la plaza… Probé un vermú terrible que casi saca mis ojos de sus órbitas y entramos al Escape donde pagué con los últimos ocho euros que me quedaban de presupuesto y todo el dolor de mi alma. La música no demasiado buena excepto por algún momento Madonna pero ya se sabe, local de ambiente y la ambición rubia es demasiado sencillo de programar. Allí se resistió, rodeados de engendros de collar y pendientes de perla, polito y rayitos de sol en el pelo. Bailando y bailando las fotos iban saliendo como churros, flasheando a los bloggers dejándolos aún más ciegos. Las caras; dignas de no ser mostradas nunca por lo que ya adelanto que se moverán en lista mailing del petit comité.
Al cierre nos quedamos Edu, Lallamada y yo. Hablamos sobre los blogs y sus pequeños engendros y discutimos un poquito sobre el personaje que a veces se crea cuando se escribe. En Gran vía nos despedimos del Bakala y bajamos hasta Cibeles continuando la amena conversación. Nos despedimos con todo el dolor de mi corazón y corrí pedo perdido a buscar mi autobús que, por la hora, ya no pasaba más y tuve que coger el metro.
Suena a tópico adolescente pero… ¡Quiero otra quedada!
Fuimos a la piscina de Lago. Nunca había estado allí y me sorprendió la zona exclusiva de mariquitas que tenemos en la piscina de arriba. No, no es que haya carteles de “Maricón, tu toalla aquí”, es una barrera ideológica. Nos acurrucamos en un rincón donde el césped rezumaba agua mojando las toallas, un poco de asquito. Nos pusimos al día de todo y devolví el libro a su legítimo dueño. Me contó lo de su cena anterior con los bloggers de Madrid y me dio algo de envidia (todo el mundo sabe que entre mis muchos defectos está la envidia) por lo que prometió avisarme de la próxima cena y así ampliar el círculo de conocidos desquiciados por la egomanía que recurren a un blog como terapia.
Los mails de preparación comenzaron y al final se dio a luz día y hora. Mientras esto pasaba yo estaba desquiciado revolviendo mi armario de arriba abajo, pensando qué ponerme. Mi idea era intentar no ir demasiado recargado, a veces mi obsesión por el complemento me hace ir como un árbol de navidad y la primera impresión entre personas que tendemos a convertir en literatura nuestras experiencias personales, era muy importante. Al final camiseta negra, pantalón de traje, cinturón corbata y zapatos, un look de chapero casual del que me estuve arrepintiendo toda la velada.
Llegué a la hora en punto pese a mis intentos de llegar unos minutos tarde (lo que impone la etiqueta del glamour) Allí esperaban Perlimpina, Eva Luna y El Ave que me reconocieron porque Edu les dio una descripción mía por teléfono, seguramente algo parecido a “es un joven y exuberante efebo de proporciones áureas, con gafas de pasta azules”, nunca lo sabremos. Al poco de llegar el enfermero nos fuimos juntitos al museo del jamón donde la cerveza pasaba del vaso a nuestros cuerpos de manera rápida, de alguna manera debíamos compensar el desgaste salivar que conversaciones tan amenas sobre palizas y accidentes de coche provocaban.
Cenamos en el Da Nicola y descubrí su carta celiaca (por fin iré a un italiano con Blanca). Allí el grupo se completó con Koeps, Paco y Lallamada. Lambrusco para regar la cena que sin pensar mezclaba con cerveza. Pagamos y propuse ir al Sherry (o Cherry), la idea gustó pese a la insistencia de Ave por ir a bailar. Los minis azules son mis favoritos y corrieron al menos siete que me mente retuviera. Allí las conversaciones ya iban por los derroteros interesantes, pollas y coños, siempre desde un punto de blog friki y discusiones apasionantes sobre “Yo a mi plantilla le hice tal”, “Pues la mía con esto queda como los chorros del oro”…
Bebidos y con la lengua azul por los minis nos largamos a chueca, ahora que lo pienso no recuerdo cómo llegamos hasta la plaza… Probé un vermú terrible que casi saca mis ojos de sus órbitas y entramos al Escape donde pagué con los últimos ocho euros que me quedaban de presupuesto y todo el dolor de mi alma. La música no demasiado buena excepto por algún momento Madonna pero ya se sabe, local de ambiente y la ambición rubia es demasiado sencillo de programar. Allí se resistió, rodeados de engendros de collar y pendientes de perla, polito y rayitos de sol en el pelo. Bailando y bailando las fotos iban saliendo como churros, flasheando a los bloggers dejándolos aún más ciegos. Las caras; dignas de no ser mostradas nunca por lo que ya adelanto que se moverán en lista mailing del petit comité.
Al cierre nos quedamos Edu, Lallamada y yo. Hablamos sobre los blogs y sus pequeños engendros y discutimos un poquito sobre el personaje que a veces se crea cuando se escribe. En Gran vía nos despedimos del Bakala y bajamos hasta Cibeles continuando la amena conversación. Nos despedimos con todo el dolor de mi corazón y corrí pedo perdido a buscar mi autobús que, por la hora, ya no pasaba más y tuve que coger el metro.
Suena a tópico adolescente pero… ¡Quiero otra quedada!
Hombres Botella 03: El encaje.

Lápiz comté sobre papel.
Campamento felicísimo moribundo.
Moribundo escribe felicísimo porque:
A) Está siendo cínico.
B) Está siendo sincero.
C) Felicísimo es una palabra muy bonita y queda bien.
En un campamento felicísimo los niños:
A) Eran unos cerdos gilipollas.
B) Eran receptivos, educados en cierta medida y de los mayores alguno estaba hasta potable.
C) No había niños, por eso lo de felicísimo.
Los monitores del campamento feliz:
A) Eran retrasados.
B) Eran tan malos con los niños como yo.
C) Eran educadores concienciados hiper responsables.
Las coordinadoras del campamento:
A) Eran unas brujas.
B) Eran mis amigas de Madrid y yo un protegido intocable cuya opinión era tremendamente considerada.
C) Eran unas estrictas profesionales.
Por las noches en el campamento de los sueños:
A) Los monitores nos insultábamos y llorábamos.
B) Evaluábamos en un momento, nos emborrachábamos con cerveza y cantábamos mientras comíamos chucherias.
C) Dormíamos para poder ofrecer un mejor servicio a los niños.
Moribundo estando superfeliz:
A) Se mete con los niños de manera irónica y cruel.
B) Se traviste y disfraza constantemente por puro placer y no dinámica educativa.
C) Organiza de manera eficaz una noche temática y recibe las felicitaciones de compañeros y niños por noche tan deliciosa.
En el campamento superfeliz con los niños:
A) Organizamos un taller de falsificación de zapatillas adidas.
B) Participamos en un concurso de tartas celebrado en el pueblo de al lado y ganamos el segundo premio.
C) Seguimos el programa de manera estricta.
Moribundo dijo la frase:
A) “Sois todos patéticos”
B) “Me siento mal… Todos me caéis bien y estoy raro sin poner verde a nadie.”
C) “Lo primero son los acampados”
Moribundo hizo algo increíble:
A) Acuchilló y destripó a un adolescente siguiendo un ritual satánico.
B) Jugó al fútbol, se raspó las rodillas y dejó claro que era mariquita del todo.
C) Luchó contra un mapache furioso.
El amigo invisible a Moribundo:
A) Le escupió en la almohada, le meó el colchón y no le regaló nada.
B) Le puso una condición para recibir su regalo, no hablar en todo un día, algo muy duro para él. Pasó la prueba y le colmaron de regalos preciosos pues su amiga era la coordinadora.
C) No le puso prueba por no molestar y le regaló un llavero de cabuyería.
La de prácticas:
A) Se tocó el papo a dos manos.
B) Era una persona normal con la que Hairblue se hermanó en el acto por la frase “¿No te parece que ese niño es un poco maricón?”
C) Era una seta gigante sin voz ni voto.
Moribundo llegó a Madrid:
A) Odiando aún más el mundo.
B) Con tres amigos nuevos, más de 250 fotos, un montón de regalos y detalles que se hicieron entre el equipo de trabajo y lágrimas en los ojos.
C) Puso al día el currículo y comenzó su trabajo para la asignatura que le quedó.
Ahora a acertar las respuestas.
A) Está siendo cínico.
B) Está siendo sincero.
C) Felicísimo es una palabra muy bonita y queda bien.
En un campamento felicísimo los niños:
A) Eran unos cerdos gilipollas.
B) Eran receptivos, educados en cierta medida y de los mayores alguno estaba hasta potable.
C) No había niños, por eso lo de felicísimo.
Los monitores del campamento feliz:
A) Eran retrasados.
B) Eran tan malos con los niños como yo.
C) Eran educadores concienciados hiper responsables.
Las coordinadoras del campamento:
A) Eran unas brujas.
B) Eran mis amigas de Madrid y yo un protegido intocable cuya opinión era tremendamente considerada.
C) Eran unas estrictas profesionales.
Por las noches en el campamento de los sueños:
A) Los monitores nos insultábamos y llorábamos.
B) Evaluábamos en un momento, nos emborrachábamos con cerveza y cantábamos mientras comíamos chucherias.
C) Dormíamos para poder ofrecer un mejor servicio a los niños.
Moribundo estando superfeliz:
A) Se mete con los niños de manera irónica y cruel.
B) Se traviste y disfraza constantemente por puro placer y no dinámica educativa.
C) Organiza de manera eficaz una noche temática y recibe las felicitaciones de compañeros y niños por noche tan deliciosa.
En el campamento superfeliz con los niños:
A) Organizamos un taller de falsificación de zapatillas adidas.
B) Participamos en un concurso de tartas celebrado en el pueblo de al lado y ganamos el segundo premio.
C) Seguimos el programa de manera estricta.
Moribundo dijo la frase:
A) “Sois todos patéticos”
B) “Me siento mal… Todos me caéis bien y estoy raro sin poner verde a nadie.”
C) “Lo primero son los acampados”
Moribundo hizo algo increíble:
A) Acuchilló y destripó a un adolescente siguiendo un ritual satánico.
B) Jugó al fútbol, se raspó las rodillas y dejó claro que era mariquita del todo.
C) Luchó contra un mapache furioso.
El amigo invisible a Moribundo:
A) Le escupió en la almohada, le meó el colchón y no le regaló nada.
B) Le puso una condición para recibir su regalo, no hablar en todo un día, algo muy duro para él. Pasó la prueba y le colmaron de regalos preciosos pues su amiga era la coordinadora.
C) No le puso prueba por no molestar y le regaló un llavero de cabuyería.
La de prácticas:
A) Se tocó el papo a dos manos.
B) Era una persona normal con la que Hairblue se hermanó en el acto por la frase “¿No te parece que ese niño es un poco maricón?”
C) Era una seta gigante sin voz ni voto.
Moribundo llegó a Madrid:
A) Odiando aún más el mundo.
B) Con tres amigos nuevos, más de 250 fotos, un montón de regalos y detalles que se hicieron entre el equipo de trabajo y lágrimas en los ojos.
C) Puso al día el currículo y comenzó su trabajo para la asignatura que le quedó.
Ahora a acertar las respuestas.