Moribundo por el arte
Si mi vida ya parecia una serie cómica de television lo único que le faltaba era un blog.
Acerca de
Nací en una agradable familia de sospechoso parecido a los simpson. Tras los estudios normales decido hacer Bellas Artes y desde entonces todo lo que me acontece se presenta con risas en "off" y sarcasmos de sobremesa.
Sindicación
 
Moribundo recibe a Gianis
Y el viernes llegó, como llegan todos los días en este tiempo de calor madrileño, lenta y pausadamente, pero a su tiempo.
Me levanté tempranito para aprovechar y desayunar algo, bueno, como realmente por las mañanas casi siempre me levanto con muchas ganas de vomitar y ahora con la alergia con la boca tan seca y áspera como una lija de grano grueso, me preparé un Nesquick que siempre he preferido al Colacao, quizá porque lo veo menos de la transición hacia la democracia o porque no deja esos grumos deleznables, ambas razones tienen casi el mismo peso.
Recibí sus mensajes y decidí presentarme por la zona de sol sobre las 12 de la mañana, con mi bolsa levi pequeñita a modo de bolso imprescindible y mi bolsa grande con Sid Vicious llena de ropa y condones. Me paseé Alcalá hasta abajo a la altura del edificio del círculo de bellas artes que, aprovecho y digo que nada tiene que ver con bellas artes excepto el nombre. Justo el número siguiente era el edificio donde Gianis había tenido la reunión y me quedé por allí, observando la arquitectura, aspirando humos tóxicos y sudando… hasta que vi un traje de pana cuyo corte desvelaba un precio escandaloso y le identifiqué.
Lentamente caminé detrás suyo y cuando estaba casi seguro de que era él, le llamé al móvil, antes de que lo cogiera me lancé encima suyo mordiéndole un hombro, tirando a la basura el trabajo de mi ortodoncista con mis piezas frontales.
Llegamos al hotel y aquello era como entrar en la sala de recepción de un local frecuentado por la familia monster, aparte de que los recepcionistas parecían salidos de la bolsa de trabajo de una ong para discapacitados psíquicos. La habitación intentaré no describirla, porque a grandes rasgos guardaba cierto parecido con una habitación de hotel y ese fue su uso principal.
Dejamos las cosas en nuestro zulo y nos fuimos a comer, a un restaurante perfecto en la zona de hortaleza, uno de esos donde la decoración está pensada al mínimo detalle y los camareros son vietnamitas para que el local en sí suba de caché. Reconozco que la comida fue inmejorable, aparte de las conversaciones fuera de lo común que dos personajes de blog pueden llegar a entablar. Aunque no queramos, palabras como felación, culo o polla aparecen de manera intermitente en cada diálogo.
Decidimos volver a la habitación y allí hacemos uso de ella y justo después, en uno de esos momentos “moribundos monitoris causa” de revisión de equipaje, enumero lo que llevo; tres camisetas, dos pantalones, tres pares de calcetines, dos cajas de condones (una sabor fresa) y… Y pasa, pasa uno de esos momentos marca de la casa ¿Dónde coño puse yo el lubricante? Exacto… me lo dejé en la villa moribunda, en el baño de casa, en el baño del pasillo de mi querida abuela. Un bote entero de lubricante efecto calor abandonado entre botes de colonia caduca… Me puse a rezar porque el bote no fuera inspeccionado por nadie de mi familia (aunque había quitado cualquier etiqueta y se le veía blanco inmaculado). Imaginad a mi abuela fijando su peinado con lubricación efecto calor o mi madre descubriendo el invento y proporcionando a mi padre su noche de placer más desenfrenada en 27 años de matrimonio.
Salimos a cenar siempre moviéndonos por la misma zona de chueca, aunque tengo que decir que parecía como si gays de todos los colores y sabores hubieran tomado por completo el centro de Madrid. Nunca paseando por Gran vía había visto tal cantidad de camisetas sin mangas, gafas de aviador y crestas que para desgracia de sus usuarios pasaron de moda en el 2004.
Comimos en un restaurante italiano de nombre bien pensado, carta generosa y servicio catastrófico hasta el punto de que nos cambiaron de mesa a mitad de la cena y se olvidaron de prepararnos los segundos platos. Pedí una pizza a la que tuve que hacerle la vivisección de la mozzarella pues comer su base sin estar drogado por los ibuprofeonos (que también se me olvidaron) era imposible.
Gianis estaba tan cansado que su ojo izquierdo se cerraba mucho más deprisa que el derecho y después de la cena nos fuimos a nuestra habitación, donde dormimos hasta el día siguiente, en nuestras camas gemelas de Epi y Blas.
Se durmió enseguida mientras yo pensaba que era maravilloso estar ahí, pese a estar rodeados de gotelé amarillo, si, incluso en el techo.
 
Comentario:
Parece que no lo pasasteis del todo mal, aun sin lubricante ;).

Pd: puede saberse el nombre del restaurante perfecto con vietnamitas?
 
Comentario:
el segundo día tuvo lugar la mejor anécdota moribunda. cuenta, cuenta.
 
Comentario:
¡Pero dejad al chiquillo en paz y que cuente lo que le dé la gana!

Me alegro mucho de que lo pasarais bien.

Un beso.
 
Comentario:
esto es un escandalo y un headline del tomate, queremos fotos, comentarios, diario pormenorizado, pelos y señales. TODO.
 
Comentario:
ahora a por el segundo día...
 
Comentario:
Me alegro que hayas superado finalmente tu etapa de sequia sexual, señor pupas. Pero se un poco más explícito chiquillo! Besitos y no sé porque me veo yo más puentes aéreos bcn-madrid ;)
 
Comentario:
Como epi y blas con el techo de gotelé.... me quedo con eso, arropaditos hasta las orejas jajaja...
Muy bonito, seguro q nos cruzamos en chueca, por el bazaar y por ahi.
Besos moribundo!
 
Comentario:
Qué buena la imagen de tu abuela y el lubricante, y qué poco sexo nos has relatado! Hicistéis uso de la saliva?
No