Promesas Moribundas.
He creído conveniente explicar un poco esta serie de dibujos que son el último proyecto de mi clase de Proyectos (si, mucha originalidad a la hora de poner nombres a las asignaturas no hay).
En el último trabajo quise hablar sobre promesas. Las promesas que en cualquier momento de una relación surgen y que, desde mi punto de vista son totalmente innecesarias. Me obsesiona la capacidad de las personas de magnificar los sentimientos hasta hacerlos parecer absurdos. La sobrevaloración de una sensación determinada es comparable a lo que Valle-Inclán plasmó en el esperpento, deformación de la realidad hasta hacerla parecer una caricatura que se convierte en una hiperrealidad.
Los sentimientos deben vivirse puros y constantemente. La palabra debe cuidarse en las situaciones íntimas, pues, si me prometes que nunca me dejarás, cuando lo hagas me dolerá mucho más, la sensación de pérdida será más poderosa porque yo de verdad me voy a creer que nunca se iba a acabar la relación.
Mi ex no lo echaba en cara directamente pero se que pensaba que no le quería tanto como él a mí, por el simple hecho de no estar constantemente diciendo “te quiero”. Lo siento pero el lenguaje es tan poderoso que vincular mi afecto de manera tan brutal tantas veces me dejaba agotado, también admito que siempre he tenido miedo de exponerme demasiado y es una manera de protegerme del dolor, al igual que los chistes tontos unos tras otros continuamente.
Porque las promesas me hicieron vulnerable. Porque si me dicen algo lo tienen que cumplir o me sentiré defraudado. Los tres dibujos son la muestra de cómo acaba la persona que ve esas promesas incumplidas. Me dijo que siempre me querría y no lo hizo, acabé atado un año al pasado, atado al miedo a la soledad, a malentendidos constantes, atado por la amistad y la familia y costó mucho cortar las cuerdas. En la camiseta se representan los sentimientos, el corazón rojo, en carne viva, creando líneas como músculos que se adaptan a mi contorno que ahora me define, los rasgos dejan de importar porque soy yo y eres tú, somos nosotros y todos vosotros.
Prometió no dañarme y me arrancó el corazón con un gancho de hierro, mi camiseta manchada de sangre tardó en secar pero lo hizo. El dolor se fue haciendo pequeño y desapareció, dejando una cicatriz pequeña. Y la promesa más sádica es la de “nunca te dejaré” porque sí que me dejó y de regalo quedó el aire alrededor suyo, su vacío pasó a representarle todos los días dentro de mi cabeza. La cotidianidad absurda ya no le mostraba, ya no me veía obligado a dar toques al móvil al llegar a casa, a llamarnos a las diez y quedar el domingo a las seís… y eso le hacía aún más tangible.
Sin duda lo peor de finalizar una relación es quitarnos todos esos hábitos y de ahí que el muñeco llevo sólo una camiseta, porque esa camiseta con tiras de cuero, con manchas de sangre o con escritos se tienen que quitar poco a poco, como las promesas que en tiempos de nuestras abuelas y aún hoy en la España profunda, se siguen haciendo, personas prometen y compran hábitos que “gastan” meses, años o incluso, los más radicales hasta que la tela se cae a pedazos. Igual tuve que hacer yo, guardar mi penitencia que he superado, ya no hay camisetas, se cayeron… y desnudo puedo dibujar de nuevo la experiencia y vivir la catarsis.
Esta es la explicación más o menos detallada de los dibujos que ahora estoy mostrando. Los miro y me viene a la mente una canción de PJ Harvey, “One line” se titula y comienza preguntándote en su inglés de auténtica rockera americana si recuerdas el primer beso, una pregunta que te suelta como un disparo en el corazón, yo si que lo recuerdo y no quiero olvidarlo, y también recuerdo lo malo que tampoco quiero olvidar, pero me apetece mucho bailar con PJ, gritar a las estrellas y dibujar líneas entre mi corazón y el de los demás, para unirnos, para no perdernos.
En el último trabajo quise hablar sobre promesas. Las promesas que en cualquier momento de una relación surgen y que, desde mi punto de vista son totalmente innecesarias. Me obsesiona la capacidad de las personas de magnificar los sentimientos hasta hacerlos parecer absurdos. La sobrevaloración de una sensación determinada es comparable a lo que Valle-Inclán plasmó en el esperpento, deformación de la realidad hasta hacerla parecer una caricatura que se convierte en una hiperrealidad.
Los sentimientos deben vivirse puros y constantemente. La palabra debe cuidarse en las situaciones íntimas, pues, si me prometes que nunca me dejarás, cuando lo hagas me dolerá mucho más, la sensación de pérdida será más poderosa porque yo de verdad me voy a creer que nunca se iba a acabar la relación.
Mi ex no lo echaba en cara directamente pero se que pensaba que no le quería tanto como él a mí, por el simple hecho de no estar constantemente diciendo “te quiero”. Lo siento pero el lenguaje es tan poderoso que vincular mi afecto de manera tan brutal tantas veces me dejaba agotado, también admito que siempre he tenido miedo de exponerme demasiado y es una manera de protegerme del dolor, al igual que los chistes tontos unos tras otros continuamente.
Porque las promesas me hicieron vulnerable. Porque si me dicen algo lo tienen que cumplir o me sentiré defraudado. Los tres dibujos son la muestra de cómo acaba la persona que ve esas promesas incumplidas. Me dijo que siempre me querría y no lo hizo, acabé atado un año al pasado, atado al miedo a la soledad, a malentendidos constantes, atado por la amistad y la familia y costó mucho cortar las cuerdas. En la camiseta se representan los sentimientos, el corazón rojo, en carne viva, creando líneas como músculos que se adaptan a mi contorno que ahora me define, los rasgos dejan de importar porque soy yo y eres tú, somos nosotros y todos vosotros.
Prometió no dañarme y me arrancó el corazón con un gancho de hierro, mi camiseta manchada de sangre tardó en secar pero lo hizo. El dolor se fue haciendo pequeño y desapareció, dejando una cicatriz pequeña. Y la promesa más sádica es la de “nunca te dejaré” porque sí que me dejó y de regalo quedó el aire alrededor suyo, su vacío pasó a representarle todos los días dentro de mi cabeza. La cotidianidad absurda ya no le mostraba, ya no me veía obligado a dar toques al móvil al llegar a casa, a llamarnos a las diez y quedar el domingo a las seís… y eso le hacía aún más tangible.
Sin duda lo peor de finalizar una relación es quitarnos todos esos hábitos y de ahí que el muñeco llevo sólo una camiseta, porque esa camiseta con tiras de cuero, con manchas de sangre o con escritos se tienen que quitar poco a poco, como las promesas que en tiempos de nuestras abuelas y aún hoy en la España profunda, se siguen haciendo, personas prometen y compran hábitos que “gastan” meses, años o incluso, los más radicales hasta que la tela se cae a pedazos. Igual tuve que hacer yo, guardar mi penitencia que he superado, ya no hay camisetas, se cayeron… y desnudo puedo dibujar de nuevo la experiencia y vivir la catarsis.
Esta es la explicación más o menos detallada de los dibujos que ahora estoy mostrando. Los miro y me viene a la mente una canción de PJ Harvey, “One line” se titula y comienza preguntándote en su inglés de auténtica rockera americana si recuerdas el primer beso, una pregunta que te suelta como un disparo en el corazón, yo si que lo recuerdo y no quiero olvidarlo, y también recuerdo lo malo que tampoco quiero olvidar, pero me apetece mucho bailar con PJ, gritar a las estrellas y dibujar líneas entre mi corazón y el de los demás, para unirnos, para no perdernos.
Comentario:
Una vez escuche a Lucia Bose (creo que era ella, tb un poco hairblue :P) decir que no dijo a sus hijos de pequeño muchas veces "te quiero", porq así al hacerse mayores si no se lo decían demasiadas veces no se iban a sentir mal, y tampoco iban a sentir la necesidad de engañar a otra persona diciendolo en vano...
Comentario:
Hola Moriblue. Me encanta el dibujo, y el párrafo final de tu post. Eso de trazar líneas entre tu corazón y el de los demás. Y lo del primer beso. Cómo no acordarse.
P.J. Harvey siempre dispara al corazón. Y al estómago.
Un saludo.
P.J. Harvey siempre dispara al corazón. Y al estómago.
Un saludo.
Comentario:
Este tipo de escritos es el que siempre acompaña mi obra artística, os recomiendo de verdad la canción de PJ Harvey!!!
Comentario:
yo ahora mismo soy una promesa...
kss
kss
Comentario:
Yo tb me estoy descargando la serie :p
Y yo tampoco he hecho nunca ninguna promesa.
Y me las han hecho.
Y yo tampoco he hecho nunca ninguna promesa.
Y me las han hecho.
Comentario:
Mira, cla ha escrito otro post.
Ya veo que tú tb sabes ponerte "ñoño" y eso me gusta. Las promesas son palabras y todos sabemos que las palabras se las lleva el viento con mucha facilidad. "Puedo prometer y prometo"..., mentira cochina.
Buena la explicación de tu obra, en algunas otras he echado de menos una explicación más profunda como esta.
Ya veo que tú tb sabes ponerte "ñoño" y eso me gusta. Las promesas son palabras y todos sabemos que las palabras se las lleva el viento con mucha facilidad. "Puedo prometer y prometo"..., mentira cochina.
Buena la explicación de tu obra, en algunas otras he echado de menos una explicación más profunda como esta.
Comentario:
Me gustó mucho el anterior dibujo, y éste también me gusta.
Deseando ver el tercero.
La estética es sugerente, (de hecho, lo copié, porque quería tenerlo, y analizarlo, lástima que no pueda llegar a leerlo), y aún me gusta más tu explicación.
El arte se interpreta, tiene un sentido original, y lo que se quiera, pero, ante todo, llega o no llega.
Y eso depende de la perspectiva del observador, de la interactuación con la obra.
En este caso, me gusta lo que me transmite, y lo que tiene detrás. Está mi personal relación con las relaciones, y con mis principios.
No prometas nada que no dependa de tí.
Y no depende de tí herir, querer, cambiar. Por eso, lo único que le pido a una relación, y que me gusta dar, es la verdad. No absoluta, pero sí sincera. Y ni siquiera eso se puede prometer, no creo, de hecho, que se deba.
Lo peor de las promesas es creérselas, por ambas partes. Porque puede que el que promete quiera creerla, la crea. En tal caso, es que la dice es un inconsciente, y el que se la cree, un gilipollas. Y el nivel de inconsciencia y gilipollez crece exponencialmente con las veces que tal hecho suceda.
Quien no ha hecho promesas que no ha cumplido? Quien no las ha creído alguna vez?
Bien... pero el momento llegó, mucho tiempo atrás (para mí) en que se acabó el compromiso, y se acabó la credulidad.
Primero, se siente, luego, se analiza, y por último, se habla.
Puedo prometerte mi ahora, pero no te prometeré el mañana.
Y no creeré el dulce engaño de mis deseos, porque luego se amarga, se atraganta, se indigesta.
Y porque no necesito falsear la realidad para disfrutar el momento, ni para afrontar la pena.
Y no quiero que otros lo hagan, a mi costa, por lo menos...
(No creo que nadie esté en la obligación moral de leer esto: podía evitarlo, pero no lo he hecho... hehe)
Deseando ver el tercero.
La estética es sugerente, (de hecho, lo copié, porque quería tenerlo, y analizarlo, lástima que no pueda llegar a leerlo), y aún me gusta más tu explicación.
El arte se interpreta, tiene un sentido original, y lo que se quiera, pero, ante todo, llega o no llega.
Y eso depende de la perspectiva del observador, de la interactuación con la obra.
En este caso, me gusta lo que me transmite, y lo que tiene detrás. Está mi personal relación con las relaciones, y con mis principios.
No prometas nada que no dependa de tí.
Y no depende de tí herir, querer, cambiar. Por eso, lo único que le pido a una relación, y que me gusta dar, es la verdad. No absoluta, pero sí sincera. Y ni siquiera eso se puede prometer, no creo, de hecho, que se deba.
Lo peor de las promesas es creérselas, por ambas partes. Porque puede que el que promete quiera creerla, la crea. En tal caso, es que la dice es un inconsciente, y el que se la cree, un gilipollas. Y el nivel de inconsciencia y gilipollez crece exponencialmente con las veces que tal hecho suceda.
Quien no ha hecho promesas que no ha cumplido? Quien no las ha creído alguna vez?
Bien... pero el momento llegó, mucho tiempo atrás (para mí) en que se acabó el compromiso, y se acabó la credulidad.
Primero, se siente, luego, se analiza, y por último, se habla.
Puedo prometerte mi ahora, pero no te prometeré el mañana.
Y no creeré el dulce engaño de mis deseos, porque luego se amarga, se atraganta, se indigesta.
Y porque no necesito falsear la realidad para disfrutar el momento, ni para afrontar la pena.
Y no quiero que otros lo hagan, a mi costa, por lo menos...
(No creo que nadie esté en la obligación moral de leer esto: podía evitarlo, pero no lo he hecho... hehe)