Moribundo y los de Madrid.
Quedé por fin con Edu. El pobre llevaba pidiéndome de vuelta un libro que me prestó hacía casi seis meses. Yo quería devolvérselo pero el infortunio jugaba en mi contra constantemente y es lo que tiene el infortunio, que si está de no salir no sale. Por otro lado ni por asomo soy de esas personas que se quedan las cosas de los demás como vulgares urracas, mi intención era devolverlo, el libro me miraba desde mi cajón de manera acusadora como el corazón delator y su “Devuélveme” se clavaba en mi cerebelo de manera punzante y repetitiva.
Fuimos a la piscina de Lago. Nunca había estado allí y me sorprendió la zona exclusiva de mariquitas que tenemos en la piscina de arriba. No, no es que haya carteles de “Maricón, tu toalla aquí”, es una barrera ideológica. Nos acurrucamos en un rincón donde el césped rezumaba agua mojando las toallas, un poco de asquito. Nos pusimos al día de todo y devolví el libro a su legítimo dueño. Me contó lo de su cena anterior con los bloggers de Madrid y me dio algo de envidia (todo el mundo sabe que entre mis muchos defectos está la envidia) por lo que prometió avisarme de la próxima cena y así ampliar el círculo de conocidos desquiciados por la egomanía que recurren a un blog como terapia.
Los mails de preparación comenzaron y al final se dio a luz día y hora. Mientras esto pasaba yo estaba desquiciado revolviendo mi armario de arriba abajo, pensando qué ponerme. Mi idea era intentar no ir demasiado recargado, a veces mi obsesión por el complemento me hace ir como un árbol de navidad y la primera impresión entre personas que tendemos a convertir en literatura nuestras experiencias personales, era muy importante. Al final camiseta negra, pantalón de traje, cinturón corbata y zapatos, un look de chapero casual del que me estuve arrepintiendo toda la velada.
Llegué a la hora en punto pese a mis intentos de llegar unos minutos tarde (lo que impone la etiqueta del glamour) Allí esperaban Perlimpina, Eva Luna y El Ave que me reconocieron porque Edu les dio una descripción mía por teléfono, seguramente algo parecido a “es un joven y exuberante efebo de proporciones áureas, con gafas de pasta azules”, nunca lo sabremos. Al poco de llegar el enfermero nos fuimos juntitos al museo del jamón donde la cerveza pasaba del vaso a nuestros cuerpos de manera rápida, de alguna manera debíamos compensar el desgaste salivar que conversaciones tan amenas sobre palizas y accidentes de coche provocaban.
Cenamos en el Da Nicola y descubrí su carta celiaca (por fin iré a un italiano con Blanca). Allí el grupo se completó con Koeps, Paco y Lallamada. Lambrusco para regar la cena que sin pensar mezclaba con cerveza. Pagamos y propuse ir al Sherry (o Cherry), la idea gustó pese a la insistencia de Ave por ir a bailar. Los minis azules son mis favoritos y corrieron al menos siete que me mente retuviera. Allí las conversaciones ya iban por los derroteros interesantes, pollas y coños, siempre desde un punto de blog friki y discusiones apasionantes sobre “Yo a mi plantilla le hice tal”, “Pues la mía con esto queda como los chorros del oro”…
Bebidos y con la lengua azul por los minis nos largamos a chueca, ahora que lo pienso no recuerdo cómo llegamos hasta la plaza… Probé un vermú terrible que casi saca mis ojos de sus órbitas y entramos al Escape donde pagué con los últimos ocho euros que me quedaban de presupuesto y todo el dolor de mi alma. La música no demasiado buena excepto por algún momento Madonna pero ya se sabe, local de ambiente y la ambición rubia es demasiado sencillo de programar. Allí se resistió, rodeados de engendros de collar y pendientes de perla, polito y rayitos de sol en el pelo. Bailando y bailando las fotos iban saliendo como churros, flasheando a los bloggers dejándolos aún más ciegos. Las caras; dignas de no ser mostradas nunca por lo que ya adelanto que se moverán en lista mailing del petit comité.
Al cierre nos quedamos Edu, Lallamada y yo. Hablamos sobre los blogs y sus pequeños engendros y discutimos un poquito sobre el personaje que a veces se crea cuando se escribe. En Gran vía nos despedimos del Bakala y bajamos hasta Cibeles continuando la amena conversación. Nos despedimos con todo el dolor de mi corazón y corrí pedo perdido a buscar mi autobús que, por la hora, ya no pasaba más y tuve que coger el metro.
Suena a tópico adolescente pero… ¡Quiero otra quedada!
Fuimos a la piscina de Lago. Nunca había estado allí y me sorprendió la zona exclusiva de mariquitas que tenemos en la piscina de arriba. No, no es que haya carteles de “Maricón, tu toalla aquí”, es una barrera ideológica. Nos acurrucamos en un rincón donde el césped rezumaba agua mojando las toallas, un poco de asquito. Nos pusimos al día de todo y devolví el libro a su legítimo dueño. Me contó lo de su cena anterior con los bloggers de Madrid y me dio algo de envidia (todo el mundo sabe que entre mis muchos defectos está la envidia) por lo que prometió avisarme de la próxima cena y así ampliar el círculo de conocidos desquiciados por la egomanía que recurren a un blog como terapia.
Los mails de preparación comenzaron y al final se dio a luz día y hora. Mientras esto pasaba yo estaba desquiciado revolviendo mi armario de arriba abajo, pensando qué ponerme. Mi idea era intentar no ir demasiado recargado, a veces mi obsesión por el complemento me hace ir como un árbol de navidad y la primera impresión entre personas que tendemos a convertir en literatura nuestras experiencias personales, era muy importante. Al final camiseta negra, pantalón de traje, cinturón corbata y zapatos, un look de chapero casual del que me estuve arrepintiendo toda la velada.
Llegué a la hora en punto pese a mis intentos de llegar unos minutos tarde (lo que impone la etiqueta del glamour) Allí esperaban Perlimpina, Eva Luna y El Ave que me reconocieron porque Edu les dio una descripción mía por teléfono, seguramente algo parecido a “es un joven y exuberante efebo de proporciones áureas, con gafas de pasta azules”, nunca lo sabremos. Al poco de llegar el enfermero nos fuimos juntitos al museo del jamón donde la cerveza pasaba del vaso a nuestros cuerpos de manera rápida, de alguna manera debíamos compensar el desgaste salivar que conversaciones tan amenas sobre palizas y accidentes de coche provocaban.
Cenamos en el Da Nicola y descubrí su carta celiaca (por fin iré a un italiano con Blanca). Allí el grupo se completó con Koeps, Paco y Lallamada. Lambrusco para regar la cena que sin pensar mezclaba con cerveza. Pagamos y propuse ir al Sherry (o Cherry), la idea gustó pese a la insistencia de Ave por ir a bailar. Los minis azules son mis favoritos y corrieron al menos siete que me mente retuviera. Allí las conversaciones ya iban por los derroteros interesantes, pollas y coños, siempre desde un punto de blog friki y discusiones apasionantes sobre “Yo a mi plantilla le hice tal”, “Pues la mía con esto queda como los chorros del oro”…
Bebidos y con la lengua azul por los minis nos largamos a chueca, ahora que lo pienso no recuerdo cómo llegamos hasta la plaza… Probé un vermú terrible que casi saca mis ojos de sus órbitas y entramos al Escape donde pagué con los últimos ocho euros que me quedaban de presupuesto y todo el dolor de mi alma. La música no demasiado buena excepto por algún momento Madonna pero ya se sabe, local de ambiente y la ambición rubia es demasiado sencillo de programar. Allí se resistió, rodeados de engendros de collar y pendientes de perla, polito y rayitos de sol en el pelo. Bailando y bailando las fotos iban saliendo como churros, flasheando a los bloggers dejándolos aún más ciegos. Las caras; dignas de no ser mostradas nunca por lo que ya adelanto que se moverán en lista mailing del petit comité.
Al cierre nos quedamos Edu, Lallamada y yo. Hablamos sobre los blogs y sus pequeños engendros y discutimos un poquito sobre el personaje que a veces se crea cuando se escribe. En Gran vía nos despedimos del Bakala y bajamos hasta Cibeles continuando la amena conversación. Nos despedimos con todo el dolor de mi corazón y corrí pedo perdido a buscar mi autobús que, por la hora, ya no pasaba más y tuve que coger el metro.
Suena a tópico adolescente pero… ¡Quiero otra quedada!
Comentario:
me has dado envidia barcelonil
Comentario:
el maravilloso mundo, enganchante, de las quedadas blogueras....
repetirás, seguro :-)
kss
repetirás, seguro :-)
kss
Comentario:
Bueno en pocos días ya ha habido la quedada de los sureños, y la de Madrid. Ahora a ver si nos animamos los de Barcelona.
Ah y ya podrías haber contado quien no acabó la noche solo. Que seguro que algún polvo hubo entre los comensales:P
Ah y ya podrías haber contado quien no acabó la noche solo. Que seguro que algún polvo hubo entre los comensales:P
Comentario:
.
Jo, y yo tan lejos... Yo sí que tengo envidia.
un beso.
Jo, y yo tan lejos... Yo sí que tengo envidia.
un beso.
Comentario:
Quejica... que ibas muy mono vestido!!! Con esa cuchilla al cuello, jejeje.
Gracias por las fotos!!! Y sí, OTRA OTRA OTRA... pero esperadme, que hasta mediados de mes no estoy por los madriles!!!
Gracias por las fotos!!! Y sí, OTRA OTRA OTRA... pero esperadme, que hasta mediados de mes no estoy por los madriles!!!
Comentario:
Y cuando te despertaste con la polla azul no te preguntaste por qué?
:)
:)