Obsesiones moribundas.
¿Que leches tiene que ver una muñeca de trapo con los dibujos sobre corazones?
Esto tiene una respuesta, como siempre igual de avergonzante y bizarra como la mayoria de los acontecimientos de mi vida.
Al tener un psicópata pasivo-agresivo en mi interior siempre tuve una relación catártica con los muñecos.
Primeramente empecé con los playmobil. Esos muñecos de articulaciones mínimas servian para empezar a representar situaciones adultas futuras, claro que la mayoria de mis historias con los cliks eran de amores intempestuosos o en su defecto de cataclismos climáticos.
Los Lego me ayudaron a desarrollar otra faceta, la de ver el mundo como si estuviera construido a módulos. Recuerdo que soñaba con construcciones gigantes de bloques de colores e incluso me hacía bocetos sobre grandes edificios o naves espaciales. Sin embargo, el factor tan sexual que en los Playmobil empezaba a aflorar (en mi generación las mujeres ya comenzaban a tener pechos, trenzas, faldas...) los lego lo cortaban sin remedio, sus muñecas se diferenciaban de sus iguales masculinos tan solo en el peinado o en algunas facciones.
Como mi infancia se alargó por mi ineptitud social (la adolescencia es algo que se saborea lenta y solitariamente) pasé a entretenerme con los muñecos de spiderman y por fin la novedad, muñecos con curvas, pechos y paquetes. La mayoria de mis superhéroes terminaban manteniendo relaciones entre ellos ¡Es que es de morboso ver a Venom y Spiderman liándose!
Siempre pasé un poco de Ken y Barbie, ella no me agradaba demasiado y él era tan aburrido...
Otra cosa que debo confesar es algo que continuo cultivando, el gran secreto de mi vida es... que colecciono Bratz. Sus enormes cabezas y sus delgados cuerpos a semejanza de los primeros tiempos de Cristina Aguilera me cautivaron. Sus maquillajes a lo Drag y esos labios me llenan los ojos de brillos, eso si, no dejo de pensar que estas muñecas adictas a la moda y el botox no deberian venderse a púberes niñas que basan su aspecto en ellas, o sea, en la mayor de las superficialidades. De todos modos hay que tomarlas como lo que son; muñecas de derivados petrolíferos.
Por eso, al final, mi pseudo-habitación-terraza se ve invadida por miles de muñecos de todos los formatos, cada uno con su importante significado y he acabado basando parte de mi obra en ellos. Más información sobre la muñeca Galatea (foto) en el siguiente post.
Esto tiene una respuesta, como siempre igual de avergonzante y bizarra como la mayoria de los acontecimientos de mi vida.
Al tener un psicópata pasivo-agresivo en mi interior siempre tuve una relación catártica con los muñecos.
Primeramente empecé con los playmobil. Esos muñecos de articulaciones mínimas servian para empezar a representar situaciones adultas futuras, claro que la mayoria de mis historias con los cliks eran de amores intempestuosos o en su defecto de cataclismos climáticos.
Los Lego me ayudaron a desarrollar otra faceta, la de ver el mundo como si estuviera construido a módulos. Recuerdo que soñaba con construcciones gigantes de bloques de colores e incluso me hacía bocetos sobre grandes edificios o naves espaciales. Sin embargo, el factor tan sexual que en los Playmobil empezaba a aflorar (en mi generación las mujeres ya comenzaban a tener pechos, trenzas, faldas...) los lego lo cortaban sin remedio, sus muñecas se diferenciaban de sus iguales masculinos tan solo en el peinado o en algunas facciones.
Como mi infancia se alargó por mi ineptitud social (la adolescencia es algo que se saborea lenta y solitariamente) pasé a entretenerme con los muñecos de spiderman y por fin la novedad, muñecos con curvas, pechos y paquetes. La mayoria de mis superhéroes terminaban manteniendo relaciones entre ellos ¡Es que es de morboso ver a Venom y Spiderman liándose!
Siempre pasé un poco de Ken y Barbie, ella no me agradaba demasiado y él era tan aburrido...
Otra cosa que debo confesar es algo que continuo cultivando, el gran secreto de mi vida es... que colecciono Bratz. Sus enormes cabezas y sus delgados cuerpos a semejanza de los primeros tiempos de Cristina Aguilera me cautivaron. Sus maquillajes a lo Drag y esos labios me llenan los ojos de brillos, eso si, no dejo de pensar que estas muñecas adictas a la moda y el botox no deberian venderse a púberes niñas que basan su aspecto en ellas, o sea, en la mayor de las superficialidades. De todos modos hay que tomarlas como lo que son; muñecas de derivados petrolíferos.
Por eso, al final, mi pseudo-habitación-terraza se ve invadida por miles de muñecos de todos los formatos, cada uno con su importante significado y he acabado basando parte de mi obra en ellos. Más información sobre la muñeca Galatea (foto) en el siguiente post.