La Galatea de Moribundo.
Ahora que ya he desvelado que colecciono muñecas bratz, o como algunas personas las califican "pequeños engendros del diablo occidental", causando en todos traumas y soponcios, puedo pasar a explicar cómo surgió Galatea, en parte por culpa ante mi adoración por las muñecas de labios protuberantes y por otro lado obligado por el egocentrismo del artista que todos poseemos.
Los muñecos son tan importantes para mí. Desde pequeños nos acompañan, de hecho, las sillas tienen caras pintadas, las cucharas igual, todo aparenta un gesto y sobre este tema escribí un breve trabajo para la facultad.
Cuando me dejó mi ex, me sentí en parte como un muñeco usado. Un muñeco con el que se hubiera jugado mucho pero que de repente se le había disipado el alma, retales de trapo, telas y lana. Un ser hecho de costuras y remiendos.
Dando vueltas a este tema me enfrenté a una asignatura con el rimbombante nombre de "Clasicismo en el arte del siglo XXI". Mi encantadora profesora, Mercedes Replinger, aparte de contar pequeñas anécdotas de su vida decía cosas muy interesantes y decidí actuar sobre el mito de Galatea, elaborando una obra propia con su justificación. El mito de Galatea es muy conocido; Pigmalion crea la escultura Galatea porque las mujeres reales le dan asquito, son de baja calaña. Se enamora de su obra pese a ser de mármol y por ser muy bueno, Venus le concede vida a Galatea y se pueden casar.
Así que cogí el mito, lo diseccioné y mezclado con un poco de la filosofía feminista de Louise Bourgeois y las circunstancias de haberme criado en una casa con mayoría femenina nació Galatea.
Ella es un estereotipo maltratado. Es el ser perfecto, creado por el hombre para el hombre para su gozo y aunque dejó de ser una escultura y se convirtió en alguien con respiración y sangre, no dejó de ser una muñeca bajo la vista y las manos de Pigmlion. Ese ideal se perpetuó con las esculturas en la antigüedad, con las pinturas y más tarde con las fotografías, hasta llegar a formar parte de nosotros, de la moda y los anuncios. Las nuevas Galateas las empaquetan en cajas de plástico y tienen su propio patio de esfinges en los centros comerciales, al alcance de cualquiera en la sección juguetera.
¿Qué pasó con el antiguo mito? Pues ella ha dejado de ser humana, del mármol a la carne y de la carne un tránsito al puro trapo, lleno de remiendos y escritos a fuego. Podemos leer "las piernas de Marylin", "los pechos de Pam", "el culito de Jenny"... Son ellas las nuevas performer, cada una en su época pero lo mismo. Ahora el mito debe ser reconstruido pero a base de la aceptación. Cojamos la muñeca y cosamos sus heridas, cubramos su cuerpo con un bello vestido que sean todas las mujeres y hagamos de Galatea la mujer del nuevo siglo. Dejemos de sentir como seres de trapo y aceptemos que el estereotipo sigue pero cambia y en nuestras manos está cambiarlo, tanto femenino como masculino, porque el trapo no hace distinción de género y todos nos sentimos a veces como el saco vacio que ella ahora es.
Y más o menos eso era mi trabajo, sólo que en unas cuantas páginas más claro. Además de la escultura, que guardo en una bolsa dentro del armario de mi madre, realicé las fotografías que ahora os muestro aquí.
A mí me sirvió mucho elaborarlo, ya he hablado de lo catárticos que resultan los muñecos y si a veces vuelvo a sentirme vacio sé que no soy el único que parece cosido con puntadas mal dadas, ninguno somos perfectos, pero dentro de las costuras está lo importante.
Por cierto que yo sigo durmiendo con un muñeco, no hay porqué dejar atrás algo que te hace sentir bien.
Los muñecos son tan importantes para mí. Desde pequeños nos acompañan, de hecho, las sillas tienen caras pintadas, las cucharas igual, todo aparenta un gesto y sobre este tema escribí un breve trabajo para la facultad.
Cuando me dejó mi ex, me sentí en parte como un muñeco usado. Un muñeco con el que se hubiera jugado mucho pero que de repente se le había disipado el alma, retales de trapo, telas y lana. Un ser hecho de costuras y remiendos.
Dando vueltas a este tema me enfrenté a una asignatura con el rimbombante nombre de "Clasicismo en el arte del siglo XXI". Mi encantadora profesora, Mercedes Replinger, aparte de contar pequeñas anécdotas de su vida decía cosas muy interesantes y decidí actuar sobre el mito de Galatea, elaborando una obra propia con su justificación. El mito de Galatea es muy conocido; Pigmalion crea la escultura Galatea porque las mujeres reales le dan asquito, son de baja calaña. Se enamora de su obra pese a ser de mármol y por ser muy bueno, Venus le concede vida a Galatea y se pueden casar.
Así que cogí el mito, lo diseccioné y mezclado con un poco de la filosofía feminista de Louise Bourgeois y las circunstancias de haberme criado en una casa con mayoría femenina nació Galatea.
Ella es un estereotipo maltratado. Es el ser perfecto, creado por el hombre para el hombre para su gozo y aunque dejó de ser una escultura y se convirtió en alguien con respiración y sangre, no dejó de ser una muñeca bajo la vista y las manos de Pigmlion. Ese ideal se perpetuó con las esculturas en la antigüedad, con las pinturas y más tarde con las fotografías, hasta llegar a formar parte de nosotros, de la moda y los anuncios. Las nuevas Galateas las empaquetan en cajas de plástico y tienen su propio patio de esfinges en los centros comerciales, al alcance de cualquiera en la sección juguetera.
¿Qué pasó con el antiguo mito? Pues ella ha dejado de ser humana, del mármol a la carne y de la carne un tránsito al puro trapo, lleno de remiendos y escritos a fuego. Podemos leer "las piernas de Marylin", "los pechos de Pam", "el culito de Jenny"... Son ellas las nuevas performer, cada una en su época pero lo mismo. Ahora el mito debe ser reconstruido pero a base de la aceptación. Cojamos la muñeca y cosamos sus heridas, cubramos su cuerpo con un bello vestido que sean todas las mujeres y hagamos de Galatea la mujer del nuevo siglo. Dejemos de sentir como seres de trapo y aceptemos que el estereotipo sigue pero cambia y en nuestras manos está cambiarlo, tanto femenino como masculino, porque el trapo no hace distinción de género y todos nos sentimos a veces como el saco vacio que ella ahora es.
Y más o menos eso era mi trabajo, sólo que en unas cuantas páginas más claro. Además de la escultura, que guardo en una bolsa dentro del armario de mi madre, realicé las fotografías que ahora os muestro aquí.
A mí me sirvió mucho elaborarlo, ya he hablado de lo catárticos que resultan los muñecos y si a veces vuelvo a sentirme vacio sé que no soy el único que parece cosido con puntadas mal dadas, ninguno somos perfectos, pero dentro de las costuras está lo importante.
Por cierto que yo sigo durmiendo con un muñeco, no hay porqué dejar atrás algo que te hace sentir bien.
Comentario:
Realmente... me quedo a tus pies... y no de una manera humillante si no... porque me ha parecido un post interesante, porque yo no conocía la historia de Galatea y porque yo me querría diseñar un hombre... si si, aunque fuera de trapo pero no para satisfacerme sexualmente si no para satisfacer mi deseo de la perfección. Escribir sobre Galatea... es hacerla partícipe de un momento social sumamente convulso en el cuál se están difuminando los genéros para convertinos en ASEXUALES CONSUMIDORES.
gracias por seguirnos mostrando tu mundo sin pudores...
gracias por seguirnos mostrando tu mundo sin pudores...
Comentario:
Me ha parecido muy interesante tu exposición sobre Galatea. ¡Qué historia tan preciosa y al mismo tiempo tan triste! (Esto... Um... No conocía ese mito.)
Es curioso: hace años, muchos años, que dejé de dormir abrazado a mi osito Jackie; pero desde hace unos meses, cuando mi compañero no duerme conmigo (que se puede decir que es siempre) y lo echo en falta, me abrazo a la almohada añorando su cuerpo.
Hasta pronto.